La derrota de 2015 fue mucho más que una derrota electoral, y en cambio nuestra victoria de 2019 es –todavía- apenas una victoria electoral.

DIARIO LA NACION: «PRESOS POLITICOS O DETENIDOS ARBITRARIOS»

Por Carlos Barragán

Cristina en el peor momento de su vida comprendió lo que había que hacer para sacar a los enemigos de la Patria del gobierno, y lo hizo y les ganó y los sacó.Pero debemos entender que sacarlos del gobierno no alcanza para sacarles el poder que acumularon durante toda la historia de nuestro país.

Por Carlos Barragán

NAC&POP

07/02/2020

EN DEFENSA DE ALBERTO

Lo veo cada vez más por ahí, y yo no quiero que los compañeros me feliciten por criticar a Alberto.

Y si nunca se me ocurrió ponerle un plazo, como quienes dijeron “yo le doy” un mes, dos meses, tres meses, hasta marzo, etcétera, creo que hoy se me terminó ese tiempo a prueba (que desconocía) durante el cual critiqué, hice berrinches, quejas, me sentí impotente y algunas veces también banqué.

Parece que le di tiempo hasta hoy a Alberto, y hoy empezaré a defenderlo a conciencia.

Estoy seguro de lo que hago por varias razones.

Pero en principio porque ampliamente preferiría equivocarme defendiendo a este gobierno que equivocarme por criticarlo.

Y evitemos esa candidez: no hay críticas constructivas, ni es cierto eso de que el más leal es el que mejor critica, y que la corten los superiores morales que acusan de seguidismo y otras variantes pro-crítica y pro-disidencia que niegan la realidad de que cualquier crítica a un gobierno popular es pasto para sus enemigos.

Vamos.

Las críticas, ya lo dijimos, deben hacerse hacia adentro, y lamentablemente nosotros no estamos en ese adentro, somos los que estamos en las redes o en la calle.

Todos nosotros criticamos en público, y esa actividad difícilmente nos haga más leales.

Miren este título de La Nación a propósito de nuestro hit, «Presos Políticos o Detenidos Arbitrarios “

Alberto Fernández resiste la presión por los presos K” y la bajada “Se mantendrá en su postura y no hablará de detenciones políticas”.

Según el enemigo la presión es la presión nuestra, de los ultraK que molestamos al presidente que llama Detenidos Arbitrarios a los presos políticos.

Promover una ruptura interna es el abc de cualquier opositor.

Promover una ruptura interna debería ser lo primero a evitar sabiendo que nuestro gobierno asumió con gran debilidad, y su única fortaleza es la unidad.

Pero nosotros preferimos presionarlo, como dice La Nación, antes de suponer que Alberto piensa antes de hablar.

Él entiende que nuestros presos fueron víctimas de un sistema judicial viciado y vicioso con procesos ídem, y sabe que no es él quien debe dejarlos en libertad.

No debe y no puede.

Si los llamara Presos Políticos debería abrirles la cárcel, y así regalarles a nuestros enemigos la prueba contundente e inapelable de nuestra falta de apego a la legalidad, la democracia, y la división de poderes.

Alberto se convertiría en un dictador.

Porque Macri no metió preso a nadie, no fue un dictador, fue el sistema judicial.

Y sí, lamentablemente no estamos para resistir como resistíamos con Cristina cuando la acusaban de dictadora tiránica.

Hagan sus cálculos.

Pero además, con las lentitudes que tanto nos desesperan, ya van apareciendo causas –y serán muchas más- contra quienes destruyeron y robaron durante los últimos cuatro años.

Y debemos evitar dejarles la facilidad de que se victimicen como perseguidos.

Habrá que confiar en la ley y en los tribunales más que en lo que sabemos que es justo.

O desconfiar, presionarlos y enderezarlos.

¿Pero no es injusto todo esto?

No, no es injusto, es quizá lo más injusto que nos toque soportar en mucho tiempo.

Y cada uno en su medida deberá seguir soportando las injusticias en las que lo sumergió el gobierno anterior.

El peronismo, el histórico, no el que agitan los compañeros desencantados o apurados, sabe de luchas que no se dan, sabe de retiradas, sabe de silencios, sabe de tiempos, y sabe de compañeros y socios antipáticos.

Cristina lo sabe mejor que nadie y por eso tomó las decisiones que tomó para rescatarnos del macrismo que es una expresión del exterminio del pueblo.

