“Ellos” no lo comprenden ni lo quieren comprender. Pero el pueblo sí.

ALGUNOS CONSEJOS DE UNO QUE LA SABÍA LUNGA

Por Arturo Jauretche

No han abandonado ninguno de sus planes ni de sus objetivos ni de sus técnicas. Pero esa razón suprema que hace el Frente Nacional en cada instante decisivo de nuestra historia es la que esa prensa no puede confesar y cuya existencia pretende negar por el simple método de considerarla inexistente: lo nacional.

 

 

Por Arturo Jauretche

Fue una victoria nacional
Lea usted los comentarios de la prensa extranjera sobre la elección argentina.
Los que transcriben las agencias y los que con apariencia de nacionales se hacen en la prensa que pasa por argentina.
Encontrará allí toda clase de explicaciones para el resultado, desde la afirmación de una victoria democrática hasta la derrota de ésta por el totalitarismo emboscado.
Minuciosamente, prolijamente, la prensa extranjera –y ésta que aparece aquí como argentina- quiere ocultar el sentido de la definición electoral, el carácter del enfrentamiento.
No han abandonado ninguno de sus planes ni de sus objetivos ni de sus técnicas: ocultar la verdad bajo las apariencias, la sustancia, bajo la forma.
Así como se escribió nuestra historia escriben la actualidad, tratando de desfigurar todos los días el sentido de los hechos.
Y sin embargo la verdad está escrita en el resultado del escrutinio y dicha en la voz de los manifestantes.
En sus contradicciones mismas, en sus estribillos aparentemente inconciliables.
Está dicha en ese Himno Nacional que unía los estribillos opuestos, en los lemas de “esquizofrenia nacionalista”; en esa fuerza que como un cemento ligaba las calles de Buenos Aires como los había ligado en la urna, las oposiciones dialécticas, en una síntesis.
Porque la misma contradicción de las fuerzas operantes hacia una solución, está diciendo la razón suprema que supera esas contradicciones.
Pero esa razón suprema que hace el Frente Nacional en cada instante decisivo de nuestra historia es la que esa prensa no puede confesar y cuya existencia pretende negar y cuya existencia pretende negar por el simple método de considerarla inexistente: lo nacional.
Porque “ese animal no existe”, ya que reconocerlo implica voltear todas las estanterías llenas de libros, soluciones y mentiras prefabricadas para inventar animales sustitutivos: totalitarismo, democracia, formas, vestidos, modas, desfiguraciones todas del hecho argentino, cuya presencia se niega para sustituirlo por el espantajo al que se le pone el traje que se manda de afuera.
Tenía que ser así: era fácil comprenderlo, pero había que mirar desde el punto de vista de la Patria Grande.
Como lo miró el pueblo, y sobre todo los que no teniendo nada que ganar lo dieron todo, simplemente porque saben que ganan cuando gana la Nación, cosa que les permite superar lo político partidario y lo personal para ponerlo al servicio de esa empresa básica que es hacer la Patria.
Los que hacen el negocio de la generosidad ya así resultan los más grandes, siendo los más humillados…
Cumpla ahora su programa; dé todos los pasos necesarios para consolidar la situación que ha creado el comicio.
Cuide la deformación que puede ocasionar el espíritu de partido.
No olvide que un partido ha sido solo el instrumento momentáneo de una decisión nacional, que lo trasciende.
Confíe en los hechos resultantes de la ejecución de su programa.
Y no le preocupen las luchas de predominio entre los factores concurrentes.
Preocúpele, en cambio, acendrar ese sentido nacional y el social que es su necesaria implicancia.
Todas las soluciones están en las grandes líneas, y no en la pugna y en el cálculo de facciones cualesquiera que sean.
Un encuentro ocasional puede hacerse definitivo sobre los hechos definitivos realizados desde el gobierno para restaurar la línea histórica.
No sobre planteos politiqueros.
Se ha dicho que es un equilibrista, como un ataque. Recíbalo como un elogio, porque el equilibrio que tan hábilmente hace es el que reclama la línea nacional, que no es la cuerda floja del saltimbanqui político.
“Ellos” no lo comprenden ni lo quieren comprender.
Pero el pueblo sí; y por eso lo ha votado para darse una solución por esa línea nacional.
Solución eventual o permanente.
Eso se verá, pero lo importante es que el país sea orientado y facilitado para que lo auténtico de sí mismo se defina.
No se apure.
No lo apuremos.
Tenemos que salir de un largo dolor hacia una larga esperanza; apenas está amaneciendo, y tiene que caminar entre dos luces, con su luz en la mano, como el que hace el tambo en las mañanas de invierno.
Pero cuídese; cuidémonos.
Se necesita comprensión en nosotros y en los de al lado, en los que van a entregar el gobierno y pagan con una virtud un pecado -¡lástima los pecados irreparables a que fueron inducidos por la extranjería!-, en los que estarán en el gobierno y en los que estaremos en el llano cuidando esa línea nacional que ellos deben cuidar desde arriba.
Los nuestros han dado ya mucha comprensión –esa generosidad que he cantado- y deben también aquí tener una oportunidad de salvarse para la historia…
Pero cuídese doctor Frondizi…
Un inmenso número de los que lo han votado, lo han visto abrazarse con Aramburu, en esos trámites de transferencia del poder.
Pero es tan inteligente el pueblo que, teniendo sobre Aramburu la opinión que tiene, no lo ha visto mal porque eso es útil a la causa nacional.
En cambio no les ha gustado un hecho menos importante: su entrevista con Alfredo Palacios.
Porque no comprenden la necesidad de ese paso…
El pueblo no quiere que se mantengan esos valores falsos, que no pueden perturbar la clara inteligencia del obrero, pero sí la frivolidad de los estudiantes tilingos y el medio pelo social…
Cuídese de éstos y de sus amos.
Porque el enemigo común se embosca pero no depone sus armas.
Comenzará con la intriga, seguirá con la difamación, moverá a sus colegas internacionales, lo irá bloqueando día por día, acorralándolo hacia el disparadero.
Para obligarlo a hacer macanas.
Buscarán ese juego como lo han hecho siempre.
Con Yrigoyen y con el otro.
Lo harán con usted y realizarán, por tercera vez, la habilísima tramoya de donde resulta que los consagrados por el pueblo son los tiranos, y sus opresores, la democracia libertadora.
Desde luego que lo de la democracia y lo de la tiranía es otro cuento chino para que no entendamos lo de nacional y antinacional.

 

 

Arturo Jauretche
Revista Qué sucedió en siete días N° 171
Marzo de 1958