La reedición de la serie Ernie Pike, de Héctor G. Oesterheld y Hugo Pratt, un clásico de la historia del cómic, vuelve a poner en circulación la perdurable originalidad de sus creadores.

OESTERHELD, PRATT Y ERNIE PIKE: LA GUERRA COMO GÉNERO Y MITOLOGÍA

Por Pablo de Santis

“La excelencia artística y la novedad temática de la breve historia que ocupaba las primeras páginas de esa colorida revistita apaisada dejaron una huella inmediata en nuestra ya vasta experiencia de jóvenes lectores/espectadores de relatos de guerra. Fue una conmoción y un acontecimiento”, dice Juan Sasturain en el prólogo a esta edición.


Por Pablo De Santis
Revista Ñ Literatura
11/10/2019
Clarín.com

La literatura occidental comienza con una guerra: el insistente asedio de los aqueos contra las murallas de Troya, como cuenta el hipotético Homero en Ilíada.

A lo largo de los tiempos, la guerra perdió esplendor y los combates ganaron distancia.

Para mediados del siglo XX, la épica, luego de las dos guerras mundiales, había merecido la desconfianza de la literatura.

El cine y la historieta, sin embargo, conservaron su interés por las batallas e hicieron de la guerra algo más que un tema: un género.

Es decir, una mitología, un catálogo de expectativas, una memoria común de convenciones y posibilidades.

El lector que se asome a esta reedición de Ernie Pike, con guión de Héctor G. Oesterheld y dibujo de Hugo Pratt, notará que el ímpetu bélico está incesantemente corregido por consideraciones morales, por los dramas individuales, por las consecuencias del dolor que produce la guerra.

Los “malos de las películas”, es decir, los alemanes, están humanizados; no el nazismo, por supuesto, sino los soldados, que habían sido en una vida anterior panaderos, maestros o albañiles, y que fueron arrastrados por la leva obligatoria.

Cualquier escenario puede aparecer “escrito” por Pike: el norte de África, el canal de la Mancha, la campiña francesa, las islas del Pacífico.

El género bélico entraña siempre una paradoja: busca deslumbrarnos con desembarcos, furiosos combates y cazas en picada para entregarnos después la moraleja de que la guerra es algo malo.

En una escena de la película Patton, el inquieto general, interpretado por George C. Scott, contempla el escenario de un campo de batalla, con sus propios soldados muertos o heridos, y se dice a sí mismo: “Dios me perdone, pero amo esto”.

Las mismas palabras las podría pronunciar el lector o espectador de historias bélicas.

Pero Oesterheld escapa a la exaltación de la guerra.

Rechaza el corazón del combate: sus historias ocurren en algún puesto de avanzada o en alguna perdida retaguardia, siempre lejos del grueso de la tropa y de las órdenes de los estrategas.

Sus personajes son los que se han quedado solos y cumplen, sin espectadores, algún acto de heroísmo.

El dibujo de Pratt, rápido, cercano a la comedia y a Milton Caniff, agrega levedad al mundo trágico de Oesterheld.

Define tanques y desiertos y acorazados con una taquigrafía gráfica que luego alcanzará su esplendor en Corto Maltés.

Ernie Pike no es un personaje sino un dispositivo narrativo.
No vive sobre la página: nació para observar y comentar.

Nos habla de los otros.

No sabemos nada de él, excepto que su nombre está inspirado en Ernest (Ernie) Pyle, veterano cronista de guerra.

Pyle murió en abril de 1945, durante la batalla de Okinawa, pero Pike tuvo larga vida: varios artistas de la editorial se ocuparon de continuar el trabajo iniciado por Pratt, entre ellos Alberto Breccia, Solano López y un adolescente José Muñoz.

El primer episodio de Ernie Pike apareció en el número uno de la revista Hora Cero (mayo de 1957), en la flamante editorial Frontera, emprendimiento de los hermanos Héctor y Jorge Oesterheld.

En el lúcido y encantador prólogo que encabeza esta edición, Juan Sasturain evoca el impacto que le causó, a sus once años, la lectura del episodio inicial, “Francotiradores”.