Y tomó las decisiones en secreto y en silencio.

Por eso fueron efectivas.

Siempre nos hemos quejado de cómo la derecha utiliza las palabras para esconder sus verdaderos objetivos, por qué no pensar que nosotros también podemos utilizar las palabras que más nos convienen.

La verdad, la verdad que nos gustaba escuchar de boca de Cristina, la verdad que nos gustaba pronunciar en los medios, la verdad que estaba en cada acto de gobierno hoy no nos da fortaleza.

Por decir la verdad y por ejecutar políticas con verdad es que nos castigaron.

Quien más relación tuvo con la verdad, mayor castigo recibió.

Habrá que aprender entonces a saborear la discreción y la astucia de no mostrar las cartas.

Nosotros que siempre mostramos todas las cartas y escupimos lo que pensábamos y aborrecimos el silencio.

“Nunca permitas que sepan lo que estás pensando”, lo reprende El Padrino a su hijo Santino, y no hablaba de mafia sino de la negociación en la puja por el poder.

Yo confío en Alberto porque confío en Cristina confiando en Alberto.

Y no puedo evitar la convicción de que está ella detrás de las decisiones estratégicas.

Ella que en el peor momento de su vida comprendió lo que había que hacer para sacar a los enemigos de la Patria del gobierno, y lo hizo y les ganó y los sacó.

Pero debemos entender que sacarlos del gobierno no alcanza para sacarles el poder que acumularon durante toda la historia de nuestro país.

Además porque ahora nuestros gorilas lograron abrirle la puerta a ese gran gorila universal que es el capital financiero que inventó el lawfare junto con las fuerzas más oscuras del Imperio.

Y sí, es feo decirlo, pero hoy para enfrentar a esos poderes hay que ponerse sigiloso, hay que disimular, y hay que ser prudente.

Apelar a la valentía y el coraje cuando hay un francotirador enfrente de tu casa puede ser suicida.

Conspira contra nosotros la épica de otros momentos, y entonces nos acusamos de “posibilistas” que parece ser un sinónimo de cobardía o conformismo, cuando en realidad describe una lógica inapelable.

No es con “seamos realistas: pidamos lo imposible” que el peronismo obtuvo sus logros, el peronismo siempre fue un sobreviviente en medio de la masacre del capitalismo.

Y logró sobrevivir por entender y manejarse en la realidad sin magia ni ilusiones.

Con cierta crueldad se puede decir que históricamente el único peronismo derrotado fue el de las ilusiones revolucionarias.

No voy a criticar a Alberto porque confío en lo que está haciendo.

Confío en que nuestros presos serán liberados cuando los jueces entiendan que hay trucos que ya no pueden seguir haciendo.

Porque aunque no nos guste eso de Detenciones Arbitrarias, igual significa que Alberto considera que deben estar libres.

Porque Alberto no respeta a Guaidó ni a Bolsonaro.

Porque cuida a Evo y es amigo de Lula.

Porque anduvo por Europa denunciando lo que la derecha hizo con nuestro país.

Porque su gobierno está lleno de nombres que podemos pronunciar con orgullo.

Porque es el socio de Cristina.

Y porque Cristina consideró que Alberto es el mejor presidente que podíamos tener para volver al gobierno y ponernos a arreglar un país profundamente destrozado.

Alberto es nuestro presidente, no lo olvidemos nunca.

Y como es nuestro presidente sabe que el lawfare lo va a ir a buscar tarde o temprano si no lo desactiva.

Alberto es el mismo que fue a buscar a Cristina y se gastó su voz asmática defendiéndola en los medios que la quieren presa.

Alberto hizo posible que el imprescindible massismo se sumara y que quienes aborrecen de Cristina la votaran.

La derrota de 2015 fue mucho más que una derrota electoral, y en cambio nuestra victoria de 2019 es –todavía- apenas una victoria electoral.

Y eso no es culpa de Alberto, es el capitalismo financiero que nos tiene del cuello.

De eso finalmente se trata todo esto, y si me preguntan por las crueldades y las injusticias –que sabrán las sufrí y las sigo sufriendo aunque sé que las hay peores- habrá que esperar para que cesen.

Así de fea está la cosa, porque las revoluciones pueden parecer hermosas, pero la política casi siempre es horrible.

Y con eso horrible es con lo único que podemos cambiar la realidad.

 

CB/