Un puñado de mercenarios envenenan a la opinión pública y operan para desestabilizar la democracia.

PODER DEL PUEBLO O «CUARTO PODER»

Por Héctor Amichetti *

Van der Kooy, Kirschbaum, Roa, Bonelli, desde los canales, las radios y el diario del Grupo Clarín; Morales Solá, Pagni, Cabot, desde la «Tribuna de Doctrina»; Lanatta, Feinmann, Leuco, Majul y tantos otros impresentables que tienen pantalla todos los días porque el sistema y sus recursos impiden que la tengan infinidad de muy buenos periodistas.

Por Héctor Amichetti *

La Señal

14/11/2019

Así como me referí a la nefasta actitud de buena parte del Poder Judicial a lo largo de la historia de nuestro país enunciando unas cuántas preguntas que debería responder, también creo que la «gran» prensa de nuestro país debería rendir cuentas.

Debería por ejemplo explicar los favores que le hizo al general Uriburu acompañando el derrocamiento de Yrigoyen.

El propio Uriburu apenas perpetrado el golpe de estado los elogió en su mensaje:

«Agradezco a la prensa seria del país el servicio que ha prestado al mantener latente una propaganda patriótica».

Fue esa misma «prensa seria» la que saludó desde sus primeras planas -en septiembre del ’45- la Marcha de la Constitución y la Libertad organizada por la Unión Democrática y alentada por el embajador estadounidense Spruille Braden.

«Ferviente en su amplitud inusitada fue el inmenso desfile cívico de ayer», tituló el diario La Nación refiriéndose a los manifestantes que coreaban -entre otras consignas- «Mitre sí, Rosas no» y «El nazi de ayer no puede ser el demócrata de hoy», en alusión a Juan Perón.

En su quinta edición del 17 de octubre de 1945, el diario Crítica intentó minimizar la histórica pueblada que cambió la historia argentina titulando: «Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población».

Un par de semanas previas a las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946, el diario La Prensa dedicó 5 páginas a la publicación del «Libro Azul» elaborado por el gobierno de los Estados Unidos para descalificar a Perón.

Luego de las elecciones, La Prensa tardó un mes en reconocer la victoria del Partido Laborista y lo hizo sin siquiera mencionar el nombre del flamante Presidente Juan Perón.

En los debates en la Cámara de Diputados sobre la expropiación del diario de la familia Gainza Paz y su entrega a la CGT, el «Bebe» Cooke señaló sin pelos en la lengua:

«Este es el planteo revolucionario con respecto a este problema de La Prensa.

Nosotros con los nuestros, La Prensa con los suyos y con sus aliados de dentro y fuera del país, y con todos aquellos que, sin estar complicados en las maquinaciones de los diarios capitalistas, creen que están defendiendo los intereses de la prensa libre y de la libertad de opinión».

Cuando el peronismo fue derrocado, los grandes medios fueron disciplinados bajo la directiva golpista de la proscripción cambiando el nombre de Juan Perón por el de «tirano prófugo».

Ni una línea dedicaron desde los diarios y las emisoras radiales a los fusilados en los basurales de León Suárez.

Un periodista valiente, Rodolfo Walsh, que se interesó seriamente por los hechos, escribió en la introducción de su libro «Operación Masacre» lo siguiente:

«Mis colegas periodistas de los grandes medios podrían tomarse el trabajo que yo me tomé, en vez de copiar lo que les dicta el teniente coronel fusilador».

Durante el largo período de la resistencia peronista, la «prensa seria» se portó muy bien con el régimen, al respecto Don Arturo Jauretche diría allá por el mes de diciembre de 1965:

«Linda libertad de prensa, ese monopolio de la injuria, de la información deformada, de la doctrina extranjerizante, del juicio malicioso que bajo el denominador común de ‘libertad de prensa’, le cerró el camino al auténtico pensamiento nacional».

Ningún diario nacional, emisora radial o canal de televisión calificó como golpe militar al derrocamiento del gobierno constitucional de Isabel Perón en marzo del ’76.

«Nuevo gobierno», dijo Clarín, «Las Fuerzas Armadas asumen el poder», tituló La Nación; «Las Fuerzas Armadas han asumido hoy el ejercicio del poder», publicó en su tapa La Razón.

Ninguno de estos tres diarios publicó noticias de los secuestros y desapariciones diarias, nada dijeron del genocidio, sólo negociaron con la dictadura guardar silencio a cambio de la planta de Papel Prensa.

Esa es la «prensa libre», que con el correr de los años constituyó monopolios, se transformó en grupos económicos y abandonó definitivamente su misión periodística para convertirse en necesario y eficaz instrumento de los círculos oligárquicos.

Van der Kooy, Kirschbaum, Roa, Bonelli, desde los canales, las radios y el diario del Grupo Clarín; Morales Solá, Pagni, Cabot, desde la «Tribuna de Doctrina»; Lanatta, Feinmann, Leuco, Majul y tantos otros impresentables que tienen pantalla todos los días porque el sistema y sus recursos impiden que la tengan infinidad de muy buenos periodistas.

Ese puñado de mercenarios envenenan a la opinión pública y operan para desestabilizar la democracia cada vez que los genuinos representantes de los intereses de las mayorías llegan al gobierno.

Algo para tener muy en cuenta en la etapa política que comienza en Argentina a partir del próximo martes 10 de diciembre.

Construir Poder del Pueblo para terminar con el «Cuarto Poder», ese debería ser el desafío.

HA/

  • Secretario General Federación Gráfica Bonaerense / Corriente Federal de Trabajadores / CGT / La Señal Medios