“El hombre singular sólo existe y cobra sentido dentro de la comunidad en la que ha nacido y a cuyo destino está ligado” (Carlos Astrada, 1949).

CARLOS ASTRADA: FILOSOFÍA, PERONISMO Y POLÍTICA

Por Gonzalo Pedano*

Como parte de su labor filosófica, Astrada se aboca de lleno al problema nacional y describe el primer acto de un drama histórico y social propio del hombre argentino, en el que se pone en juego su destino espiritual:  “Nuestra esfinge, la esfinge del hombre argentino, es la pampa, la extensión ilimitada, con sus horizontes evanescentes, en fuga; la pampa que en diversas formas inarticuladas […] nos está diciendo: ¡O descifras mi secreto o te devoro!”

Por el Dr. Gonzalo Pedano*

NAC&POP

22/10/2019

“El hombre singular sólo existe y cobra sentido dentro de la comunidad en la que ha nacido y a cuyo destino está ligado” (Carlos Astrada, 1949).

El presente artículo aborda la relación entre peronismo y filosofía a partir del análisis del pensamiento del filósofo argentino Carlos Astrada.

En especial, rescata -desde una perspectiva política- dos obras del autor: Martín Fierro y el mito de los argentinos (1948) y El mito gaucho (1948), analizando el impulso de los estudios filosóficos en nuestro país, durante los dos primeros gobiernos peronistas (1945 – 1955).

En estas obras, Astrada transitó el camino de pensar a la pampa y su extensión, denunciar el olvido de nuestro ser nacional y nuestra condición de hinterland colonizado, así como el desafío plenamente asumido de desarrollar una filosofía “nacional” de los hijos de fierro expresada –en ese entonces- en el peronismo naciente del cual, marxismo mediante, posteriormente se distanció.

Filosofía con tonada cordobesa

Hernández Arregui incluye en el prólogo a la segunda edición de “La formación de la conciencia nacional” (1970), una curiosa corrección:

“Sólo se han corregido palabras suprimiendo algunas pocas frases innecesarias, precisando ciertos conceptos o verificando la posición de autores, como el caso de Carlos Astrada, a quien en la primera edición se lo presentaba como enrolado en el nacionalismo católico, equivocación que el mismo Astrada me hizo notar en su momento.

En la reedición se salva este equívoco, pues Carlos Astrada, figura importante de la Reforma Universitaria de 1918, no ha pertenecido ni pertenece a las filas católicas” (HERNÁNDEZ ARREGUI, 2004, 14).

De la corrección de este equívoco tan cierta como honesta, quedó pendiente sin embargo las “filas” donde sí puede ser ubicado Astrada.

Esto es, el lugar donde efectivamente las reflexiones de Astrada pudieran ser finalmente localizadas, al menos de manera tentativa y exploratoria.

El propio Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora habla básicamente de dos momentos en el desarrollo del pensamiento del filósofo cordobés y de su oposición al positivismo liberal:

“El motor del pensamiento de Astrada, después de la fase existenciaria heideggeriana, ha sido la concepción dialéctica marxista; en el marco de la misma ha tratado de reconstruir la autenticidad de la libertad existencial, como libertad social y no sólo individual” (FERRATER MORA, 1999, 257).

Esta nueva definición colabora a complejizar las posibles corrientes filosóficas donde ubicar, al menos provisoriamente, a nuestro autor: no fue nacionalista católico, no fue positivista, adoptó el existencialismo en una primera etapa para después virar hacia el marxismo.

Sin embargo, nada dice sobre lo que DAVID (2004) llama su “nacionalismo culturalista”, su estrecha vinculación con el peronismo y el fuerte proceso de desarrollo y crecimiento de los estudios filosóficos que impulsó.

Agregamos sólo algunos datos biográficos para determinar su procedencia y, en especial, su abierta participación durante la Reforma Universitaria en Córdoba.

Astrada nació el 26 de febrero de 1894 en dicha provincia y cursó sus estudios secundarios en el histórico colegio Montserrat de la ciudad capital, dirigido por los jesuitas, del que egresó finalmente en el año 1912.

Seis años después integró activamente el núcleo ideológico impulsor de la Reforma Universitaria de 1918, junto a otros referente como Deodoro Roca, Saúl Taborda y Antonio Navarro, siendo estudiante de la carrera de Derecho.

En noviembre de 1920 se trasladó a la ciudad de La Plata donde fue nombrado Profesor de Psicología en el Colegio Nacional en ese entonces dirigido por el propio Saúl Taborda.

