Gustavo Grobocopatel (el mayor productor de soja y trigo de la Argentina) dijo hace pocos días y sin ponerse colorado: “Hay que permitir que haya sectores que desaparezcan”.

¿QUE ES UN “CANALLA”?

Por Mario Casalla.

“Frotándose las manos/ afilando los colmillos/ vienen los canallas/ Vienen por nosotros/ Van por todo/ Con sus estómagos saciados/ y sus relojes de oro/ Con sus autos importados/ y sus aviones privados/ Viene los canallas …/ Los siguen sus gerentes/ sus analistas de mercado/ sus asesores de marketing/ y sus guríes comprados/ con Dios y con la Biblia/ con el debe y el haber/ Vienen los canallas”.

 

Por Mario Casalla 

Punto Uno

07/07/2019

 

 

 

Los ricos no piden permiso

“HAY QUE PERMITIR QUE HAYA SECTORES QUE DESAPAREZCAN”

Gustavo Grobocopatel (el mayor productor de soja y trigo de la Argentina) dijo hace pocos días y sin ponerse colorado: “Hay que permitir que haya sectores que desaparezcan”.

Y ejemplificó con la industria lechera: “si no produce quesos de calidad y a menor costo que los europeos, va a sufrir, pero también es un gran desafío para mejorar la calidad?”.

Es lógico que lo primero que nos suena –ante “canalladas” como ésta- sean las tesis del denominado “darwinismo social”: esto es la extrapolación a lo social de las teorías biológicas de Charles Darwin.

El iniciador de esta moda fue el científico y filósofo inglés Herbert Spencer, quien en sus “Principios de Biología” (1864) acuñó la famosa expresión “supervivencia del más apto”, después de leer “El origen de las especies” (1859) de su compatriota Darwin.

De esta manera Spencer extiende la noción darwiniana de “selección natural” a los campos de la sociología y la ética.

Si bien Darwin no llegó a tanto, sí sugirió esta tesis al decir: «los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su especie» y con esto –agrega Spencer- “se degenera la especie humana”.

O sea que la “guerra a los débiles” (por parte de lo más fuertes) sería el favor ético que los poderosos nos hacen a todos!

Un verdadero disparate que a las potencias imperialistas les vino como anillo al dedo para justificar sus invasiones (disfrazándolas de aporte a la cultura y de mejoramiento de las razas) y –al mismo tiempo- el triunfo de las clases altas dentro sus propios territorios.

EL HUEVO LA SERPIENTE

El darwinismo social gozó de una gran popularidad y aceptación a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX.

De allí a la barbarie nazi había un solo paso y también se dio.

Es que los ricos nunca piden permiso y el paisano Grobocopatel es muy rico, por cierto.

O sea que el Liberalismo de los ganadores tuvo siempre dentro de sí el autoritarismo que dice rechazar y hace exactamente lo opuesto de lo que declama o promete.

Su actual versión Neoliberal es tributaria de esa ideología y no es casual que el primer país donde triunfaran las ideas monetaristas de Hayek y Friedman fuese en el Chile de Pinochet (a quién además asesoraron in situ).

Es que sin tanques, gases y palos por doquier esa teoría no triunfa.

El “orden” que suelen venir a proponernos cada tanto, supone el recurso a la violencia (extrema si es necesario) para sostener esas “ideas”.

En la Argentina Álvaro Alsogaray es inseparable del golpe de estado de 1955, así como Martínez de Hoz lo fue de la dictadura de 1976.

Y la actual experiencia macrista entre nosotros -para sustentarse- está requiriendo cada vez más represión social.

Es cierto que las Fuerzas Armadas (residuales) están en sus cuarteles; pero en las calles están las de Seguridad, hoy mucho más aptas para ese tipo de lucha antipopular.

Y éstas -reequipadas y rearmadas hasta la coronilla- son absolutamente necesarias para cumplir con el programa económico en marcha.