“La excelencia artística y la novedad temática de la breve historia que ocupaba las primeras páginas de esa colorida revistita apaisada dejaron una huella inmediata en nuestra ya vasta experiencia de jóvenes lectores/espectadores de relatos de guerra.

Ese episodio insólito, que ‘terminaba mal’, no se parecía a nada de lo que habitualmente leíamos en las historietas o veíamos en el cine.

Fue una conmoción y un acontecimiento”.

(Acotación marginal: ¿Por qué los diseñadores insisten en la desaparición de la sangría, como ocurre en el prólogo de Sasturain y en el epílogo de Guillermo Eduardo Parker? ¡Diseñadores del mundo, devuélvannos nuestras sangrías!).

Cuando apareció esta historieta, Oesterheld tenía una experiencia como guionista que era breve en tiempo –siete años– y abundante en intensidad.

Geólogo de formación, había comenzado a escribir historietas en 1950 por sugerencia de Cesare Civita, dueño de la editorial Abril.

El mismo Civita fue quien invitó a Hugo Pratt a viajar a la Argentina.

No fue el único dibujante italiano que hizo las valijas aquel año: también llegaron Mario Faustinelli, Alberto Ongaro, Ivo Pavone, Dino Battaglia, Sergio Tarquinio.

Civita había tenido que dejar su país en 1938 debido a las leyes raciales de Benito Mussolini (Civita era judío).

Se instaló en Nueva York y en 1941 vino a la Argentina como representante de la compañía Disney.

A partir de la persecución del fascismo, su vida se funde con nuestra historia y nuestra cultura popular: la fundación de Abril a comienzos de los años cuarenta, los conflictos con el gobierno peronista, la época de oro de la historieta argentina, el cambio brusco que supuso Claudia en el mercado de las revistas para mujeres, el impacto de Siete días ilustrados y Panorama, la presión de la guerrilla, el comienzo de Papel Prensa, el asedio de la Triple A y luego de la dictadura militar, y el exilio en Brasil, después de que le acribillaran la casa.

Cuesta imaginar dos narradores más diferentes que Hugo Pratt y Héctor Oesterheld.

No en cuanto a técnica, sino a visión del mundo.

Cuando Pratt abordó el primer guión de Ernie Pike, llevaba una larga relación de trabajo con el guionista.

Ya habían hecho juntos Ray Kitt, Sargento Kirk y Ticonderoga.

El trabajo de Oesterheld tendría un gran peso en el modo de narrar de Pratt una vez que se lanzara a escribir sus propias historias.

Pero mientras el Corto Maltés mira el mundo con la distancia de la ironía, Ernie Pike es un narrador moral, que no quiere que las historias y las vidas se pierdan sin dejar una huella.

Él es el responsable de esa huella hecha de palabras.

No hay humor en esta historieta –ni en el trabajo de Oesterheld en general–, en cambio una delicada ironía ilumina siempre a Corto Maltés.

Cuando aparece un poco de humor en Ernie Pike es una sonrisa prestada, ajena, artificial: una convención provista por el género.

El rechazo al humor se haría más profundo aun en las últimas historias de Oesterheld, ya clandestino.

Y el tono de las historias finales es completamente distinto a la compasión que campea en Ernie Pike.

En sus trabajos de los años cincuenta, la muerte es una tragedia; en los de los años setenta, es moneda de cambio.

En los cincuenta, los individuos son más reales que los bandos en pugna; en los setenta, los individuos son apenas fantasmas animados por la ideología.

La vida humana acaba por convertirse en la descolorida ilustración de una idea.

Quien lee Corto Maltés, o lee las entrevistas que le han hecho a su autor, cree estar oyendo a Hugo Pratt.

Pero con Oesterheld no ocurre lo mismo.

Ha dejado tras sí una figura borrosa.

Sus personajes, más que mostrarlo, lo ocultan.