En 1927 viajó a Alemania con una beca de estudios gracias a la cual asistió a las clases de Max Scheler, Edmund Husserl y el propio Martin Heiddegger, profundizando su formación en la filosofía de los valores, la fenomenología, el existencialismo y, en general, en toda la filosofía alemana.

Retornó a Argentina en el año 1931 y a su Córdoba natal. Concursó una cátedra en la Universidad Nacional de Córdoba y habiendo obtenido el mismo puntaje que Nimio de Anquin, Astrada fue recusado por el jurado.

La polémica generada en torno a este episodio, impulsó a Astrada a cambiar de provincia, trasladándose a Rosario en 1932 donde obtuvo por concurso el cargo de Director de Cursos y Conferencias del Instituto Social de la Universidad del Litoral.

En 1935 es nombrado profesor adjunto de la Cátedra de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

En 1937 se estableció con su familia en Buenos Aires e inició su actividad como docente de la cátedra de Ética de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.

Según sostiene David:

“Aquel mismo año de 1939, precisamente, sucederá un hecho en apariencia nimio, al que sólo más tarde dará importancia: en una recepción conoce accidentalmente a un joven coronel llamado Juan Domingo Perón, con quien lo ligarán sutiles lazos en un futuro no muy lejano” (DAVID, 2004, 125).

Ya no volverá más a su Córdoba natal, por lo menos hasta 1955 -cuando dictó su conferencia Leopoldo Lugones y su valoración de lo argentino-, explicada esta larga ausencia –al menos en parte- por la preminencia de la escolástica neotomista en esa casa de estudios, esa corriente filosófica contra la que entabló ardorosas polémicas.

La metafísica de la pampa: desazón y angustia

Como parte de su labor filosófica, Astrada se aboca de lleno al problema nacional y describe el primer acto de un drama histórico y social propio del hombre argentino, en el que se pone en juego su destino espiritual:

“Nuestra esfinge, la esfinge del hombre argentino, es la pampa, la extensión ilimitada, con sus horizontes evanescentes, en fuga; la pampa que en diversas formas inarticuladas […] nos está diciendo: ¡O descifras mi secreto o te devoro!” (ASTRADA, 1944, 15)

Para descifrar ese secreto no hay que mirar hacia “afuera” ni rastrear un desarrollo evolutivo o progresivo, sino por el contrario volver la mirada sobre nosotros mismos para precisar la forma de existencia del hombre pampeano e inferir su horizonte y proyección posible.

Más aún, la tarea implica un esfuerzo ontológico por rescatar las raíces telúricas y espirituales, así como poner al descubierto la estructura esencial del hombre argentino.

Se vive como un “drama” porque este problema del ser argentino es una “desazón que nos punza y angustia”, “es una incisión abierta en nuestro destino en ciernes”, “es una encrucijada de las posibilidades”, una “oportunidad existencial” de la que dependen todas nuestras realizaciones y expresiones culturales, sociales y políticas.

En definitiva, se vive como un drama también porque parece que “carecemos, pues, de weltanschauung”, una visión de mundo que nos sea propia.

Pero plantear el problema, es también empezar a ver la posible solución:

“Es, en un dramático esfuerzo por recogernos de la dispersión, afanarse en la pampa inmensa, por una ciudadela espiritual en que fortificar una esperanza […]; es, sobreponiéndonos a nuestro dolor de náufragos, decidirse a bracear en este mar monótono y melancólico para alcanzar la tierra firme de una certidumbre salvadora, el bathos profundo en que hundir y estabilizar raíces” (ASTRADA, 1944, 17).

El hombre pampeano debe afirmarse y concentrarse en “un nódulo trascendente y creador” puesto que todavía ignora la potencia de su ser así como los caminos que pueden conducirlo a su propia plenitud.

Años después de este texto escrito en 1944, Astrada desarrolló la respuesta estrictamente filosófica al problema: son los “hijos de fierro”, los “centauros enfervorizados”, cuya formulación máxima quedó explicitada en el libro El Mito gaucho (1948) y su expresión política será el peronismo.

El Mito Gaucho

Para el análisis de esta respuesta rescatamos el texto Martín Fierro y el mito de los argentinos, publicado en el año 1948, en el libro Tribuna de la Revolución, una publicación abiertamente identificada con el nuevo sujeto político naciente.

