Nuestro compromiso debe ser avanzar en la búsqueda de mayor bienestar para el pueblo todo.

EL DERECHO, LA LEY Y LA JUSTICIA

Por Jorge Cholvis (FOTO)

Sólo cuando todos y cada uno de los miembros de una sociedad logren el bienestar conforme al grado de civilización contemporáneo, recién podrán tener asegurado el supremo objetivo de la comunidad que es el goce de los “beneficios de la libertad” para estar en condiciones de desarrollarse plenamente como seres inteligentes y espirituales.

“DERECHOS Y JUSTICIA, EN CLÁSICOS DE LA LITERATURA:

JOSÉ HERNÁNDEZ Y EL MARTÍN FIERRO”

 

Por Jorge Francisco Cholvis.

NAC&POP

15/02/2020

Presentado el 27 de julio de 2019, con seudónimo “El Criollo Claro Flores”, en el V Encuentro Internacional “Ficción y Derecho”, convocado por el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y calificado con “Mención”, en la categoría de Docentes Universitarios.

1. Problemática de los Derechos.

El derecho es una técnica social específica, pero no se debe perder de
vista que se presenta como un producto histórico en una sociedad determinada.

Para su estudio y conocimiento es necesario superar toda enseñanza basada en el dato, en la memorización del hecho aislado, sin conexiones, sin causalidades, y sin relación con la Justicia en su más alta expresión. Por consiguiente, es imprescindible contemplar la temporalidad de las normas a partir de su inserción concreta en la dialéctica social1
.

Sin duda, el anhelo de Justicia es inherente a la índole humana, y su
realización progresa constantemente en la historia, pese a la terca resistencia de los derechos adquiridos.

La totalidad de los actos humanos se objetivan en instituciones sistémicas que conforman lo que se llama “estado de derecho”.

La ley recibe su fuerza moral del hecho de estar ordenada al bien común.

La lengua griega clásica tiene la voz nomikós para significar legalidad, esto es la condición de un acto social cuya ejecución se atiene a los procedimientos formales preestablecidos; y la expresión nóminos para designar legitimidad, vale decir, la conformidad de un acto con lo justo natural.

No puede ser legítimo gobernar sin considerar si se lo hace justa o injustamente.

La legitimidad se concreta cuando la acción del gobernante se ordena a la efectuación del valor Justicia.

La problemática de los derechos humanos no debe transcurrir solamente
por el meridiano de su identificación y formulación, sino que debe incorporar
principalmente en ella cómo asegurar su vigencia para todos y en todo tiempo y lugar.

O sea, en otros términos, cómo realizar el bienestar general que equivale a
la Justicia en su más alta expresión, y cómo alcanzar la vida abastecida con los
bienes exteriores que la persona necesita para tender libremente a su desarrollo y disfrutar los bienes interiores que la perfeccionan y hacen feliz

1
Jorge Francisco Cholvis, “Los Derechos, la Constitución y el Revisionismo
Histórico Constitucional”, Universidad Nacional de Lanús, Colección de
Cuadernos, Ediciones de la UNLa, 2017.

2. Así es que sólo cuando todos y cada uno de los miembros de una sociedad logren el bienestar conforme al grado de civilización contemporáneo, recién podrán tener asegurado el supremo objetivo de la comunidad que es el goce de los “beneficios de la libertad” para estar en condiciones de desarrollarse plenamente como seres inteligentes y espirituales 2

Los derechos humanos fueron construyéndose según el resultado de las
distintas luchas contra las diversas formas de desigualdad erigidas por las clases dominantes a lo largo de nuestra historia.

Por lo que se refiere al significado del “derecho” en la expresión “derechos humanos”, el debate es permanente.

El reconocimiento y la protección de los derechos humanos están en la base de las Constituciones democráticas modernas.

Derechos humanos, democracia y paz son tres elementos necesarios del mismo movimiento histórico: sin derechos humanos reconocidos y protegidos no hay democracia; sin democracia no existen las condiciones mínimas para la solución pacífica de los conflictos3
Como se sabe, el desarrollo de los derechos del hombre ha pasado a
través de tres fases y se encamina a una cuarta; en un primer tiempo se han
afirmado los derechos de libertad, es decir, todos aquellos derechos que tienden a limitar el poder del Estado y a reservar al individuo o a los grupos particulares una esfera de libertad respecto del Estado; en un segundo tiempo se han promulgado los derechos políticos, al concebirse la libertad no sólo negativamente como no-impedimento, sino positivamente como autonomía, y han tenido por consecuencia la participación cada vez más amplia, difundida y frecuente de los miembros de una comunidad en el poder político (o libertad en el Estado); en la tercera, se han proclamado los derechos sociales que expresan la maduración de nuevas exigencias, incluso de nuevos valores, como los del bienestar y de la igualdad no solamente formal, que se podrían llamar libertad a través o por medio del Estado.

Históricamente la ilusión del fundamento absoluto de algunos derechos
establecidos ha sido un obstáculo para la introducción de nuevos derechos, en
todo o en parte incompatibles con aquéllos. Piénsese en los obstáculos puestos al

2 Véase, Ana Jaramillo, “Justicia y Dignidad Humana”, Universidad Nacional de Lanús, Colección de Cuadernos, Ediciones de la UNLa, 2017.
3 Bobbio, Norberto, “El tiempo de los derechos”, Editorial Sistema, Madrid,
1991, pág., 14.

3 progreso de la legislación social por la teoría iusnaturalista del fundamento
absoluto de la propiedad: la oposición casi secular contra la introducción de los derechos sociales ha sido hecha en nombre del fundamento absoluto de los
derechos de libertad.

El fundamento absoluto no es solamente una ilusión; alguna vez es también un pretexto para defender posiciones conservadoras4

2. El tema en los clásicos de la literatura.

Toda nación tiene su poeta o escritor, en el cual resume la gloria
intelectual de la nación y de su pueblo. Homero para Grecia, Dante para Italia,
Cervantes para España, Shakespeare para Inglaterra, Goethe para Alemania.
¿Para Rusia se podría hablar de Tolstoi? ¿Para China de Confusio? ¿Víctor Hugo para Francia?

“Se ha afirmado que el oficio de estas grandes figuras es el de enseñar, como filósofos, lo que debemos creer; como poetas, lo que debemos intuir (sentir); como hombres, lo que debemos hacer.

Pero cuantos pueden entrar en esta definición” (en Antonio Gramsci, “Pasado y Presente. Cuadernos de la cárcel”, prefacio de José Luis Villacañas Berlanga, Gedisa editorial, Barcelona, 2018, pág. 198)

En grandes textos de la literatura no pudo estar ausente la temática
sobre el Derecho y la Justicia.

Por cierto, no podremos efectuar un análisis amplio de ellos, y sólo nos será posible -dada las limitantes de espacio-, referirnos fundamentalmente a tres afamados autores: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Víctor Hugo.

Posteriormente, ingresaremos a José Hernández y el Martín Fierro. Al poeta y el poema.

2.1 En pos de un orden social justo en todo tiempo y lugar, el avance
del progreso de la justicia está ínsito en el alma de los pueblos, y ella es la estrella
directriz que va impulsando las luchas por obtenerla. Lo que afirmamos está
reflejado en numerosos documentos, que bien leídos así lo indican. Uno de ellos
es el monumental libro de la literatura universal donde Cervantes relata las
aventuras del valeroso don Quijote de la Mancha, el famoso “desfacedor de
agravios y sin razones”; y que entre los consejos que dio a su escudero Sancho
Panza, antes que comience a gobernar la Ínsula Barataria, le recomienda:

4 Conf., Norberto Bobbio, ob. cit., pp. 59/60.

4
“Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras, has de
hacer dos cosas: la una ser bien criado, con todos, aunque esto ya otra vez te lo
he dicho; y la otra procurar la abundancia de los mantenimientos; que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres, que la hambre y la carestía”5

Un signo de la virtud prudencia es saber prever y, como dice Aristóteles,
saber bien aconsejar.

2.2 Otro texto de la literatura clásica es la Comedia Dramática de William
Shakespeare, “El Mercader de Venecia”, donde se observa un agudo diseño de
interpretación jurídica para solucionar un conflicto individual en base a un criterio de justicia 6

. Describe cómo un mercader pierde sus embarcaciones, y lo lleva a tomar -por circunstancias que serían largo describir- un préstamo por el cual da
en garantía “una libra de carne”.

Ante el impedimento para cancelar la deuda por el “mercader quebrado” llega el momento de ejecutar la garantía, y surge la genialidad de Shakespeare para resolver el caso.

Porcia (amada del Mercader), “vestida de doctor en Derecho” asume en
la estratagema de la obra el rol “del sabio jurisconsulto” que aconsejará al Dux
para sentenciar, y lo fundamenta en que “el espíritu y la letra de la ley están
acordes con la pena estipulada en este convenio”, y por lo tanto señala al
acreedor: “Te pertenece una libra de carne de este mercader; el tribunal te la
concede, la ley te la da”.

Pero, cuando el acreedor va a concretarlo, expresa: “Aguarda un momento; aún no he terminado.

El convenio te concede expresamente un libra de carne; pero no te concede una sola gota de sangre. Toma, pues, lo que te concede tu convenio”.

Y concluye Porcia: “Prepárate, pues, a cortar la carne que te pertenece; pero no viertas sangre, ni cortes más ni menos de una libra justa.

Si cortas algo más o menos, aunque sea la vigésima parte de un grano, si la balanza se inclina el grosor de un cabello, morirás y serán confiscados tus bienes”. Oído ello, debidamente por fundado “las leyes de Venecia”, el acreedor no ejecutó lo convenido y aceptó un ofrecimiento de cancelación en dinero ofrecido por un tercero, y así finaliza el pleito ante el Dux veneciano que presidía la audiencia del caso.

5 Miguel de Cervantes Saavedra, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha”, Editorial Ramón Sopena S.A., Barcelona 1936, pág., 757.
6 William Shakespeare, “El Mercader de Venecia”, con Prólogo de Víctor Hugo, en Teatro Completo, Tomo I, Colección Clásicos Inolvidables, Librería “El Ateneo” Editorial, Buenos Aires, 1953, pp. 756, en adelante

No podemos negar la ingeniosa trama que desarrolló Shakespeare, en la
interpretación estricta del texto escrito de la norma y el objetivo de lograr en
justicia la solución del caso.

Porcia ordenó cumplir estrictamente lo convenido, no “doblegó la ley” de Venecia, el mercader salvó la vida y el acreedor recibió su crédito en pago por un tercero.

2.3 Mencionaremos a otra cumbre del pensamiento en ese tiempo,
contemporáneo de José Hernández, y que sostuvo la finalidad de mejorar la
situación de los más humildes, pues es sabido que la pobreza es ruin vecina de la miseria; es decir, pobreza, es miseria e injusticia.

Me estoy refiriendo a Víctor Hugo quien en las palabras preliminares de “Los Miserables”, escribía: “Mientras exista, como consecuencia de las leyes y de las costumbres, la condenación artificial, que crea infiernos en plena civilización, y complique con la fatalidad humana el destino, que tiene origen más alto; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo, la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre y la atrofia del niño por las tinieblas: mientras que en ciertas regiones sea posible la asfixia social, o lo que es lo mismo y para decirlo en lenguaje más claro, mientras existan en el mundo la ignorancia y la miseria, libros como éste nunca serán inútiles.

Hauteville-Housse, 1862. Víctor Hugo”7
.
Allí contó las desventuras de Jean Valjean, para el cual existieron
“momentos en la vida en que parece que hasta la naturaleza se nos muestra hostil”, que no podía ocultar de donde venía ni que era “un miserable”.

Cómo habían comenzado sus desgracias?

Un invierno cruel Jean no encontró trabajo: no pudo tener pan para la familia, compuesta de siete criaturas.

Un domingo por la noche, con un puñetazo acababa de romper el cristal de la panadería, tomó un pan y se lo llevó.

