Estamos en condiciones de sostener que gran parte de la “deuda externa” de Argentina ha podido ser conceptuada como "odious debt". (Deuda odiosa)

LA «DEUDA ODIOSA», SEGÚN SAN MARTÍN, Y EL ENDEUDAMIENTO ACTUAL. LA CONSTITUCION DE LOS EE.UU.

Por Jorge Francisco Cholvis

San Martín se adelantó en más de cuarenta años a la Enmienda XIV de la Constitución de los Estados Unidos ratificada en 1868, una vez finalizada la Guerra de Secesión que estableció el derecho a ese Estado a declarar ilegales, nulas y sin valor, las deudas contraídas para desestabilizar el orden surgido luego de la contienda.

 

Por Jorge Francisco Cholvis

para Redcom

24, Octubre 2019

 

PRIMERA PARTE

1. La cuestión de la deuda externa.

Nuestro tiempo histórico deja en evidencia cómo el país se encontró condicionado por la cuestión de la deuda externa y las intervenciones de los Estados centrales, como también de organismos financieros internacionales y poderosos bancos extranjeros.

Ahora, tal como antes, el endeudamiento externo es principal instrumento de dominio sobre los pueblos.

La “deuda externa” a su vez es causa y consecuencia del subdesarrollo socioeconómico.

Actualmente es un grave problema a resolver.

Hay que terminar realmente con ell0.

El sistema de endeudamiento es parte de un mecanismo de subordinación y de transferencia de riqueza de los Estados y poblaciones de la periferia hacia el centro capitalista, donde se encuentran las naciones de alto desarrollo.

En ese esquema, los países subdesarrollados y “deudores” permanecen aislados, no actúan en forma coordinada y por tanto están en la posición débil de quienes no deciden sobre los problemas “globales”, y por ello se encuentran anclados en las formas extremas del subdesarrollo y la miseria.

Ante las contemporáneas carencias que por ello sufren los pueblos en cuanto a los más elementales derechos humanos básicos, entiéndase alimento, trabajo, salud, educación y vivienda, por sólo señalar los más apremiantes, este fluir de recursos de Sur a Norte debería haber generado una precisa respuesta superadora del problema por parte de las Naciones Unidas, y también de Organizaciones que a nivel regional cumplen un rol semejante.

El imperativo estatal de dirigir la economía a un desarrollo humano, se presenta incompatible con servicios financieros que reclaman los pretendidos acreedores y sus apoyos globales.

En el marco del endeudamiento constante hay siempre una trágica postergación de lo que cabría llamar la deuda social.

La exacción externa es uno de los más perversos elementos que conducen a la honda crisis moral, social, económica y política de numerosos países.

La lucha y el esfuerzo por la extinción de la deuda externa forma parte de un combate mayor por la justicia y la equidad entre todos los hombres.

Los importantes documentos que se han elaborado y sancionado sobre los derechos económicos, sociales y culturales, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, a estas alturas del siglo XXI deberían haber logrado una mayor eficacia y vigencia.

Que, por otra parte, muchos de ellos en nuestro país tienen “jerarquía constitucional” (art. 75, inc. 22, de la Constitución Nacional).

Ciertamente, el problema se agiganta pues su solución no se ha de lograr en un aislado ámbito nacional.

Para concluir con esa situación, la integración de los pueblos y el conocimiento del problema que los aqueja son indispensables.

Es menester recordar que esta realidad contemporánea de nuestros países precisó la acción de una clase herodiana cómplice de esa exacción, que secundó al “club” del poder mundial, y en distintos períodos históricos ejerció el rol de máscara institucional para postergar el desarrollo económico social de nuestros pueblos.

Por todo ello, consideramos indispensable recordar las dignas actitudes del Padre de la Patria y de otros próceres en los duros momentos del parto de nuestra Patria Grande.

2. San Martín y la “deuda odiosa”.

“Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”, decía el General San Martín.

Cuando encaró la suya de libertar la parte austral de América del Sur, las condiciones de aquel desierto salpicado de pequeñas poblaciones que era la Argentina resultaban infinitamente graves y difíciles.

Había que hacerlo todo: crear confianza en la causa de la emancipación, levantar ejércitos, edificar instituciones, y vencer reticencias de los que no veían más allá de su realidad comarcana.

Como expresó Juan María Gutiérrez, “la vida pública del General San Martín no puede encerrarse en los términos reducidos de una biografía.

