Apunto la nota que el querido compañero Hernán Brienza circuló por las redes

CONTROVERSIA

Tomás Pérez Bodria Vs Hernán Brienza

En una nota publicada el 25 de octubre de 2015 en Página 12, titulada «Ni puristas ni conjurados», expresó su visión de otro hecho histórico (el inminente ballotage entre Scioli y Macri) mediante la siguiente reflexión: «La iluminación que la historia hace sobre la política siempre tiene más de juego que de ciencia.
Puede utilizarse como referencia, como indicio, pero nunca puede explicar absolutamente el presente ni predecir el devenir.

NAC&POP

26/11/2019

Les apunto la nota que el querido compañero Hernán Brienza circuló por las redes y, a continuación, mi parecer sobre la cuestión.

Estimo de interés el debate en virtud de cuanto nos toca vivir en la región.

Un abrazo a todos./

Tomás Pérez Bodria

 

La cosa es así:

Trump decidió hacerle la guerra a América Latina.

Quiera sacar a Rusia y China.

Fue por Evo.

Ahora está tanteando a Alberto. Lo empuja a radicalizarse para enfrentarlo.

Es el primer paso.

El «Alberto Pelotudo» no es chiste.

Es la primera operación destituyente…

Lo radicaliza para enfrentarlo con las clases medias.

Y debilitarlo.

El segundo paso, creo, será ahorcarlo financieramente con la deuda que le dejó Macri.

O ajusta y paga (enfrentándose a su base social) o entra en Default (y cae vía golpe o estallido social).

Estamos en 1973.

Kissinger puro.

Jaquear al Peronismo.

Llevarlo al borde del golpe, que pise el palito.

Será corrido por derecha y por izquierda.

Y si no se menemiza, cae.

Las consecuencias del golpe ya las vimos en Bolivia: Muerte, represión, persecuciones.

Incluso hostigarlo desde Brasil.

Esta es la jugada.

En la cintura de Alberto está la oportunidad de salir ilesos.

Si se radicaliza, lo derrocan…

Si se menemiza, es jaqueado por su base.

Hay una sola opción: Perón-Balbín.

Un gran pacto social que garantice paz política y social y encapsule a la derecha macrista.

Hernan Brienza   

OTRO PUNTO DE VISTA RESPECTO DE LA PROFECÍA DEL COMPAÑERO HERNÁN BRIENZA

Me parece, como siempre muy interesante la advertencia de Hernán.

Pero ofrece unos cuantos interrogantes.

Siendo un gran historiador, no puede menos que contemplar la historia para analizar el presente.

En una nota publicada el 25 de octubre de 2015 en Página 12, titulada «Ni puristas ni conjurados», expresó su visión de otro hecho histórico (el inminente ballotage entre Scioli y Macri) mediante la siguiente reflexión: «La iluminación que la historia hace sobre la política siempre tiene más de juego que de ciencia.

Puede utilizarse como referencia, como indicio, pero nunca puede explicar absolutamente el presente ni predecir el devenir.

Sin embargo, marca –»como signo» en términos lacanianos-, genera una muesca en el pasado que será fácilmente reconocible en la narración posterior que se haga en el momento de superar otro obstáculo similar al que dejó la primera huella.

Esto no significa determinismo, sino simplemente un replique de lo que se hizo en lo que se está por hacer.

Es decir, una persona, en el momento de llevar adelante una acción similar a la que ha realizado en el pasado puede o no accionar de la misma manera, pero esa nueva acción contendrá, por la positiva o la negativa, la acción original».

En el análisis que ahora nos entrega, la referencia que explícitamente toma para explicar cuanto se viene en el país, a partir de los hechos que vive la región, es la del momento histórico vivido en el año 1973 y afrontado por Perón con su famoso pacto social.

Sin embargo, me parece que cae en la tentación de eludir su propia advertencia y no se lanza a reseñar una nueva acción que, siguiendo sus términos, contenga por la positiva o la negativa a la acción original.

Y ello le ocurre porque, en el esquema que plantea, en rigor se allana al determinismo que en principio niega, proponiendo la misma política que plasmó Perón en 1973 que aún cuando, sin dejar de valorar cuanto significó el fallecimiento del General, estrictamente no alcanzó para evitar la embestida regional de EE.UU. tambien en la Argentina.

