9 de junio de 1956. La autodenominada Revolución Libertadora, mostró su cara más feroz asesinando a mansalva a los patriotas que intentaron oponerse al gobierno de facto.

NO LOS OLVIDAMOS

En junio de 1956, Susana Valle es una adolescente de 17 años. Esa noche le permiten ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría Nacional. Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, «entero y sonriente», rodeado por un grupo de soldados de Infantería de Marina que parecen más asustados que el oficial que va a morir.
Las autoridades los dejan conversar unos minutos en una sala fría, custodiados por los infantes armados.

 

COMPAÑEROS!!!

NO LOS OLVIDAMOS.

9 de junio de 1956

En junio de 1956, Susana Valle es una adolescente de 17 años.

Esa noche le permiten ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría Nacional.

Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, «entero y sonriente», rodeado por un grupo de soldados de Infantería de Marina que parecen más asustados que el oficial que va a morir.

Las autoridades los dejan conversar unos minutos en una sala fría, custodiados por los infantes armados.

El general se sienta en una silla y ella se coloca en sus rodillas.

Valle le explica a Susana por qué decidió no asilarse en una embajada y entregarse:

«¿Cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados asesinados?

Yo no soy un revolucionario de café».

Antes de enfrentar el pelotón, el oficial tiene varios gestos.

Renuncia al Ejército, pide ser fusilado de civil y rechaza al confesor que le han asignado, Iñaki de Aspiazu, por ser capellán militar.

En su lugar, solicita la presencia de monseñor Devoto, el popular obispo de Goya.

Cuando Devoto llega, comienza a sollozar emocionado.

Valle bromea:

«Ustedes son todos unos macaneadores. ¿No están proclamando que la otra vida es mejor?».

Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: «Si vas a llorar, andate, porque esto no es tan grave como vos suponés; vos te vas a quedar en este mundo y yo ya no tengo más problemas».

Mucho tiempo más tarde, Susana recordará: «Papá estaba convencido de lo que iba a hacer».

Un oficial dijo: «Ya es hora».

Valle se quitó el anillo que llevaba y lo colocó amorosamente en sus manos.

También le entregó algunas cartas: a Aramburu, otra para «el pueblo argentino» y otra «para abuela, mamá y para mí».

Le dio un abrazo, la besó y se fue a paso firme por un largo pasillo después de hacer un ademán de despedida.

Sus custodios, en cambio, marchaban en forma vacilante, con las rodillas a punto de doblarse.

«Uno de los soldaditos salió de la fila y se me prendió llorando: «Te juro que yo no lo mato».

A ese chico lo tuvieron que retirar con un ataque de nervios», relata Susana.

«Después, me fui.

Ellos lo fusilaron, yo me lo llevé en el corazón».

LOS FUSILADOS:

MILITARES

Gral. de División JUAN JOSE VALLE

Coronel RICARDO SANTIAGO IBAZETA

Coronel ALCIBIADES EDUARDO CORTINES

Coronel JOSE ALBINO IRIGOYEN

Tte. Coronel OSCAR LORENZO COGORNO

Capitán ELOY LUIS CARO

Capitán DARDO NESTOR CANO

Capitán JORGE MIGUEL COSTALES

Tte. Primero JORGE LEOPOLDO NORIEGA

Tte. Primero NESTOR MARCEL OVIDELA

Subteniente ALBERTO JUAN ABADIE

Suboficial Ppal. MIGUEL ANGEL PAOLINI

Suboficial Ppal. ERNESTO GARECCA

Sargento Ayte. LUIS PUGNETTI

Sargento HUGO ELADIO QUIROGA

Sargento LUIS BAGNETTI

Cabo MIGUEL JOSE RODRIGUEZ

Cabo Músico LUCIANO ISAIAS ROJAS

 

CIVILES

CLEMENTE BRAULIO ROSS

NORBERTO ROSS

OSVALDO ALBERTO ALBEDRO

DANTE HIPOLITO LUGO

ALDO EMIR JOFRE

MIGUEL ANGEL MAURIÑO

ROLANDO ZANETTA

RAMON RAULVIDELA

CARLOS IRIGOYEN

CARLOS ALBERTO LIZASO

NICOLAS CARRANZA

FRANCISCO GARIBOTTI

MARIO BRION

VICENTE RODRIGUEZ