Clarín y La Nación atacaron al unísimo el sábado en sus portadas.

ALBERTO Y LA PRENSA CANALLA

Las acciones y pronunciamientos del presidente electo ante el golpe de Estado en Bolivia son usadas por los columnistas de Clarín y La Nación para levantar la idea de una “cristinización” de Alberto Fernandez, presentada obviamente como un peligro, y para hablar de un malestar que supuestamente ya estalló en el “peronismo”.

COMUNA

17/11/19.

Se endurece la línea contra Alberto F.

Columnistas de Clarín y La Nación aceleran contra el presidente electo. “Soledad” y “crisis demorada.”

Igual que en toda la región, la mayoría abrumadora de los medios convencionales se identifica con el golpe, culpan por la crisis a Evo Morales y le dan al régimen que asumió una condición de legalidad que no tiene.

Las matanzas cometidas por militares y policías son presentadas como consecuencia de “enfrentamientos”: desempolvan la fórmula aplicada para encubrir al Terrorismo de Estado desatado en 1976.

Una de las máximas concesiones la escribe Joaquín Morales Solá, en La Nación, quien igual que Pagni escribió que “se podría admitir, técnicamente” que en Bolivia hubo un golpe de Estado.

Aunque pueda resultar difícil de creer, es más de lo que se puede leer en Clarín e Infobae.

La reconstrucción amañada de los hechos en Bolivia incluye saltearse aspectos centrales: que Evo Morales aceptó el informe de la OEA sobre irregularidades en el escrutinio de las elecciones del 20.10, que llamó a nuevas elecciones y desplazó al Tribunal Electoral cuestionado.

Sofistas de fondo, los columnistas aplican también esta fórmula: si las movilizaciones opositoras a Morales fueron violentas y si hubo, en conjunto, una acción destituyente, ¿por qué no se denuncia lo mismo para las protestas en Chile?

Y para estas maniobras, la cobertura de los hechos en Chile da una supremacía asfixiante a los hechos de violencia y soslaya, claro, que en muchas de esas acciones fue denunciada la acción de infiltrados al servicio de Piñera y sus fuerzas de seguridad y militares.

El despliegue incansable que, centralmente, respalda el golpe y toda acción que vaya contra los gobiernos no alineados con Estados Unidos, pone en evidencia una matriz editorial que no se explica en la defensa de intereses limitados a la Argentina, sino que expresan sin disimulo la posición estadounidense.

Claro que la matriz sirve para profundizar la oposición al futuro presidente argentino: Morales Solá, Rodríguez Yabra, Di Marco, Sirvén, Jacquelin, en La Nación; Van der Kooy y Gambini, en Clarín; Wende en Infobae, coinciden en apuntar una “cristinización” de Alberto Fernández, en un abandono del tono “moderado” que, dicen, traía.

Algunos de ellos presentan esta descripción como un problema político de fondo, otros le dan el carácter de una mera operación táctica del presidente electo, para contentar al “progresismo” antes de asumir, cuando -dicen- tomará medidas “duras”, inclinadas al neoliberalismo.

En suma, si no practica un progresismo devaluado, como lo califica Van der Kooy, es un mero oportunista.

A ninguno de estos redactores les gusta la condena al Golpe, que haya criticado a Trump por felicitar a los militares bolivianos y que apoye al Frente Amplio uruguayo.

Como escritas por un secretario de Mike Pompeo, en estas líneas se habla de Rousseff y Zapatero como dirigentes “deshilachados”, de Correa como “prófugo de la justicia” y de Samper como ex presidente “acusado de corrupción”. En suma, el progresismo es una extravagancia, una “vaga corriente de pensamiento”, en palabras que publica Van der Kooy. Y, por esto, se ve la “entronización de Alberto Fernández casi en soledad”, en América Latina.

También como hostilidad hacia el futuro presidente, el batallón toma como blanco al mexicano López Obrador, quitándole peso, diciendo que recibió a Evo pero busca congraciarse con Trump, y con un extremo grotesco en Infobae el viernes, que tituló así: “Por qué el narco y AMLO están en vías de convertir a México en un estado fallido”.

El papa Francisco tuvo su ración de metralla, por pronunciarse contra los abusos de los estados en la práctica de la prisión preventiva, que el macrismo usó tan intensamente en sus cuatro años.

Clarín y La Nación atacaron al unísimo el sábado en sus portadas.

Y González, en Clarín, explicitó la rabia de sus patrones: “El cambalache al que el Papa llama lawfare”.

Esta crítica rabiosa al Papa va de la mano con la condena al fin del abuso de la prisión preventiva y la consecuente liberación de detenidos.

En la sección argumentos estrafalarios, se puede mencionar también:
17.11, Clarín: Van der Kooy quiere hablar de la tan pronosticada crisis entre AF y CFK. Pero como no sucede, la da por “demorada”.

Escribe que hay un “retraso en el protagonismo” de la ex presidenta.

17.11, La Nación: Fernández Díaz dice que A. Fernández quiere la “franquicia del progresismo” y que intenta conquistar incluso a miembros de Cambiemos.

Allí hubo, dice, “defecciones” (aparentemente alude a quienes sí condenaron el golpe en Bolivia), y les advierte: serán “duramente castigados”.

14.11, La Nación: M. Solá dice que donde de verdad hay un “clima destituyente” es en Chile, por el “vandalismo”.

Reclama que la izquierda lo “denuncie”.

14.11, Clarín: Gambini se queja de que el Congreso argentino discuta sobre el golpe en Bolivia en lugar de dedicarse a proyectos de bioética e inteligencia artificial.

13.11 Clarín: Kirschbaum teclea que Evo Morales no cayó por un golpe, sino por una “reacción popular” ante el “fraude”, palabra que el informe de la OEA no incluyó.

13.11 Clarín: Vittar firma que la dictadora boliviana, Áñez, es una “derechista moderada”.

12.11 Infobae: Wende le avisa a Alberto F. que Trump se puede enojar y castigarlo por sus posiciones en la región, y frustrar un acuerdo con el FMI por la deuda.

12.11 Clarín, Roa: es legítimo que la Policía y el Ejército hayan desobedecido a Evo Morales.