Te sacan el aire, el agua, la energía y la tierra. Instalan medidores, cabinas de peaje, molinetes, boleterías, tarifas dolarizadas, la espada y la pared.

LOS MUERTOS NO PAGAN, PERO LOS MORIBUNDOS FIRMAN LO QUE SEA

Por Néstor O. Gozza

Se habla mucho sobre la renegociación con el FMI, pero nada de las nuevas privatizaciones y la renovación de las actuales, que vencen, casualmente, en el próximo período presidencial. Los vencimientos de deuda con el FMI son tan absurdos como incumplibles. La OFI (oligarquía financiera internacional) no quiere dólares ni euros; ya tiene todas las fábricas de esos rectangulitos de papel. Quiere fierros; centrales nucleares, represas, autopistas, puertos, aduanas, ríos y mares.

Por Néstor O. Gozza
NAC&POP

30 de Mayo 2019

La deuda delirante que había contraído la dictadura estaba destinada a privatizar las rentas estatales, que son como los recursos naturales.

Te sacan el aire, el agua, la energía y la tierra. Instalan medidores, cabinas de peaje, molinetes, boleterías, tarifas dolarizadas, la espada y la pared.

Lo hicieron, y lo hacen, en casi todo el mundo; en la ex URSS de los noventa y en la Grecia actual.

El demonizado Nicolás Maduro de Venezuela se llamó Boris Yeltsin en Rusia y Slobodan Milosevic en Yugoslavia.

El gigantesco continente africano casi ya no tiene tierras cultivables que no estén en manos de “los inversores” multinacionales o locales.

Da igual: Los ricos siempre fueron extranjeros, sentenció Pablo Neruda en 1973.

Los resultados del caos generado no son automáticos.

La seguidilla de bombardeos a ciudades indefensas de la segunda guerra mundial se pasó de rosca; consolidó al bloque comunista y los europeos multimillonarios tuvieron que pagar impuestos como nunca lo habían hecho.

Los bombardeos a las naciones árabes son impredecibles, sobre todo si se trata de Palestina, Líbano o Siria.

En 1955, Perón se exilió para evitar la devastación, pero el plan nuclear argentino siguió su curso, quizá como parte de la resistencia.

El caos del 2001 pudo haber costado más caro; no había mucho para privatizar, y se evitó la concentración de la tierra en poquísimos “inversores”.

Tampoco fue gratis: el modelo privatista se consolidó, se estatizaron deudas de los grandes grupos económicos y se inauguró una especie de Ministerio de Limosnas para contener desbordes sociales.

La presión tributaria fue más regresiva que en la dictadura y los dueños agropecuarios son, al 2018, cuatro veces menos que en los ‘70.

La OFI (oligarquía financiera internacional) no quiere dólares ni euros; ya tiene todas las fábricas de esos rectangulitos de papel.

Quiere fierros; centrales nucleares, represas, autopistas, puertos, aduanas, ríos y mares.

La resistencia, la negociación o la sumisión tampoco son automáticas.

Depende de los pueblos y sus gobernantes, de principios y convicciones.

También del contexto internacional.

Debemos entender al mundo con gran lucidez para mover nuestras pocas fichas correctamente.

De eso depende cuánto terminemos perdiendo.

O, con un poco de buena suerte, que saquemos alguna ganancia.

Ellos quieren negocios monopólicos, dolarización e impunidad (la mano de obra barata se dará por añadidura).

Nosotros, el pueblo, debemos recuperar el control de puertos y aeropuertos, fronteras, aduanas, organismos impositivos y catastros para que el fisco se nutra de las grandes fortunas, en vez nutrirse de los trabajadores.

Es inútil pensar en economía y finanzas desde simples escritorios.

Los estados ineficientes son el gran problema de los que trabajamos, y la gran cobertura de los saqueadores.

El famoso “estado bobo” no es casualidad, sino una categoría ideológica muy estricta,  todo un dogma.

NOG/