Sus extraordinarias historias –en especial Sherlock Time y Mort Cinder– revelan una imaginación sin límites, una capacidad para abordar todos los géneros con la misma fuerza, pero nos cuesta imaginar cómo es el autor que está detrás de esas invenciones.

He tenido la oportunidad de conversar alguna vez con algunos de los dibujantes que trabajaron con él, como Solano López o Alberto Breccia.

También, a través del correo electrónico, con Gustavo Trigo a quien Oesterheld dictaba por teléfono los guiones de La guerra de los Antartes.

Los tres lo habían tratado durante años, y se habían considerado sus amigos, pero me quedó la impresión de que, a pesar de frecuentarlo, apenas lo habían conocido.

Hay escritores que parecen enigmáticos porque nada sabemos de ellos; Oesterheld lo es porque las cosas que sabemos de él, aunque son relativamente abundantes, no parecen coincidir entre sí, como si nos faltara una información fundamental que diera sentido al conjunto.

Su legado lo forman miles de páginas, cientos de personajes y ese enigma: la página en blanco de su personalidad.

PDS/

 

• Ernie Pike. Corresponsal de guerra I y II, Héctor G. Oesterheld y Hugo Pratt. Planeta Cómic, 72 y 78 págs.

ERNIE PIKE

NAC&POP*

12/10/2019

Ernie Pike es una serie de cómics escrita por Héctor Germán Oesterheld y originalmente dibujada por Hugo Pratt , protagonizada por un reportero de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea .

Fue publicado por primera vez en la revista » Hora Cero » en Buenos Aires , Argentina , en 1957.

El periodista, basado libremente en el verdadero periodista Ernie Pyle , actúa como narrador.de historias, sin estar directamente involucrado en ellas.

Tales historias no narran batallas reales o hazañas de militares notables, sino historias trágicas de soldados desconocidos, inventadas por el autor.

Oesterheld trabajó nuevamente con el personaje durante la época de la Guerra de Vietnam, y Ricardo Barreiro lo usó para una breve historia sobre la Guerra de las Malvinas

El cómic se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial , y el protagonista, Ernie Pike, es el narrador, sin tener un papel activo en las historias.

A diferencia de los estándares de género, el cómic no muestra ninguna batalla, y tampoco describe la guerra entre aliados y nazis como un conflicto entre el bien y el mal .

En cambio, se centra en eventos trágicos que involucran a soldados de ambos lados.

En general, esas tragedias son malentendidos que terminan mal: personajes que se vuelven locos, matan a sus propios amigos por fuego amigo o porque creen que son traidores, intentan ser asesinados de una manera específica para evitar una muerte más horrible, o quién debe misericordiacompañeros heridos, por citar varios ejemplos.

Oesterheld, por lo tanto, utiliza cómics de guerra para reflejar su aversión personal a la guerra misma.

El personaje nunca formula opiniones positivas o negativas sobre los aliados, los nazis o eventos específicos de la guerra, sino sobre la moralidad de los soldados en las anécdotas.

Las historias tienen lugar en varios lugares de la Segunda Guerra Mundial, como el Teatro Europeo , el océano Pacífico Sur , la Campaña del Norte de África y el Frente Oriental .

No hay personajes recurrentes además de Ernie Pike, y en muchos casos incluso su presencia es pequeña: aparece en solo dos paneles en «Kumba», solo uno en «El amuleto», y en algunas historias está completamente ausente.

El personaje también evoluciona a lo largo de los temas publicados de un personaje corresponsal de guerra que actúa en una narración en primera persona a un narrador con un punto de vista omnisciente , consciente de historias e información más allá de las capacidades de un reportero real.

Creación

Ernie Pyle , reportero de guerra estadounidense que inspiró a Oesterheld en la creación del personaje Ernie Pike .

 

El nombre del protagonista recordaba al de Ernie Pyle , un conocido corresponsal de guerra de la vida real de la época.

A diferencia de Ernie Pyle, Ernie Pike sobrevive a la guerra y Pratt lo menciona como un veterano en otras historias.

La cara de Ernie Pike se parece a la del propio Oesterheld.

