Un día me trajo un libro de Ella. - Se lo presto maestra para que lea La miré con ternura displicente.

HACE MUCHO QUE NO LEO ALGO TAN BRILLANTEMENTE ESCRITO

Por Maria Rubio

En el fondo mi soberbia clasemediera, mis años de escuchar el relato gorila de los hechos, la estupidez de creer en las paparruchadas que describían a sus seguidores como fanáticos, el goteo incesante de tilinguería, aún o más bien, fundamentalmente en espacios académicos, hizo que arrojara el libro en el fondo de mi mochila, y me olvidara.
Al mes me preguntó si lo había leído…

 

Por Maria Rubio

(Especial para docentes)

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«Un día me trajo un libro de Ella.

– Se lo presto maestra para que lea

La miré con ternura displicente.

En el fondo mi soberbia clasemediera, mis años de escuchar el relato gorila de los hechos, la estupidez de creer en las paparruchadas que describían a sus seguidores como fanáticos, el goteo incesante de tilinguería, aún o más bien, fundamentalmente en espacios académicos, hizo que arrojara el libro en el fondo de mi mochila, y me olvidara.

Al mes me preguntó si lo había leído.

Primero no entendía de qué hablaba, inmediatamente recordé el libro arrojado al fondo de la mochila – morral del Machu Pichu y sus estandartes originarios que completaban el cuadro de mi desorientación.

Mentí un sí, jurándome mirarlo en diagonal esa misma noche para poder decirle algo

Volví a casa, busqué el libro, pero no lo encontré por ninguna parte.

La mochila morral había sido lavada, y yo habría sacado el ejemplar sin demasiada conciencia de dónde lo estaba guardando.

Revolví toda la casa,  y no hubo caso.

No estaba.

Como si se lo hubiese tragado la tierra.

Como si Ella hubiese venido a retirar de mi casa, de mi desprecio, de mi indiferencia, sus palabras.

Volví al centro educativo, y le dije que lo había perdido.

Que me disculpara.

Se echó a llorar desconsoladamente.

Recuerdo su angustia, su voz entrecortada, su respiración agitada, su rabia, sus ganas de matarme y su manso respeto a mi persona por ser su maestra.

Yo tenía 24.

Era muy chica aún.

Y ella lo sabía

– Usted será la maestra, pero hay cosas que todavía tiene que aprender.

Y se fue. Y no vino más.

Pasé los siguientes días buscando y buscando ese libro.

Hasta que una mañana, lo encontré.

Estaba metido en el fondo de una caja.

Vaya a saber cómo había ido a parar ahí.

Se llamaba «Por qué soy peronista» 

Estaba amarillento.

Era un tesoro que había sobrevivido bombardeos, fusilamientos, proscripciones, y casi había caído ante una de las armas más peligrosas de este tiempo: la ignorancia prepotente de la clasemediería.

Cuando lo ví, lo abracé casi llorando.

Lo guardé celosamente en mi cartera, y me fui al barrio a buscarla.

Le toqué el timbre.

Era domingo y llovía.

– quién es?

– Soy yo, tu maestra, Eugenia

Silencio.

Al rato abrió la puerta.

Me miró con desconfianza

– Martita, encontré tu libro. Y te lo quise traer sin falta.

Lo saqué de mi cartera y se lo dí.

– Te pido mil disculpas por mi descuido

Me hizo pasar, nos sentamos a la mesa con un mate que yo siempre aceptaba aunque a mí el mate no me gusta, y ella me hablaba sin dejar de acariciar ese libro rescatado del olvido.

En un momento, me miró a los ojos y me dijo:

– Lo leyó maestra?, De verdad. Lo leyó?,- y me clavó la vista.

Bajé la cabeza con vergüenza, y confesé que no.

Que sólo lo había hojeado.

– Entonces se lo presto de nuevo.

Ahora usted ya entendió que esto es un tesoro.

Sólo falta que lo lea.

Ella así lo hubiera querido

Me lo llevé a casa.

Lo leí en una noche.

Quería devolvérselo rápidamente para no correr el riesgo de perderlo nuevamente.

Y entonces descubrí a Evita.

Descubrí su tiempo, su historia, su pasión.

Al lunes siguiente, Marta estaba de nuevo en el Centro Educativo.

Le llevé el libro y dí muestras de haberlo leído.

Sonrió, y me dijo

– Ud. maestra es joven todavía, y no lo sabe.

Pero Ud. es peronista.

Nos reímos juntas.

Y yo me sentí aliviada de haberle regresado su tesoro, a una mujer que me regaló la historia en un libro gastado con el que había aprendido a leer, a luchar y a soñar la dignidad de los pueblos.

A cien años de su nacimiento, hoy celebro que la historia, me haya dejado crecer para entender y admirar a esa inmensa mujer.

Eva Duarte.

Esa mujer.»

 

 

Maria Rubio 💕

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