“Valjean fue acusado ante los tribunales de aquella época de autor de robo con fractura, de noche y en casa habitada”.

Describe alternativas de audiencias, declaraciones testimoniales y procesos donde se va agravando y/o postergando la justa solución del caso de Jean Valjean.

7 Víctor Hugo, “Los Miserables”. La Novela Ilustrada, Director literario: Vicente Blasco Ibáñez, Oficinas: Mesonero Romanos, 42, Madrid.

6
Resumiendo, por ello y otros incidentes que le provoca el presidio y la
injusticia que padecía, el inofensivo podador de Faverolles, que también fue peón de albañil, criado de pastor boyero, cargador, o lo que podía, pasó 19 años en presidio.

Durante ese tiempo eran sus móviles la indignación habitual, la
amargura en su alma, el profundo sentimiento de la indignidad sufrida y la
reacción hasta contra los buenos, contra los inocentes y contra los justos.

“Motivos había, pues, para que el pasaporte calificara a Jean Valjean de hombre muy peligroso”.

De año en año su alma se había ido desecando lenta, pero fatalmente. A corazón seco, ojos secos 8

No fue un marco igual al que describe José Hernández en el Martín Fierro, pues era otro país, una gran ciudad europea y otro entorno, ya que se
trataba de una sociedad industrial donde sus chimeneas lanzaban humo y las
máquinas hacían sentir su ruidoso trajinar; pero el innegable condicionamiento socioeconómico llevó a tan triste situación, y el orden social no estuvo en condiciones de contemplar su mal y ayudar a su solución.

3. Injusticia que sufría el gaucho de la pampa.

El temple de la alma gaucha de Hernández, reflejada en su “Martín
Fierro”, sustentó su entereza para enfrentar la injusticia que sufría el gaucho de la pampa.

Su arte penetrado por la inteligencia y el patente aliento del poeta, deja
una obra con una modernidad en la que nada envejece.

Ha de hablar el Gaucho Martín Fierro y trataremos de hablar con él.

Es su voz la que vuelve y nos lleva a su tiempo, y desde aquí observaremos cual es la pena “estrordinaria” en la historia que nos cantó, tantos años después.

“Narración que, incluso más allá de su género, de su autor y de su tiempo, puede ser inspiradora para nosotros”9

El sentimiento elocuente que denotan esos versos no se manifiesta por
las formas sonoras de su canto, sino que es el efecto que producen las palabras que le van brotando “como agua de manantial”, y que van dando expresión poética a su lucha, a su altivez y a su fortaleza.

Así comenzaba a decir  10:

8 Víctor Hugo, ob. cit., págs. 20/28.
9 Jorge Mario Bergoglio S.J., “Meditación a la Luz del Martín Fierro”, Mensaje a las comunidades educativas del Arzobispo de Buenos Aires en la Pascua del Señor de 2002, en “Martín Fierro y la cultura nacional”, Editorial Docencia, 2016, p., 204.
10 La numeración de las estrofas y el texto de los versos están tomados de la publicación del “Martín Fierro”, efectuada en 1986 por la Editorial Biblos, con  “Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela, / que el hombre que lo desvela una pena estrordinaria, / como la ave solitaria / con el cantar se consuela”
(Ida, I-1)
“Pido a los Santos del Cielo / que ayuden mi pensamiento, / les pido en
este momento / que voy a contar mi historia / me refresquen la memoria / y aclaren mi entendimiento” (Ida, I-2).

Qué nos quiere contar Hernández, cuál es la esencia de su historia!

Por tanto, también nos hablará él.

Si es que el autor se identifica con el personaje protagonista y casi podemos decir que se pinta a sí mismo en su imagen espiritual.

Si Hernández ha sido gaucho, gaucho que arrea hacienda, que enlaza,
que voltea, que doma, que duerme en el campo sobre el pellón, que anda leguas y leguas, y días tras días, por la pampa desolada, sufriendo escarchas, lluvias, viento, calor, sol.

En medio de la acción que abarca el poema se refleja lo pasado y puede preverse el futuro. “Me siento en el plan de un bajo / a contar un argumento: / como si soplara el viento / hago tiritar los pastos. / Con oros, copas y bastos / juega allí mi pensamiento” (Ida, I-8).

“Yo no soy cantor letrao; / Más si me pongo a cantar / No tengo cuando
acabar / Y me envejesco cantando: / Las coplas me van brotando / Como agua de manantial” (Ida, I-9).

José Hernández ha sido el más grande cultor de la poesía gauchesca.

Su “Martín Fierro” resume reflexiones, vivencias y sentimientos del hombre de campo.

El orden de la justicia nutre y equilibra el poema.

En primera persona Fierro contó su historia y durante ella van apareciendo otros seres que habitaron la Pampa, cuando en ese tiempo va concluyendo el arrollador proceso de aniquilación del gaucho.

Los caracteres del “Martín Fierro” no son abstracciones puras, poseen vida y realidad; a un mismo tiempo es obra poética y realidad.

Es una lectura histórico-política con notas de Fermín Chávez y Osvaldo Guglielmino, obra que por el nivel de sus comentaristas nos certifica su carácter acorde al texto del Poeta.

Advierte Tiscornia, (“Martín Fierro. Comentado y Anotado” -Coni, Buenos Aires, 1952, pág. 641), que a partir de la muerte de José Hernández sobreviene la corrupción de los textos de ambas partes del Poema: “o por ignorancia de los editores clandestinos, ajenos a todo interés si no es el lucro, o por afán docente de los editores cultos, que deseaban corregir el lenguaje y la ortografía del autor”.

Cabe señalar que la importante tarea del investigador es analizar
conexiones de los procesos histórico-sociales, y así poder aportar claridad a nuestra actual visión del pasado.

Debe poner esos acontecimientos al alcance del pueblo, y evitar que prevalezca una “historia virtual”.

O sea, impedir que predomine una historia ficticia, elaborada por la pasión intransigente de grupos de poder o de intereses económicos predominantes, que desfigura los hombres, falsea los hechos y desnaturaliza las cosas.

Es sabido que quien controla el pasado, controla el presente; y quien controla el presente, controla el futuro 11
.
Ciertamente “la cultura es árbol que vive de raíces humanas”, y que sin duda, “se trata de una necesidad nacional que las nuevas generaciones deben colocar en el centro de su consciente atención”12

Antes de continuar, como acto de imprescindible sinceramiento, hemos
de asumir un severo compromiso y hacer nuestro el pensamiento que expresara Arturo E. Sampay al prologar una de sus más calificadas obras, dado que a este ensayo también lo anima un embanderamiento a favor de la actual y de por sí legítima solicitud de los pueblos por una organización social que sea justa.

Pues como él “estoy obligado a asumir esta actitud, ya que el fin último de las ciencias que versan sobre las cosas naturalmente predispuestas para la práctica no es conocerlas y contemplarlas, sino hacerlas.

No basta, entonces, con teorizar sobre la justicia, sino que hay que luchar para realizarla”13

4. El fin natural de la comunidad y del poder político.

El fin natural de la comunidad, y de la Constitución que la estructura, es conseguir que todos y cada uno de los miembros que integran el cuerpo social, a través de los cambios de cosas y servicios, obtenga cuanto necesitan para estar en condiciones de desarrollarse íntegramente acorde con su dignidad humana.

A quien ejerce el gobierno, valiéndose de su inteligencia y de su arte, nada se le podrá reprochar mientras observe la más importante actitud que es hacer que reine la justicia en las relaciones con sus conciudadanos 14

11 George Orwel, “1984”, pp. 42/43.
12 Fermín Chávez, “Civilización y Barbarie”, Editorial Trafac, Buenos Aires, 1956, pp. 13 y 34.
13 Arturo Enrique Sampay, “Constitución y Pueblo”, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1973, pág. 3.

La felicidad es, sin contradicción, el mayor de los bienes, el bien
supremo.

Sin embargo, la felicidad no puede ser completa sin los bienes
exteriores.

Es imposible, o cuando menos no es fácil, hacer el bien cuando uno
está privado de todo.

Y así el hombre para ser verdaderamente dichoso, tiene necesidad de los bienes del cuerpo y de los bienes exteriores 15.

Ahora bien: la justicia es la virtud que ordena los cambios sociales a tal fin.

Por tanto, el fin natural de la Constitución es efectuar la justicia.

La justicia, pues, coordina los cambios con el fin de que los miembros de la comunidad tengan la suficiencia de bienes exteriores, ya que todo cuanto el ser humano necesita para estar en condiciones de desarrollarse plenamente, es “lo debido a cada uno”, según ya lo
enseñaba Sócrates 16

“Aunque muchos creen que el gaucho / tiene alma de reyuno, / no se
encontrará a ninguno / que no le dueblen las penas; / mas no debe aflojar uno /
mientras hay sangre en las venas” (Ida, VI-187).
El poder político debe tender como a su fin natural, a la felicidad
específicamente humana de los gobernados. La asociación política tiene por
finalidad, no sólo la existencia material de todos sus miembros, sino también su felicidad y su virtud.

El gobierno perfecto que buscamos es, entonces, aquel que garantiza al cuerpo social el mayor grado de felicidad.

El amigo sincero del pueblo tratará de evitar que éste caiga en la extrema miseria, y pondrá el mayor cuidado en hacer que el bienestar sea permanente .

Por ello, la necesidad de la unidad y organización popular para estructurar el motor del proceso político que pueda hacerlo realidad:
“Los hermanos sean unidos / porque ésa es la ley primera; / tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque, si entre ellos pelean, / los devoran los de ajuera” (Vuelta, XXXII-1171),

14 Conf., Platón, “Las Leyes. Epinomis. El político”, Editorial Porrúa S.A., México, 1970, pág. 332.
15 Conf., Aristóteles, “Moral a Nicómaco”, Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1972, págs. 43, 47 y 202.
16 Arturo Enrique Sampay, “Constitución y Pueblo”, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1973, pp. 63/64.
17 Conf., Aristóteles, “La Política”, Espasa-Calpe, Madrid, 1969, ps. 129 y 211.

Y para efectuar la justicia, precisamente, se constituye la comunidad
política.

La felicidad es el estado de la persona cuando disfruta de salud vital,
posee las cosas que la liberan de las necesidades materiales, y practica tanto las virtudes intelectuales adquiriendo la verdad, como las virtudes morales obrando conforme al bien 18.

De la idea de este supremo bien humano se extrae el concepto de
justicia, que es un valor subalterno con respecto a la felicidad pero de ineludible realización prioritaria, pues su finalidad es lograr que cada ser humano tenga los bienes exteriores necesarios para estar en condición de alcanzar la felicidad, según ya lo hemos dicho.

Para alcanzar esta felicidad se requiere como tramo inicial que hombres y mujeres se liberen de la necesidad de dedicar la totalidad de su tiempo activo a la obtención de los medios de subsistencia fisiológica, y
por ende, cubiertas sus necesidades materiales y en dominio de los
instrumentos de difusión cultural, puedan usufructuar el goce productivo en la
alta vida de la inteligencia y del espíritu, que en el presente sólo disfrutan vastos sectores de los países desarrollados, y minorías privilegiadas del resto de las naciones.

“De ese modo es el pastel, / porque el gaucho -ya es un hecho- / no tiene ningún derecho, / ni naides vuelve por él” (Vuelta, XXVII-987).
(…) “Mueren en alguna loma / en defensa de la ley, / o andan lo mesmo que el güey, / arando pa ́ que otros coman” (Vuelta, XXVII-1003).

5. El poeta y el poema.

El “Martín Fierro” significa en nuestra historia literaria el más valioso
experimento de literatura popular.

La aguda visión de José Hernández observó y trasmitió en poema lo que antes había expresado en prosa.

“Por eso se adecua con habilidad admirable a toda una tradición de relaciones argumentales y de esquemas predeterminados, convirtiéndose en el menos personal y más tradicional de los poetas gauchescos”19.