Ligada a los grandes acontecimientos de la Independencia, en que los pueblos son actores a la par de los ejércitos y en la cual no ha tomado menos parte la política que la ciencia militar, palpita y se confunde con la historia moderna de casi todo el continente Americano”.

Tampoco puede abrazarse en un artículo de estas características.

Traeremos a la luz un documento de su autoría que no está debidamente mencionado por la historiografía actual, ni tampoco por juristas o políticos, y que enfoca un tema de tanta actualidad como es el de la deuda externa y el poder constituyente del pueblo soberano.

Nos referimos al Estatuto que San Martín puso en vigencia en su lucha por la independencia americana, en el “Palacio Protectoral de Lima a 8 de octubre de 1821”.

La vida independiente de los países latinoamericanos coincide casi con la aparición del constitucionalismo escrito.

Era lógico que los nuevos Estados quisieran afirmar su personalidad soberana con un instrumento jurídico de rango constitucional, que articulaba su voluntad de organizar su vida política.

El Estatuto se encuentra en los textos oficiales de la historia constitucional la nación hermana, pero se ha de saber qué el Ministerio de Educación de la Nación y la Universidad Nacional de La Plata, en 1950, como homenaje en el Centenario de la muerte del Libertador publicó la “Gaceta del Gobierno de Lima Independiente”, Tomos I a III, julio 1821 – Diciembre 1822 , período durante el cual San Martín condujo el proceso que llevó a la independencia de ese país .

En el Núm. 27, del miércoles 10 de octubre de 1821, figura el juramento del Estatuto Provisorio, y en el Suplemento a la Gaceta del Gobierno Núm. 29, se encuentra la publicado el mismo en la página 135, con el título de “Estatuto Provisional dado por el Protector de la Libertad del Perú, para el mejor régimen de los departamentos libres, ínterin se establece la constitución permanente del Estado”.

En las páginas 119/122, se encuentra la “Gaceta del Gobierno” del 10 de octubre de 1821, donde se puede observar el Juramento del Estatuto Provisorio, y los festejos que ello motivo.

Hay muchos aspectos que definen el pensamiento jurídico de San Martín, según se revela a través de bandos, edictos, reglamentos, instrucciones y leyes promulgadas en su carácter de Jefe del Ejército, de Gobernador Intendente de Cuyo y como “Protector de la libertad del Perú”.

Se puede recorrer su actuación legislativa en el Perú y encontrar aspectos novedosos, que demuestran que la personalidad del Libertador es inagotable como expresión de grandeza y elevación de espíritu humano.

3. Criterio ético sobre deudas que se debían honrar.

San Martín entró triunfante en “la Ciudad de los virreyes” el 10 de julio de 1821 y desde ese momento Lima conoció la aptitud de ser libre.

Como medida de primordial importancia San Martín buscaba implantar el sentimiento de independencia.

Por consiguiente, el 28 de julio se celebraron las ceremonias para proclamar y jurar la independencia del Perú, y después de aceptar el ofrecimiento de una delegación del Cabildo de Lima, el 3 de agosto de 1821 asumió el cargo de “Protector de la libertad del Perú”.

Su acción fue intensa para romper los lazos coloniales y construir un nuevo orden social. Bien se expresó que “el Protectorado de San Martín hace época en los anales del Perú.

Declaró la independencia, fundó su primer gobierno nacional y bosquejó su constitución política” .

Organizó la hacienda pública y reformó el sistema de comercio.

Abolió el servicio personal de los indígenas, las encomiendas y las mitas “como un atentado contra la naturaleza y la libertad”.

En una de sus primeras Proclamas declaró la libertad de vientres y emancipó a los esclavos que tomasen las armas por la independencia.

Fundó una biblioteca nacional.

El Estatuto Provisional que sancionó el 8 de octubre de 1821 detallaba derechos y diseñaba la estructura de poder.

Era “una verdadera constitución reglamentaria de las atribuciones del Protectorado”. Se daba su propia regla -dice Mitre-, ofreciendo, “lo que juzgaba conveniente cumplir, nivelando los deberes del gobierno con la ley de las circunstancias, para no exponerse a faltar a ellos”.

Consagraba en términos absolutos las garantías individuales; en esa época ya afirmaba “el derecho que compete a los que disienten de la creencia católica”, y fundaba la administración de justicia independiente “como una de las garantías del orden social”.

