“Fundieron el motor y resolvieron cambiar las gomas”, dijo el diputado Agustín Rossi y, tal vez, haya sido la figura más precisa para sintetizar el cuadro de situación.

LA CASA ESTÁ EN DESORDEN

Por Eduardo Aliverti

Las caras de los ministros usados en reemplazo de la imagen presidencial, en ese nuevo velatorio disfrazado de conferencia de prensa para anunciar el programa de “alivio”, lo decían todo. La prensa oficialista apenas si pudo refugiarse, por pocas horas, en su despliegue casi monotemático sobre el incendio de Notre Dame. Luego, no le quedó otro remedio que poner más rostros y textos de cortejo fúnebre en las preguntas de si acaso alcanzarán unas medidas sin defensa del propio jefe de Estado.

Por Eduardo Aliverti

Página 12/ El País

22 de abril de 2019

 “Fundieron el motor y resolvieron cambiar las gomas”, dijo el diputado Agustín Rossi y, tal vez, haya sido la figura más precisa para sintetizar el cuadro de situación.

Se precipitan varias certezas, interrogantes y sensaciones de un modo que no se conoció en lo que va de la gestión macrista.

Al Presidente lo esfumaron, salvo por el inenarrable video subido a Youtube en que se refuerza la presencia de un hombre deshilachado, irresoluto, ya sin siquiera una pizca de convicción actuada. Después, se fue a descansar al Valle de Paravachasca.

Las caras de los ministros usados en reemplazo de la imagen presidencial, en ese nuevo velatorio disfrazado de conferencia de prensa para anunciar el programa de “alivio”, lo decían todo.

La prensa oficialista apenas si pudo refugiarse, por pocas horas, en su despliegue casi monotemático sobre el incendio de Notre Dame. Luego, no le quedó otro remedio que poner más rostros y textos de cortejo fúnebre en las preguntas de si acaso alcanzarán unas medidas sin defensa del propio jefe de Estado.

Los economistas amigos trinan por derecha. Juan Carlos de Pablo, a quien cabe reconocerle el mérito de haber sido el primero de la academia neoliberal en advertir que gobierna una banda de ineptos, dijo que no puede ser una genialidad lo que antes era una bobería populista. Ni hablar de Carlos Rodríguez, el ultraortodoxo que fue viceministro de Economía en el menemato: pide juicio político para Macri y presume que Guillermo Moreno lo copia.

Hasta desaparecieron los trolls del equipazo gubernamental. Salvo algunas provocaciones groseras de las que se disparan automáticamente desde el call center del vietnamita Marcos Peña, ni siquiera hay ánimo digital para algún argumento de tinte elaborado.

Como hay para elegir, si se busca otro top puede no ser ese video de Macri con mueca de “qué hago acá a esta hora de la mañana, tocando el timbre de un departamento”, sino un dicho del delegado fondomonetarista. “No pensamos en las elecciones sino en las futuras generaciones”, sostuvo Nicolás Dujovne.

El Plan Retazos, Otoño, Parche o Desesperación ya fue exprimido por especialistas de toda tendencia, arribados a conclusiones nada distintas a las que puede sacar cualquier persona del común, mínimamente informada.

Hay “un pacto de caballeros”, según señaló también el delegado Dujovne en otra afirmación de antología.

Se pretende estabilizar a 64 segundas y terceras marcas de cuya existencia, en ciertos casos, no se tenía la menor idea. Desde ya, los precios de tales productos (nunca su “baja”, como tituló Clarín este sábado) fueron remarcados a lo pavote en la previa del acuerdo con esos nobles hidalgos.

El convenio sobre la carne involucra, en kilaje, al 0,24 por ciento del consumo país. Carne de vaca y de un ejemplar de toro denominado MEJ (Macho Entero Joven). Ternera, novillo y novillito te lo debo. Los cortes involucrados –asado, vacío y matambre– sólo estarán disponibles en el Mercado Central de Buenos Aires, en algunos frigoríficos de Córdoba y Santa Fe y en otros de sus bocas de expendio, que no se sabe cuáles son. No llegarán a las carnicerías de barrio.

El congelamiento de tarifas de servicios públicos, siempre después de su bruta dolarización, es cargado a las cuentas provinciales. Si se mira por distrito, cada jurisdicción tiene una problemática particular. El anuncio congelador no sale de Capital y del territorio bonaerense.