Si la suerte hubiere variado de haber vivido Perón, resulta contrafáctico.

Pero tengo para mi que, pese a su agudeza, Brienza no divisa las notables diferencias que cabe puntualizar entre los dos momentos históricos y, consecuentemente, las variantes de las medidas a adoptar.

Primero: EE.UU: en 1973 se encontraba en pleno y vital ejercicio del señorío de la región que le quedara asignada tras el acuerdo de Yalta al finalizar la segunda guerra mundial;

Segundo: Salvando la piedra en el zapato que le significó Cuba al generar una variante fáctica respecto de aquel acuerdo, se dirigía raudamente hacia su prevalencia definitiva en la guerra fría, consagrada en la unipolaridad geopolítica global generada a partir de la caída de la URSS y muy consolidada tras el ataque a las Torres Gemelas.

Por lo tanto no contando la Argentina de 1973, a diferencia de Cuba, con fuerzas armadas comprometidas y con el apoyo por entonces vigente de la URSS, entiendo que la suerte del país no hubiera variado aún con Perón vivo.

Tercero: la situación geopolítica mundial encuentra a los EE.UU. discutiendo en retroceso, en el marco de un ya consolidado multilateralismo, su hegemonía global con otras grandes potencias, especialmente China y Rusia.

Cuarto:

El interés que, por lo tanto, recobra EE.UU. en la región, no obedece ya a un objetivo expansionista, tal como ocurriera en la década del 70, sino a uno defensivo.

No refleja la fuerza de un imperio en su cenit, sino la de uno en decadencia que actúa a la desesperada.

Cuarto bis:

En todo el mundo, y también en la región que pretende instrumentar como su retaguardia, han sucumbido sus excusas para justificar sus pretensiones: la denominada guerra contra el narcotráfico ya no hay quien no la reconozca sólo como uno de los mayores embustes a los que acudió, sino también como perdida (cunde de modo cada vez más generalizada la necesidad de la legalización para darla por terminada), la guerra contra el terrorismo es una excusa que opera para el imperio declinante como su ostensible talón de aquiles y, lo más importante, el modelo económico vendido como la panacea de la felicidad, que es el neoliberal, estalla por los aires al ritmo de las más inesperadas rebeliones populares de grandes mayorías que ya no se componen sólo de los sectores más humildes.

Vemos con gran ilusión que los nuevos motores de esos estallidos, más allá de las excusas formales que los encienden, anidan en la conciencia de la conculcación de los derechos de los pueblos primero y, seguidamente, en la decisión que exponen de recobrarlos y ampliarlos.

Decisión que exhuda un gran poder, que se  ejerce sin armas, en nombre de la paz y aún al costo de muchas vidas, pero que se muestra cada vez más cerca de la invulnerabilidad.

Cuanto revelan los dolorosos sucesos de Bolivia, dejando EE.UU de lado la apariencia de una mayor sujeción a las permisiones democráticas admitidas para la región mediante la utilización de lawfare, fake news, etc., para retomar abiertamente el método de una feroz y «ejemplificadora» violencia, sólo representan una muestra más de su debilidad a diferencia de otros tiempos, quedando ella aún más al desnudo frente a la convicción, dignidad y coraje con que la afrontan las mujeres de polleras, las diversas etnias, los cocaleros y el grueso del pueblo boliviano.

Quinto:

En la Argentina se dan también los mismos ingredientes.

La conciencia adquirida durante los gobiernos de Néstor y Cristina por una capa que fluctúa entre una franca mayoría y una minoría igualmente importante, ha llevado a un estado de movilización popular en repudio del modelo neocolonial y neoliberal de Macri que dió comienzo el mismo 10 de diciembre de 2015.

En rigor tal estado no cesó nunca, tal como quedara expuesto el 9 de diciembre de ese año, cuando el pueblo colmó de agradecimiento a Cristina en la plaza de mayo, en un acontecimiento que no encuentra parangón en la historia moderna mundial.

Estado de movilización que, encontrando cauce en un peronismo revigorizado, en un movimiento obrero en permanente pie de lucha -más allá de la clara defección exhibida por buena parte de su cúpula- derivó en un demoledor triunfo electoral que terminó con toda posibilidad de continuidad del gobierno de Macri, lacaya expresión del mandato imperial, sin el derramamiento de sangre que sufren nuestros pueblos hermanos, aunque no sin el costo de vidas cobrado por la exclusión provocada en estos años.

