El 4 de abril, Álvaro García Linera dictó en la UNLa la conferencia magistral “¿Por qué es tan difícil cambiar el mundo?”.

UNLa CONGRESO NACIONAL DE FILOSOFÍA: GARCIA LINERA: “HAY UN SENTIDO COMÚN DOMINANTE QUE ORDENA LAS JERARQUÍAS»

Por Daniela D'Ambra

“La lucha sigue” fue la advertencia señalada, por eso la clave para García Linera, ya promediando su exposición, fue que “siempre hay un sentido común. Lo que puede cambiar es el contenido del sentido común. Y en ese sentido, las luchas políticas de hegemonía son fundamentalmente luchas por el monopolio de la conducción y la dirección del sentido común dominante. Un proceso revolucionario es duradero si es capaz de transformar expansivamente el sentido común.

La Dra. Ana Jaramillo, rectora de la UNLa junto a Álvaro García Linera, Vcepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia

Por Daniela D’Ambra*

NAC&POP

04 abril 2019

En una atmósfera llena de expectativa, el Aula Magna “Bicentenario” repleta recibió al actual vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, con un aplauso cerrado.

Su presencia se dio en el marco de la segunda jornada del Congreso Nacional de Filosofía 2019 de la Universidad Nacional de Lanús, en el que García Linera fue presentador internacional de la mesa “Filosofía y ética de la ciencia”.

Su exposición estuvo precedida por la entrega del título por parte de la Rectora de la Universidad, Dra. Ana Jaramillo, de Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Lanús, que el Consejo Superior de esta casa de estudios otorgó en valoración por sus aportes al pensamiento nacional y latinoamericano.

García Linera como pensador forjó su recorrido combinando la lucha política con la formación intelectual como sociólogo.

Su militancia, en la década del ’80 en el Ejército Guerrillero Tupac Katari, luego en el Grupo Comuna y más adelante confluyendo con Evo Morales en las primeras etapas del MAS-IPSP, tuvo un importante compromiso en el forjamiento de un ideario situado que pudiera interpretar la lucha del pueblo boliviano y desarrollar una práctica hacia la transformación de su realidad que durante siglos privilegió los intereses de los sectores dominantes que concentrando un poder económico abrumador controlaron los resortes del Estado sin limitaciones.

En ese sentido, el desarrollo de su recorrido intelectual nunca estuvo desligado de las luchas sociales que le dan encarnadura y sustento a sus reflexiones que giran en torno a los desafíos que se les presentan a los pueblos latinoamericanos en la disputa política por el poder.

En su exposición, García Linera planteó como centro de su análisis una reflexión sobre el sentido común y en torno a una pregunta que sirvió de ordenadora de sus reflexiones: “¿Por qué es tan difícil cambiar el mundo?”.

En ese sentido, señaló Linera “Nos dicen que el 1% de la población concentra el 82% de la riqueza en el mundo entero y sin embargo en el mundo entero prevalecen proyectos conservadores, políticas conservadoras, formas de organización del trabajo abusivas, denigrantes.

¿Por qué las clases subalternas no se rebelan permanentemente?, ¿por qué cuando se rebelan luego una buena parte vuelve a caer en la elección y la elección de las políticas nuevamente conservadoras que vuelven a oprimir a los subalternos?”.

Este tema no es nuevo para la filosofía política, sin embargo Linera planteó la necesidad de pensar una explicación a esta disyuntiva que abordara la relación entre las estructuras de dominación y las estructuras mentales de acción, al rol del sentido común dominante en la conformación de realidades.

Eso que parece un mecanismo de adhesión “espontánea” de la sociedad a las estructuras de dominación responde, según Linera, a tres ejes: una ubicación normativa en el mundo; el rol del lenguaje en el aprendizaje, en su capacidad de creación de realidades y en la interiorización del orden social prevaleciente; y en los conocimientos corporales que expresan emocionalmente  esa misma “ubicación” del lugar en el orden dominante.

 

 

Estas cuestiones condicionan una manera de actuar naturalizada y que parece reproducirse luego de forma espontánea.

Para desarrollarse, no necesita juicios reflexivos previos: el sentido común genera modalidades de comportamiento ante los marcos institucionales, antes las jerarquías, ante las relaciones de poder que parecen naturales, incuestionables, pero no lo son.