18 Platón, Politia 420 b; Aristóteles, Ética Nicomaquea 1097 b 15-18, 1101 a 14- 17; Aristóteles, Política 1323 a 20-25.
19 Rodolfo Borello, “Hernández: poesía y política”, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1973, pág. 142.

La interpretación del “Martín Fierro” parece establecer la prueba decisiva para sitiar a un escritor dentro o fuera de la tradición nacional.

Entonces, en la denuncia social y apología del gaucho que contiene en su obra, Hernández también defiende tradiciones, costumbres y caracteres propios que conforman su espíritu.

Pero, es importante remarcar que la tradición no se confunde con el conservadorismo, que en general guarda todo, lo valioso y lo que
no lo es.

La diferencia entre tradición y conservatismo es, que en éste último, lo
viejo vale por viejo, mientras que en la tradición lo viejo vale en tanto portador de valores.

De modo tal que la tradición nacional reclama para existir, estos dos
elementos: país y proyecto, historia y futuro.

Si bien es indudable que se ha producido paulatinamente con el
surgimiento de la sociedad industrial y de consumo la desaparición de lo criollo bajo la forma del gaucho, ello no nos permite, de ninguna manera afirmar la desaparición de los valores que alentaron a este tipo de hombre”20.

De esta forma, la tradición, para nosotros, es algo que aún vive y no una entidad ahistórica 21.

Es la construcción de la memoria colectiva de un pueblo, con sus vivencias, luchas y valores, que se traspasan de generación en generación.

La tradición es así la transmisión de algo valioso de una generación a otra.

Como bien dice Pagés Larraya, tiene “Martín Fierro” un mundo propio,
liberado de su creador, de las contingencias que lo hicieron nacer, de los materiales diversos que lo integran.

Pero resulta imposible mirarlo con abstracto rigor y descuajarlo de las raíces que lo nutren 22.

Fermín Chávez señaló que el “Martín Fierro” es un libro esencialmente político, y que es “un brillante alegado a favor del gaucho matrero, rebelde no contra la ley sino contra un orden injusto”23
.
Y también entendemos que el Poema conceptúa un personaje “que corresponde a un tipo social más que étnico”24
.

20 Conf., Alberto Buela, “La identidad Argentina. El orden criollo. A los amigos de
la Quiaca y el sur de Bolivia”.
21 Conf., Alberto Buela, “La tradición nacional”, en edición digital del Diario La
Unión, http://www.launion.com.ar, del 28 de mayo de 2005.
22 Antonio Pagés Larraya, “Prosas del Martín Fierro”, Hyspamérica, Buenos Aires, 1987, pág. 19.
23 Fermín Chávez, “Historicismo e iluminismo en la cultura argentina”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982, pág., 35.
24 Conf., León Pomer, “El Gaucho”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1971, pág., 113.

Veamos que significó para el gaucho -es decir, para la mayoría de la
población campestre- la ordenación institucional, después de habían transcurrido algo más de veinticinco años desde la sanción de la Constitución.

5.1 Injusticia legal y desigualdad jurídica.

En “La Vuelta del Martín Fierro” durante la inmortal y casi metafísica
payada de contrapunto que mantenía con “el Moreno”, después de efectuarle
numerosas preguntas tales cómo “cuál es el canto del cielo”; o “decime cuál en el
mundo / es el canto de la tierra”; o “cuál es el canto del mar”; y si “la noche tiene su canto, / y me has de decir cuál es”; o en la que le propone diciendo que “como siempre ha de ser comedida / la palabra de un cantor / y aura quiero que me digas / de donde nace el amor”25, todas fueron respondidas con fino ingenio por el Moreno; y después Fierro entona su voz cuando le dice: “Ya te empiezo a respetar, Aunque al principio me rei, Y te quiero preguntar/ Lo que entendés por la
ley (Vuelta, III-1097).

El canto del interrogado responde con precisión qué significaron las leyes ordinarias para las “masas populares”, que para Sarmiento aquellas eran su Constitución 26.

Y así el Moreno nos dice: “Dende que elige a su gusto, / Lo más espinoso elige; / Pero esto poco me aflige / Y le contesto a mí modo: / La ley se hace para todos, / Más sólo al pobre le rige” (Vuelta, XXX-1100).

“La ley es tela de araña / -En mi inorancia lo esplico-, / No la tema el hombre rico; / Nunca la tema el que mande; / Pues la ruempe el bicho grande / Y sólo enrieda a los chicos (Vuelta, XXX-1101).

“Es la ley como la lluvia: / Nunca puede ser pareja; / El que la aguanta se queja, / Pero el asunto es sencillo: / La ley es como el cuchillo: / No ofiende a quien la maneja (Vuelta, XXX-1102).

En el canto del Negro de la payada queda reflejado este agudo desnivel
en el campo del derecho.

De estos versos surge patentemente la injusticia legal y la desigualdad jurídica, no entre federales y unitarios -que también la hubo-, sino entre ricos y pobres.

La lucha Martín Fierro “no la encara por pendenciero sino que muestra su coraje en la pelea contra la injusticia de la ley”27

25 Vuelta. XXX-1071; 1078, 1082, 1086,1092.
26 Domingo F. Sarmiento, “La constitución de las masas populares, son las leyes ordinarias, los jueces que las aplican, y la policía de seguridad”, véase “Comentarios de la Constitución de la Confederación Arjentina”, Santiago de Chile, setiembre de 1853, del Prólogo, p. IV.

Es de imaginar el regocijo con que, en este punto, el paisanaje oiría la
palabra del cantor.

Partiendo del concepto de igualdad, su canto deriva sin otras vueltas al terreno práctico de la aplicación, y todos los aspectos de la
interpretación confluyen y se resuelven en la desigualdad imperante de la ley.

El distingue claramente: la ley siempre alcanza al pobre, nunca al rico.

“Con igual sentido, por artes de engaño que desamparan al uno y favorecen al otro, ha entendido el pueblo la acción legislativa: hecha la ley, hecha la trampa” 28.

5.2 Palenque ande ir a rascarse.
Y que pasaba con los jueces y la “justicia”.

Para saberlo recordaremos otros versos del poema y que, sin duda, su mensaje tampoco ha perdido actualidad.

El Hijo Mayor de Fierro nos relata que “trabajando de pión”, se
encontraba en una estancia, y que “a un vecino propietario un boyero le mataron”, y que a él se lo “achacaron”.

En esos versos expone las penurias que el régimen judicial y carcelario imperante sometía a los detenidos, culpables o inocentes.

Observemos estos versos:
“Piensen los hombres honrados / En la vergüenza y la pena / De que tendría el alma llena / Al verme, ya tan temprano, / Igual a los que sus manos / Con el crimen envenenan” (Vuelta, XII-674).

“Declararon otros dos / Sobre el caso del dijunto; / Más no se aclaró el
asunto, / Y el Juez, por darlas de listo, / “Amarrados como un Cristo, / Nos dijo, “irán todos juntos” (Vuelta, XII-675).

“A la Justicia Ordinaria / Voy a mandar a los tres. / Tenía razón aquel Juez, / Y cuantos ansí amenacen; / Ordinaria… es como la hacen: / Lo he conocido después” (Vuelta, XII, 676).

“Nos remitió, como digo, / A esa Justicia Ordinaria, / Y fuimos con la sumaria / A esa cárcel de malevos / Que, por un bautismo nuevo, / Le llaman Penitenciaría” (Vuelta, XII-677).

27 Ana Jaramillo, “Payada Gaucha”, Colección del Pensamiento Nacional, Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús, 2007, pág., 17.
18 Eleuterio F. Tiscornia, ob. cit., pág. 306.

14
De tal modo, “criollo que cai en desgracia, tiene que sufrir un poco;
naides lo ampara tampoco, si no cuenta con recursos”
29
. Así es que calificando a
la judicatura, el viejo Vizcacha le aconsejaba al Segundo hijo de Martín Fierro:
“Hacete amigo del juez; / No le des de que quejarse; / Y cuando quiera
enojarse / Vos te debes encoger, / Pues siempre es bueno tener / Palenque ande ir a rascarse” (Vuelta, XV-764).

“Nunca le lleves la contra, / Porque él manda la gavilla: / Allí sentao en su silla, / Ningún güey le sale bravo; / A uno le da con el clavo / Y a otro con la cantramilla” (Vuelta, XV-765).

“El hombre, hasta el más soberbio, / Con más espinas que un tala, / Aflueja andando en la mala / Y es blando como manteca: / Y hasta la hacienda baguala / Cai al jagüel con la seca” (Vuelta, XV-766).

Por todo ello bien expresaba Tiscornia que el juez de paz de campaña,
en los días de Vizcacha, era un funcionario grave, de estudiado mal genio, casi analfabeto, perito en fullerías.

“Tenía en sus manos la suma del poder. Administraba la justicia distributiva según los fueros de su voluntad personal.Pater familias de bronce antiguo, tenía la sentencia en la boca y el rebenque en la
derecha. Vizcacha sabía bien que no había que irritarlo”30.

5.3 Un síntoma de cómo estamos en sociedad.

Pero también José Hernández en versos del Hijo Mayor de Fierro, nos
cuenta los graves momentos que se padecían en la penitenciaría y procesos judiciales, mientras permanecía en prisión:
“No sé el tiempo que corrió / en aquella sepoltura; / si de ajuera no lo
apuran, / el asunto va con pausa; / tienen la presa sigura / y dejan morir la causa” (Vuelta, XII-680).

“Inora el preso a qué lado / se inclinará la balanza, / pero es tanta la
tardanza / que yo les digo por mí: / el hombre que dentre allí / deje ajuera la
esperanza” (Vuelta, XII-681).

29 Vuelta, XII-679.
30 Eleuterio F. Tiscornia, ob. cit., pág. 216.

“Sin perfeccionar las leyes / perfeccionan el rigor; / sospecho que el inventor
/ habrá sido algún maldito: / por grande que sea un delito, / aquella pena es
mayor” (Vuelta, XII-682).

Como señaló Osvaldo Guglielmino, este canto de intención claramente
didáctico para que los paisanos evitaran tales padecimientos, encuentra también la certificación documentada basada en la más cruda realidad, en la palabra oral y escrita de Rafael Hernández, hermano menor del poeta, expresada en su acción parlamentaria y periodística.

Este otro Hernández, en el libro “Justicia Criminal, cien procesos notables”, que saliera a la luz en 1881, denuncia que la Justicia en lo Criminal, correspondiente al período de la llamada “generación ilustrada”,
“liberal”, “civilizadora” y “progresista”, era una justicia que se cebaba,
preferentemente en el desamparado y perseguido pueblo criollo.

Por la denuncia de atropellos a la dignidad y a los derechos humanos,
“Justicia Criminal”, es el “Martín Fierro” de Rafael Hernández.

Cada uno de los cien penosos procesos que allí se documentan -con numerosos detenidos por error y desidia judicial, sin sustanciación de causa, durante seis, siete y hasta ocho años-, son fragmentos vivos del “Martín Fierro”, como si la criatura y la tragedia poéticas se hubieran encarnado en esos seres de carne y hueso. 31
.
“La soledad causa espanto; / el silencio causa horror; / ese contínuo terror, /
es el tormento más duro, / y en un presidio siguro / está demás tanto rigor”
(Vuelta, XII-716).

En que arrumbada biblioteca quedaba olvidado el artículo 18 de la
Constitución Nacional, que aún hoy establece en su parte final:
“… las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no
para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de
precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará
responsable al juez que la autorice”.

Pero si actualmente, a pesar de los fabulosos cambios sociales,
culturales y de posibilidades materiales que incorporó la sociedad desde el siglo XIX, observamos que las cárceles se encuentran en similares o aún peores condiciones, con graves consecuencias sociales y personales para quienes son llevados allí.