Esto fue causado por un malentendido durante el período de diseño del personaje: cuando Oesterheld le describía a Pratt los rasgos positivos del nuevo personaje, terminó diciendo «¡Haz que me guste!».

Sin embargo, Pratt no se dio cuenta de que Oesterheld estaba bromeando, y usó su rostro.

Cuando Oesterheld se dio cuenta del error, el trabajo de Pratt ya estaba avanzado, por lo que dejó que siguiera así.

Oesterheld fue influenciado por autores contra la guerra , como Erich Maria Remarque, Stephen Crane o Leo Tolstoy ; así como por la carrera del mencionado Ernie Pyle.

Pratt también reveló que robó más de cuatrocientas fotos de guerra del personal de Il Gazzettino di Venezia , que el artista utilizó como inspiración para la tira cómica.

Oesterheld también fue influenciado por esas fotos, y muchas historias fueron inspiradas por fotos específicas que llevaron al autor a desarrollar una historia sobre ellas.

El cómic se publicó por primera vez en la revista Hora Cero , de la editorial » Frontera «.

Después de varios años, Hugo Pratt se fue a Europa, mientras que Oesterheld se quedó en Argentina.

Hugo Pratt volvió a publicar Ernie Pike en Italia y otros países europeos bajo su único nombre.

Oesterheld continuó el cómic con otros artistas argentinos, como Alberto Breccia y Francisco Solano López , entre otros.

El personaje se trasladó a otras revistas Frontera, tales como » Hora Cero extra «, el suplemento semanal de Hora Cero , o » Colección de Batallas Inolvidables » ( español : colección inolvidables batallas)

Este último fue creado después del éxito de Ernie Pike, y se centró en los cómics de guerra .

La carrera de Ernie Pike en Frontera se considera parte de la edad de oro de los cómics argentinos .

En la década de 1960, la mayoría de los pencilers de Frontera estaban siendo contratados por la British Fleetway , pero Oesterheld siguió usando nuevos pencilers como José Muñoz . Frontera eventualmente entraría en bancarrota.

Oesterheld trabajó nuevamente con Ernie Pike en la década de 1970, en el cómic » Top Maxi Historietas » publicado por Cielosur Editora.

El enfoque cambió ligeramente en esta nueva carrera: en lugar de la Segunda Guerra Mundial, las historias fueron sobre la actual Guerra de Vietnam .

Las historias mantuvieron el mismo estilo que antes, pero Pike ahora estaba involucrado con los eventos a medida que ocurrían, convirtiéndose así en un personaje activo de las historias en lugar de solo el narrador.

Las historias también fueron más críticas sobre la participación de los EE. UU.

En la guerra, en línea con las nuevas opiniones políticamente radicales que Oesterheld estaba desarrollando.

Oesterheld funcionaría más tarde con muchas tiras en el Skorpiocómic, pero Ernie Pike duraría solo una historia.

Esta historia, escrita por Solano López, trabajó nuevamente con la Segunda Guerra Mundial, pero desde un nuevo ángulo: era una historia ambientada en los tiempos actuales, sobre personas que tenían una disputa sobre cosas que ocurrieron durante la guerra.

Hubo una breve recreación del personaje por otros autores durante la Guerra de las Malvinas .

Ricardo Barreiro escribió «La batalla de las Malvinas» ( español : La batalla de las Malvinas ), escrita por Alberto Macagno, Carlos Pedrazzini, Marcelo Pérez y César Medrano.

Esta historia duró 7 números de la revista Fierro y terminó sin concluir.

Ernie Pike fue incluida como estrella invitada, colocada en la Patagonia como un veterano de guerra, observando cómo se desarrollaban los eventos.

Varios volúmenes de Ernie Pike de Oesterheld-Pratt, junto con otros del sargento Kirk , fueron reimpresos en 2006 para la colección » Nueva Biblioteca Clarín de la Historieta » publicada por el periódico Clarín .

Anteriormente, Ancares Editora había reimpreso los volúmenes por Oesterheld-Breccia en 2002.

 

*Fuente: Wikipedia.