Los mecanismos y las fake news utilizados en la campaña electoral que puso a Macri en el sillón de la Rosada no admiten soslayar este poder.

ME PREOCUPA

Por Marcos Doño

Marcos Peña: “Las elecciones hay que ganarlas como sea, por eso vale hasta la mentira”. “Esta campaña será en pequeños grupos de Whastapp, Facebook e Instagram. El 90 por ciento de la gente usa WhatsApp; el 80%, Facebook, el 70%, Instagram”.  Pichetto, candidato a vicepresidente de Macri: “El concepto de traición es muy precario, carente de inteligencia”. Durán Barba, asesor estrella de Macri: “Hitler era un tipo espectacular”.
Es contra este enemigo que luchamos.

 

Por  Marcos Doño

Ayer noche, en el reportaje que le hizo Gustavo Silvestre en C5N al candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández, uno de los integrantes del staff le comentó, a modo de pregunta, que la campaña va a ser muy dura y sucia y que el gobierno ya está implementando todos los recursos tecnológicos para ensuciar su candidatura y la de Cristina.

La pregunta apuntaba sobre todo a las denuncias y pruebas que hay sobre cómo se está moviendo el poder macrista en las redes, en especial en el sistema de mensajes de WhatsApp, a través del cual ya se pueden escuchar mensajes grabados, además de textos, muy bien producidos y editados, con resultados que podrían dañar y mucho a su campaña.

A esto, Alberto Fernández respondió que era verdad, que a él ya lo están atacando, que de hecho la semana pasada se tiró a rodar la mentira de que había sido abogado de uno de los miembros del clan asesino que lideraba Arquímedes Puccio, y otras más por el estilo, con lo cual estaba al tanto.

Y concluyó diciendo que si ellos tienen y se manejan con esa parafernalia tecnológica para difundir masivamente falsedades, nosotros nos manejaremos con el pueblo, con la gente, porque la gente está de nuestro lado, a la que ya no se la puede engañar tan fácilmente.

La respuesta, debo confesar, me preocupó.

Los mecanismos y las fake news utilizados en la campaña electoral que puso a Macri en el sillón de la Rosada no admiten soslayar este poder.

Las compañías y las estrategias utilizadas para la organización, producción, difusión de ideas, slogans, falacias y promesas vanas, compiten con ese pueblo ideal que planteó Alberto Fernández.

Su respuesta fue como si en tiempos de la aparición de la imprenta, que dio el impulso entre otras cosas a la revolución luterana y la instauración del protestantismo en toda Europa, alguien a quien se le preguntara por esta tecnología hubiera respondido: no me preocupa porque de nuestro lado está Dios.

Hay que decirle a Alberto Fernández que el pueblo todo no está de nuestro lado.

También hay que decirle que la situación económica no es el detonante directo que empujará a la mayoría a votar por la fórmula del Frente de Todos.

Si hay algo que debimos haber aprendido ya, es que el pueblo y los trabajadores no son una entidad homogénea, ni siquiera un concepto explicable como se lo veía en el siglo XX y en el XIX, cuando surgieron las teorías más revolucionarias.

Esta mirada, hoy pueril y raquítica conceptualmente, es la que sigue manteniendo en su discurso el trotskismo unido.

Pero se deshace rápidamente ante los sistemas hegemónicos del discurso, algoritmos, redes, mecanismos electrónicos de captación, aprovechados e implementados por un poder político-empresarial que sabe que a las masas se les habla de uno por vez.

De ahí la enorme efectividad de las redes y de sistemas como WhatsApp. Lo que en otros tiempos era la plaza de Mayo y las plazas del mundo, aglomerando a la gente y dándoles la sensación de estar todos unidos en una misma idea, en los mismos ideales, eso que las incipientes ciencias sociales llamaron “la masa”, hoy se traduce en un mensaje al individuo, que sigue siendo igual de anónimo, pero que se reúne en ese espacio virtual al que apuntan las nuevas formas de control.

No se trata de decir que la reunión masiva de ciudadanos ya no tiene sentido o que ha desparecido de la escena.

Se trata de decir que a esta realidad se le ha agregado la realidad virtual, pero con más fuerza y con una capacidad ilimitada de difusión n o sólo de las ideas sino de las mentiras.

Sin dudas no alcanza con el acto de fe que se expresa en el concepto “el pueblo está con nosotros”.

No darnos cuenta de esto sería un error muy grave que nos costaría ya no sólo perder las elecciones como en el 2015, sino la profundización estructural de un modelo de desguace y explotación como el que ya estamos viviendo, pero con una permanencia en el tiempo de décadas.

Así piensan nuestros “contrincantes”. Marcos Peña: “Las elecciones hay que ganarlas como sea, por eso vale hasta la mentira”.

En una capacitación para los seguidores de Cambiemos, el jefe de Gabinete incentivó a mentir y a difundir noticias falsas (fake news) entre los familiares y conocidos para salir airosos en las elecciones de octubre.

“Esta campaña será en pequeños grupos de Whastapp, Facebook e Instagram.

El escenario cambió.

Es una campaña de conversación, de uno a uno”.

“Hay unos 12 millones de celulares inteligentes.

¿Quién llama por teléfono hoy?

Nos pasamos cuatro meses al año mirando la pantalla del celular.

El 90 por ciento de la gente usa WhatsApp; el 80%, Facebook, el 70%, Instagram”.

Miguel Ángel Pichetto, candidato a vicepresidente de Macri: “El concepto de traición es muy precario, carente de inteligencia”.

Durán Barba, asesor estrella de Macri: “Hitler era un tipo espectacular”.

Es contra este enemigo que luchamos.

. Un enemigo que no es contrincante porque está dispuesto a todo y porque tiene todos los recursos, locales e internacionales, para hacerlo.

No será fácil.

Pero será más difícil si seguimos en la idea de que el “pueblo” está con nosotros, que a la gente ya no se lo puede engañar más.