31 Conf., “José Hernández-Martín Fierro”, con lectura histórico-política de Fermín Chávez y Osvaldo Guglielmino, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1986, pág. 139.

Cabe preguntarse entonces de qué sirve la vigencia formal de un
texto constitucional, que se recita, pero que en la realidad no se aplica.

Así es que algo parecido sucede en nuestro tiempo contemporáneo.

La portación de rostro y de ambiente villero es antecedente que predispone a las “fuerzas del orden”, y conduce a amañados procesos en atiborrados juzgados, camino al encierro carcelero.

Precisamente, por ello debemos hacer mención al informe que sobre cárceles efectuó Nils Melzer, relator especial sobre la tortura de las Naciones Unidas, quien tras recorrer diversos centros de detención -comisarías, alcaidías y pabellones penitenciarios- señaló que “la Argentina es responsable de una generalizada, persistente y seria violación de la Convención contra la tortura”. Planteó que las condiciones de detención en esos lugares están vinculadas con la sobrepoblación y políticas de mano dura que la alimentan, y finalmente advirtió que “no existe justificación económica, política, jurídica o de
otra índole, respecto de cualquier acción u omisión de los poderes legislativo,
ejecutivo o judicial, que deliberadamente exponga a los seres humanos a estas
condiciones intolerables”32

También debemos mencionar el Informe dado a conocer por la Procuración Penitenciaria, según el cual a partir del 2009 en las cárceles del Servicio Penitenciario Federal, se duplicaron las muertes vilentas causadas por
suicidios, homicidios, accidentes y lesiones graves sufridas por los internos
durante motines o protestas para reclamar mejores condiciones de detención 33

Si está a la vista de todos que actualmente, el Poder Judicial -en algunos
de sus jueces- sostienen una interpretación de la Constitución y las leyes con una sistemática inclinación a favor de los poderosos, y con manifiesto disfavor por los pobres!

Con esa inclinación sostienen una interpretación estática de la Constitución y las leyes.

Como en viejos tiempos de dominación oligárquica, la soberanía popular se encuentra bastardeada por la conjunción mediático-judicial.

Conforman de tal modo una valla que impide el pleno goce de elementales derechos de la persona, por lo que el imperativo de superarla potenciará la lucha por la efectiva vigencia de esos derechos en el país de los argentinos, y nuevos “Martín Fierro” surgirán en nuestro tiempo contemporáneo que entonarán la gran payada de contrapunto entre la Argentina de la Justicia o la del sometimiento, la Argentina de la independencia o la que lleva a la dependencia y pérdida de derechos básicos

32 Véase, Página/12, 21 de abril de 2018.
33 Página/12, 18 de junio de 2019.

El camino hacia la Justicia social es indetenible en la vida de los pueblos, por más vallas que le interpongan porque “no hay tiempo que no se acabe, ni tiento que no se corte” (Ida, II-44).

Debemos recordar por todo ello el Mensaje del Papa Francisco en la
visita que realizó al centro de readaptación social de Ciudad de Juárez (México, miércoles 17 de febrero de 2016), donde señaló estos trascendentes conceptos que no podemos dejar de tener presentes: “La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos en sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y de omisiones que han provocado una cultura del descarte.

Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de
una sociedad que, poco a poco, ha ido abandonando a sus hijos (…)

El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social” (…)

La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar sólo algunas medidas.

Ahí comienza todo proceso de reinserción”34

5.4 Las elecciones y el fraude electoral.

Veamos el panorama que describe José Hernández en el poema sobre
cómo se realizaban los procesos electorales.

Picardía, el hijo de Cruz pinta con vivos colores la visión criolla de los sistemas de fraude electoral de las clases cultas de la ciudad.

Nos cuenta en su historia, el acoso de la “polecia” y el “juez”:

“Me le escapé con trabajo / en diversas ocasiones; / era de los adulones; /
me puso mal con el Juez; / hasta que al fin una vez / me agarró en las elecciones” (Vuelta, XXIV-929).

34 Conf., “Papa Francisco. Latinoamérica. Conversaciones con Hernán Reyes
Alcaide”, Planeta, 2017, págs., 178/180.

“Ricuerdo que esa ocasión / andaban listas diversas; / las opiniones
dispersas / no se podían arreglar: / decían que el Juez, por triunfar, / hacía cosas muy perversas” (Vuelta, XXIV-930)

“Cuando se riunió la gente / vino a ploclamarla el ñato, / diciendo con
aparato / “Que todo andaría mal, / si pretendía cada cual / votar por un cadilato” (Vuelta, XXIV-931).

“Y quiso al punto quitarme / la lista que yo llevé, / más yo se la mesquiné, y
ya me gritó: ¡Anarquista! / Has de votar por la lista / que ha mandao el Comiqué” (Vuelta, XXIV-932)

“Me dio vergüenza de verme / tratado de esa manera; / y como si uno se
altera / ya no es fácil que se ablande, / le dije: “Mande el que mande, / yo he de votar por quien quiera” (Vuelta, XXIV-933).

“En las carpetas de juego / y en la mesa eletoral, / a todo hombre soy igual, /
respeto al que me respeta, / pero el naipe y la boleta / naides me lo ha de tocar” (Vuelta, XXIV-934)

“Ahí no más ya me cayó / a sable la polecía; / aunque era una picardía / me decidí a soportar, / y no los quise peliar / por no perderme ese día” (Vuelta, XXIV- 935).

“Atravesao me agarró / y se aprovechó aquel ñato; / dende que sufrí ese
trato / no dentro donde no quepo; / fí a jinetiar en el cepo / por cuestión de
candilatos” (Vuelta, XXIV-936)

“Injusticia tan notoria / no la soporté de flojo; / una venda de mis ojos / vino
el suceso a voltiar: / vi que teníamos que andar / Como perro con tramojo”
(Vuelta, XXIV-937).

“Dende aquellas elecciones / se siguió el batiburrillo; / aquél se volvió un
ovillo / del que no había ni noticia, / ¡Es señora la justicia… / Y anda en ancas del más pillo!” (Vuelta, XXIV-938).

6. “…. el fuego pa ́ calentar, debe ir siempre por abajo”.

Así es que antes de finalizar su último canto en la “Vuelta”, en forma
epigramática Fierro advierte sobre esa necesidad: “Más Dios ha de permitir / que esto llegue a mejorar; / pero se ha de recordar, / para hacer bien el trabajo, / que el fuego, pa ́ calentar, / debe ir siempre por abajo” (Vuelta, XXXIII-1195).

“No hay cambio real ni duradero si no se produce desde dentro y desde
abajo”, nos dice el Papa Francisco 35

El progreso de la justicia se impone cuando la sociedad descubre, con el desarrollo de su conciencia jurídica, su imperfecta composición y las desiguales condiciones de vida que la aquejan, y, con el desarrollo de sus técnicas de producción, la posibilidad de remediar tales defectos.

El desarrollo tecnológico alcanzado, permite elevar a niveles superiores el grado de cultura del pueblo y posibilita además, la producción de bienes exteriores en cantidad suficiente para todos. Cabe aclarar aquí que – como señalaba Sampay- con el vocablo “bienes” no aludimos a cuantas cosas
produce el hombre, sino sólo a aquellas que lo perfeccionan física y
espiritualmente; o sea, que el progreso social que implica el mejoramiento de las condiciones de vida de un pueblo, debe estar encauzado por una finalidad ética.

Por ende, la injusta organización social en la que el gaucho transcurría
sus días, así quedó reflejada en los versos de Hernández:
“Yo he sido manso primero, / y seré gaucho matrero; / en mi triste
circunstancia, / aunque es mi mal tan profundo, / nací y me he criao en
estancia, / pero ya conozco el mundo” (Ida, VI-184).(…)

“El anda siempre huyendo, / siempre pobre y perseguido, / no tiene cueva
ni nido / como si fuera maldito; / porque el ser gaucho… ¡barajo! / El ser gaucho es un delito” (Ida, VIII-230).

“Es como patrio de posta: / lo larga este, aquel lo toma, / nunca se acaba la
broma; / dende chico se parece / al arbolito que crece / desamparao en la
loma” (Ida, VIII-231).

“Le echan el agua del bautismo / a aquél que nació en la selva; / “Buscá
madre que te envuelva”, / le dice el flaire y lo larga. / Y dentra a cruzar el
mundo / como burro con la carga” (Ida, VIII-.232).

“Y se cría viviendo al viento / Como oveja sin trasquila; / mientras su padre
en las filas / anda sirviendo al gobierno, / aunque tirite en invierno, / naides lo ampara ni asila” (Ida, VIII-233).

35 “Papa Francisco. Latinoamérica”. Conversaciones con Hernán Reyes Alcaide, Planeta, 2017, pág. 39.

“Le llaman “gaucho mamao” / si lo pillan divertido, / y que es mal
entretenido / si en un baile lo sorprienden; / hace mal si se defiende / y si no, se ve…. fundido” (Ida, VIII-234). (…)

“El nada gana en la paz / y es el primero en la guerra; / no le perdonan si
yerra, / que no saben perdonar, / porque el gaucho en esta tierra / sólo sirve
pa ́ votar” (Ida, VIII-238).

“Para él son los calabozos, / para él las duras prisiones, / en su boca no
hay razones / aunque la razón le sobre; / que son campanas de palo / las
razones de los pobres” (Ida, VIII-239).

7. Lo suyo de cada uno.

Sostenemos que la prueba de la justicia o la injusticia de la sociedad es
la manera en la que se responde a las necesidades generales por medio de
políticas públicas.

La idea de justicia social es difícil de definir para quienes se niegan a supeditar su interés particular al interés de la comunidad.

Su enunciado, técnicamente, puede tornarse abstracto, pero su simbolismo es
sinónimo de nivelación equitativa y, en especial, de oposición a todo privilegio
derivado del poder, la riqueza o el oportunismo.

La justicia social acompaña a las necesidades crecientes de todo pueblo en su devenir histórico.

Por lo tanto, su concepto no es estático ni sirve su postulación rígida o inamovible.

Debe acompañar al hombre con los temas que le afligen en su calidad de miembro de una nación.

No es justicia social aquella que ante una crisis social, o una deuda externa agobiante, o un desnivel en la producción industrial o la riqueza agropecuaria, iguale en sufrimientos y cargas, sin observar con prudente estilo las diferencias existentes entre los desposeídos, marginados o simplemente asalariados y quienes ostentan alto grado de desarrollo económico.

“La incorporación en el derecho de las reivindicaciones de quienes menos tienen, y la ponderación de una cultura y de un superior grado espiritual y moral para todos, son elementos vivificantes de la justicia social (…)

El eje de su cometido consiste en atribuir a cada uno lo que le corresponde, o sea, la porción de bienes materiales, culturales y espirituales.

Este es el nudo, su ser, su sustancia”36
Como apuntaba Sampay, “dar a cada uno lo suyo” significa la obligación de promover en conjunto las condiciones para que cada uno de los miembros de la comunidad reciba lo que necesita para desarrollarse integralmente, y esto es lo suyo que a cada uno le es debido 37
Hernández en “El Río de la Plata”, es el primer periodista argentino que
habla desde el punto de vista social y económico de los “oprimidos”; y el
“Martín Fierro” es el primero que en nuestro país y en un poema se habla de
proletarización de los gauchos o paisanos de la campaña.

“Se proletarizaron”, dice José Hernández.

La defensa que hace de los gauchos tuvo como fin asegurarles un bienestar decente que les permita tener “casa, escuela, iglesia y derechos”.

En consejos y cantos de sentido filosófico, Martín Fierro clama por un régimen de justicia y de equidad, envuelto por una gran expresión de dolor.

