Fragmento de TRELEW, LA PATRIA FUSILADA. Libro de Francisco “Paco” Urondo.

COMO NACIÓ EL L.O.M.J.E.

Por Francisco “Paco” Urondo

Francisco Urondo: ¿Que habías escrito?

María Antonia: L.O.M.J.E

F.U: ¿Lomje?

María Antonia: L.O.M.J.E, libres o muertos jamás esclavos.

Fragmento de TRELEW, LA PATRIA FUSILADA. Libro de Francisco “Paco” Urondo. Grabado durante el 25 de Mayo de 1973 en cárcel de Villa Devoto previo a la liberación del “Paco” y los tres sobrevivientes de Trelew detenidos.

Testimonio de María Antonia Berger:

«…Cuando empiezan a disparar, yo veo al gordo ése, que, nos había estado cuidando, el suboficial, el de Rosario.

Veo que está disparando y, simultáneamente, me siento herida, no me doy cuenta dónde, siento como un quemazón, pero ni dolor ni nada.

Mi primer reacción es meterme dentro de la celda, y en ese momento la veo a la Sayo, ahí delante de la puerta, aparentemente muerta, ahí me doy cuenta de que estoy realmente es seria la cosa.

Porque por un momento, al principio, pensé que nos tiraban a las piernas, es decir, no me daba cuenta de la situación, me costaba creerlo.

Apenas entro yo, entra la Petisa agarrándose el brazo y diciendo: “Estos hijos de puta me dieron”.

Entonces le digo “Tírate al piso” y yo hice lo mismo.

Traté de ver que es lo que me pasa a mí y veo que tengo un agujero acá, en el estómago, me acuerdo que tenía un pantalón oscuro y un pullover rojo, era más serio de lo que yo creía porque no sentía ningún dolor, ni me sangraba, ni nada.

NO como vos, que vomitabas.

Y simultáneamente comienzo a oír como un estertor de la Petisa: empieza a roncar muy fuerte y a dar quejidos al mismo tiempo, esa es la parte más fiera, unos ayes de dolor horribles, como vos decías; y simultáneamente empiezo a escuchar tiros aislados que empiezan de adelante hacía atrás.

Me doy cuenta de que están dando los tiros de gracia.

Ahí me pongo a pensar “Bueno, aquí me llegó la última hora” y me pongo a pensar mucho en mi familia.

En ese momento se piensan muchas cosas: me acuerdo que pensé en mi familia, en mis compañeros, pero no sé, yo quería pensar mucho en un corto tiempo, pero los terminé de pensar enseguida y los tiros no llegaban, es decir no me llegaban a mí.

Ahí me entró un poco de impaciencia.

Estaba esperando que me mataran de una vez por todas. (…..)

Después veo que llega a la puerta uno vestido de azul, yo también me hacía la muerta. Ahora, a esta altura, era lo único que se me ocurría.

No me acuerdo si alcanzó a tirar antes un tiro a la Petisa, lo que si me acuerdo es que levanta la mano y me apunta con bastante cuidado; yo lo miro entre ojos, yo estoy tirada así sobre el hombro, y con cuidado me tira.

Siento como un estallido espantoso en la cabeza, como si tuviera una bomba, pero para gran sorpresa no fui muerta.

Me cuesta creer que esté viva.

Siento acá un gran hematoma y que estoy sangrando mucho pero no pierdo el conocimiento.

Sigo escuchando balazos hasta que, en un determinado momento, terminan. (….)

Al rato viene un enfermero, viene y entra a la celda y me da vuelta, me mira la cabeza, me toma el pulso y dice “No, está viva”,

“Sólo le interesó la mandíbula, pero se está desangrando” y se van.

Viene dos veces Bravo a la puerta, con un jadeo totalmente nervioso, y muy preocupado porque no me moría porque no me moría, porque decía “Pero esta hija de puta no se muere, cuánto tarda en desangrarse”.

Y yo, cada vez que aparecía alguno en la puerta, juntaba sangre en la boca y la escupía para hacer parecer que me estaba desangrando, pese a que ya se me había parado mucho la hemorragia. (…..)

Ah, eso.

Después cuando lo vi al enfermero me di cuenta que por muerta no pasaba.

No sabía qué hacer.

Veía que tenía una herida en el estómago y me dije “Bueno, acá si no me operan enseguida, con la cuestión de la peritonitis y todo eso, de las perforaciones, tengo algunas horas”.

Me daba cuenta de que el agujero que tenía en la mandíbula no era mortal y que con el que tenía en el estómago el peligro era ese de la perforación y las hemorragias internas, hay que operar enseguida.

Creo que más bien no me dan el tiro, ya se ven las ganas de vivir y de hacer un esfuerzo para tratar de sobrevivir sea como sea.

Siempre te queda una esperanza y luchas con ese margen.

Me acuerdo que después yo decía “Pero, si me muero, quisiera escribir aunque sea en la pared los nombres que sean”.

Poner Sosa, Bravo.

Pero entonces agarro y con el dedo y con la sangre (me acuerdo que mojo el dedo) y empiezo a escribir cosas en las paredes.

Enseguida se apiolan y viene uno con un tarrito y borra enseguida.

Francisco Urondo: ¿Que habías escrito?

María Antonia: L.O.M.J.E

F.U: ¿Lomje?

María Antonia: L.O.M.J.E, libres o muertos jamás esclavos.

Y había escrito “papá, mamá” y no sé qué más.

Lo borraron y después volví a escribir de nuevo.

Pero mientras estaba escribiendo ya me vieron y lo volvieron a borrar.

F.U: ¿Y qué escribiste esta vez?

María Antonia: Y escribí lo mismo. Cabeza dura…