Yo la acompañaba, a veces, a barrios suburbanos, en noches frías de invierno, a llevar medicamentos a un enfermo y entraba con ella en una casita humilde.

LA EVITA DEL PADRE BENÍTEZ

Memorias del Padre Benítez, el confesor de Eva Perón

Padre Benítez: Y yo, pastor de cristo, daba un paso atrás, yo, sacerdote, imagínese… Ella salía y me retaba. – Era terrible.  – Pero Padre, Usted se cree que vinimos nada más que a traer medicamentos como hacían las oligarcas de la Sociedad de Beneficencia?; Vinimos a traer solidaridad, a que este hombre se sienta uno como nosotros, un argentino por el cual otros argentinos se preocupan y sufren por su estado y quieren fervientemente que se sane.

 

(Memorias del Padre Benítez, el confesor de Eva Perón).

 

«Yo la acompañaba, a veces, a barrios suburbanos, en noches frías de invierno, a llevar medicamentos a un enfermo y entraba con ella en una casita humilde.

En una cama, un señor jadeaba con dificultad y en su rostro se veían llagas profundas, purulentas.

Ella entraba, saludaba a todos, dejaba los medicamentos en una mesa y luego se acercaba al hombre para darle una palabra de aliento y le besaba la cara.

Y yo, pastor de cristo, que había estudiado el Evangelio en el colegio Máximo de Devoto, yo, que había dado no sé cuántas misas y había predicado en la Catedral, daba un paso atrás, yo, sacerdote, imagínese…

Ella salía y me retaba.

Era terrible.

– Pero Padre, Usted se cree que vinimos nada más que a traer medicamentos como hacían las oligarcas de la Sociedad de Beneficencia?; Vinimos a traer solidaridad, a que este hombre se sienta uno como nosotros, un argentino por el cual otros argentinos se preocupan y sufren por su estado y quieren fervientemente que se sane.

No va a decir que no lo entiende, Padre…

¡Terrible!

Ella era más cristiana que yo, para ella el cristianismo no era un sermón, ni una hostia, era mucho más, era sentir el dolor de los desamparados ¿comprende?-