La caída de Perón por un golpe cívico militar en 1955 significó la pérdida de derechos inalienables del pueblo argentino.

FUSILADOS DE 1956: WALSH, OPERACIÓN MASACRE Y EL NACIONALISMO

Por Pablo Vázquez

Primero Lonardi y luego Aramburu, junto a Rojas, fueron instrumentos de sometimiento donde el exilio del presidente legítimo, la intervención de la CGT, disolución del partido Peronista Masculino y Femenino, interdicción de los bienes de la Fundación Eva Perón, derogación de la Constitución de 1949, encarcelamientos arbitrarios, secuestro del cuerpo de Evita y la persecución al justicialismo desde el decreto ley 4.161 ejemplifican el ánimo de venganza de la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”.

 

Por Pablo Vázquez*

 

La caída de Perón por un golpe cívico militar en 1955 significó la pérdida de derechos inalienables del pueblo argentino. Primero Lonardi y luego Aramburu, junto a Rojas, fueron instrumentos de sometimiento donde el exilio del presidente legítimo, la intervención de la CGT, disolución del partido Peronista Masculino y Femenino, interdicción de los bienes de la Fundación Eva Perón, derogación de la Constitución de 1949, encarcelamientos arbitrarios, secuestro del cuerpo de Evita y la persecución al justicialismo desde el decreto ley 4.161 ejemplifican el ánimo de venganza de la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”.

En el mes de junio de 1956, cuando Aramburu ordenó que partiese a Estados Unidos una misión financiera integrada por Adalberto Krieger Vasena para ratificar nuestro ingreso al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, se inició el Movimiento de Recuperación Nacional, que encabezó el general Juan José Valle, donde civiles y militares se unieron para abogar por el retorno de la democracia.

Entre el 9 al 12 de dicho mes, el gobierno dictatorial, infiltrando dicho movimiento por los servicios de inteligencia para, una vez iniciado el levantamiento, pudiese reprimir como disciplinador para toda la población, impuso la ley marcial deteniendo y fusilando a más de 30 personas sin juicio previo.

Los sucesos de los basurales de José León Suarez, en San Martín, provincia de Buenos Aires, donde fueron fusilados 12 personas, muriendo 5 en el acto, fue develado por el periodista Rodolfo Walsh al encontrar un sobreviviente.

Walsh, antiperonista al punto de apoyar el golpe del ’55, se encontró reconstruyendo el “motín peronista”, según sus palabras, en base al relato de un “presunto fusilado”.

Autodefinido como “un hombre de izquierda”, con un fugaz acercamiento a la Alianza Libertadora Nacionalista entre 1944 y 1945, que aunque conceptuada por él como “la mejor creación del nazismo en la Argentina”, ella “encarnó la exageración de un sentimiento legítimo, que se encarrilló masivamente en el peronismo.

Esta referencia importa al señalar que será en la prensa nacionalista donde primero anunciará este hecho hasta logra editar su obra maestra “Operación Masacre”.

Siguiendo el prólogo de dicha obra, “la primera noticia sobre la masacre – escribió Walsh – llegó a mis oídos en la forma más casual, el 18 de diciembre de 1956”. Agregó que “Operación Masacre apareció publicada en la revista Mayoría, del 27 de mayo al 29 de julio d e1957: un total de nueve notas. Los hechos que relato ya habían sido trazados por mí en el periódico Revolución Nacional, en media docena de artículos publicados entre el 15 de enero y fines de marzo de 1957.

Ahora el libro aparece publicado en Ediciones Sigla”.

Efectivamente, Revolución Nacional fue un periódico nacionalista de la línea de Lonardi, mientras que Mayoría respondía a los hermanos tucumanos Tulio y Bruno Jacovella, referentes del nacionalismo católico, que ya habían publicado la revista Esto Es, vinculados al inicio del peronismo pero distanciados por la política seguida por Perón con relación a la Iglesia. Es por su recomendación que Walsh se presentó al Estudio Ramos Mejía, donde funcionaba el semanario Azul y Blanco, de igual signo nacionalista, para hablar con su director Marcelo Sánchez Sorondo.

Y fue así como en diciembre de 1957 apareció Operación Masacre, por Ediciones Sigla, de Jorge Ramos Mejía, pero que pertenecía al citado Sánchez Sorondo, que ya había editado obras de Raúl Puigbó, Máximo Etchecopar y Mariano Montemayor, plumas del nacionalismo afín al lonardismo.

Walsh apuntó: “estos nombres podrían indicar, para mí, una excluyente preferencia por la aguerrida prensa nacionalista. No ha tal cosa… Quienes me ayuden a difundirlo y divulgarlo, es para mí un aliado a quien no interrogo por su idea política… porque ellos se atreven, y en este momento no reconozco ni acepto jerarquía más alta que la del coraje civil”.

En carta a Donald Yales, del 5 de junio de 1957, antes de la edición de Operación Masacre, Walsh le expresó que: “en los tribunales, el caso Livraga (el sobreviviente de los fusilamientos) ha seguido un curso lamentable. Los viejitos de la Suprema Corte de Justicia – dóciles al gobierno – han pasado la causa al Tribunal Militar que la reclamaba.

Es un precedente funesto. Los hombres del grupo Livraga fueron detenidos a las 23 horas del 9 de junio, cuando aún no regía la Ley Marcial. La Ley Marcial se decretó a las 0.32 del 10 de junio… esos hombre no fueron juzgados, que no actuaron en el motín, y que la mayoría era inocente hasta en la intención, se comprende la magnitud del caso”.

En memoria a los sucesos del 9 al 12 de junio de 1956, donde un gobierno de facto decidió fusilar a civiles y militares del Movimiento de Recuperación Nacional, liderado por Valle, el cual produjo un alzamiento en pos de recuperar los derechos humanos avasallados por la llamada “Revolución Libertadora”, exige su conocimiento, divulgación e interpretación de cara a este siglo como generadora y basamento emotivo de un proyecto inclusivo para todo el pueblo sin impunidad.

Luego vendrían otros trabajos, como el de Salvador Ferla, Mártires y Verdugos, y el de Daniel Brion, El presidente duerme, que completarían la investigación de Walsh.

Recuperar la memoria de estos sucesos, de la obra de Walsh y de la, casi, desconocida ayuda del nacionalismo, siempre tan denostado, en hacer conocer este hecho de sangre, mientras otras figuras republicanas sentenciaban que se “Había acabado la leche de la clemencia”, avalando estos asesinatos, como el caso del dirigente socialista Américo Ghioldi, es una justa reivindicación de las jóvenes generaciones hacia quienes son ejemplo por sostener un ideal superior, frente al holocausto producido por los ilegales e ilegítimos detentadores del poder de turno que arrasaron con los derechos humanos desde finales de 1955.

 

 

 

*Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES; Miembro del Instituto Nacional Eva Perón; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.