Con éstas -prestas y vigilantes- y con las oficinas del FMI a la cabeza de nuestro Ministerio de Economía, individuos como Grobocopatel pueden decir lo que dicen y hacer lo que hacen, sin ponerse colorados.

Y no es el único ni el peor, sino sólo un ejemplo.

¿QUE ES UN “CANALLA”?

Usualmente se liga este nombre a una persona de escasa conducta moral, pero –en el psicoanálisis contemporáneo- adquiere una dimensión diferente y más profunda.

Sin embargo, ambas están emparentadas.

El diccionario usual lo registra como un “individuo que actúa sin escrúpulos y con maldad”.

Y el etimológico recuerda que el término viene del italiano (canaglia), que de allí pasó al francés (canaille”) y luego a nuestro castellano “canalla”.

Que en principio era voz que se refería a una “jauría de perros” (¡es cierto, en general los canallas suelen juntarse y atacan en grupo!) y que más tarde quedó reservada para “la gente baja, ruin, la chusma y el hampa”.

Así la nobleza solía llamar canalla al Pueblo, al tercer estado en la Revolución Francesa.

Sin embargo, el psicoanálisis desaferra al concepto de ese uso moral y clasista, lo amplía y reubica como un tipo o estilo muy especial de personalidad (que a su vez no debe confundirse con la del “perverso”).

En primer lugar, el canalla es un manipulador y un fullero, dice al respecto Jacques Lacan (autor que precisó el concepto con este nuevo sentido): “El canalla se apoya justamente sobre las cartas ocultas, las cartas secretas, las cartas que el otro no sabe que él se las está leyendo y está haciendo trampa”.

Por eso el canalla –si no lo advertimos a tiempo- nos envuelve y suele dejarnos sin recursos.

Porque además el canalla maneja un peculiar “realismo” que no es otro que el de su propio interés disfrazado de interés general.

Por eso Lacan hablaba de la ideología del intelectual de derecha como la que “no retrocede ante las consecuencias de lo que se llama el realismo (el de él, claro) es decir, cuando es necesario, confiesa ser un canalla”.

Pero eso puede ocurrir demasiado tarde y – si esto sucede en el nivel de lo político- los resultados son nefastos para una sociedad eventualmente conducida por un gobierno de “canallas”.

Cuando se advierta la presencia de un canalla (en este sentido preciso del término) lo mejor es desembarazarse de él lo antes posible.

Cosa que el mismo Lacan practicaba al advertir que –quien concurría a su consulta- era un canalla.

Incluso porque el psicoanálisis no le serviría de nada a un canalla: “un canalla analizado, se vuelve un tonto”, precisamente porque queda “desarmado” y sin recursos para manejarse de allí en más.

Agregando en otro lugar “la canallada no es hereditaria según el psicoanálisis, sino que depende del deseo del Otro del cual surgió el interesado.…pero si el deseo del cual nació es el deseo de un canalla, será un canalla infaliblemente”.

Tampoco pretenda usted –amigo lector- entender la lógica del canalla.

Es sólo de él y terminará confundido.

Lo mejor será desembarasarce de ellos lo antes posible.

Y estos son tiempos en que los canallas abundan por doquier, en muchos países y sectores sociales.

El poeta y periodista barilochense Ricardo “Sony” Martínez, los pinta de cuerpo entero en su poema “Los canallas” que no tiene desperdicio.

Empieza así: “Frotándose las manos/ afilando los colmillos/ vienen los canallas/ Vienen por nosotros/ Van por todo/ Con sus estómagos saciados/ y sus relojes de oro/ Con sus autos importados/ y sus aviones privados/ Viene los canallas…/ Los siguen sus gerentes/ sus analistas de mercado/ sus asesores de marketing/ y sus guríes comprados/ con Dios y con la Biblia/ con el debe y el haber/ Vienen los canallas”.

Córrase porque los ricos no piden permiso, primero aplastan y recién después preguntan o –eventualmente- lamentan.

MC/