Argentina sufrirá el daño económico. ¿Sufrirá el cultural? Porque el CV viene a atentar de manera directa contra la manera de vivir de los argentinos.

CORONAVIRUS CULTURAL

Por Ricardo Plazaola*

Me refiero a la costumbre de la reunión (y de la solidaridad consecuente), a «la previa» a las reuniones, a la «juntada» en casa, a los ravioles del domingo, la «picada» anterior al asadito (bueno, ya volverá), el after hour (tilingada pero criolla), al «nosotros qué llevamos». Qué lindo ser argentino.

Por Ricardo Plazaola

NAC&POP

17/03/2020

Argentina sufrirá el daño económico.

¿Sufrirá el cultural?

Porque el CV viene a atentar de manera directa contra la manera de vivir de los argentinos.

Me refiero a la costumbre de la reunión (y de la solidaridad consecuente), a «la previa» a las reuniones, a la «juntada» en casa, a los ravioles del domingo, la «picada» anterior al asadito (bueno, ya volverá), el after hour (tilingada pero criolla), al «nosotros qué llevamos».

Qué lindo ser argentino.

Me refiero a la costumbre de armar una cooperativa o una cooperadora, y a esa institución casi única en el mundo que es la acción social del tercer sector en general, sobre todo los sindicatos de trabajadores con sus hoteles, proveedurías, hospitales y hospitalitos… (en mi primer laburo, la empresa tenía sindicato que a su vez tenía club, sala de salud, farmacia, proveeduría, dos hoteles casi gratuitos, becas, rebajas en pasajes y jardín maternal).

Me refiero a otra institución poco frecuente en el mundo, el club de barrio.

Las pequeñas comunidades contra el aislamiento.

Me refiero a la costumbre de saludarnos con un abrazo estrecho, incluso un beso (alguna vez una nieta de dos o tres años, alojada por razones laborales de su madre en una casa alemana o sueca, alteraba el momento de acostarse, tras la cena, porque exigía a gritos y a todos los presente el beso de las buenas noches, una costumbre ajena a los anfitriones).

Me refiero, sobre todo, a la fatalidad del mate compartido, eso que nos iguala y que nos dice que o estamos todos a salvo o estamos todos al horno, y a otra fatalidad, la del tango.

Porque el que alguna vez bailó abrazado a otro/a y se olvidó de si mismo/a y se enamoró esos tres minutos, jamás podrá olvidarlo.

Dicen que la potencia de la tierra es más fuerte que cualquier virus.

Que por eso los imperios solo podrán vencer si vencen en la mente de los sometidos.

El filósofo argentino Rodolfo Kusch tiene un concepto que es pertinente, el de la «fagocitación».

Dice que la tierra (se refiere a la americana del sur), opera una suerte de masticación, digestión y nutrición de todo lo que llega de afuera.

Lo transforma, lo adapta y también lo descarta.

Es curioso que las radios FM que se escuchan en la Quebrada de Humahuaca tengan conductores gritones que parecen porteños, mientras que los locutores de las FM porteñas destinadas al oyente que viene de la Puna traigan tono, cadencia y léxico de aquel origen, apostando a la tierra en medio del cemento.

Un personaje del escritor húngaro Sandor Marai dice en la novela «El último encuentro» que «todos los ingleses que han pasado cierto tiempo en el Trópico son sospechosos», o sea, les han inoculado un virus tropical.

Es lo que les pasa a los extranjeros que han bailado un tango en Buenos Aires, a los que han abrazado en Buenos Aires: no se pueden ir aunque se vayan.