El Protector juró públicamente el Estatuto, y empeñó su honor de observarlo y cumplirlo bajo la lealtad de su palabra y la fe de su juramento .

Transcribiremos textualmente dos artículos del Estatuto que evidencian la grandeza y actualidad del pensamiento del Padre de la Patria. En el mismo estableció:

“El presente Estatuto regirá hasta que se declare la independencia en todo el territorio del Perú, en cuyo caso se convocará inmediatamente un Congreso General que establezca la Constitución permanente y forma de gobierno que regirá en el Estado”.

Es que todavía se estaba combatiendo en las montañas por la libertad de estas tierras de la Patria Grande.

En esta norma se refuerza la decisión emancipadora y se reconoce que sólo el pueblo ejercerá el poder constituyente y legitimará a la Constitución.

Las razones del general San Martín para ello se encuentran en las palabras que trasmite por entonces a Basilio Hall: “en los últimos años he estado ocupado constantemente contra los españoles o mejor dicho, a favor de este país, porque yo no estoy contra nadie que no sea hostil a la causa de la independencia.

Todo mi deseo es que este país se maneje por sí mismo y solamente por sí mismo”.

Para San Martín la cuestión de la forma de gobierno que definitivamente regirá el Estado sólo es obra del pueblo a través del ejercicio efectivo del poder constituyente y así se lo manifiesta a Hall: “En cuanto a la manera de gobernarse, no me concierne en absoluto.

Me propongo únicamente dar al pueblo los medios de declararse independiente y de establecer una forma de gobierno adecuada y verificado esto, consideraré haber hecho bastante y me alejaré” .

La otra norma a la cual debemos recurrir en su texto expreso, se trata de aquella que refiere Mitre y es la primera que figura en los Artículos Adicionales del Estatuto:

“Animado el Gobierno de un sentimiento de justicia y equidad, reconoce todas las deudas del gobierno español que no hayan sido contraídas para mantener la esclavitud del Perú, y hostilizar a los demás pueblos independientes de América”.

Su lectura nos hace ver la novedad de estos conceptos y pone en evidencia un elevado criterio ético sobre las deudas que se debían honrar.

Esta disposición se inserta en la esencia revolucionaria del designio y acción del general San Martín que como expresó en su Proclama a los peruanos desde Pisco el 8 de septiembre de 1820, tiene “a la libertad por objeto y la opresión por causa”.

Es la definición del sentido moral de su lucha en el proceso de la revolución democrática que impulsaba “contra los prejuicios, el fanatismo y la tiranía”.

En el pensamiento del general San Martín institucionalizado en el Estatuto, toda deuda contraída para someter al Perú o en contra de la libertad de los pueblos de nuestro continente debía ser rechazada cualquiera fuere su pretendido acreedor.

4. Dos facetas de un mismo problema.

Sin duda, independencia, constitución y un definido criterio ético sobre las deudas que se debían “honrar”, fueron vigorosas bases en el pensamiento y en la acción del General San Martín.

Fue una constante en los objetivos institucionales que sostenía, y se encuentra reflejado en los documentos que hemos visto. Fue su férrea decisión la que llevó a la sanción del Estatuto Provisorio de 1821, cuando aún no había concluido la guerra de la independencia.

En su texto el Perú no reconocía las deudas del gobierno español que “hayan sido contraídas para mantener la esclavitud del Perú, y hostilizar a los demás pueblos independientes de América”.

La voluntad sanmartiniana de rechazar esas deudas contraidas en perjuicio del pueblo peruano y de los otros pueblos del continente se mantuvo instituida mientras el “Protector de la libertad del Perú” estuvo en el ejercicio del cargo.

Veamos brevemente el desarrollo de los acontecimientos posteriores y sus consecuencias.

El 26 y 27 de julio de 1822 San Martín se reúne con Simón Bolívar en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil.

El Libertador argentino carecía del respaldo de Buenos Aires, “circunstancia que determinaba el progresivo debilitamiento de las tropas bajo su mando, mientras que Bolívar era apoyado por el potencial de la Gran Colombia y se hallaba en la cúspide de su poderío” .

Luego de la entrevista regresa a Lima, el 20 de septiembre se instala el Congreso constituyente y se produce la renuncia de San Martín.

Dos días después el Libertador parte rumbo a Valparaíso.

Se alejó del Perú llevando consigo los títulos de “Protector” y “Fundador de la libertad del Perú”, que le reconoció la República por él libertada, y el Estandarte de Pizarro como símbolo de su victoria .

