“Los dos Papas” El día que Fernando Meirelles absolvió a Jorge Bergoglio.

“UN DÍA NETFLIX ME ABSOLVERÁ”.

 Por Aldo Duzdevich (*)

La imagen de un cardenal Bergoglio, canchero, tanguero y futbolero, que dialoga sin perder la sonrisa con respuestas rápidas al borde de la ironía, nos gana el corazón argentino desde el primer instante. La historia novelada es muy atractiva y fácil de digerir; a diferencia de los libros de historia plagados de citas y referencias, y de extensas explicaciones sobre los hechos.

Por Aldo Duzdevich (*)

Transformar Argentina

08/01/2020

«La historia me absolverá”, pronunció Fidel Castro ante sus jueces el 16 de octubre de 1953.

Setenta años después, en el mundo audiovisual en que vivimos, la frase bien podría recomponerse en: “un día Netflix me absolverá”.

Una producción artística de gran calidad

Confieso que la primera vez que vi la película Los dos Papas, me resultó muy agradable.

Imposible negarse a la atracción de una producción artística de semejante calidad.

El duelo de actuación de Anthony Hopkins (Benedicto XVI) y Jonathan Pryce (cardenal Jorge Bergoglio y Francisco) seguramente hará historia en el cine.

Sin duda su director el brasileño Fernando Meirelles simpatiza mucho con las ideas y personalidad de nuestro Papa Francisco y lo hace saber.

La imagen de un cardenal Bergoglio, canchero, tanguero y futbolero, que dialoga sin perder la sonrisa con respuestas rápidas al borde de la ironía, nos gana el corazón argentino desde el primer instante.

Para quienes no la vieron, la película reproduce un diálogo imaginario ( que nunca existió) entre el Papa Benedicto, que se quiere retirar, y Jorge Bergoglio que le lleva su renuncia como cardenal.

Hasta aquí mi opinión como simple espectador de cine.

Entre los hechos reales y la ficción

La historia novelada es muy atractiva y fácil de digerir; a diferencia de los libros de historia plagados de citas y referencias, y de extensas explicaciones sobre los hechos.

En cambio la novela cinematográfica presenta historias simples que no requieran gran esfuerzo del comprensión al espectador.

Historias de buenos y malos; o de malos que se vuelven buenos o al revés, pero todo simplificado para el tele espectador.

Pero, cuando al inicio de Los dos Papas se aclara “inspirada en hechos reales”, entonces, quienes nos dedicamos a investigar y escribir sobre hechos históricos nos asiste el derecho de confrontar el relato que concibió el guionista.

Solo voy a referirme al tema que investigué y plasmé en mi libro “Salvados por Francisco”, sobre el rol de Jorge Berglogio durante la dictadura militar.

La supuesta culpa de Bergoglio que le impedía ser Papa

El guionista neozelandés Anthony McCarten seguramente buscó información en los medios argentinos sobre el pasado de Jorge Bergoglio y recogió la versión, repetida hasta el cansancio, por uno de los periódicos locales.

Entonces compuso a un Jorge Bergoglio, con pensamientos de derecha, que hace “desaparecer” los libros marxistas de las bibliotecas jesuitas, amigo del almirante Massera, que le gusta “tomar el té en el palacio de los dictadores”, que desprotege a sus amigos Orlando Yorio y Francisco Jalics y que los deja a merced de la represión.

Pero que, a la vez, trata de proteger a los demás jesuitas y esconde sindicalistas en el Colegio Máximo e incluso ayuda algún prófugo a cruzar la frontera.

Esta culpa por su pasado, “la noche oscura del alma” es lo que (según el guión) impide al cardenal Bergoglio aceptar la propuesta que le hace Benedicto de ser el nuevo Papa.

En el minuto 69 de la cinta, el Bergoglio que hasta allí era “el bueno”, al ser caracterizado por nuestro connacional Juan Minujin se transforma en no muy bueno.

Pero… la mirada misericordiosa de McCarten le permite a Bergoglio redimirse y cambiar.

Entonces comienza a recorrer las villas para hacer “la tarea que le negó a Yorio y Jalics, y cada avance que lograba era como una pequeña penitencia”.

Con ojos llenos de lagrimas Bergoglio le dice a Benedicto “se da cuenta? , por todo esto yo no puedo ser Papa…”.

Entonces Mc Carten y Meirelles se meten dentro de la piel de Benedicto (que hasta allí no se mostraba muy bueno) quien se para y dice: “si me permite hijo mio, Vd debe creer en la misericordia que predica” y realizando la señal de la cruz sobre Bergoglio repite: “Ego te absolvo in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti” .

Por suerte Meirelles nos devuelve nuestra tranquilidad de espectador, y Bergoglio deja atrás ese pasado de “medio malo” y vuelve a ser “el bueno” que le hace falta a toda película para que termine bien.

