¡Cómo iba a hablar de valores espirituales a un pueblo miserable, hambriento, lleno de dolor, de miseria y de explotación!

“PRIMERO VIVIR, DESPUÉS FILOSOFAR”

Por Juan Domingo Perón

Lo que hay que formar para tener una humanidad feliz no son hombres sabios, ni ricos, ni poderosos; son hombres buenos. Y cuando nosotros consigamos comunidades en las cuales los hombres sean buenos y no malvados, no habrá ni grandes luchas ni grandes desgracias de que deberá lamentarse la humanidad

Por Juan Domingo Perón
Editorial de la Revista

MUNDO PERONISTA Nº 48 pág. 3
15-08-1953

Indudablemente, nuestras grandes conquistas materiales no representan todo lo que debe ser el programa de un gobierno progresista en ningún pueblo de la tierra, porque no solamente de pan vive el hombre.

Pero en 1946 y en 1947 todos dijeron que yo era un materialista porque sólo me ocupaba de los sueldos de los trabajadores, de su comida, de su vestido, y que no pensaba en las cosas espirituales, y dijeron una de las tantas falsedades que suelen decir con referencia a mi gobierno.

¡Cómo iba a hablar de valores espirituales a un pueblo miserable, hambriento, lleno de dolor, de miseria y de explotación!

Antes de hablar de valores espirituales hay que dar al pueblo las posibilidades de una sustentación material suficiente, que es a lo que nosotros nos hemos dedicado durante los cinco años del Primer Plan Quinquenal.

Hemos querido crear una sustentación material donde los hombres se sientan firmes.

¡Cómo iban a educar y criar bien a sus hijos, si los tenían que mandar a trabajar!

¡Cómo iban a enseñar moralidad si vivían 15 personas en una pieza, hombres y mujeres mezclados!

En esa promiscuidad, ¿se podía hablar de valores morales?

Las escuelas, en lugar de ser higiénicas, limpias y confortables, eran ranchitos asquerosos de barro.

Hablar de virtudes, de buenas costumbres y de moral frente a esos cuadros era verdaderamente un sarcasmo.

Por eso, el Gobierno se ha dedicado en estos cinco años a procurar una existencia material cómoda, para poder empezar a hablar de valores morales y de virtudes al pueblo argentino.

Sé que no hemos hecho todo lo que es necesario hacer, pero tampoco podemos hacerlo todo ahora para tener después que empezar de nuevo.

Empezaremos con lo poco que hemos realizado a dar una nueva orientación, una nueva mística diremos, para que en el orden espiritual, como los demás órdenes, vayamos todos hacia el mismo fin y seamos todos artífices de la propia formación del pueblo argentino; es decir, ir hacia una comunidad mejor preparada para la vida y mejor educada para la convivencia dentro de la acción social, política y económica.

En este sentido yo he de interesar a todo el mundo para ir creando condiciones.

A medida que seguimos con lo anterior, con las conquistas materiales, con los mejoramientos de las condiciones de vida y de trabajo en el país, con un mejor standard de vida, vivienda, etcétera, iremos también trabajando en el orden espiritual del pueblo, para ir agrandando su alma al propio tiempo que vamos satisfaciendo su cuerpo.

Ésta es una cosa que se puede alcanzar.

No falta nunca alguien que critique diciendo que los hombres somos malos y mentirosos, pero a nadie se le ocurre decir por qué y cuál es el remedio que hay que emplear para que tengamos hombres veraces y buenos.

En eso, todos tenemos un poco de responsabilidad.

Cuando yo observo el mundo actual después de cinco siglos, diremos, de trabajo para marchar hacia la felicidad, veo que se encuentra en la encrucijada más terrible de la historia, pues la mitad del mundo se arma y se prepara para lanzarse contra la otra mitad, que también se arma y/o se prepara.

Y a través de esta inmensa destrucción, el hombre, tan inteligente como se cree, está convencido que encuentra la solución.

Ningún animal de especie alguna sería capaz de ir por un camino semejante: sin embargo, al hombre se lo califica de “homo sapiens*’.

Esto quiere decir que, aun siendo el hombre inteligente y sabio, no son su erudición y sapiencia los factores que deciden el destino de la humanidad.

Eso influye en el progreso de la técnica y de la ciencia, pero la felicidad de la humanidad no está en el camino técnico o científico, sino en el camino humano, que es otra cosa totalmente diferente.

Lo que hay que formar para tener una humanidad feliz no son hombres sabios, ni ricos, ni poderosos; son hombres buenos.

Y cuando nosotros consigamos comunidades en las cuales los hombres sean buenos y no malvados, no habrá ni grandes luchas ni grandes desgracias de que deberá lamentarse la humanidad

JDP/