Ayer y hoy dediqué mi día a las Tarjetas Alimentarias que repartiremos hasta el jueves en Avellaneda y tengo algunas reflexiones para compartir:

¿QUE LE HAN HECHO A NUESTRA GENTE?

Las personas llegan pensando que las van a maltratar (como casi siempre las maltratan en todo organismo) y cuando ven que hay buena onda agradecen como si hubieran recibido un bono extra. Casi toda la fila está compuesta por: embarazadas, mujeres con niñes muy pequeñitos y mujeres con niñes discapacitades.

Comunicación Popular

23/01/2020

Las personas llegan pensando que las van a maltratar (como casi siempre las maltratan en todo organismo) y cuando ven que hay buena onda agradecen como si hubieran recibido un bono extra.

Casi toda la fila está compuesta por: embarazadas, mujeres con niñes muy pequeñitos y mujeres con niñes discapacitades.

A las que están en situación extrema (x ejemplo con los puntos de la cesárea) les cuesta mucho pedir el privilegio de pasar sin hacer fila.

Ninguna se siente con más derecho que otra, y tenemos que convencerlas de saltear la fila.

La gente llega temprano, o manda familia pensando que va a demorarse horas y horas, algunos llevan sillitas o bancos que por suerte en Avellaneda no llegan a usar.

En esto la felicitación llega para el Observatorio Social que preside Magdalena Sierra, que fue el organismo que pensó todo con mirada profundamente humana además de profesional.

A los (pocos) hombres que van les da mucha vergüenza hacer el trámite, como que quisieran explicar que esa no fue siempre su situación o que pronto no la van a necesitar.

Muchxs de lxs que se acercan a pesar de que no les llegó el aviso de ANSES suponen que no les debe tocar la tarjeta por algo, cuando en general sólo es que en anses deben tener los datos desactualizados.

Por las dudas se sienten «fuera» y hay que convencerlos de buscar su caso para ver qué pasó (trámite que demanda un click en el teléfono)

Todes les beneficiaries tienen miedo de que les anulen la tarjeta por CUALQUIER COSA, así sea intentar comprar un jabón y que no esté incluido en los productos de consumo.

Ante cualquier inconveniente esperan el «castigo» y la expulsión y debemos sacarles ese miedo conversando con cada unx.

También creen que perdieron su derecho quienes no pudieron buscar su tarjeta el día establecido.

Otro castigo por no haberse fijado a tiempo.

Y también nos toca explicarles que no, que su tarjeta les espera.

De esto se desprende que: a nadie de las 4000 personas que ya pasaron le gusta ser «planero» ni «vivir del Estado».

Que sólo sueñan en poder decirles UNA VEZ que sí a algo que le piden sus niñes en el supermercado o comer algún día en su casa en lugar de hacerlo en un comedor comunitario.

Que todes esperan que el Estado lxs maltrate y celebran con risas y abrazos que eso no suceda.

Que repartir tarjetas para que la gente coma no es el sueño de lxs que creemos en la inclusión pero se acerca mucho a la dignidad mínima que necesita una persona para no desear su muerte y la de quienes le rodean.

Ojalá que la tarjeta alimentaria sea sólo un penoso recuerdo dentro de la reconstrucción que merecemos.

Las críticas nunca van a terminar pero quienes miran con desprecio a les pobres (sobre todo al montón de madres pobres tan jovencitas que tiene Argentina) acérquense, vengan a conocerlxs para cerrar la bocota de una buena vez.