Latinoamérica está agitada. Los chilenos -los mejores alumnos del neoliberalismo- llevan un mes en las calles protestando contra el modelo del que hasta hace solo semanas eran su mejor ejemplo.

ES OTOÑO EN LATINOAMÉRICA, NO SABEMOS SI PRIMAVERA

Por Marco Enriquez-Ominami

Vemos en Latinoamérica, las hojas secas del neoliberalismo. Pero hay copos de nieve que están cayendo sobre Bolivia. Organismos internacionales, los grandes medios de comunicación y los Estados Unidos, y sus aliados en el continente, han desconocido las elecciones democráticas y han orquestado el Golpe de Estado dado, al primer Presidente indígena que había tenido ese país, indígena, en doscientos años de existencia.

 

 

Por Marco Enriquez-Ominami*

Nodal

27 noviembre, 2019

¿Se vive una primavera en Latinoamérica? Porque, quÉ duda cabe, Latinoamérica está agitada. Los chilenos -los mejores alumnos del neoliberalismo- llevan un mes en las calles protestando contra el modelo del que hasta hace solo semanas eran su mejor ejemplo.

En Colombia se realizó una manifestación masiva en contra de las medidas, también de corte neoliberal, que tomó su presidente Iván Duque. En Ecuador, las medidas que el FMI pidió implementar a Lenín Moreno, fueron frenadas y retiradas gracias a la movilización social.

En Argentina, no estalló el neoliberalismo con un movimiento social en las calles, pero solo gracias a la capacidad de la oposición, que supo canalizar políticamente el descontento derivado de la crisis económica y alimentaria que provocaron las medidas del saliente presidente Mauricio Macri, y que supo, además, instalar en la presidencia a Alberto Fernández. Lo mismo pasó en México, donde el pueblo optó, después de décadas, por un camino alternativo al de la ortodoxia, en la figura de López Obrador.

Pero, qué hay de primavera en esto. Porque la explosión de estos movimientos sociales, y el triunfo de presidentes con visiones socio-económicas alternativas, sí anuncian, que duda cabe, para Latinoamérica al menos, el otoño del neoliberalismo -y probablemente también de la social democracia, que, podríamos decir, co-gobernóen Chile junto al neoliberalismo durante 30 años-. Sí, se disecan las hojas, pero, no se ven muchas golondrinas en el cielo latinoamericano. Desde la vereda progresista, es al pesimismo al que quiero invitarles.

Porque recordemos que la primavera árabe derivo en eso. Ese renacer que supusimos en las movilizaciones que comenzaron en Túnez, que iban a significar la llegada de los paradigmas de los derechos humanos, del desarrollo humano y del bienestar, terminó, sin embargo, siendo aprovechado por Estados Unidos y sus Estados agente occidentalizados, para empujar a toda la región, no hacia la primavera, sino que hacia el invierno de la desestabilización. De revolución de los árabes, a una involución liderada solo por reyes y emires.

Vemos en Latinoamérica, las hojas secas del neoliberalismo. Pero hay copos de nieve que están cayendo sobre Bolivia. Organismos internacionales, los grandes medios de comunicación y los Estados Unidos, y sus aliados en el continente, han desconocido las elecciones democráticas y han orquestado el Golpe de Estado dado, al primer Presidente indígena que había tenido ese país, indígena, en doscientos años de existencia.

El fascismo y el racismo han vuelto a Bolivia, legitimados por esa orquestación, siquiera como en los sesentas y setentas, o hasta antes de la asunción de Morales en el poder. Lo hacen como lo hicieron los europeos en los siglos de la conquista.

Con la Biblia en la mano, los golpistas han entrado al palacio de Gobierno boliviano, a quemar los símbolos de la cosmovisión y el poder indígena. Y recordemos que, precisamente, la expansión de la radicalización religiosa, ha sido una característica también en lo que ocurrió después de la primavera árabe.

Luego, si a las movilizaciones sociales y a las debilidades de los Estados gobernados por presidentes neoliberales de los países latinoamericanos, le sumamos la tensión histórica que Bolivia ha suscitado entre los gigantes Brasil y Argentina, hoy,dos países con gobiernos que se enfrentan ideológicamente, la sensación más que de primavera, es de un polvorín mal armado, donde, la posibilidad de una desestabilización, podría ser algo más concreto que la distopía del pesimista crónico que suscribe.

Por eso, desde el pesimismo propositivo, creo que es fundamental y urgente que el progresismo asuma que tiene una respuesta alternativa a la del neoliberalismo y a la de la social democracia, y que presente a sus pueblos, en toda la región, un plan político filosófico y material, liderazgos y capacidad de unión, para ofrecer una alternativa de estabilidad y poder. López Obrador y Fernández deben transformarse en golondrinas que sí anuncien un verano.

* Miembro del Grupo de Puebla. Director de tv y cine. Ex candidato presidencial en Chile