Luego Bergoglio absuelve a Benedicto de algunos pecados relativos a la protección del pederasta Marcial Maciel, y hasta intenta enseñarle algunos pasos de tango.

Bergoglio es elegido Papa, rechaza usar los zapatos rojos y la capa del mismo tono y todos aplaudimos este final feliz.

Jorge Bergoglio durante la dictadura salvó mucho más gente que algunos de los que lo critican

En mi libro Salvados por Francisco documenté veinticinco casos, de personas a las que Bergoglio protegió, escondió y/o ayudó a salir del país, poniendo en riesgo su propia vida.

Si de algo se le puede acusar es de haber sido poco prudente y actuar con exceso de temeridad poniéndose en riesgo él y a las personas que lo rodeaban.

Uno de esos casos de temeridad e imprudencia, es el del joven con el cual tenía cierto parecido físico, a quien lo viste de sacerdote y le da su DNI para que cruce a Brasil, con el nombre de Jorge Bergoglio.

Alfredo Somoza -residente en Milan- recuerda:“Bergoglio me ayudó en 1978 a llegar a Brasil, donde me esperaban los jesuitas que me protegieron hasta que pude embarcarme hacia Europa; no fui el unico pasajero que huyó en aquel viaje. Por muchos años, los que vivimos esa experiencia decidimos mantenernos en silencio.

Fue un pacto que no hubo necesidad de firmar.

Nos fue imposible seguir callando ese secreto cuando, apenas elegido Papa, algunos medios deslizaron la hipótesis de que Francisco había sido un colaborador de la dictadura.”

Acompaño esta nota con el video-testimonio de Gonzalo Mosca (Ver https://youtu.be/k94my3qBGRU) quien formaba parte del Grupo de Acción Unificadora (GAU), un grupo de izquierda uruguayo.

A fines de 1977 un vínculo casual con Montoneros convirtió al GAU en objetivo de la represión en las dos orillas.

Gonzalo sin saberlo se refugió Buenos Aires donde fueron a buscarlo y quien le salvó la vida fue Jorge Bergoglio.

Del relato de Gonzalo se desprende el conocimiento y experiencia que Jorge Bergoglio había logrado en materia de proteger y organizar fugas; el joven sacerdote actuaba con todas las normas de seguridad, que utilizaban los militantes de las organizaciones revolucionarias, lo que indica que no era la primera vez que organizaba un plan de fuga.

Nunca sabremos la cantidad exacta de quienes ayudó.

Porque su actitud ha sido y es “si aquellos a quienes ayudé no lo dicen, yo no voy a revelar nada”.

Entonces la búsqueda de testimonios se hace casi imposible, porque muchos están dispersos por el mundo, otros han fallecido y otros prefieren olvidar esa etapa de su vida.

Algunas inexactitudes del guión

La película tiene algunas inexactitudes hechas de ex-profeso para darle forma al relato y otras que pueden deberse a falta de información y/o desconocimiento del contexto histórico.

La primera es que muestran a Bergoglio como provincial de los jesuitas de 1976 a 1983, inicio y fin de la dictadura.

Lo real es que Bergoglio fue provincial de julio de 1973 hasta diciembre de 1979.

Luego cumplirá otras funciones y recién en 1990 es trasladado a Córdoba en una suerte de exilio interno.

Respecto a la escena que muestran a un Bergoglio (Minujin) con cara de “pollito mojado” presentado a Massera por un oficial que sugiere “este es de los nuestros”.

No existe ninguna evidencia de ese tipo de reunión y trato.

La vez que fue a ver a Massera fue para reclamarle por la libertad de Yorio y Jalics que estaban secuestrados. O sea en un contexto y tono completamente diferente.

Tampoco hay constancia de que Bergoglio “hizo desaparecer los libros marxistas de las bibliotecas jesuitas”. Frase que lo pone en el lugar de un censor ideológico.

Por cierto que no compartía el pensamiento marxista, pero las bibliotecas jesuitas tenían y tienen literatura de todos los orígenes.

Sí fue un hecho muy común -en aquellos años – que militantes y/o intelectuales hicieran desaparecer libros y otros papeles que pudieran resultar sospechosos ante la posibilidad de un allanamiento por fuerzas militares.

Ese fue el caso de Esther Balestrino de Careaga que llamó a Jorge Bergoglio con una excusa “y al llegar a la casa me enteré del verdadero motivo : su hija Ana María había sido secuestrada y quería que me llevase unos libros y otros materiales y los escondiera, porque ella temía que los militares allanaran la casa y se la llevaran también detenida».

Ana María fue liberada y puesta a salvo en Suecia por Esther, quien regresó al país.

El 8 de diciembre de 1977 fue secuestrada junto a otras madres a la salida de la Iglesia de Santa Cruz.