“El acento doliente es la tónica de este libro inmortal y el afán de justicia es el
motivo que anima cada una de sus escenas y cada uno de sus versos”38

Los versos de Picardía (el hijo del Sargento Cruz), buscan reflejar el
estado de injusticia que no había podido resolver el orden constitucional de
1853/60, y que se notaba en las crecientes necesidades insatisfechas de esas
mayoritarias poblaciones que estaban gravemente afectadas por la carencia de
esos elementales bienes materiales, que por el contrario en esa época del siglo
XIX ya gozaban otros sectores de la sociedad.

Recordaremos estos sentidos versos de Hernández:
“O por causa del servicio, / que tanta gente destierra, / o por causa de la
guerra, / que es causa bastante seria, / los hijos de la miseria / son muchos en
esta tierra” (Vuelta, XXI-865).

La situación social del gaucho, con sus carencias, persecuciones y
padeceres, se aprecia en el sentido canto de los personajes del Poema.

Antes que “como astillas del mesmo palo” se larguen a cruzar el desierto en busca de “alguna toldería”,

36 Francisco Figuerola, “Teoría de la Democracia Social”, Depalma, Buenos
Aires, 1986, pág. 189; Jorge Francisco Cholvis, “Constitución y Proyecto
Nacional”, Ediciones Temática, Buenos Aires, 1987.
37 Conf., Arturo Enrique Sampay, “Las Constituciones de la Argentina.
1810/1972”, Eudeba, Buenos Aires, 1975, pág. 3.
38 Pedro de Paoli, ob. cit., pág. 261.

Cruz le decía a Fierro:
“Y emprésteme su atención, / me oirá relatar las penas / de que traigo el
alma llena; / porque en toda circunstancia, / paga el gaucho su inorancia / con la sangre de sus venas” (Ida, XI-327).

“Después de aquella desgracia / me refugié en los pajales; / anduve entre
los cardales / como bicho sin guarida; / pero, amigo, es esa vida / como vida de animales” (Ida, XI-328).

“Y son tantas las miserias / en que me he sabido ver, / que con tanto
padecer / y sufrir tanta aflición, / malicio que he de tener / un callo en el
corazón” (Ida, XI-329)

8. El temple del alma gaucha.

Por cierto, fue el temple del alma gaucha de Hernández, reflejada en
su “Martín Fierro”, lo que sustentó su entereza para enfrentar la injusticia que
sufría el gaucho de la pampa.

“Con mi deber he cumplido / y ya he salido del paso, / pero diré, por si
acaso, / pa ́ que me entiendan los criollos: / todavía me quedan rollos / por si
se ofrece dar lazo” (Vuelta, XXXII-1190)

“Y con esto me despido / sin espresar hasta cuándo; / siempre corta por lo
blando / el que busca lo siguro, / más yo corto por lo duro / y ansí he de seguir
cortando” (Vuelta, XXXII-1191).

Sabemos que la denuncia social del poema hernandiano ataca el falso
concepto de civilización esgrimido contra el criollo, la desigual aplicación de la
ley en la ciudad y en el campo, la política inmigratoria -que poco a poco fue
marginando al habitante nativo-, la cuestión indígena y el servicio de fronteras, la mala distribución de la tierra, la oligarquía y los inmigrantes.

“Tuve en mi pago en un tiempo / hijos, hacienda y mujer, / pero empecé a
padecer, / me echaron a la frontera, / ¡Y que iba a hallar al volver! / Tan sólo
hallé una tapera” (Ida, III-49).

Hemos visto que toca también otros elevados temas, pues Hernández
no juega a ser un gaucho para divertir o para divertirse; “Hernández escribió para denunciar injusticias locales y temporales, pero en su obra entraron el
mal, el destino y la desventura, que son eternos”39

“Yo he conocido cantores / que era un gusto el escuchar; / más no quieren
opinar / y se divierten cantando; / pero yo canto opinando, / que es mi modo
de cantar” (Vuelta, I-406).

(…) “Procuren, si son cantores, / el cantar con sentimiento, / así tiemplen el
estrumento / por sólo el gusto de hablar, / y acostúmbrense a cantar / en cosas de jundamento” (Vuelta, XXXIII-1183).

“A través de estas estrofas Hernández está manifestando en qué
consiste la dignidad de la poesía, y cuál es la función del poeta en la
sociedad ”40.

Los otros poetas que lo precedieron no planteaban el drama de la
existencia del gaucho, sino escenas aisladas; episodios que no trascendían de
lo superficial; en cambio Hernández plantea el destino de una clase
desheredada 41

Fundamentalmente, su Martín Fierro, como todo héroe épico lucha por
la libertad y contra la injusticia del sistema, personificando de este modo la vida heroica de su estirpe.

Y así cantaron también los otros personajes del poema nacional.

Se puede entonces entender que:
“Tantas cosas tenía José Hernández para decir que muchas de ellas
quiso expresarlas por medio del poema; y como la mayor parte de sus
verdades estaban oficialmente censuradas, se valió del recurso de hacer hablar
a sus personajes dramáticamente, en monólogo y diálogo.

Martín Fierro, Cruz, el viejo Vizcacha, los dos hijos, Picardía y el Moreno, se encargan de tratar los temas censurados.

El recurso del poeta es antiguo en la literatura universal”42

39 Jorge Luis Borges, “El Martín Fierro”, con la colaboración de Margarita
Guerrero, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1979 – 4a reimpresión, diciembre de 1995, pág. 48.
40 Amaro Villanueva, “Crítica y Pico. El sentido esencial del Martín Fierro”,
Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1972, pág. 105.
41 Conf., Ezequiel Martínez Estrada, ob. cit., pág. 335.
42 Fermín Chávez, “José Hernández”, Plus Ultra, 2a edición, Buenos Aires,
1973, pág. 155.

9. Derechos por los que Hernández luchó.

Qué más podemos ahora decir del derecho, para comprender por los
cuáles José Hernández luchó, y saber por los cuales luchar en este siglo XXI?

Se oculta que el ordenamiento jurídico de una sociedad dependiente
expresa la respectiva estructura de dominación social, y cómo esa
formalización se alcanza a través de la incorporación a la ideología jurídica
dominante en el país dependiente de las teorías, métodos de interpretación,
doctrina y jurisprudencia que son aplicados en los países centrales para
fortalecer el predominio de sus propias clases dominantes; y el consiguiente
rechazo de toda teoría, jurisprudencia, etc. que puedan significar real o
virtualmente un cuestionamiento de tal predominio, o confrontar con la
dominación periférica de las clases dominantes locales, que la ejercen a través
del diseño de un sistema jurídico-positivo orientado a fomentar tales intereses
político-económicos.

Para revelar el designio político que ello encubre debemos decir que de
tal forma se busca que se resigne la función específicamente humana de
descubrir la verdad de la Justicia, con la cual se juzga objetivamente la realidad social concreta y en seguida se actúa por inferencia.

El degradar, si no prohibir, el conocimiento filosófico para de este modo vedar la estimación racional acerca de si la violencia que el poder político monopoliza se la aplica debidamente o no, es una inveterada artimaña de las oligarquías para justificar sus sevicias tiránicas dirigidas a inmovilizar las formas de vida colectiva que tienen implantadas 43

Para superar esta pedagogía es necesario abrir la comprensión de la
totalidad del conocimiento sociológico, con una hermenéutica de la realidad
histórica que permita conocer la técnica opresora o liberadora del derecho,
según quien lo instrumenta.

Es el campo de la Sociología Política, entendida como el conocimiento de la concreta realidad política.

Lo cual lleva a explicar y sostener el imperativo de luchar por un derecho positivo integrado por un conjunto de reglas conducentes al bien común, y que su interpretación debe ser orientada a la consecución de ese bien superior.

Cabe expresar aquí que Ihering, que realizó valiosos aportes a la ciencia del derecho, sostiene el sentido histórico y social del orden jurídico, pero no como simple resultado de una evolución histórica, sino como aspiración finalista, o teleológica, hacia un

ideal de aseguramiento y mejoramiento progresivo de las condiciones sociales.

43 Conf., Arturo E. Sampay, ob. cit., pp. 74/75.

“Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha”44

. Es deber de los juristas comprometidos con los intereses patrios explicar la veracidad de los conceptos y tendencias dominantes que sobre ellos se imponen, y ayudar así a la toma de conciencia de las mayorías sobre los acontecimientos y situación imperante en el acontecer cotidiano, como de las etapas precedentes en el tiempo histórico.

Y resaltar el rol que le corresponde al jurista, que como decía
Sampay “es un impulsor del progreso de la justicia”45

Ciertas exigencias surgen sólo cuando nacen nuevas necesidades.

Refiriéndonos a los derechos sociales se puede señalar que no hay carta
actual de derechos, por poner un ejemplo convincente, que no reconozca el
derecho a la educación, que aumenta continuamente, primero elemental,
después secundaria, y poco a poco también universitaria.

Pues la educación, además de capacitar a los miembros de la comunidad para producir bienes destinados al desarrollo corporal y bienes comunicativos de la cultura intelectual, debe infundirles el hábito de que la conciencia de cada uno adhiera al orden de justicia que estructura la Constitución.

Por lo que la Constitución se complementa con un sistema concordante de educación política.

Señaló Sampay al respecto que hay un sistema educativo apropiado a cada Constitución, porque las oligarquías establecen un sistema educativo que le permita detentar la exclusividad de la cultura, puesto que abriga la íntima convicción de que la elevación intelectual de los sectores populares engendra la rebeldía contra la Constitución que ella ha impuesto.

En vez, para desenvolver y afianzar la Constitución democrática, los sectores populares exigen que la educación, en la totalidad de su desarrollo, sea una de las funciones públicas de absoluta prioridad 46

Nuevas necesidades nacen en relación al cambio de las condiciones
sociales, y cuando el desarrollo técnico permite satisfacerlas.

Una cosa es proclamar el derecho, y otra satisfacerlo efectivamente.

El lenguaje de los derechos tiene sin duda una gran función práctica, que es la de dar particular fuerza a las reivindicaciones de los movimientos que exigen para sí y para los demás la satisfacción de nuevas necesidades materiales y morales, pero se convierte en engañoso si se oscurece u oculta la diferencia entre el derecho reivindicado, y el reconocido y protegido.

44 Rudolf von Ihering, “La Lucha por el Derecho”, Editorial Perrot, Buenos Aires, 1977, pág., 58
45 Arturo E. Sampay, ob. cit., pp. 139/140.
46 Conf., Arturo E. Sampay, ob. cit., pp. 66 y 70.

El problema de fondo relativo a los derechos humanos sostiene Bobbio
no es hoy tanto el de justificarlos como el de protegerlos.

Es un problema no filosófico, sino político.

No se trata de encontrar el fundamento absoluto – empresa sublime pero desesperada-, sino, cada vez, los varios fundamentos posibles.

La investigación de los fundamentos posibles no tendrá ninguna importancia histórica si no es acompañada del estudio de las condiciones, de los medios y de las situaciones en las que este o aquel derecho puede ser realizado.

Tal estudio es tarea de las ciencias históricas y sociales.

El problema filosófico de los derechos humanos no puede ser disociado del estudio de los problemas históricos, sociales, económicos, psicológicos, inherentes a su propia realización: es el problema de los fines y el del de los medios.

Esto significa que el filósofo no está solo.

El filósofo que se obstina en permanecer solo termina por condenar la filosofía a la esterilidad.

Se trata de lograr las soluciones para una más amplia y escrupulosa
realización de los derechos proclamados.

Ciertamente, para cooperar en la creación de estas condiciones se necesita estar convencido de que la realización de los derechos del hombre es un fin deseable; pero no basta con esta convicción para que estas condiciones se realicen.

El argumento más fuerte dado por los reaccionarios de todos los países contra los derechos humanos, en especial contra los derechos sociales, no es ya su misma falta de fundamento, sino su imposibilidad de realización.

Cuando se trata de enunciarlos, el acuerdo es obtenido con relativa facilidad, independientemente de la mayor o menor convicción de su fundamento absoluto; cuando se trata de pasar a la acción, aunque fuese el fundamento indiscutible, comienzan las reservas y las oposiciones.