Esto no quiere decir, según Linera, que haya un solo sentido común ni una sola estructura de respuesta ante un orden social constituido: “Si esto que llamamos sentido común es una manera subjetiva y evidente de interiorizar el mundo objetivo, y si ese mundo objetivo está marcado por jerarquías, por relaciones de dominación, está claro entonces que habrá varios sentidos comunes correspondientes a esas varias condiciones objetivas de clase y de género (…)

Mi sentido común como clase subalterna no es el mismo que mi sentido común como clase dominante”.

De estas reflexiones, Linera llegó a dos importantes conclusiones preliminares: hay una fuerza social que tiende a la conservación de las estructuras de dominación y que genera a partir del sentido común dominante una forma de actuar, de pensar y de sentir esperables.

Pero esas limitaciones que produce el mundo objetivo no implican la inexistencia de alternativas de acción que expresen posibilidades de cambio: “siempre hay un espacio de libertad, de creatividad, de improvisación” y tanto el sentido común como las condiciones objetivas sobre las que se estructura la dominación son espacios de lucha, de disputa: “La preservación es dominante, pero al interior de esa preservación hay ámbitos de lucha”.

En ese sentido, señaló Linera que “hay un acople de las clases subalternas al orden dominante, cohesionado y garantizado por esta manera de estructurar el orden reticular de la vida cotidiana, y entonces los principios de conservación son dominantes, predominantes y más fuertes que los principios de transformación, y este es el orden dominante y esto es lo que garantiza la adhesión inmediata, ‘espontánea’ de la sociedad al orden social.

Pero hay momentos excepcionales de la sociedad en que esto se quiebra parcialmente, son los momentos que llamamos revolucionarios, son los momentos de insurgencia social, que son excepcionales en las vidas de los pueblos. Pero excepcionalidades obligatorias, que tarde o temprano se dan”.

En el análisis de los tiempos revolucionarios o de lo que llama “punto de quiebre o bifurcación cognitiva”, García Linera señaló varios aspectos que consideró que pueden favorecer el desarrollo de momentos de transformación social: “la frustración colectiva activa, el quiebre de tolerancias morales, el riesgo de muerte colectiva, una crisis de legitimidad, la inflación de expectativas colectivas el resquebrajamiento de certidumbres de vida o de futuro, la acumulación explosiva de agravios la abrupta contracción de satisfacciones materiales y la desposesión de recursos o reconocimientos”.

Esto lleva a puntos de quiebre de la dominación porque los pueblos “más pronto que tarde o más tarde que pronto se rebelan”.

El quiebre del sentido común dominante, abre la posibilidad de la acción colectiva y del desarrollo de tiempos revolucionarios.

Para que esto sea capaz de generar nuevos procesos de hegemonía en la lucha por el sentido común, Linera señaló que es fundamental la capacidad de tender alianzas entre los sectores que disputan las fuerzas de transformación, en la posibilidad de desmontar los conformismos y en la posibilidad de desmontar la red de saberes, de consensos y expectativas que están presentes aun cuando se haya logrado un quiebre del sentido común.

“La lucha sigue” fue la advertencia señalada por Linera en esta instancia, ya que el sentido común dominante no deja de existir en momentos revolucionarios y tiene la posibilidad de encontrar instancias de resurgimiento que pueden invocar “sedimentos ultraconservadores” como forma de reacción ante el avance de los sectores subalternos.

Por eso la clave para García Linera, ya promediando su exposición, fue que “siempre hay un sentido común.

Lo que puede cambiar es el contenido del sentido común.

Y en ese sentido, las luchas políticas de hegemonía son fundamentalmente luchas por el monopolio de la conducción y la dirección del sentido común dominante.

Un proceso revolucionario es duradero si es capaz de transformar expansivamente el sentido común.

Si el sentido común se detiene es altamente probable que de paso inmediatamente a una contraofensiva del viejo sentido común y de elementos arcaicos de viejos sentidos comunes que se sobrepongan al sentido común progresista que va ocupando determinados espacios”.

Las posibilidades de transformación de las realidades injustas que atravesamos, entonces, dependerá de la continuidad de la lucha por la hegemonía que pueden llevar adelante las clases subalternas y no abandonar la disputa por el poder material del Estado.

La clave radica entonces, en el concepto de hegemonía y “en qué medida construyes un nuevo orden lógico del mundo, en qué medida luchas por el poder de Estado”.

“Estoy convencido de que incluso cuando todo está o parece perdido hay que volver a trabajar tranquilamente, volviendo a empezar por el principio”.

Así cerró su conferencia García Linera, haciendo suyas las palabras del pensador Antonio Gramsci.

*Historiadora, miembro del CEIL “Manuel Ugarte, UNLa.