Los créditos de 200 mil pesos a los jubilados, ¡para que refinancien otros o puedan comprar remedios!, son prometidos hasta en 60 cuotas sin superar un tercio del ingreso y se montan en una tasa de interés que implica terminar pagando más del ciento por ciento recibido. Rige igual proporción para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. Chiche bombón.

Los aliviadores lanzaron asimismo un plan de pagos de la AFIP, en medio de la ruina de ingresos y productiva que, de acuerdo con las últimas cifras actualizadas por fuentes del sector, genera el cierre de 40 pymes por día.

A todo el paquete de medidas debe aplicársele “hasta octubre”. Los genios de la comunicación gubernamental sustituyen la advertencia por “durante seis meses”.

Debe haber muy pocos antecedentes mundiales –si acaso hubiere– de un gobierno capaz de avisar que cuanto se le ocurrió, a contramano de su prédica antipopulista, tiene el solitario objetivo de aguantar hasta las elecciones.

Algo tenían que hacer, dicen quienes se aferran a cualquier cosa para encontrar un hálito de esperanza, o de despertar político, como si una gestión de estas características pudiera dar marcha atrás estructural.

Y mejor que nada es, teniendo en cuenta el sufrimiento popular ya llegado al hambre, dicen otros que no se tomaron el trabajo minúsculo de estudiar cuál impacto masivo tiene esta puesta en escena.

Una deuda externa impagable y la profunda desconfianza de los mercados internacionales, que tanto querían a Macri y que promoverían una lluvia bíblica de inversiones, llevan a que el riesgo-país traspase récords en el régimen del amigazo. La derecha inteligente mira ese índice. No la cotización del dólar.

El exclusivo sostén cambiemita es el gobierno de Trump. Más precisamente, su influencia decisiva en el Fondo Monetario. El “círculo rojo” local va soltándole la mano a Macri, por supuesto que en términos de administración política y nunca de desengaño sobre las bondades del modelo.

Los números de una consultora con la que el Gobierno trabaja provocaron conmoción. Dan a Cristina ganando un ballottage por cerca de diez puntos, más el pronóstico de que los votantes del peronismo federal se inclinarían preferentemente a ella, más que suben quienes estarían dispuestos a votarla si no hay otra opción y bajan los que elegirían a Macri frente a la misma alternativa.

¿Son cifras verosímiles o es una agitación macrista para asustar con el retorno del cuco? Cualquiera sea la respuesta, el Gobierno sufre idéntica encerrona. Si es veraz que Cristina no para de crecer, está puesto. Pero si fuera certero que mostrarla vencedora es una estratagema para juntar al espanto, produce más incertidumbre espantada todavía.

La tercera variante, que es Cristina resignando su candidatura, resulta igual de dramática para el macrismo. Toda figura que la reemplazara reduciría el discurso de no retornar al pasado. Y enfrente no asoma nadie excepto por el operativo Lavagna, un hombre sin armazón territorial, emperrado en creerse la salvación nacional del consenso y suscitado por el establishment como cortina de prueba que no va ni para atrás ni para adelante.

Esas son las contrariedades de la crujiente alianza gubernativa que, aún, se nutre de patrias mediática y judicial, ambas con problemas severos. Igualmente, cabe insistir con que el Gobierno, a través su delgadísimo acuerdo de precios, movió. Y con que no debe subestimarse que algunos artificios vuelvan a darle efecto positivo entre sectores medios, de esos que yegua mediante son aptos para otro embaucamiento.

El resultado de las próximas elecciones en Córdoba y Santa Fe podría ser clave para determinar si las corporaciones rojas –vaya ironía– abandonan definitivamente a Macri. Pero, sobre todo, para ver cómo contestan esos venturosos mercados externos que nos iban a cambiar la vida por el solo hecho de que ganara su candidato carnal.

Enfrente, la herencia tenebrosa que este Gobierno dejará para terceros –o sí mismo– es de una magnitud quizás inédita porque, al contrario de 1989 y 2003, no hay condiciones internacionales favorables. Crecieron a lo bestia la deuda externa, los pobres, los indigentes, la destrucción del tejido productivo que mal que mal se había recompuesto.

Es probable que lo siguiente resuene como una lejanía insensible. Aún a costa de eso, vale tener expectativas de que la desgracia cambiemita no dejará lugar para medias tintas.