La historia y las costumbres, consolidan o destruyen, la identidad nacional

LA IDENTIDAD NACIONAL

Por Jorge Rachid

Los largos años de cultura dominante colonizadora neoliberal, han naturalizado visiones de la realidad, de sumisión y claudicación nacional, impensables en otras épocas de luchas y épicas populares, que han llevado a nuestro país, en cada etapa a rediscutir conceptos culturales que estaban consolidados, como la nuestra de solidaridad social, que fueron puestos en duda por la lógica meritocrática neoliberal.

Por Jorge Rachid
PRIMERO LA PATRIA
07/02/2020

Los largos años de cultura dominante colonizadora neoliberal, han naturalizado visiones de la realidad, de sumisión y claudicación nacional, impensables en otras épocas de luchas y épicas populares, que han llevado a nuestro país, en cada etapa a rediscutir conceptos culturales que estaban consolidados, como la nuestra de solidaridad social, que fueron puestos en duda por la lógica meritocrática neoliberal.

No es menor el aporte histórico del mitrismo en ese sentido, al apropiarse del relato de la historia nacional, donde abrevaron generaciones de historiadores sin pensamiento crítico, ni rigor académico, ni voluntad investigativa, que llevó a la sistematización en el sistema escolar de la naturalización de la dependencia, al instalar la dicotomía civilización o barbarie como verdad absoluta, expresión sarmientina del odio racial, del país portuario unitario y colonial, recrudecido en las nuevas prácticas de dominación política imperial de estos tiempos.

Es que los ingleses en el siglo XlX, EEUU en el siglo XX y el mundo unipolar hegemónico dominado por los Fondos de Inversión, con su herramienta cultural de colonización, como son los medios hegemónicos de la cadena internacional de la resignación, forjaron una situación que divide la realidad sufrida, dura, empobrecida de los pueblos, generando en ellos, una conducta auto lesiva de comportamiento cultural neoliberal, que los oprime y disciplina.

El peronismo, síntesis histórica y filosófica impecable de los pensadores de ambos siglos, que plantearon desde un escenario de entonces, una confrontación a la agresión imperial, a las represiones e invasiones militares que sufrieron, desde México hasta el sur del río Grande, toda América Latina.
Desde la apropiación territorial hasta el control absoluto de los gobiernos, hasta llegar a los golpes militares de cipayos, formados en las escuelas imperiales y empresarios voraces, que entregaron soberanía a cambio de prebendas económicas.

Aunque el pensamiento nacional y su construcción crítica sea denigrada por expresiones eurocéntricas, la misma reconoce la concepción de Patria Grande que plantearon desde Vasconcellos de México, García Calderón y Mariátegui en Perú, Martí en Cuba, Rubén Darío en Nicaragua, el inmenso Rodó uruguayo retomado por Methol Ferré, Darcy Ribeiro y Milton Santos en Brasil, nuestro Ugarte gigante socialista latinoamericanista apuntalado por Jean Jaurés en la segunda internacional, Rodolfo Kush, Fermín Chávez, Astrada y tantos otros negados filósofos nacionales, ocultados por la Academia.

Planteó el intelectual marxista francés Jean Jaurés, que los países dependientes o emergentes no podían plantear la lucha de clases como prioritaria de la justicia social, sino lograban antes, la liberación nacional de las garras imperiales, porque consolidarían los intereses terratenientes, como sucedió en la Argentina agro exportadora de principios de siglo.

“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, cantaba Don Tata Yupanqui en esos tiempos.

Pero la educación sistemática escolar, insiste en la prédica de civilización (lo que viene de afuera) o barbarie (nosotros, quienes habitamos), consolidando el concepto de “vagos y malentretenidos” de Sarmiento, que llamó a degüello a quienes se oponían, como los caudillos federales, a la colonización del puerto entregado a los intereses ingleses.

Dijo Sarmiento al asumir su banca en el Congreso Nacional: “por fin me encuentro en un ámbito donde no tengo que convivir con negros, mulatos e indios mugrientos e indecentes”.

Esa dicotomía en plena etapa de la construcción de las subjetividades de los niños, prefigura comportamientos y miradas futuras, que constituyen un conjunto de ideas, llamado ideología, que ha sido denostado como expresión de la política, pero cementado desde lo cultural e histórico, por los colonizadores de ayer y de hoy, bajo el manto del “apoliticismo”, afianzando el racismo, el egoísmo individualista, la meritocracia, que construye sentido, al mismo tiempo que denigra la lucha ideológica y filosófica, que se da desde que el tiempo existe.

El racismo hoy revivido en países europeos, deviene de la construcción del pensamiento anglosajón, que desde hace siglos plantea en concepto de razas, como concepción de su superioridad, como la supremacía blanca que hoy domina EEUU.

Sin embargo la cultura integradora mestiza de nuestra América, es distinta, está en las antípodas porque expresa ese sincretismo abarcativo de la fusión orginaria, indo, afro, latino, ibérico, itálica, que se ha producido en nuestra región, gestando una cultura e identidad nacional de Patria Grande, en plena construcción, como plantea el excelente libro Cultura y Alteridad de Rafael Podetti.

Desde los pueblos originarios, masacrados en esa lógica, hasta los luchadores federales y populares, que en cada etapa de la vida nacional, fueron forjando los pilares del movimiento nacional y popular, que hasta hoy sigue siendo el eje de la lucha política por la Liberación Nacional.

Esa construcción en nuestro país es el peronismo filosófico, que desde el Congreso de Filosofía de Mendoza de 1949, en donde se consolida la idea del poder popular organizado en la Comunidad Organizada, donde esos intelectuales americanistas y más los aportes de filósofos europeos cono Heidegger y otros, constituyen un hito de reflexión sobre nosotros mismos como Patria Grande.

En el hoy, esa herramienta cultural, esencial en la lucha política en medio de un mundo globalizado y revulsivo, en donde los límites son borrados por la agresión hegemónica de los medios y la devastación de las soberanías nacionales o de bloques continentales, tipo UE o UNASUR, bajo consignas supuestamente ideológicas, pero con olor a petróleo y otros intereses estratégicos, que presionan a los gobiernos y los pueblos, creando sentido contrario a sus propios intereses bajo las amenazas de todo tipo, siempre levantando las propuestas de una modernidad, que oprime y coloniza si se acepta o barre a sangre y fuego si resiste.

Nuestro gobierno transita hoy ese estrecho sendero que permite la realidad de la relación de fuerzas, en donde la inteligencia de las medidas tácticas de salida de la crisis debe preservar los caminos estratégicos, aquellos que el pueblo latinoamericano fue construyendo a lo largo de la historia de luchas y sacrificios que crearon conciencia de unidad regional, que fue fragmentada por la injerencia extraregional y balcanizada por 200 años, reparada parcialmente desde el 2005 cuando el No al ALCA de Chávez, Lula y Néstor, desencadenó un nuevo tiempo, que se recuperará, junto a México, en la medida que la persistencia de la batalla cultural, permita crear sentido nacional, popular, latinoamericano de Liberación Nacional, asentando las bases doctrinarias, ideológicas y filosóficas del pensamiento americano mestizo, moreno, profundo, criollo, nuestra construcción del pensamiento, atacado por el Imperio desde un racismo redivivo y que privilegie al hombre y la naturaleza como ejes de construcción del modelo social solidario que nos debemos como pueblo.

JR/