El concepto de salud orientado por la OMS desde hace décadas del “equilibrio físico, psíquico y social”, ha quedado en el tiempo

LA SALUD ESTÁ ENFERMA

Por Jorge Rachid

Dos aspectos centrales definen el paradigma de la salud como apuntalamiento de la misma y son la posibilidad de tener soberanía sanitaria y desarrollar políticas nacionales de salud, que otorguen a nuestros compatriotas igualdad de condiciones, en la prevención y en los tratamientos.

 

Por Jorge Rachid

 

El concepto de salud orientado por la OMS desde hace décadas del “equilibrio físico, psíquico y social”, ha quedado en el tiempo, ya que la salud no es un hecho individual, sino un complejo de múltiples causalidades, como lo definía el mismo maestro Ramón Carrillo.

Dos aspectos centrales definen el paradigma de la salud como apuntalamiento de la misma y son la posibilidad de tener soberanía sanitaria y desarrollar políticas nacionales de salud, que otorguen a nuestros compatriotas igualdad de condiciones, en la prevención y en los tratamientos.

En ese sentido la cultura sanitaria argentina, desde el peronismo en adelante, fue de los Modelos Solidarios de Salud. Esa cultura fue atacada por el neoliberalismo desde hace 45 años, imponiendo el paradigma de la atención de la salud y la cronificación de las enfermedades, como consciente colectivo, en el espacio simbólico referido a la mirada colectiva del pueblo.

La principal herramienta de penetración de las nuevas pautas neoliberales sanitarias, fue la fragmentación de los sistemas solidarios. Intrusarlos con criterios de lucro, desarticulando con la desregulación identidades sanitarias de las obras sociales, tercerizando servicios hospitalarios, modificando leyes y apuntalando las mismas con la Reforma Constitucional de 1994, que plantea el tema salud desde los consumidores, introduciendo el concepto Mercado en la planificación sanitaria.

Pero esa fragmentación constitucional, se expresa con fuerzas en la Municipalización de los servicios hospitalarios, la Desregulación de las Obras Sociales, el vaciamiento del Ministerio de Salud al despojarlo de las herramientas básicas de las políticas sanitarias. Ni el precio de los medicamentos en manos de la Secretaría de Comercio, ni la certificación de los mismos en cabeza del ANMAT, forman parte de la decisión ministerial. Lo mismo con el manejo de las obras sociales desde la Secretaría de Servicios de Salud, que las regula, igual que la SRT que se ocupa de la salud de los trabajadores y la invalidez. Tampoco maneja el ministerio el PAMI que significa el 17% de la población altamente demandante.

De ahí que el Ministerio de Salud es una cáscara vacía que sólo conduce los programas en su mayoría del Banco Mundial, que sectorizan las acciones desarrolladas e impiden la confección de una base de datos común, de enfermedades prevalentes, que impliquen a futuro planificación estratégica, en un Plan Nacional de Salud que integre al conjunto de las acciones destinadas a los objetivos comunes en un proyecto integral, reparando la canibalización del sistema actual.

Si analizamos la inversión nacional en salud, observamos que los Modelos Solidarios aportan el 91% del total de la inversión, sin embargo tienen, por falta de planificación y por la fragmentación del sistema, todas la “mangueras hacia afuera”, hacia los prestadores privados que cumplen un rol importante, pero operan sobre la división sanitaria, imponiendo costos abusivos y conductas lesivas a la salud. El medicamento se lleva el 31% de esa inversión total de salud, cuando en ningún país del mundo supera ese porcentaje el 14%.

Entonces el ahorro nacional tributario que atiende al 31% de la población que lo hace en los hospitales, el salario diferido de los trabajadores para los fines de la salud, que atiende al 43% de la población entre obras sociales sindicales y provinciales, más el 17% del PAMI, pero se ve acorralado por políticas agresivas del neoliberalismo que impiden una acción de conjunto, que además instrumente la Producción Pública de Medicamentos como política esencial de la fijación del medicamento como bien social, sin ser rehén del Mercado.

Si la salud es el Derecho Humano esencial por excelencia, a defender y proteger, no puede ser el Mercado su regulador, porque cuando el Mercado que es darwiniano penetra, la solidaridad sale del sistema, reduciendo un derecho social básico, a un negocio y a la población de prisionera de políticas financieras de lucro, que terminan imponiendo una cultura sanitaria, que luego se naturaliza en la población, como la “medicalización”.

Así somos una sociedad medicalizada, que dejamos de comer familiarmente para abonar la prepaga, perdimos la identidad de nuestras obras sociales intrusadas por las prepagas, sumando los complejos sistemas de atención hospitalaria en sectores tercerizados, también las  ART despojando la inversión empresaria y desprotegiendo a los trabajadores, usando los sistemas públicos al rechazar los siniestros en ocasión del trabajo, la gerenciación de los sistemas sanitarios, los precios de los medicamentos sin regulación, la publicidad sintomatológica de los mismos, la baja de los valores humorales de Laboratorio para aumentar la medicalización. Es diagnóstico de enfermedad terminal del sistema.

Como vemos, un panorama que se ataca desde el conjunto de objetivos comunes de Planificación Estratégica de integración de las cuatro patas de la mesa solidaria o sigue siendo un ejemplo de fragmentación, que destruye la solidaridad social en el campo de la salud. Es una decisión política ubicar a la salud como DDHH y los medicamentos como bien social, reunificando las herramientas dispersas que deterioran la capacidad política de ejercer un derecho constitucional como es en el artículo 14 bis de la actual CN, proteger la salud de la población argentina.

El peronismo en su larga historia desde Carrillo a las Obras Sociales, desde la Teoría del Hospital a la centralización ejecutiva y descentralización operativa, desde la Producción Pública de medicamentos a la creación del Departamento de Higiene y Seguridad en el Trabajo desde la visión carrillista de la salud, ha dado respuestas, que el neoliberalismo a través de sus organismos internacionales intentó y logró desvirtuar desde el Banco Mundial y el FMI, deteriorando el trabajo y destruyendo la base necesaria del círculo virtuoso de la economía, que se asienta en el concepto de que Salud y Seguridad Social, son inescindibles.

El desafío es enorme, pero en el marco del Acuerdo Económico Social, la Seguridad Social y la Salud más la Educación deben ser valores prioritarios a proteger e impulsar, para garantizar calidad de vida a las futuras generaciones de argentinos.

 

Jorge Rachid

PRIMERO LA PATRIA

www.primeroestalapatria.org

CABA, 3 DE OCTUBRE DE 2019