A los pocos meses, el 28 de febrero de 1823 Riva Agüero es nombrado primer presidente del Perú y el 20 de junio pide ayuda a Bolívar, quien envía al general Antonio José de Sucre.

El 1º de septiembre el Libertador Simón Bolívar llega al Callao y el Congreso le otorga el Mando Supremo del ejército independiente.

El 12 de noviembre, es sancionada por el primer Congreso Constituyente la “Constitución Política de la República Peruana”.

Pero en ella ya no figura la norma rigurosamente preceptiva que San Martín había instituido sobre la deuda pública que se debía “honrar”.

La nueva Constitución sólo deja librado a criterio del Congreso “cuanto estime necesario a la dirección de este importantísimo negocio” .

Diversas circunstancias y documentos emanados en ese mismo tiempo del puño del Libertador Bolívar permiten concluir que no habría estado en conocimiento de ese cambio con relación al Estatuto Provisorio de 1821.

Así, cabe recordar fue recién en marzo de 1824 cuando Bolívar traslada su cuartel general a Huanuco y asume el mando supremo del Ejército Libertador.

Pero mucho antes, cuando fue a Babahoyo, el 14 de junio de 1823, en los momentos en que preparaba la campaña que estaba por comenzar en el Perú, no dejaba de angustiarse por otros problemas que agobiaban a los patriotas, y en la carta que le escribió al general Santander arremetió contra prestamistas y negociadores, y decía allí que “la deuda pública es un caos de horrores, de calamidades y de crímenes (…) Colombia una víctima cuyas entrañas despedazan esos buitres; ellos devoran con anticipación los sudores del pueblo de Colombia; ellos han destruido nuestro crédito moral, en tanto que no hemos recibido sino los más escasos auxilios.

Cualquiera que sea el partido que se tome con esta deuda, es horrible: si la reconocemos dejamos de existir, si no (…) el oprobio”.

Y un año más tarde dirigiéndose al mismo Santander, Bolívar fue aún más categórico, cuando señaló que “es asombroso lo que Usted me dice de los pagamentos que se han hecho en Colombia, y de los que todavía debemos”, para concluir con esta precisa definición: “aborrezco más las deudas que a los españoles” .

Eran deudas que durante la guerra de la independencia tuvieron que contraer los patriotas para financiar sus ejércitos, y para ello necesitaron recurrir a círculos europeos inescrupulosos que les proporcionaron créditos usurarios y equipos bélicos a precios exorbitantes.

San Martín rechazó las obligaciones contraídas por España con la finalidad de “mantener la esclavitud del Perú y hostilizar a los demás pueblos independientes de América”, y en las expresiones de Bolívar encontramos su opinión ante las leoninas cláusulas que contenían los préstamos a los que tuvo que recurrir para sostener la guerra contra España; y fueron dirigidas a prestamistas y negociadores, que ya le comenzaban a infligir a las nacientes repúblicas la pesada coyunda del endeudamiento externo.

Eran dos facetas de un mismo problema.

Después se contrataron nuevas deudas para pagar vencimientos anteriores y así se gestaba la primera crisis de la “deuda externa” latinoamericana.

En 1824 el “canto de sirenas” de las libras esterlinas de la Banca Baring al servicio de la Corona Británica, atrapa a las flamantes repúblicas americanas con sus intereses, comisiones y escandalosos negociados.

Si esos empréstitos surgieron de una coyuntura impuesta por la necesidad de fondos de las repúblicas hispanoamericanas para sostener las guerras de la independencia, también muestran cómo ese instrumento sirvió para extraer metálico de nuestros países y empapelarlos de billetes.

Las “Provincias Unidas del Río de la Plata”, por ese año 1824, tuvieron su empréstito con la Casa Baring Brothers.

Desde entonces la operación se repitió incontables veces y puede asegurarse que es el signo distintivo de nuestra historia económica.

Luego vendrían las batallas de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (8 de diciembre de 1824), que obligaron al Virrey La Serna y a los jefes realistas a capitular, y así se cierra el período de las guerras que hacen realidad la independencia política de las naciones hispanoamericanas.

Sin embargo, aún resta cerrar ese ciclo efectivizando un pleno desarrollo económico y social de los países latinoamericanos.