Triunfo que opera, sin dudas, como un faro que está llamado a fortalecer la ya comenzada lucha de nuestros pueblos hermanos, en un marco imprescindible de mancomunión y organización hacia la unidad latinoamericana.

COROLARIO: 

Frente a este panorama, la propuesta de Brienza puede conllevar algún grado -por supuesto que a su propio pesar- de innecesario derrotismo.

Un acuerdo con los distintos sectores de la vida nacional, en lo económico, social, productivo y político, que vaya más allá de paliar la hambruna macrista y se extienda en una nueva conformación del aparato productivo, por cierto que es muy necesario.

Y tal es lo que propugnan Alberto y Cristina, según se desprende de sus propias palabras y del curso de sus acciones.

Y lo es no para evitar los conflictos de intereses que persisten y fuertemente, sino para encausarlos democrática y pacíficamente.

Pero ese acuerdo para ser exitoso requiere, ante todo, no pecar de incautos.

La comunidad organizada que propone Perón, parte de plasmar a los trabajadores como sujeto político central.

Y a su organización sindical, como un factor preeminente, como único modo de equipar en un sistema que sigue siendo de raigambre capitalista, la primacía de los sectores empresariales, sobre todo la de los formadores de precios concentrados.

Y, dentro de éstos, revertir la de los extranjeros.

Y, a su vez, el sujeto político trabajadores se ve hoy virtuosamente ampliado por los sectores sociales y de la denominada «economía popular», hija de la necesidad y progenitora de estructuras económicas por nacer.

Se trata, en definitiva, de la dinámica que cobran las que con su visionaria mirada el general Perón denominara «las organizaciones libres del pueblo».

En este contexto, el acuerdo que se persigue debe contar con las herramientas que permitan no frustrar su objetivo, cual es el de recobrar los niveles de soberanía alcanzados al menos hasta el año 2015, reactivar la economía en beneficio de todos los sectores dañados por el macrismo, recuperar la iniciativa popular por sobre el egoísmo de las corporaciones cooptadas por el sentido común neoliberal y, finalmente, consolidar en el marco de una trabajosa pero imperiosa unidad latinoamericana, un rumbo definitivo de liberación, de independencia y de justicia.

Creo que, quizás contrariando la que aparece para Hernán Brienza como una certeza en contrario , están dadas las condiciones objetivas: es cierto que la Argentina está rodeada por ahora de gobiernos afines a EE.UU., pero también lo es que el imperio declina, que los pueblos de esos países están derrumbando aceleradamente los símbolos e instrumentos identitarios de ese imperio y que, por lo tanto, el momento es apropiado para afrontar los riesgos.

Hoy no tenemos en la patria un Balbín que abrazar; tampoco anhelamos que lo haya para despedir a nuestros líderes con un florido discurso para luego declararse «impotente» para alzar su voz contra otro golpe gorila.

Por lo tanto de algo estoy seguro.

La opción que tiene por delante Alberto y, añado, junto a Cristina, no es menemizarse o pisar el palito del enfrentamiento a las pretensiones coloniales para justificar así un golpe en la Argentina.

Como lo vengo diciendo, la opción es única: convertir al gobierno de Macri en un amargo interregno entre dos gobiernos nacionales y populares.

Lo que no puede permitirse el gobierno de Alberto es limitarse a ser un mero administrador de la crisis que deja el gobierno macrista.

Nadie dice que será fácil.

Por el contrario, el enemigo aquí, como en Ecuador, en Chile, en Bolivia, en Colombia y en toda la región declina pero alberga la peligrosidad de un león herido.

Cuanto afirmo es que el único equilibrio posible es la utilización de la mayor inteligencia disponible, pero para responder decididamente a las ansias de liberación de nuestros pueblos.

Si no lo hacemos, en la Argentina el pueblo a la corta o a la larga retomará su camino de liberación, pero habremos de correr el riesgo de deslegitimar definitivamente al peronismo como el gran instrumento del que históricamente se ha valido para ello el Movimiento nacional, popular y latinoamericanista.

Tomás Pérez Bodria