Hace 255 años que nacía quizá uno de nuestros más grandes hombres: José Gervasio de Artigas.

GERVASIO

Por Mariano Saravia

Cuando Artigas gobernó en 1815, promulgó un reglamento aduanero que gravaba con un fuerte impuesto la importación de mercancías extranjeras que compitieran con las manufacturas de tierra adentro. Era un proteccionista. Y sancionó el Código Agrario, primera Reforma Agraria de América. A decir de Eduardo Galeano, “la más avanzada y gloriosa constitución de cuantas llegaríamos a conocer”.

 

Por Mariano Saravia

 

 

¿El héroe del Uruguay?

NO. Eso es lo que nos enseñaron y lo que les siguen enseñando a nuestros niños y niñas.

Artigas NO es un héroe uruguayo sino nuestro, de las dos orillas del Río Uruguay y del Río de La Plata. Porque JAMÁS imaginó a la Banda Oriental separada del resto de la Patria.

Fue el primero y más lúcido de todos nuestros caudillos federales.

¿Se oponía a Buenos Aires?

NO. Buenos Aires se oponía a él, o mejor dicho, no Buenos Aires sino la oligarquía porteña, representada en Sarratea, Rivadavia, Carlos María de Alvear, Rondeau, Álvarez Thomas, entre otros.

Su proyecto no era simplemente oponerse a Buenos Aires, era otro proyecto de país, donde “naides es más que naides” y “los más infelices serán los más privilegiados”.

¿Por qué es el mejor de todos?

Porque en su construcción política, la igualdad era una realidad, ya en 1811.

Tenía mujeres generalas en su estado mayor.

Su principal asesor y amigo era un esclavo liberado: el Negro Ansina.

Y su principal general era un indio guaraní: Andrés Guacurarí, Andresito.

Porque en el mundo artiguista, la desigualdad social de la que venían, los igualaba y hermanaba.

Y porque en ese mundo artiguista, las grandes decisiones se tomaban colectivamente. Él decía: “Mi autoridad emana de vosotros, y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.

¿Por qué y cómo surgen los problemas con Buenos Aires?

El poder de Buenos Aires lo usa y lo traiciona alternadamente. En 1811 lo usan para sitiar Montevideo, que seguía fiel a España. Pero luego el Primer Triunvirato firma un armisticio con el virrey Elío y deja solo a Artigas.

¿Qué hace Artigas?

Se pone al hombro a todo un pueblo, más de 8.000 personas, niños, ancianos, hombres, mujeres, animales. Emprende el Éxodo Oriental y se convierte definitivamente en el Jefe de los Orientales.

Desde Montevideo hasta el Ayuí, hoy Concordia, al norte de la provincia de Entre Ríos.

Luego el poder porteño vuelve a traicionarlo cuando impide que sus delegados (los únicos elegidos democráticamente) participen de la Asamblea de 1813.

¿Por qué le impiden participar de la Asamblea del año 13?

Porque sus delegados llevaban el claro mandato de decretar la independencia y sancionar una constitución bajo la forma de gobierno republicana y federal.

¿Qué hace entonces Artigas?

Avanza en la construcción de otro modelo de Estado, muy diferente del que se está construyendo de este lado del Río de la Plata.

Y como Protector de los Pueblos Libres, sanciona nuestra independencia, el 29 de junio de 1815.

¿Cómo, nuestra independencia no fue el 9 de julio de 1816?

NO, gran mentira. Nuestra verdadera independencia fue el 29 de junio de 1815.

Ese día, en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, se sanciona la independencia de la Liga de los Pueblos Libres, que incluía la Banda Oriental, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.

¿Y entonces el 9 de julio?

Uno no puede independizarse si ya es independiente, y tampoco puede haber una primera y una segunda independencia, sin que haya en el medio una opresión u ocupación. Por lo tanto, nuestras provincias NO se independizaron del dominio español ni de ningún otro dominio un 9 de julio de 1816, aunque nos sigan metiendo en la cabeza esa falacia.

¿Y Córdoba estaba en esa Liga de los Pueblos Libres?

Sí, y tal es así que hasta ese momento (1815) nos imponían los gobernadores desde Buenos Aires. El último fue Ortiz de Ocampo. Y el primer gobernador elegido por el Cabildo de Córdoba fue José Javier Díaz, artiguista.

¿Y qué pasó después?

En Córdoba, los artiguistas se dieron vuelta, porque les gustaba la autonomía y la oposición a Buenos Aires, pero empezó a no gustarles tanto el proyecto social y político de esa construcción artiguista.

¿Por ejemplo?

Cuando Artigas gobernó en 1815, promulgó un reglamento aduanero que gravaba con un fuerte impuesto la importación de mercancías extranjeras que compitieran con las manufacturas de tierra adentro. Era un proteccionista. Y sancionó el Código Agrario, primera Reforma Agraria de América. A decir de Eduardo Galeano, “la más avanzada y gloriosa constitución de cuantas llegaríamos a conocer”.

¿Eso molestaba?

Por supuesto, por eso primero intentan sobornarlo desde el Directorio. Tanto Carlos María de Alvear como Álvares Thomas le ofrecen que se quede con la Banda Oriental y se separe del resto de la Patria, para sacarse un problema de encima.

Él rechaza contundentemente ese chantaje y responde que lucha por un país federal. De hecho, hasta el fin de sus días se autopercibe como “un argentino oriental”.

¿Lo vuelven a traicionar?

Córdoba lo traiciona. De todas las provincias integrantes de la Liga de los Pueblos Libres, es la única que envía delegados al Congreso de Tucumán, en 1816.

Y hace causa común con el poder porteño que al no poder sobornarlo, propician la invasión portuguesa a la Banda Oriental.

¿Y qué sucede con su proyecto alternativo de país?

Resiste contra los invasores y ocupantes portugueses hasta 1820, con su base de operaciones en Paysandú.

Pero cada vez se debilita más y luego de la Batalla de Tacuarembó, en 1820, se retira vencido al exilio en el Paraguay.

Desde el exilio no volvería nunca más, hasta su muerte en 1850.

Nunca volvió, ni siquiera luego de la independencia y constitución de la República Oriental del Uruguay en 1830, porque ese no era su proyecto político ni de Patria.

Su proyecto era una Patria unida pero federal, donde naides es más que naides y donde los más infelices serán los más privilegiados.

Un proyecto que quedó inconcluso. Pero que tenemos la obligación de retomar y concretar.

¡Viva Artigas! ¡Viva la Patria!, que siempre ES EL OTRO.