Este texto fue parte del libro El mito gaucho (1948) y su contexto de publicación denotó la directa participación de Astrada en el proceso de transformación de la Universidad abierto por la llegada del peronismo, desde una mirada centralmente existencialista.

“Después de las campañas exitosas que crean la Patria y acotan su ámbito, el gaucho de la gesta de la Independencia, el centauro enfervorizado de las huestes de Güemes retorna a la pampa, encarnándose en Martín Fierro; retorna para describir en la paz y prosperidad del terruño, su parábola humana, para vivir la vida auténticamente argentina a que su heroísmo y sacrificio le han dado derecho […].

Pero una sombra de olvido se cierne sobre la pampa, y el protagonista anónimo de nuestra epopeya es tan sólo un paria, al margen de las preocupaciones tutelares de un Estado cuya filosofía político-social se formó con retazos y remanentes doctrinarios adquiridos en el extranjero” (ASTRADA, 1948, 23).

Astrada retoma el análisis del Martín Fierro para expresar el desafío político presente y el imperativo de retomar la tarea olvidada:

“Efectivamente, desde el fondo plástico del mito de los argentinos, tal como se nos ofrece en la vivencia pampeana de Martín Fierro, surgen los lineamientos rudimentarios de esta lucha, el imperativo del retomar la tarea olvidada de levantar sobre la pampa, bajo la Cruz del Sur, una auténtica comunidad, justa y libre, y asentada en lo vernáculo” (ASTRADA, 1948, 33).

Es necesario retomar el contacto con ese gran mito porque es un germen viviente y vivificador que nos permitirá volver a ser fieles a nuestro destino de comunidad histórica:

“Tenemos que retornar al mito originario, afincarnos en la esencia de nuestra estirpe, esta esencia argentina que nos está llamando desde el fondo de la historia patria para que le demos voz y vigencia espiritual y política en el mundo” (ASTRADA, 1948, 35).

“Tenemos, entre otras cosas, que descubrir las posibilidades estéticas –verdaderas promesas- del paisaje argentino, la ruta ingente de los mares del Sur, familiarizarnos con nuestros grandes ríos, tentando en todas sus formas la vital y arriesgada empresa marina y fluvial.

En una palabra, redescubrir, con acendrada pasión de argentinidad, la propia tierra.

Es todo un repertorio emocional y de acción para una obra de juventudes” (ASTRADA, 1948, 46).

Este desafío no se podrá realizar si damos la espalda a la tierra nativa y, más aún, si no dejamos de ser una factoría colonizada:

“Tal es el drama del hombre pampeano que, espoleado por la infidelidad a su extracción histórica y estilo humano, se hace inquilino de productos culturales sistematizados por otra forma de existencia, y en la que él es sólo huésped, o mejor, en la que se ha refugiado en fuga de sí mismo” (ASTRADA, 1948, 40).

La denuncia de este “abandono”, “olvido” y hasta “traición” de la propia cultura por moldes foráneos implica una negación de nuestra propia forma de ser, la renuncia a todo posible crecimiento auténtico y genuino, así como la formación de una existencia colonizada por las metrópolis:

“El hombre argentino al asimilar externamente los productos de la cultura europea, hace de éstos meros habitáculos que le dispensan de formarse conceptos del mundo y de la vida que sean fiel expresión de su peculiar modo de ser.

Debido a esta situación en extremo anómala, nuestra comunidad ha recorrido las capas ficticias de un progreso técnico y económico, que no era expresión de un interno crecimiento, de una expansión de la vitalidad argentina, sino aportes foráneos que caracterizan a la factoría, al hinterland colonizado de acuerdo a las exigencias y para satisfacer las necesidades de las metrópolis europeas.

Correlativamente surgieron formas institucionales y políticas informadas por principios y doctrinas extrañas a nuestra idiosincrasia y a nuestra realidad histórica” (ASTRADA, 1948, 41).

Es importante destacar que Astrada entiende que nuestra condición de factoría colonizada se expresa en formas políticas e institucionales: como la Constitución liberal de 1853.

“En realidad, no supimos mantener y desarrollar la hegemonía plasmadora del numen de nuestro mito, de nuestra mentalidad vernácula, frente a las pretensiones de la mentalidad internacional del capitalismo mercantil, invasor y conquistador” (ASTRADA, 1948, 42).

Retornar al mito implicó, necesariamente, revolucionar las formas institucionales impuestas en función de intereses extraños y plasmar una nueva arquitectura legal que sea auténtica expresión de nuestra esencia.