5. La Constitución de EE.UU era conocida por San Martín.

El primer artículo adicional del Estatuto Provisorio que San Martín promulgó en 1821, adopta un criterio distinto al texto que había sancionado la Constitución de los Estados Unidos en 1787, y además instituye un principio que este país recién incorporará en 1868 con la Enmienda XIV, Sección 4ª, después de finalizada la Guerra de Secesión.

No se puede argumentar que San Martín no tuviera conocimiento de la primera Constitución escrita que se sanciona en el mundo, cuando las 13 colonias inglesas de América del Norte logran su independencia e incorpora un novedoso sistema institucional con el cual nace un Estado federal, y que fue motivo de gran atracción en las colonias españolas de Latinoamérica.

Uno de los acontecimientos y causas eficientes que contribuyó grandemente a formar la conciencia de los hombres de Mayo fue la emancipación de la América del Norte, que dio el golpe de muerte al sistema colonial.

“La revolución de los establecimientos ingleses en Norte América y la estrepitosa alarma que dio la Francia al universo, despertaron en las colonias españolas el espíritu de resistencia.

El entusiasmo con que ambas naciones llamaron al género humano, para que entrase en la época de los grandes sucesos, hizo pensar sobre su suerte a los americanos del Sur”.

Así fue que publicaciones de dicha época permiten afirmar que la Constitución de los Estados Unidos era conocida por los próceres de Mayo.

Buenos Aires conoció la Constitución de Estados Unidos, adaptada por Mariano Moreno a su ideario de igualdad, pero con apariencia de tratarse de una traducción, y fue impresa con el título de Constitución federativa asentada por la <Convención del 17 de septiembre de 1787>.

Después de esta edición de la Constitución de los Estados Unidos se hicieron otras, y los pueblos de habla española no necesitaron conocer el inglés o el francés para estudiar al constitucionalismo americano.

En 1811 se publicó en Cádiz una traducción que sirvió de antecedente al proyecto de Constitución que después se convirtió en la Constitución de España de 1812.

En Santa Fe de Bogotá en 1811 apareció otra traducción hecha por “el ciudadano Miguel del Pombo”.

El mismo año también aparece la que hizo el caraqueño Manuel García de Sena y que se encuentra en su obra “La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha”, Extracto de sus obras.

(Traducción del inglés al español por D. Manuel García de Sena, Philadelphia, en la imprenta de T. y J. Palme, 1811.)

Está probado también que a fines de 1811, Artigas recibe -entre los primeros en el Río de la Plata- la versión castellana de la Constitución de los Estados Unidos, con diversos textos de las constituciones de los Estados que integraban la Unión .

“El caudillo era un hombre de letras gordas; tenía solo la elemental instrucción común en la gente de su medio y de su época.

Pero a medida que sus responsabilidades se lo iban imponiendo, elaboraba y aclaraba su pensamiento político con lecturas, principalmente las relativas a la organización constitucional norteamericana”.

El jefe de los orientales pertenece también a los argentinos como un protagonista mayor de la gesta emancipadora que lo aparea con San Martín o Bolívar.

6. La Enmienda XIV de la Constitución de EE.UU.

Ciertamente, no cabe afirmar que en 1821 al momento de dictar el Estatuto, San Martín no hubiera tenido conocimiento de la Constitución de los Estados Unidos de América que había sido sancionada en 1787.

Por el contrario, sabía que el artículo VI, de la misma en su primera parte había dispuesto:

“Todas las deudas y compromisos contraídos con anterioridad a la adopción de esta Constitución serán igualmente válidos, por los Estados Unidos sujetos a esta Constitución, como lo eran al amparo de la Confederación”.

Sin duda conocía que los Estados Unidos habían declarado su independencia el 4 de julio de 1776 y que los “Artículos de la Confederación y de Perpetua Unión”, fueron sancionados por el Congreso Continental y sometidos a los Estados en 1777 y ratificados más tarde por sus representantes.

Según dicho documento, los Estados Unidos reunidos en Congreso tenían facultad para contraer empréstitos o emitir bonos sobre el crédito de los Estados Unidos, para construir y equipar una marina, para fijar el número de fuerzas del ejército de tierra y para requerir de cada uno de los Estados el contingente que para su formación les correspondiere.

Establecía así que “todas las cargas de la guerra, como todos los demás gastos en que se incurriera para la defensa común o para el bienestar general y que hubiesen sido votados por los Estados Unidos en Congreso reunidos, serán costeados por un tesoro común…” .

Estas eran las deudas públicas que se declaraban válidas por el artículo VI, 1ª parte de la Constitución federal.