La escena de la película en la cual Bergoglio está sacando los libros de la casa de Esther, lo muestra casi como un cómplice de los marinos al decirle “te estan vigilando”, señalarle la foto de Astiz e indicarle que es un marino infiltrado.

Lo real es que, quien lo llama para que le esconda los libros es su amiga Esther.

Y tampoco es verosímil , que Bergoglio supiera quien era Astiz; de haber sido así, Esther y el grupo de madres habrían estado prevenidas de su accionar.

La Comunidad barrio Rivadavia de Yorio y Jalics

En el clima contestatario de los años setenta, algunos jesuitas salieron de los monasterios y crearon pequeñas comunidades; convivían en una casa seminaristas y profesores como un experimento de vida no jerárquica .

El resultado fue que gran parte de sus integrantes retornaron a su estado laical.

En 1974, llegó la orden del General Pedro Arrupe de cesar todas las comunidades.

De las ocho existentes la más reacia al cierre fue la de Yorio y Jalics, quienes elevaron una apelación a Roma .

La resolución ratificando el cierre llegó, recién en febrero de 1976, un mes antes del golpe de estado.

Una demora burocrática terminó en una coincidencia de fechas.

Los sacerdotes optaron por irse de la Compañia.

Al quedar fuera de la Compañia, el cardenal Aramburu les quitó la facultad de oficiar misa.

Pero Jorge Bergoglio intercedió y se la repuso.

Lo que no muestra la película, es que las desinteligencias de Yorio y Jalics con el provincial Bergoglio venían desde mucho antes del golpe de estado.

Desinteligencias seguramente agudizadas por la circunstancia de que Bergoglio era un jovencito de 36 años, de quien ellos habían sido profesores, y de golpe se había convertido en el jefe que les imponía una orden con la que no estaban de acuerdo.

Como veremos a continuación, las verdaderas causas de su secuestro fueron otras.

La represión del grupo Cristianos para la Liberación

La represión clandestina de la dictadura militar, estuvo dirigida principalmente contra las organizaciones armadas ERP y Montoneros.

El método consistía en: captura-tortura-información-nueva captura.

Comenzaban secuestrando a los militantes de los llamados frentes de superficie UES, JUP, JP, JTP, etc., que eran la parte política de las organizaciones, la mayoría de ellos sin ninguna militancia armada, pero que tenían un responsable o jefe cuya captura permitía llegar a cuadros de mayor nivel.

En 1975 Montoneros creó un nuevo frente de trabajo para los sectores de iglesia, Cristianos para la Liberación.

En la Parroquia Santa María Madre del Pueblo, del Bajo Flores, Yorio y Jalics trabajaban con un grupo de catequistas que pertenecían a Cristianos para la Liberacion.

El 14 de mayo de 1976 fueron secuestrados siete jóvenes catequistas, entre ellos la ex-monja Monica Quinteiro quien sería la responsable de mayor nivel dentro del grupo.

Diez días después son secuestrados los padres Yorio y Jalics.

Primero fueron llevados a la ESMA y luego a una quinta de la marina.

Luego de mantenerlos en una suerte de limbo, fueron liberados el 23 de octubre.

Los siete catequistas de la parroquia Santa Maria, fueron torturados y luego asesinados.

En el lapso de marzo a octubre fueron secuestrados aproximadamente cuarenta militantes de Cristianos para la Liberacion, los dos únicos rescatados con vida fueron los jesuitas Yorio y Jalics.

El 20 de marzo del 2013 el padre Francisco Jalics declaró: “Orlando Yorio y yo fuimos detenidos debido a una catequista, quien primero trabajó con nosotros y más tarde se unió a la guerrilla.

Nada tuvo que ver el padre Bergoglio.” Jorge Bergoglio, vía las autoridades de la Iglesia, llegó a hablar dos veces con Massera, la segunda en términos muy fuertes y dos veces con Videla.

En el caso de Videla, se enteró que el dictador estaba en Campo de Mayo entonces “hizo enfermar” al sacerdote que iba a dar misa, para ir el, y reclamarle por Yorio y Jalics.

Finalmente ambos jesuitas fueron liberados.

Queda claro que en el secuestro de ambos jesuitas nada tuvieron que ver los conflictos y las diferencias de opinión que mantenían con su provincial.

Lamentablemente cayeron dentro de un engranaje represivo que no reparaba en costos para obtener información.

No les interesaba si podían dar misa o no.

La ESMA quería capturar y asesinar al núcleo de Montoneros.

Y si para agarrar un jefe tenían que matar treinta, lo hacían.

En el caso del grupo Cristianos para la Liberación, la mayoría eran jóvenes que nunca habían tocado un arma, sin embargo la enorme mayoría fueron torturados, asesinados y sus cuerpos desaparecidos.

A esto, la película no lo deja en claro.

Y carga sobre Jorge Bergoglio una suerte de pecado que nunca cometió y cuya absolución era y es absolutamente innecesaria.

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(*) Autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.