Constatamos, así, que los elementos filosóficos para el debate por una nueva Constitución, se encuentran claramente formulados.

Astrada y el primer peronismo

La exploración de la relación entre el pensamiento de Astrada y el peronismo ha sido objeto de estudio y tiene antecedentes relevantes a destacar como el análisis de Donanttuioni Moratto (2009), el de David (2004) y el de Williams (2019).

Aunque se encuentra ausente en la obra de uno de los principales biógrafos y discípulos de Astrada: el filósofo Alfredo Llanos (1962).

Astrada cumplió un papel central en la construcción simbólica del sujeto político colectivo que caracterizó al primer peronismo, desde el plano exclusivamente filosófico, pese al sistemático ocultamiento de su obra del que fue víctima (DAVID, 2004).

En efecto, a propósito de la irrupción del peronismo, sostuvo Astrada en el Mito Gaucho:

“En un día de octubre de la época contemporánea –bajo una plúmbea dictadura castrense-, día luminoso y templado, en que el ánimo de los argentinos se sentía eufórico y con fe renaciente en los destinos nacionales, aparecieron en escena, dando animación inusitada a la plaza pública, los hijos de Martín Fierro.

Venían desde el fondo de la pampa, decididos a reclamar y a tomar lo suyo, la herencia legada por sus mayores” (ASTRADA, 1948, 95).[1]

En este sentido, la llegada del “aluvión zoológico” no lo tomó por sorpresa.

Por el contrario, su abierta adhesión al peronismo marcó una definición fundamental para su labor filosófica: la asunción de la política como eje central de su reflexión académica (DAVID, 2004).

Desde 1947 hasta 1956 se desempeñó como docente titular de la cátedra de Gnoseología y Metafísica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, así como Director ad honorem del Instituto de Filosofía de la misma Facultad desde donde emprendió la publicación de los Cuadernos de Filosofía que él fundó, impulsando un proceso profundo de modernización de los estudios filosóficos en nuestro país en el marco general de pensar y definir la singularidad americana (DAVID, 2004).

Toda esta labor fue posible gracias al apoyo y participación de otros filósofos argentinos como Coriolano Alberini, Andrés Mercado Vera, los hermanos Rafael y Miguel Ángel Virasoro, Francisco González Ríos, Luis Juan Guerrero, Rodolfo Agoglia, entre muchos otros.

Con ellos Astrada desarrolló un proceso de producción, escritura y traducción de textos de autores diversos, en el marco de un crecimiento de los estudios filosóficos expresado institucionalmente en la creación de Facultades de Filosofía, como la de Córdoba creada por Ley 13.014 el 12 de septiembre 1947.

Como parte de este mismo proceso de fuerte expansión de los estudios filosóficos, se desarrolló desde el 30 de marzo al 9 de abril de 1949, el Primer Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza, que tuvo en Astrada a uno de sus protagonistas e impulsores, que contó con la destacada participación de expositores de nivel internacional y en el que quedó expresada la fuerte puja entre la filosofía existencial heideggeriana y el escolasticismo neotomista (DAVID, 2004).

“Visto a una distancia de más de medio siglo podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que fue el hecho cultural de mayor significación internacional que produjo la Argentina en toda su breve historia.

No existió ni antes ni después ningún hecho cultural producido por Argentina en su conjunto que tuviera la resonancia en el momento en que se hizo ni su prosecución en el tiempo (han pasado 70 años) y aún sigue siendo mencionado como un hito dentro del desarrollo filosófico mundial.

Produjo una conmoción no solo por la enorme concurrencia de filósofos extranjeros (más de 70) y locales sino porque se jugó el destino del pensamiento y la inteligencia argentinas” (BUELA, 2019, on line).

Buela (2019) sostiene, además, que a partir de este Congreso quedan claramente identificadas las dos posiciones filosóficas más relevantes para el desafío de pensar América con categorías propias, representadas por Carlos Astrada y Nimio de Anquín, con quién –oh casualidad- había viajado a Alemania en 1927.