Eran las que en ese marco había contraído la Confederación.

Por ello, podemos apreciar ahora la grandeza y agudo pensamiento del General San Martín al decidir con su criterio de patriota americano las deudas que no se debían honrar.

Acontecimientos en América del Norte varias décadas después en otras circunstancias sociales y políticas, llevaron a que se adopte en Estados Unidos una norma con similar alcance a la del Libertador.

Nos estamos refiriendo a la Enmienda XIV, Sección 4ª.

Desde los primeros años de existencia de los Estados Unidos, las voces que se alzaban en contra de la esclavitud o en su defensa mantenían un exacerbado, áspero dialogo.

Era un gran problema que detrás ocultaba otros mayores.

El Norte proteccionista, industrializado e influido por la inmigración, no marchaba de acuerdo con el Sur patriarcal, tradicionalista, defensor de la libre empresa y con su economía apuntada sobre la agricultura, un rubro que necesitaba de la muy barata mano de obra proporcionada por los esclavos.

Las diferencias se ahondaron paulatinamente y las elecciones de 1860, que dieron el triunfo al republicano Abraham Lincoln, precipitaron los acontecimientos.

Entre el 12 de abril de 1861 y el 3 de marzo de 1865, se libró la Guerra de Secesión, que puso sangriento fin a una larga pugna entre dos ideologías absolutamente opuestas, dos formas enfrentadas de mirar el futuro de la Nación.

Terminada la guerra civil la Enmienda XIV fue propuesta el 13 de junio de 1866, ratificada el 9 de julio de 1868, y en su Sección IV dispone:

“La validez de la deuda pública de los Estados Unidos autorizada por ley, incluyendo las deudas incurridas para pagos de pensiones y premios por servicios hechos para suprimir la insurrección o rebelión, no será cuestionada.

Pero ni los Estados Unidos, ni Estado alguno, asumirán ni pagarán deuda u obligación alguna, que se haya incurrido para auxiliar la insurrección o rebelión contra los Estados Unidos, ni reclamo alguno por emancipación o pérdida de esclavos; declarándose que todas esas deudas, obligaciones y reclamos, se considerarán ilegales, nulas y sin valor”.

Esta Sección garantizaba el pago de las deudas adquiridas durante la guerra civil de la Unión, pero desconocía todos los adeudos contraídos a esos efectos por los Estados del Sur, y que por ello los Estados Unidos entendieron era una deuda execrable.

“La idea dominante era que la esclavitud era en sí la causa de la guerra civil, con todas sus pérdidas y calamidades, y que su destrucción era la destrucción de un enemigo público, no pudiendo surgir de ella ninguna reclamación justa” .

Así, a nivel constitucional en los EE.UU se institucionalizó un criterio ético sobre las “deudas” que deben “honrar”.

Ninguna deuda que haya servido “para auxiliar la insurrección o rebelión”, ni crédito invocado “por emancipación o pérdida de esclavos”, puede ser asumido ni por tanto cancelado.

Criterio aceptado por la Corte Suprema de los EE.UU, en casos donde confirmó el repudio de la deuda de los Estados del Sur.

San Martín había innovado y su concepción ética institucionalizado al más alto rango normativo se encuentra de tal modo ratificada en la Constitución de los Estados Unidos.

La Enmienda XIV, Sección 4ª es un claro precedente de “deuda odiosa”, en relación a la que nunca corresponderá asumir compromiso alguno de pago.

Lozada recuerda que Carlos Calvo cita con justificado beneplácito una decisión del gobierno de Washington de 1868, según la cual se formó una comisión para examinar las reclamaciones pecuniarias formuladas por ciudadanos norteamericanos y extranjeros en razón de pérdidas o actos de desapropiación durante la guerra civil, motivados en hechos obrados por las autoridades federales.

Esta comisión era soberana, sus decisiones no eran susceptibles de apelación, pero además los demandantes estaban sujetos a una regla rígida: no se admitía ninguna intervención diplomática a favor de los reclamantes extranjeros, pues el sólo hecho de esa intervención diplomática obligaba ipso facto a rechazar sin más análisis el reclamo en cuestión.

“Es fácil imaginar el escándalo internacional que se hubiera desatado si en un examen pormenorizado de cada una de las obligaciones externas un país latinoamericano hubiera obrado del mismo modo” .