Entonces, el problema que se nos presenta, en efecto, no es filosófico, sino jurídico y, en sentido más amplio, político.

No se trata tanto de saber cuáles y cuántos son estos derechos, cuál es su naturaleza y su fundamento, si son derechos naturales o históricos, absolutos o relativos,  sino cuál es el modo más seguro para garantizarlos, para impedir que, a pesar de las declaraciones solemnes, sean continuamente violados 47

En estos tiempos en que hasta hace pocos años se pregonaba “el fin de
la historia” cual inexorable pronóstico, que permitiría un único plexo de valores que regirían bajo un manto cada vez más homogéneo de pautas culturales y estilo de vida amparado en un neologismo denominado “globalización”, vemos por el contrario que la historia continúa.

Quizás se podría decir que el tiempo pasado que estamos analizando, fue otro conciso y doloroso período de los que en forma recurrente han padecido y padecen otros países hermanos de este espacio continental indoamericano.

Pero hoy, que ya debe concluir esta actual, insostenible y cruel antropofagia de pueblos, muchos de ellos buscan ansiosamente diseñar sus propios proyectos acordes a sus intereses y realidades nacionales.

Y para lograrlo los próximos años demandarán una intelectualidad concentrada y comprometida en el fortalecimiento y el enriquecimiento de la propia cultura.

En el nivel alcanzado por la cultura sociopolítica de su época, Hernández luchó para que “las garantías individuales se conviertan en una verdad incuestionable y dejen de ser una lujosa declaración de la ley”48, y
sostuvo que “mientras la luz no cubra con su égida protectora las poblaciones
desamparadas, es excusado que nos afanemos en elaborar proyectos
grandiosos, que jamás resolverán el problema de nuestra futura grandeza”49
.
Pocos días antes ya había escrito: “No basta tener instituciones liberales; es
necesario secundar su espíritu progresista y acreditar la resolución de hacerlas
prácticas y profundas”50.

Una clara demanda se observa en los artículos de “El Río de la Plata”, y es la misma que surge del “Martín Fierro”: en el país existen privilegiados y desposeídos, ciudadanos e ilotas, hijos y entenados 51

Por eso, Hernández ya había expresado en la carta que envía a los editores de la 8a edición del “Martín Fierro”.

“Ese gaucho debe ser ciudadano y no paria; debe tener deberes y también derechos, y su cultura debe mejorar su condición.

47 Conf., Norberto Bobbio, ob. cit., págs., 61/64.
48 “El Río de la Plata”, 6 de octubre de 1869.
49 Editorial de “El Río de la Plata”, del 4 de octubre de 1869.
50 “El Río de la Plata”, 1° de septiembre de 1869.
51 Conf., Antonio Pagés Larraya, ob. cit., pág. 56.

Las garantías de la ley deben alcanzar hasta él, debe hacérsele partícipe de las ventajas que el progreso conquista diariamente”.

Es sabido que “la poesía épica tiene como objeto específico el elogio de
empresas inspiradas por la justicia y la libertad”52, entonces cabe decir que tal como en las epopeyas clásicas el “Martín Fierro” es el canto de un pueblo; es decir, el relato de sus hechos notables cumplidos en la conformación de su
propio ser y en el logro de su destino histórico.

Los descendientes de aquellos gauchos que emigraron a las ciudades y
los de otros trabajadores que habían llegado de Europa, conformaron durante
el siglo XX la clase trabajadora urbana.

Dejaron las boleadoras y el chiripá, pero han de continuar su lucha en pos de sus derechos, por otros medios que fueron proyectando en el devenir histórico de nuestro pueblo.

Así es que en los albores de este nuevo siglo XXI, los privados de justicia, los trabajadores, marginados y desocupados han de encontrarse también en sus versos y canto por trabajo, salud, educación y otras necesidades básicas.

En el poema de José Hernández existe un sentido simbólico paralelo del sentido literal en el plano del encuadre sociológico contemporáneo para instaurar un orden social justo, y será indispensable hacer realidad esa finalidad de justicia.

El protagonista histórico ya no será un héroe lejano como el solitario gaucho de la pampa, sino esencialmente un personaje colectivo que ha de conquistar su dignidad y sus derechos fundamentales.

Ha de ser un pueblo unido y organizado como sujeto histórico del progreso social.

Es que en los más humildes, los explotados, los pobres, los excluidos se encuentra en gran medida el futuro de la humanidad, “en sus manos, en su
capacidad de organizarse y promover alternativas creativas en la búsqueda
cotidiana de <las tres T> (trabajo, techo, tierra)”; y como señala el Mensaje del Papa Francisco: “lo dije y lo repito: son derechos sagrados”53

52 Leopoldo Lugones, ob. cit., pág. 23.
53 Papa Francisco, en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares en
Bolivia, 07/2015, en “Papa Francisco. Latinoamérica”, conversaciones con
Hernán Reyes Alcaide, Planeta, 2017, pág., 133; conf., M. Silvina Guzmán
Suarez, “Francisco. La Revolución del Amor”, Dunken, Buenos Aires, 2016.

10. El verdadero desafío de la hora.

El “Martín Fierro” es el prólogo que previene a nuestras generaciones
en cuanto a la indispensable lucha por la vigencia de los derechos humanos
básicos.

Atravesemos ahora con un gigantesco salto las distintas etapas que en homérica odisea transcurrieron en nuestro país desde la época en que
nuestro Poema épico despuntó hasta el día de hoy, con sus circunstancias
favorables y desfavorables -más éstas que de aquéllas-, y acerquémonos
brevemente a la cuestión social según nuestra realidad contemporánea, lo que
contribuirá a dar una penetrante perspectiva para leer y comprender al “Martín Fierro”.

Ello despejará las definiciones del día de hoy.

No hay condición más cruel ni más deshumanizante que la pobreza
extrema, como es el estado de carencia absoluta en que se encuentran estas
personas.

No existe esquema de asistencia social que resista esta dimensión, y
así la violencia con destino de supervivencia o de compensación se torna en
apenas una de las asechanzas posibles.

También Hernández en la “Instrucción del Estanciero” se interrogaba sobre qué hace el hijo de la campaña que no tiene campo, que no tiene donde hacer su rancho, que no tiene trabajo durante meses al año, y que se ve frente a frente con una familia sumida en la miseria.

Y respondía con estos conceptos que aún cabe recordar:
“No es un principio admisible, pero es una verdad práctica y reconocida
que en donde hay hambre no hay honradez”54

Por ello, se han de hacer efectivos los derechos que tiene el ser humano
y que están ampliamente incorporados a textos constitucionales y a
declaraciones internacionales de suficiente renombre, como los derechos que
toda persona tiene “a un nivel de vida adecuado que le asegure así como a su
familia, la salud y el bienestar y en especial la alimentación, el vestido, la
vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios” (art. 25.1, de
la “Declaración Universal de Derechos Humanos”); pues “toda persona tiene
derecho a que se establezca un orden social e internacional en que los
derechos y libertades proclamados en la Declaración Universal de Derechos
Humanos “se hagan plenamente efectivos” (art. 28, de la “Declaración
Universal de Derechos Humanos”).

Similares conceptos se encuentran en otras Declaraciones y Pactos que en nuestro país tienen jerarquía constitucional (Art. 75, inc. 22, de la Constitución Nacional).

54 José Hernández, “Instrucción del Estanciero”, Edición Facsimilar, 1881, Editorial Docencia, Buenos Aires, 2005, págs. 376/377.

Debemos superar el condicionamiento socioeconómico que lleva a la no
vigencia de elementales derechos humanos en la mayoría del Pueblo.

Que es lo que en su tiempo sufrió y contra lo que a su manera el gaucho Martín Fierro luchó, para terminar con una miseria que había penetrado hasta los huesos, y que en sus versos Hernández repudiaba además con un calificativo:
“Pues esa miseria vieja / no se remedia jamás / todo el que viene detrás
/ como la encuentra la deja” (Vuelta, XXVIII-1042).

La democracia debe conjugarse con el desarrollo de todas las
potencialidades del país, para que la injusticia y la discriminación expresadas
por la marginalidad y la pobreza desaparezcan como afrentas incompatibles
con los principios que unen al hombre en comunidad.

Los derechos políticos, como lo demuestra el pasado reciente, son inseparables de los derechos sociales y económicos, y para la consecución plena de los ideales propuestos en los documentos de las Naciones Unidas es indispensable que el desarrollo brinde a los pueblos la posibilidad cierta de acceder a niveles dignos de vida, de realización personal y participación.
Esta es la urgente solución a implementar.

El debate sobre la democracia es, en las condiciones actuales, una controversia acerca de la legitimidad política y, por consiguiente, comprende las formas políticas e institucionales sin las cuales no se puede hablar de legitimidad.

Pero también se transforma en una polémica respecto de la eficacia de la democracia.

Los dilemas de la legitimidad política, como se refieren al rumbo, al sentido que la sociedad habrá de tomar, propician el debate sobre los grandes temas del desarrollo político y económico.

La cuestión de la legitimidad política lleva así al tema institucional, y al diseño del que sea mejor para lograr ese desarrollo.

Por debajo de la aspiración normativa se encuentra el negativo condicionamiento de los factores que generan el atraso y el sometimiento.

Y hasta que el país todo no los rompa y genere un proceso de desarrollo

económico-social pleno, armónico y acelerado, esas elevadas aspiraciones
quedarán en el sitial de las propuestas o proyectos a cumplir55

Sin duda, llegará ese momento cuando dejen de ser “campanas de palo
las razones de los pobres (Ida-239).

Recién ahí no pesará más sobre nosotros la amonestación de Fierro, que con su original manera de decir señala que la razón del pobre no suena, no vale, en la sociedad de los hombres 56.

Como entendía el Poeta en su tiempo, se alcanzará entonces el pleno goce de los derechos humanos básicos y de tal modo los sectores populares ya no estarán ni serán “en su orfandad, de la fortuna el desecho / porque naides toma a pechos / el defender a su raza: / Debe el gaucho tener casa, Escuela, Iglesia y derechos” 57.

Más aún, con el desarrollo científico-técnico actual, quien puede dudar que el hombre del siglo XXI debe tener vivienda, educación, trabajo, salud, libertades y otros derechos que hacen a su dignidad humana.

La poesía no puede sustituir otras mediaciones -como son, las ciencias
sociales y la acción política-, para analizar y transformar la realidad. “Sin
embargo, enriquece la visión de la realidad y la acción sobre ella, con lo
íntegramente humano que le es propio y que el análisis científico y la eficacia
técnica y política tienen el peligro de olvidar”58

Es indudable que la problemática de los derechos humanos no
transcurre en la actualidad por el meridiano de su identificación y formulación, sino por el que señala cómo asegurar su vigencia para todos y en todo tiempo y lugar.

O, en otros términos, cómo realizar el bienestar general que equivale a
la justicia en su más alta expresión y cómo alcanzar la vida abastecida con los
bienes exteriores que la persona necesita para tender libremente a su
desarrollo y disfrutar de los bienes interiores que la perfeccionan y hacen feliz.

55 Jorge Francisco Cholvis, “La Constitución y la dependencia”, Realidad
Económica N° 85, 6to. Bimestre de 1988, pág 68; Jorge Francisco Cholvis,
“Reforma de la Constitución, Derechos Humanos Básicos e Interpretación
Constitucional”, en “Nueva Constitución de la República Argentina”, Editorial
Negri, Buenos Aires, noviembre de 1994, pág. 326.
56 Conf., Eluterio F. Tiscornia, ob. cit., pág. 69.
57 Vuelta-XXXIII-1193.
58 Juan Carlos Scannone S. J., “Poesía Popular y Teología. Contribución del
Martín Fierro a una Teología de la Liberación”, en “Martín Fierro y la Cultura
Nacional”, Editorial Docencia, Buenos Aires, 2016, pág., 196.

