Se cumplen 207 años del bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo

TRES GRANADEROS

Por Daniel Brion

Comandados por el entonces coronel San Martín, en tierras santafesinas a orillas del Paraná, a pocos kilómetros de Rosario, me parece justo rescatar a la memoria a tres soldados que, con orgullo podríamos llamar TRES GRANADEROS, sin cuya intervención el resultado de tan importante combate podría haber cambiado.

 

 

Por Daniel Brion

 

Se cumplen 207 años del bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo comandados por el entonces coronel San Martín, en tierras santafesinas a orillas del Paraná, a pocos kilómetros de Rosario.

Me parece justo rescatar a la memoria a tres soldados que, con orgullo podríamos llamar TRES GRANADEROS, sin cuya intervención el resultado de tan importante combate podría haber cambiado.

1) Juan Bautista Cabral

El primero y más conocido, suelen recordar casi por obligación al Sgto. Juan Bautista Cabral -sin aclarar demasiado su condición de afro argentino- no suele decirse claramente que se trata un afro argentino, hijo natural de don José Jacinto Cabral y Soto, y de la morena Carmen Robledo.

Ella, luego, se casó con el moreno Francisco, que llevaba también el apellido Cabral por ser igualmente persona sometida a la esclavitud en esa antigua familia -probablemente ambos llegaron de Angola o El Congo-, por esta razón, seguramente, algunas fuentes lo dan como hijo de la negra Carmen y del negro Francisco, destacando que él mismo nació sometido a esclavitud ya que su nacimiento resulta anterior a la ley de libertad de vientres, y de raza negra.

Nacido en Saladas (Corrientes) en 1789.

No contrajo matrimonio y, en su condición de sometido a esclavitud, desempeñaba funciones de peón; se integró al cuerpo de granaderos a poco de constituirse, y desde Buenos Aires, le pidió al “amo” que intercediera ante San Martín.

“Cabral era negro, sí, y sometido a esclavitud.

Tenía sólo 20 años.

Su patrimonio declarado: un caballo rosillo con la marca de don Luis Cabral, y una sortija de oro, que estaba en poder de doña Tomasa, “su patrona”, ni siquiera sus posesiones (un caballo el un anillo) le pertenecían realmente.

Fallecido en el Combate de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813, con tan sólo 20 años de edad, sus últimas palabras no fueron como tanto han trascendido en la historia oficial, tras investigaciones realizadas habría dicho en esa instancia y en guaraní:

“Avyá amanó ramo yepé, ña jhundi jhegere umí tytagua”

Una traducción bastante aproximada sería

“Déjenme compañeros. ¿Qué importa la vida de Cabral? 

Vayan ustedes a pelear, que somos pocos”

2) Juan Bautista Baigorria

Juan Bautista Baigorria, el granadero puntano que salvó a San Martín en San Lorenzo

Un granadero puntano, nació en El Chorrillo, San Luis, en 1764 y murió en Bañado de Pajas, Córdoba, en 1860, también de origen mestizo, y que nunca recibió honores y aún se duda sobre sus orígenes, su familia y termina en un halo de misterio el final de su vida.

Su rastro se pierde documentalmente en el Ejército de los Andes, allá por 1818.

El puntano Juan Bautista Baigorria –de 49 años- fue héroe en el combate de San Lorenzo, pero no está en la histórica marcha.

Repasando el Combate de San Lorenzo, ocurrido el 3 de febrero de 1813. “San Martín, al frente de su escuadrón, embistió a los realistas en primera línea.

Su caballo recibió en el pecho un tiro de metralla de los cañones a corta distancia y cayó mortalmente herido aprisionando a su jinete bajo su peso.

Se produjeron momentos de indecisión y confusión pues a su alrededor ya caído y tan cerca del frente realista, se luchó ardorosamente entre los que querían salvar a su jefe de la trágica situación y los realistas que pretendían ultimarlo o capturarlo.

Fue durante este episodio (un combate dentro del combate) que ocurrió el magno y heroico gesto que marcó el espíritu de sacrificio de nuestros soldados.

Un soldado realista, viendo al jefe patriota en situación crítica se adelantó a sus líneas y le tiró un sablazo, esquivado por San Martín con un movimiento de cabeza, recibiendo una herida en la mejilla.

Además, otro soldado enemigo se dispuso a ultimarlo con su bayoneta; la situación del libertador era de sumo peligro para su vida; en auxilio de su jefe, apareció repentinamente este granadero Baigorria, que al galope y con su lanza acabó con la amenaza que ceñía a San Martín.

Al mismo tiempo y gracias a esta acción, que Cabral, pie en tierra, le ayudaba a liberarse del peso muerto de su caballo que le aplastaba la pierna derecha; este gesto heroico lo fue más aún pues lo pagó con su vida”.

Sabemos que Baigorria sirvió en el Ejército de los Andes hasta, al menos, el año 1818, apareciendo en las revistas de tropas junto al Regimiento.

La suerte de este puntano, como la de tantos otros anónimos que supieron defender a la Patria incipiente, se desconoce luego de esta fecha.

Las especulaciones lo presentan tanto en Perú como en su tierra natal. Dice una leyenda popular que su caballo regresó solo a Mendoza tras los combates en Chile.

3) Alfonso Rodrigáñez

Alfonso Rodrigáñez, aquel vecino que en 1813 donara ganado y cabalgaduras al Escuadrón del Coronel San Martín en San Lorenzo.

Poco podemos saber de este valiente, era una especie de criollo independentista de aquella zona del combate que ayudó, además, con cabalgaduras para los granaderos.

No conforme con eso también participo heroicamente en el combate, tras la acción de Cabral y Baigorria, Rodrigañez llegó al lugar y sin pensarlo dos veces, se bajó de su cabalgadura para que el Grl. San Martín pudiera subirse y continuar al frente de la tropa en el combate.

Se lo relaciona emparentado con los Richieri, no olvidemos que a uno de ellos, Cayetano Silva le dedico en primera instancia su “Marcha de San Lorenzo” .

Muchos años más tarde su apellido tuvo también trascendencia histórica, ya que En junio de 1966 el teniente del Regimiento de Granaderos, Aliberto Rodrigáñez Riccheri, desoyó la orden del Ejército golpista de franquear la Casa Rosada y, en cambio, se parapetó para cuidar al primer mandatario.

Cuando Rodrigañez Riccheri advirtió que había tropas del Ejército que se le venían encima tenía apenas treinta granaderos armados con sable corvo, fusiles y dos ametralladoras, pero no vaciló.

Hizo colocar las ametralladoras en posición y ordenó cerrar las puertas de la Casa de Gobierno.

También le avisó al jefe de la tropa que avanzaba que abriría el fuego si no se detenía.

Inclusive, el general Alzugaray le ordenó la rendición al teniente Rodrigáñez Riccheri.

Este respondió: “Lo siento, mi general. Mi obligación es defender al presidente de la Nación”.