7. Cuando surge el concepto de la odius debt?

Pero todavía queda una última reflexión sobre el primer artículo adicional del Estatuto Provisorio de 1821, y se relaciona con lo que muchos años después comenzó a denominarse “deuda odiosa”.

En 1898 se desarrollaron acontecimientos históricos que llevaron a conformar la doctrina de la odious debt, los que transcurren concluida la guerra de los Estados Unidos con España, y llevarían a la independencia de Cuba.

Los EE.UU como potencia ocupante de la isla se opusieron a reconocer la deuda contraída por el gobierno colonial español, con el fundamento razonable de ser la deuda inválida dado que había sido impuesta al pueblo cubano sin su consentimiento y que además, dichos fondos no fueron usados para beneficio del mismo.

Nacieron por fuerza de una relación de poder y no fueron de utilidad para el pueblo cubano.

Este principio luego fue reconocido en el plano internacional.

Noam Chomsky, el célebre lingüista y politólogo, basándose en estos sucesos y principios, en una entrevista transcrita por “The Nation” el 24 de abril del 2000, así ha calificado a la deuda externa de los países del Tercer Mundo y sostuvo que ella es en esencia una “construcción ideológica” .

Pero, luego de haber examinado el Estatuto Provisorio sancionado por el General San Martín en 1821, en su carácter de “Protector de la libertad del Perú”, podemos afirmar que fue dicho documento cuando en primer término y al más alto rango normativo se instituye el concepto de “deuda odiosa”.

Esa era la deuda pública que San Martín expresamente rechazó.

No había sido contraída con el consentimiento del pueblo peruano ni tampoco en su beneficio; por el contrario, había sido utilizada para someterlo y sostener el régimen colonial, como también para hostilizar a los demás pueblos independientes de América.

Ello nos da la dimensión del Padre de la Patria y Libertador de Pueblos.

Este precedente tiene el valor de expresar el pensamiento de quien tuvo el coraje y la firmeza necesarios para impulsar y sostener la independencia nacional en los albores de las nacientes repúblicas.

Debemos tenerlo presente en nuestros días y a partir de esos conceptos, también examinar seriamente la forma en que fueron tomados empréstitos, luego que el sistema bancario internacional concluyera el reciclaje de los petrodólares, y comenzara a deslizarlos hacia el Sur en carácter de préstamos con exorbitantes tasas de interés que incorporaban otras cláusulas lesivas al interés de las naciones “receptoras”.

Tampoco se puede dejar de considerar el resultado de otros préstamos que sucesivamente fueron tomando, pues con sólo observar el estado de desarrollo de estos países y el nivel de vida de nuestros pueblos se aprecia claramente que no fueron contraídos en su beneficio.

Se tiene que examinar posteriores períodos de endeudamiento y fabulosos “pases contables” que se utilizaron como engañoso recurso para poner en el debe de nuestras naciones nuevos préstamos en la década del noventa del siglo XX, que sólo sirvieron para sostener un sistema económico que hundía a los países que figuraron como “beneficiarios”.

Nuestro país sufrió una aguda situación de contornos similares.

Por tanto, tampoco puede dejarse de analizar cómo los gobiernos de los países deudores fueron compelidos a renegociar el endeudamiento externo que padecían -también la Argentina- en forma tal que provocara el implícito reconocimiento forzado de deudas ilegítimas, con los inaceptables niveles de anatocismo que habían alcanzado en el momento de los nuevos convenios, y con la finalidad de brindar a bancos y organismos internacionales la coartada para disimular su responsabilidad.

Fue el mecanismo utilizado para implementar la ejecución sistemática de un plan económico-financiero que llevó a la destrucción del aparato productivo de los países, y a un endeudamiento inconsulto e ilegítimo.

Estos invocados préstamos fueron de tal modo, instrumentos por los cuales se succiona la riqueza de las naciones a quienes se decía beneficiar.

Han sido la vía que mantuvo las venas abiertas de América Latina y que es imprescindible cerrar.

Pero, esto debe dejar algunas enseñanzas valiosas, y en unos países más que en otros.

Si América Latina se convirtió en el continente más injusto, Argentina llegó a ser el país con mayor endeudamiento e incremento de la desigualdad.

Con esos antecedentes pero también sin olvidar la actitud paradigmática del General San Martín y los principios que instituyó en el Estatuto de 1821, estamos en condiciones de sostener que gran parte de la denominada “deuda externa” de la República Argentina ha podido ser conceptuada como odious debt.

JCH/