Sólo cuando todos y cada uno de los miembros de la sociedad
argentina logren el bienestar conforme con el grado de civilización
contemporáneo, recién tendrán asegurado el otro supremo bien que el
preámbulo de la Constitución vigente prescribe como objetivo de la comunidad, esto es, el goce de los “beneficios de la libertad” para estar en condiciones de desarrollarse plenamente como seres inteligentes y espirituales 59
.

11. El sentido optimista del canto final del poema.

Ya conocemos los motivos de Hernández, y los podremos analizar
desde nuestra visión actual. Ya sabemos cuál es su “pena estrordinaria”.

En las hojas del “Martín Fierro” encontrarás todo su canto, el contrapunto con la injusticia que con bizarría nos dejó; porque “él es toro en su rodeo y torazo en rodeo ajeno”, y está firmemente dispuesto a no separarse de ese intento
“aunque vengan degollando”.

Por todo ello, la obra de Hernández es un mensaje y actúa como agitador de todos los problemas del país.

Como advierte Pagés Larraya, el Poeta al principio de la “Vuelta” nos avisa también que su mensaje está cifrado y que hay que andar despacio para comprenderlo 60:
“Tiene mucho que aprender / El que me sepa escuchar: / Tiene mucho que
rumiar / El que me quiera entender” (Vuelta, 93-96)

Hay pues en el Martín Fierro un mensaje lanzado a lo futuro, pero,
¿cuál es el mensaje de Martín Fierro?

¿Y a quien va dirigido?

Si damos en la contestación de la segunda pregunta, seguro también daremos en la respuesta a la primera.

Entonces ¿a quién va dirigido el mensaje de Martín Fierro?

Como advertimos en párrafos anteriores, Marechal el gran poeta y propulsor de los contenidos culturales, populares y nacionales, no duda que va dirigido a la conciencia nacional, es decir, a la conciencia de un pueblo.

¿Por qué necesita un mensaje la conciencia de la Nación? se interroga Marechal.

Porque como vimos la Nación, desgraciadamente, no se ha iniciado bien en el ejercicio de su libertad recién conquistada.

59 Conf., Arturo Enrique Sampay, “Constitución y Pueblo”, 2a edición, Cuenca
Ediciones, Buenos Aires, 1974, pág. 238.
60 Conf., Antonio Pagés Larraya, “Prosas del Martín Fierro”, Editorial Raigal,
Buenos Aires, 1952, pág. 139.

El Papa Francisco, en el II Encuentro Mundial de los Movimientos
Populares, nos dijo que “Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces, llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena”61

Nuestro país de inmigración, expuesto a la influencia de razas, idearios
y culturas diferentes cuando no antagónicas, necesita neutralizar su
cosmopolitismo reafirmando su personalidad en lo que viene de lo hondo de su historia y de su suelo, necesita vigorizar las instituciones y caldear el corazón con un patriotismo capaz de impedir que la diversidad de corrientes espirituales pueda llegar a desvirtuar la fisonomía de la nacionalidad argentina 62.

Más cuando la influencia de lo foráneo logró muchas veces inducir a nuestra cultura y formas de conducta, en el más grotesco de los mimetismos.

Nos han incorporado un complejo de inferioridad respecto a lo foráneo.

Es en las estrofas de último canto de la “Vuelta” en donde más explícitamente se revela el “pensamiento de reforma social” que está en el contexto del “Martín Fierro”, y cuyas primeras páginas comenzamos a describir los argentinos a partir de las Jornadas de Mayo de 1810.

Es en este canto final donde queda declarada sin ambages la militancia social de nuestra máxima obra de arte.

Es el poeta y no el protagonista el que termina diciendo en esta Segunda Parte, que no era ella la última en la intención del autor, ya que
anunció una tercera que el destino no quiso.

“Y guarden estas palabras / que les digo al terminar: / en mi obra he de
continuar / hasta dárselas concluida, / si el ingenio o la vida / no me llegan a
faltar” (Vuelta, XXXIII-1200).

Como la política es lo preponderante en la idiosincrasia de Hernández,
sus pensamientos se los debe entender cual impulsos, ideas, e indicaciones,
que potenciaron los versos y que llevaron a la creación literaria.

De la mismacalidad y naturaleza serán los motivos que determinan la separación de los personajes al final del Poema.

61 Conf., “Papa Francisco. Latinoamérica”. Expo Feria, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, jueves 9 de julio de 2015, en Conversaciones con Hernán Reyes
Alcaide, Planeta, 2017, pág., 150.
62 Conf., Leopoldo Marechal, “Obras Completas”, tomo V, “Los cuentos y otros escritos”, Perfil Libros, Buenos Aires, 1998, pág. 304.

Pero la crítica, la exégesis y el comentario de algunos han pasado
siempre por sobre estas alusiones del “Martín Fierro”, sin profundizar sus
alcances, cuando no apartándolas con desdén, o juzgando ciertos versos como
expresión de simples gauchadas, sin importancia para la interpretación.
Fortalecer el pensamiento nacional significa prepararse para asimilar el
conocimiento universal.

En países sujetos a la acción colonial o semicolonial el verdadero espacio de resistencia es, definitivamente, la cultura popular 63
.
Fierro y su estirpe no solamente viven todavía -aunque irreconocibles
por sus características exteriores-, sino que afirmamos siempre vivirán mientras esa matriz que va gestando artífices por un mundo más justo, siga pariendo hijos con toda las sustancias de su ser.

Esa matriz no sólo produce tipos vernáculos que existan solamente en la llanura; en cualquier lugar -campo o ciudad- donde las condiciones de vida sean injustas, ese mismo ser que llamamos Martín Fierro reaparecerá.

Como lo fue también en el siglo XX y en el XXI, cuando ya “urbanizados” los descendientes de Fierro, han podido estar junto a los peones criollos de la construcción, los obreros especializados de la metalurgia, o los que en mataderos y frigoríficos aún seguían cerca de la hacienda vacuna y caballar64; o en movilizaciones y luchas que hubieron y que habrán por mejorar las condiciones de vida en el país de los argentinos.

O sea, “solo podemos abrir con provecho nuestro ́poema nacional ́ si
caemos en la cuenta de que lo que allí se narra tiene que ver directamente con
nosotros, aquí y ahora, y no porque seamos gauchos o usemos poncho, sino
porque el drama que nos narra Hernández se ubica en la historia real cuyo
devenir nos trajo hasta aquí”65. Justamente esos “efectos”, esa capacidad de
ser ubicado en la dinámica real de la historia, es lo que hace del Martín Fierro
un “poema nacional”. Amén de la guitarra, el malón y la payada.

63 Conf., Francisco Pestanha, ibídem.
64 Conf., Eduardo B. Astesano, ob. cit., pág. 17.
65 Jorge Mario Bergoglio S.J., “Meditación a la Luz del ́ ́Martín Fierro”, Mensaje a las comunidades educativas del Arzobispo de Buenos Aires en la Pascua del Señor de 2002, en “Martín Fierro y la cultura nacional”, Editorial Docencia, 2016, pág., 207. Cursiva en el original.

Así señaló Alfredo Carlino que la avalancha gringa por su fácil y feliz
adaptación al medio, por conducto de los hijos argentinos dio surgimiento a un producto metropolitano, y apareció una herramienta impensada, el tango.

“El orillero, hombre de suburbio, frecuentador de ́esquinas ́ -un derivado de la pulpería gaucha- y de comités, hacía afectación de guapeza, exhibiendo en su conversación sus proezas de bailarín y de guitarrero, cuando no de cantor”66
.
Lo gauchesco se reencarnó primero en el tango orillero y, posteriormente,
como señaló Chávez en ciertos exponentes del rock nacional 67

Bien observó Lugones sobre las características personales del protagonista principal del “Martín Fierro”, que “no es el caballero insigne, ni el jefe de alta alcurnia que figuran en el Romancero o en la Ilíada; sino un valiente
obscuro, exaltado a la vida superior por su resistencia heroica contra la
injusticia”68.

Así han de poder anteverse a los contemporáneos seres que han de sostener el mensaje poemático del “Martín Fierro”.

Que duda puede caber que él, sus hijos poemáticos y el de Cruz, eran simples hombres de pueblo y que de esta forma se reinsertan en su añoso anonimato.

Lo que el “Martín Fierro” muestra con mayor fuerza, y que tuvo validez
ayer y la mantiene hoy es la defensa de los desposeídos, de los perseguidos
injustamente, de los que poco o nada tienen; la reacción contra el poder que se arrogan unos pocos en perjuicio de los más 69.

Esta particularidad caracteriza al “Martín Fierro” con respecto a las otras obras de su género épico.

Como expresaba Lugones en sus conferencias, el personaje resulta enteramente peculiar en nuestro poema y no encaja estrictamente en los moldes clásicos.

“Su peculiaridad con respecto a la épica tradicional o clásica, corresponde a la
de las formas sociales con que el hombre ha superado universalmente las que
caracterizaron el mundo antiguo y el feudalismo”70

66 Carlos Carlino, “Biografías con Gringos. El tango”, Axioma Editorial, Buenos Aires, 1976, pp. 15 y 64.
67 Cf., Fermín Chávez, http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/c/chavez-php
68 Leopoldo Lugones, ob. cit., pág. 227.
69 Conf., Emilio Carilla, ob. cit., pág. 264.
70 Amaro Villanueva, ob. cit., pág. 24.

12. Los héroes del poema son prototípicos y paradigmáticos.

La poesía épica o patriótica o social, evolucionó con la sociedad y
conforma en nuestro caso un epopéyico jirón del pasado histórico criollo,
metiéndose en sueños, dolores y esperanzas, del más bajo sector social de las
llanuras pampeanas.

“El épico contemporáneo va a hacer poemas en donde los episodios de la lucha por la vida reemplacen a los episodios de la lucha por la muerte”71

. “Y he de decir ansí mismo / porque de adentro me brota, / que no tiene patriotismo / quien no cuida al compatriota” (Vuelta, XXVII-1004).

Los héroes del poema son ejemplarmente puros e incorruptibles en su
militancia social y proceden de la más humilde extracción popular, terminan
cambiando de nombre, para reintegrarse con modestia al seno del pueblo, al
que de este modo trasmiten la responsabilidad de proseguir el cometido que
les dio personalidad poética.

Son prototípicos y paradigmáticos.

Es decir, se manifiestan para ejemplo de la toma de personalidad por el pueblo.

Por ello, Fierro evidencia su resuelta postura y con valentía dice: “Que he relatado a mi modo, males que conocen todos, pero que nadie cantó” (Ida, XIII-395).

“Este es el sentido esencial del Martín Fierro, de su militancia artística,
de su épica activa, que se proyecta sobre la conciencia del pueblo argentino.

De modo que es éste, dentro de la concepción del poeta, quien debe dar
desenlace real, en la sociedad, a su inmortal personificación en el arte”72
.
El “Martín Fierro”, entonces a su modo, es como en las epopeyas
antiguas, el canto de gesta de un pueblo, es decir, el relato de sus hechos
notables cumplidos en la manifestación de su propio ser y en el logro de su
destino histórico.

Hernández deja inmortalizado el poema de una clase sacrificada por el doloroso destino que a los humildes subyuga.

Por ese destino que, como hecho por unos hombres, otros hombres deberán corregir 73
.
Pagés Larraya recuerda que Homero pone en labios del viejo y prudente Néstor, como respuesta a Diomedes, el joven guerrero domador de
caballos estas sabias admoniciones: “Hace falta no tener parientes, ni amigos,
ni casa, ni sentimientos humanitarios y justos, para apetecer las horrendas luchas intestinas, siempre más funestas que las más funestas guerras…”74.