En sus distancias, disputas y diferencias, está la clave para entender el meollo del derrotero que seguirá la filosofía argentina posteriormente y, sobre todo, el retroceso impulsado por Francisco Romero a partir de 1955 -el decano de la “Revolución Libertadora”- del que ambos –tanto Astrada como De Anquín- fueron víctimas.[2]

Es importante destacar que el impulso que tuvieron los estudios filosóficos durante los dos primeros gobiernos peronistas, no puede ser aislado del modelo universitario nacionalista y popular puesto en práctica a partir de 1945, que tuvo entre algunos de sus logros más destacados la sanción de la gratuidad universitaria, la promoción de los derechos sociales de los estudiantes, la creación de nuevas facultades y carreras vinculadas con la industrialización del país, la organización de un sistema científico de investigación aplicado a la fabricación de aviones, autos y energía, sumado a la creación de la Universidad Obrera Nacional (RECALDE, 2012).

De Perón a Mao

Ya en 1956 Astrada viajó a Moscú, en donde dictó un conjunto de conferencias en distintas universidades soviéticas.

Años después, en agosto de 1960, Astrada viajó a la República Popular China, en la que recorrió distintas ciudades y brindó en Shangai su conferencia “Cultura, sociedad y política” y en la Universidad de Pekín otra titulada “La dialéctica y la simultaneidad de las contradicciones”.

En esa oportunidad fue invitado al palacio imperial de Tian An Men para ser recibido por el propio Mao Tse Tung, con quien dialogó por más de tres horas (DAVID, 2004).

Lo conversado fue publicado por Astrada en Convivencia con Mao Tse Tung en el diálogo (1965) y como conclusión, sostuvo:

“Hoy la República Popular de China es el lugar de focalización de la historia mundial venidera.

Ella señala a los pueblos expoliados por el imperialismo yanqui la ruta de su lucha y de su liberación.

Pekín es el gran faro de luz, que alumbra el camino difícil, pero ascendente, de los países que por imperativo histórico y necesidad de sobrevivir tienen que sacudir las cadenas del coloniaje.

Es el centro catalizador de todas las esperanzas universalistas que impulsan a las constelaciones continentales y raciales a buscar y a afirmar, en diario combate liberador, la integración de las soberanías nacionales en la unidad viviente del linaje humano, dentro de la diversidad de culturas y ámbitos étnicos” (ASTRADA, 1965, 45).[3]

Este conocimiento de primera mano de la Revolución China marcó su etapa de abierta adhesión al marxismo en general y al maoísmo en particular, a la vez que implicó también un “balance fuertemente negativo del peronismo” explícito en la reedición de 1964 del Mito Gaucho (DAVID, 2004) en donde sostuvo:

“… el pueblo –el proletariado- engañado, carente de conciencia de clase, había sido víctima de un ominoso paternalismo, el cual le impidió adquirir una ideología orientadora.

Fue fraudulentamente ‘enfervorizado’ por un seudo jefe con aparatosidad de revolucionario” (ASTRADA, 1964, 119).

De manera tal que, ya bajo el paradigma conceptual del marxismo, Astrada revisa críticamente sus posiciones con respecto al peronismo y a Perón, quien ahora sufría el exilio y la persecución.

Por cierto, en el mismo año de publicación del citado diálogo, Perón enviaba también una carta al propio Mao, a través jóvenes dirigentes peronistas invitados a conocer la Revolución en primera persona. En esa misiva, Perón sostuvo:

“Su pensamiento y su palabra de Maestro Revolucionario, han calado hondo en el alma de los pueblos que luchan por liberarse –nosotros entre ellos- que nos debatimos, en estos últimos diez años, en marchas y contramarchas propias del proceso de un pueblo, que va preparando las condiciones más favorables para la lucha final.

El imperialismo norteamericano y sus aliados permanentes –entre ellos ahora, los actuales dirigentes soviéticos- se equivocan cuando piensan que con el engaño de una falsa coexistencia pacífica podrán detener la marcha de estos pueblos sedientos de justicia en pos de su liberación” (PERÓN, 1965).

Para continuar explicando que la acción del imperialismo en Argentina impidió desde 1955 que nuestro pueblo pudiera cumplir la etapa de la revolución democrática a fin de “preparar a la clase trabajadora para la plena y posterior realización de la Revolución Socialista”:

“Nuestros objetivos son comunes, por eso me felicito de este contacto de nuestros luchadores con esa gran realidad que son ustedes.

En lo fundamental somos coincidentes, y así lo he expresado muchas veces frente a nuestros compañeros, la clase trabajadora y peronista de Argentina.

Quedan los aspectos naturales y propios de nuestros países, que hacen a sus condiciones socio-económicas, y que modifican en cierta forma la táctica de lucha” (PERÓN, 1965).

