La diferencia de “tono” entre la conferencia de prensa del día lunes y el teleprompter del miércoles revela los crujidos existentes al interior de la alianza gobernante,

ALGO MÁS QUE UNA ELECCIÓN EN JUEGO

Por Teodoro Boot

El intento del sector más implicado en una construcción política de encontrar una salida del brete al que la condujo la irresponsabilidad del grupo de negocios y el empecinamiento de Elisa Carrió, Patricia Bullrich y otros representantes de intereses geopolíticos extra nacionales.
La trivialidad del discurso, la puerilidad de las excusas, la incongruencia de las “medidas” (una vez más) , revelan incomprensión e imposibilidad

 

 

Por Teodoro Boot

…La diferencia de “tono” entre la conferencia de prensa del día lunes y el teleprompter del miércoles revela los crujidos existentes al interior de la alianza gobernante, y el intento del sector más implicado en una construcción política de encontrar una salida del brete al que la condujo la irresponsabilidad del grupo de negocios y el empecinamiento de Elisa Carrió, Patricia Bullrich y otros representantes de intereses geopolíticos extra nacionales.

La trivialidad del discurso, la puerilidad de las excusas (al “tenía sueño” sólo le faltó añadir que no había tomado la leche), la incongruencia de las “medidas” (una vez más, prescindiendo de una más razonable redistribución de los ingresos, sostenidas por las espaldas de un Estado cada vez más endeudado y hecho polvo) y las marchas y contramarchas alrededor de un paliativo circunstancial y engañoso como el congelamiento del precio de los combustibles, revelan incomprensión e imposibilidad: la alianza gobernante no comprende el nivel de colapso de su “modelo” y no acierta ni siquiera a encontrar una cataplasma que alivie al menos en parte y circunstancialmente los daños provocados por el estallido del modelo.

Quienes creíamos que con la debacle post-Malvinas, la estampida radical de 1989, el derrumbe del 2000 y los presidentes a repetición del 2001 ya teníamos para diez vidas, nos encontramos ahora con un gobierno que se hunde en la nada y una oposición imposibilitada de tomar el manejo de los asuntos públicos: las elecciones presidenciales todavía no tuvieron lugar. Alberto Fernández no es un presidente electo –como lo era Carlos Menem en 1989– sino sólo el candidato con mayores posibilidades de resultar electo dentro de dos meses, que asumiría la presidencia dentro de cuatro.

Y en medio de la debacle y el desconcierto, es Carrió quien sigue indicando la estrategia: ruido, furia y confrontación.

No importa si es en base al disparate.

La mano rectora que guía a Carrió irá alineando a los vacilantes y confundidos, pondrá orden entre las filas de los hoy aterrados lenguaraces.

Se trata de ganar tiempo, consolidar negocios, condicionar al futuro presidente y desarmar todavía más las posibilidades argentinas mediante el vaciamiento, la profundización de la desigualdad y el aumento de las urgencias y necesidades populares.

Hay algo más que una elección en juego