71 Álvaro Yunque, “La Literatura Social en la Argentina”.
72 Amaro Villanueva, “Crítica y Pico. El sentido esencial del Martín Fierro”,
Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1972, pág. 28.
73 Conf., Álvaro Yunque, “El gauchismo de Martín Fierro”, Conferencia
pronunciada entre 1940 y 1943. ttp://www.alvaroyunque.com.ar/index1.html

Por su salvaje arrebato no fueron las batallas libradas por los hijos de nuestra tierra menos crueles y heroicas que las que cantó Homero.

De ellas nació el consejo que Hernández pone en labios del viejo y prudente Martín Fierro en trance de separarse de sus hijos75:
“Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera: / tengan unión
verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque, si entre ellos pelean, / los
devoran los de ajuera” (Vuelta, XXVII-1171).

Antes que un “poema épico” abstracto, “Martín Fierro” es una obra de
denuncia, con una clara intención: oponerse a la política que oprimía al gaucho y proponer que esté incluido dentro del país que se estaba construyendo, y por ello sostuvo: “Es el pobre en su orfandá / de la fortuna el desecho / Porque naides toma a pecho / el defender a su raza / Debe el Gaucho tener casa, / Escuela, Iglesia y Derechos”.

Es significativo el contexto histórico del Martín Fierro: una sociedad en
formación, un proyecto que excluye a un importante sector de la población,
condenándolo a la orfandad y a la desaparición.

¿No estamos hoy ante una situación parecida?

“Hoy debemos articular, sí, un programa económico y social, pero fundamentalmente un proyecto político en su sentido más amplio

¿Qué tipo de sociedad queremos?

“Martín Fierro” orienta nuestra mirada hacia nuestra vocación como pueblo, como Nación.

Nos invita, a darle forma a nuestro deseo de una sociedad donde todos tengan lugar” 76

Es imprescindible reverdecer la historia escrita por los ocultos luchadores por un país mejor y más justo, y encarar la senda que nos lleva a hacerlo realidad. Secuela de episodios protagonizados por trabajadores que obtuvieron derechos a costa de miles de muertos por la represión oligárquica.

Esos derechos representados por las tres T: Trabajo, Techo y Tierra, que es donde hallamos “el entramado básico de los derechos humanos”77.

74 Ilíada, canto IX, trad. J. B. Bergúa.
75 Antonio Pagés Larraya, “Prosas del Martín Fierro”, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952, pág. 50.
76 Jorge Mario Bergoglio S.J., “Meditación a la Luz del ́ ́Martín Fierro”, Mensaje a las comunidades educativas del Arzobispo de Buenos Aires en la Pascua del Señor de 2002, en “Martín Fierro y la cultura nacional”, Editorial Docencia, 2016, pág., 213. Cursiva en el original.

Debemos trastocar el estado espiritual en que nos han querido colocar durante tanto tiempo.

Que duda puede caber que el protagonista histórico no deberá ser un
héroe individual, como el solitario gaucho de la pampa, sino un organizado
sujeto colectivo que ha de luchar por conquistar su dignidad y derechos
fundamentales. Sin país soberano e inclusivo, no hay destino para el pueblo.

Las prolongadas luchas civiles, la sangre derramada entre compatriotas, las divisiones políticas que iban dificultando el camino para forjar un proyecto de nación acorde a aspiraciones compartidas, las intervenciones de las potencias europeas predominantes que por distintas vías fueron penetrando y desgarrando nuestro territorio o coadyuvaron a ello, y la postergación de un programa que organice definitivamente el país y ejecute las normas de política económica que lo saquen del atraso y lo impulsen al progreso social, nos impulsan a sostener este poema que va al centro de la cuestión política, al núcleo del problema del poder, a la Constitución real que es necesario cambiar, organizando un centro de poder nacional y popular.

Un pueblo unido que tenga la fuerza necesaria para quebrar los factores de poder dominantes.

Así cabe interpretar este principal consejo que nos canta en verso inolvidable, pero que es necesario aplicar.

Hablamos de poesía criolla y militante, entrañada en lo popular, pero no
petrificada y encerrada, sino abierta a las innovaciones y a las manifestaciones
complejas de la vida contemporánea.

“Hernández explicó claramente, las razones que tuvo, en aquel momento de la vida argentina, para escribir en estilo gauchesco, utilizando una lengua rústica, hablada entonces por la gran mayoría de nuestra población”78.

Hubo cambios en las condiciones sociales, en las relaciones del hombre con el medio, en las fuentes económicas y las formas de trabajo, en las condiciones de la vida popular, en el ambiente general del país, que está sometido en el presente siglo a nuevos influjos, lanzado a un nuevo ritmo, enfrentando a nuevas exigencias.

77 Carta de Su Santidad a S. E. R. José María Arancedo, Presidente de la
Conferencia Episcopal Argentina, en conmemoración de la festividad de San
Cayetano, patrón del trabajo, a celebrarse el 7 de agosto. Véase M. Silvina
Guzmán Suárez, “Francisco. La Revolución del Amor”, Editorial Dunken,
Buenos Aires, 2016, pág., 76.
78 Marcelino M. Román, “Itinerario del Payador”, Editorial Lautaro, Buenos
Aires, 1957, pág., 370.

El drama es el mismo, pero en un escenario más complicado y con mayor número de actores.

Vinieron nuevas formas de explotación más intensiva y más variada.

Los cambios fueron producidos por factores económicos, históricos y culturales.

Asistimos a una gigantesca crisis de percepción donde lo evidente se hace imperceptible.

Y que nos encontramos actualmente en tiempos en los que la oligarquía diversificada ha podido instalarse sin sacar los tanques a la calle.

“Con mi deber he cumplido / y ya he salido del paso, / pero diré, por si
acaso, / pa ́ que me entiendan los criollos: / todavía me quedan rollos / por si se ofrece dar lazo” (Vuelta, XXXII-1190)

“Y con esto me despido / sin espresar hasta cuándo; / siempre corta por lo
blando / el que busca lo siguro, / más yo corto por lo duro / y ansí he de seguir
cortando” (Vuelta, XXXII-1191).

De esta forma termina la segunda etapa del poema, en la que trasmite
a modo de consejo, “la ética del ser nacional y su filosofía de vivir”79; pero, no
sin antes advertir:

“Es la memoria un gran don, / calidá muy meritoria; / y aquellos que en
esta historia / sospechen que les doy palo, / sepan que olvidar lo malo /
también es tener memoria” (Vuelta, XXXIII-1203).

“Más naides se crea ofendido / pues a ninguno incomodo, / y si canto
de este modo, / por encontrarlo oportuno, / no es para mal de ninguno / sino
para bien de todos” (Vuelta, XXXIII-1204).

Concluye así el espacio de este ensayo sobre un Poeta y su Poema, cuyos armoniosos versos se riman en pos de redimir al gaucho por la justicia
marginada, por la desventura que en su tiempo lo afectó.

Ese mensaje del Poema, y su enigmática misión que reconocemos, y su sentido canto entonar y trasmitir.

Saber qué nos pasó, porqué llegamos en estas condiciones a nuestra
realidad del siglo XXI, nos dará el argumento profundo y firme para lograr que el hombre de hoy pueda gozar de los bienes materiales y espirituales que
posibilita la civilización contemporánea y que aún no puede disfrutar, pues en la impotencia económica y el desamparo social, el pueblo vive las más duras vicisitudes que afectan a su dignidad humana.

79 Leopoldo Marechal, “Simbolismos del Martín Fierro”, en “Martín Fierro y la Cultura Nacional”, Editorial Docencia, Buenos Aires, 2016, pág., 86.

Esas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global.
“Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras.

Este sistema ya no se aguanta…

La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir a esta globalización de la exclusión y de la indiferencia”, ha dicho el Papa Francisco, en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 9 de julio de 2015.

No puede ser más evidente la profesión de fe literaria, de militancia
artística y social formulada por Hernández.

Cantó la realidad de aquel tiempo, con sus injusticias y sus dramas.

Su voz gaucha cargada de pasión de libertad, seguirá resonando para siempre.

Pero no hay que dejarla sola.

Hay que acompañarla.

Porque es el signo argentino más cierto, porque su rumbo es el porvenir, porque los hijos de Fierro, hoy como ayer errantes y despreciados, deben continuar el canto.

Un nuevo acento en armonía con los nuevos tiempos.

Hasta que la Justicia amanezca para todos en esta vasta tierra 80

Como expresó Jorge Bergoglio S.J. en tiempo que ejercía el Arzobispado de Buenos Aires, “Martín Fierro” surgió para representar al país decidido, fraterno, amante de la Justicia, indomable; y “hay momentos en la
vida (pocos, pero esenciales) en que es preciso tomar decisiones críticas (…)

La Argentina llegó al momento de una decisión crítica global y fundante, que
compete a cada uno de sus habitantes; la decisión de seguir siendo un país,
aprender de la experiencia dolorosa de estos años e iniciar un camino nuevo, o
hundirse en la miseria, el caos, la pérdida de valores y la descomposición como sociedad”

Y por eso nos aconseja: “Ojalá sientan lo mismo que yo: que no es
un libro que habla del pasado, sino más bien del futuro que podemos construir” (…) postular un orden de valores que es más importante que el lucro personal, y por lo tanto un tipo de bienes que es superior a los materiales.

Y no estamos hablando de cuestiones que exijan determinada creencia religiosa para ser comprendidas: nos referimos a principios como la dignidad de la persona
humana, la solidaridad, el amor”82

80 Conf., Marcelino M. Román, ob. cit., pág., 378.
81 Jorge Mario Bergoglio S.J., ob. cit., pág., 199. Cursiva en el original.

Ciertamente, la odisea de Fierro no terminó y sus sentidos versos nos
acompañarán para lograr tan indispensable resultado.

Su altivez, su orgullo y su fortaleza nos han de escoltar para superar la adversidad que todavía muchos padecen hoy día.

Por eso, es esencial tener presente que para lograr ese país que anhelamos no se puede andar escaso de coraje y de valores.

Y que agudizando la duda creativa, llega el tiempo de afrontar la odisea de la
empresa, en la que inexorablemente se ha de tomar la trascendente decisión
“para quienes se arrojan en avatares dificultosos y audaces: <¡La suerte está
echada>!83, y es necesario avanzar hacia el alto objetivo que comenzaron a
transitar los Padres de la Patria.

Es importante advertir que se nos facilitará la marcha si volvemos a
recorrer esa senda que iniciaron nuestros próceres, con sus sueños, criterios y
valores, en pos de una Patria Grande, que abrace a nuestras repúblicas
postergadas.

Es seguir el rumbo de esa Nación Americana, libre y justa que iniciaron San Martín, Bolívar, Artigas, Güemes y otros que después siguieron y dejaron marcado el camino cuando les tocó el turno de transitarlo.

Justicia, ley, derechos efectivos para los pueblos.

Construir un destino mejor y más justo contra la voluntad de los poderosos.

Encarar la propuesta del campo popular en la Argentina: promesa de inclusión y ampliación de derechos, de construcción de un orden social justo y equitativo.

No conformarnos nunca con lo obtenido si existen ámbitos o relaciones sociales donde imperan la injusticia y la inequidad.

Nuestro compromiso debe ser avanzar en la búsqueda de mayor bienestar para el pueblo todo.

Hernández y Fierro lo hicieron y en sus textos en prosa y en verso quedó grabado.

Seguramente hacia ese vital objetivo iremos en cumplimiento de la sublime misión “que se proyecta sobre la conciencia del pueblo argentino”, y ya conscientes como plenos protagonistas de nuestro destino patrio.

Junto a otros “Martín Fierro” contemporáneos lucharemos por un nuevo
mundo justo.

Así andaremos hacia la luz que expande esa estrella directriz, pues el anhelo de justicia es inherente a la índole humana.

82 Jorge Mario Bergoglio S.J.ob. cit., págs., 215 y 217. Cursiva en el original.
83 Plutarco, “Vidas Paralelas”, Bruguera, 1a ed., octubre de 1983, pág., 191.