Aunque para este momento, las diferencias y críticas hacia Perón y el peronismo son profundas, ambos coinciden en la centralidad de la experiencia de la Revolución China para la causa nacional de los pueblos que luchan contra el colonialismo y el imperialismo por su propia independencia.

Ya para estos años, y bajo el signo de una época con sus trascendentes hechos políticos, la filosofía pensó las causas de liberación nacional bajo la hegemonía del marxismo y del materialismo dialéctico en sus diferentes corrientes.

La trayectoria intelectual del propio Astrada así lo confirma.

Queda para nosotros, sin embargo, el desafío y la tarea de retroceder a aquél momento histórico en el que la causa nacional en nuestro país estuvo cabalmente representada por el peronismo naciente y todavía no se utilizaban las herramientas metodológicas y conceptuales del marxismo para su comprensión.

A esta tarea, pretende colaborar el presente artículo.

 

Bibliografía

-ASTRADA, C. (1948): El mito gaucho, Cruz del Sur, Bs. As.

(1948): Martín Fierro y el mito de los argentinos [en: DAVID, G. (comp.) (2007): Metafísica de la pampa, Ed. Biblioteca Nacional, Bs. As.].

(1949): Sustrato nacional y universalidad de la filosofía, Cuadernos de Filosofía [en: DAVID, G. (comp.) (2007): Metafísica de la pampa, Ed. Biblioteca Nacional, Bs. As.].

(1965): Convivencia con Mao Tse Tung en el diálogo, Capricornio, Revista de literatura, arte y actualidades, Año I, N° 3, 37-45.

-BUELA, A. (2019): A 70 años, algunos momentos de la Filosofía en Argentina, https://dossiergeopolitico.com/2019/02/27/a-70-anos-algunos-momentos-de-la-filosofia-en-argentina-x-alberto-buela/consulta on line : 9/10/19.

-DONANTTUIONI MORATTO, M. A. (2009): La metafísica nacional de Carlos Astrada y la doctrina de la “Tercera Posición”, Revista de Filosofía y Teoría Política, 40.

-FERRATER MORA, J. (1999): Diccionario de Filosofía, Ed. Ariel, Barcelona.

-HERNÁNDEZ ARREGUI, J. J. (2004): La formación de la conciencia nacional, Ed. Peña Lillo, Bs. As.

-LLANOS, A. (1962): Carlos Astrada, Ed. Culturales Argentinas, Bs. As.

-PERON, J. D.: (1965): Carta a Mao Tse Tung, https://pcr.org.ar/nota/la-carta-de-peron-a-mao/, última consulta 17/10/2019.

-RECALDE, A. y RECALDE, I. (2007): Universidad y liberación nacional, Ed. Nuevos Tiempos, Bs. As.

-RECALDE, A. (2012): Pensamiento nacional y cultura, Ed. Nuevos Tiempos, Bs. As.

-WILLIAMS, R. (2019): La Filosofía política del peronismo: Comunidad, Individuo y Nación. El horizonte del ser-en-común en el pensamiento político del peronismo clásico, Revista Argentina de Ciencia Política, N° 22, 51-70.

[1] Esta metáfora filosófico-política será retomada tiempo después en la década del ’70 por el grupo “Cine y Liberación” para producir el film “Los hijos de Fierro”.

[2] Llamativamente en la entrada correspondiente a “Romero, Francisco” en su Diccionario de Filosofía (1999), Ferrater Mora sí menciona que: “hasta 1946 fue profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata; presentada en dicho año su dimisión por inconformidad con el gobierno de Perón, fue repuesto en sus cátedras al caer éste en 1955”. La exhaustiva investigación de los hermanos Recalde (2007), rescató el decreto n° 6.403 de diciembre de 1955 en el que se prohibió la continuidad de los docentes que hubieran ejercido cargos académicos durante los dos primeros gobiernos peronistas, iniciando un período de fuerte persecución en el ámbito específico de la universidad. Claramente, Romero fue “repuesto” por su abierto antiperonismo y su colaboración activa con la “Revolución Libertadora”.

[3] En este mismo texto Astrada critica duramente al Partido Comunista Argentino (PCA) por no apoyar abiertamente la causa de la liberación nacional de los pueblos sometidos al coloniaje y fomentar una coexistencia pacífica con el imperialismo yanqui de acuerdo con la política de la URSS.

 

  • Licenciado en Filosofía, Doctor en Ciencias Antropológicas, docente. Colaboración especial para el Centro de Estudios Hernández Arregui, 18-10-2019.