Scalabrini Ortiz dilucidó como la historia oficial dictada en las escuelas, había sido distorsionada, ya que había sido redactada por los hombres de la oligarquía liberal extranjerizante

SCALABRINI ORTIZ Y LOS CINCO PRINCIPIOS DE COOPERACIÓN COLECTIVA

Por Lic. Osvaldo Cuesta

También sobre la tarea de la prensa opinó y tomó posición: La prensa argentina es actualmente el arma más eficaz de la dominación británica. Es un arma traidora como el estilete, que hiere sin dejar huella. Pronto se transforma en mantel o en envoltorio, pero en el espíritu desprevenido del lector va dejando un sedimento cotidiano en que se asientan, forzosamente las opiniones.

Por Lic. Osvaldo Cuesta

NAC&POP

15/02/2019

SCALABRINI ORTIZ Y LOS CINCO PRINCIPIOS DE COOPERACIÓN COLECTIVA

Un 14 de febrero, pero de 1898, hace 121 años nacía en la Provincia de Corrientes en el seno de una familia de clase media Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz.

Hijo de Pedro Scalabrini y Ernestina Ortiz, llevó adelante una insobornable tarea de esclarecimiento acerca de las verdaderas razones de la dependencia argentina.

Raúl Scalabrini Ortiz fue un escritor notable y un intelectual de fuste, un inmenso poeta, que encaminó su destino a ser un infatigable luchador por la causa nacional.

Comprendió y denunció con lucidez y valentía la farsa del sistema de entrega, dominación extranjera y explotación que pretendía disimularse escudándose tras los símbolos patrios.

Acusó como cómplices del despojo a la oligarquía vernácula y a los personeros intelectuales puestos a su servicio.

Scalabrini resumía este paso hacia el compromiso político y social diciendo:

“Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros… Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe».

Y esa fe lo convirtió en el Fiscal de la Patria contra la entrega y la claudicación. Identificó que los problemas del pueblo argentino se asociaban con los problemas nacionales, porque Nación y Pueblo son conceptos consustanciales e inseparables.

Actualmente, resulta necesario que el pueblo argentino conozca el origen de los problemas del país, por eso, recordar y releer a Scalabrini Ortiz constituye un deber ineludible:

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño.

Solo requieren saber sumar y restar.

Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda.

Si no la entiende es que están tratando de robarlo.

Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

Así, cada vez más se acerca medularmente al drama nacional y se dispone a desentrañar la estructura del sometimiento.

“… entré en el estudio de los constituyentes económicos de mí país, no porque la economía y su cotización de materialidades me atrajera particularmente, sino porque no es posible la existencia de un espíritu sin cuerpo, y la economía es la técnica de la auscultación de los pueblos enfermos.”

A través de esta definición, muestra de que manera comprendió que todo lo que se presentaba como incuestionable era falso o irreal; falsa la historia, falsa las cuestiones económicas, falsas las perspectivas mundiales, falsas las alternativas políticas, irreales las libertades de las que tanto se hablaba.

Por esa razón, se abocó a la tarea de buscar otra historia: escarbó archivos, desenterró documentos, exhumó y dio nueva vida a voces extintas que habían sido sepultadas por la incomprensión.

Su compromiso con lo popular lo lleva a ser parte del levantamiento radical de Paso de los Libres, Corrientes en 1933.

Una rebelión rápidamente abatida que le costó una detención en la isla Martín García y, tras esta, se ve obligado a exiliarse del país y residir en Europa.

En 1934 escribe desde Alemania sobre la cuestión nacional.

De regreso del exilio en 1935 participa del periódico Señales y, en un gran paso histórico junto a, entre otros, Arturo Jauretche, Homero Manzi, Gabriel del Mazo, Luis Dellepiane, crean FORJA, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, cuya declaración de principios proclamaba “Somos una Argentina Colonial, queremos ser una Argentina Libre”.

Esta es la etapa más prolífica y trascendente de Scalabrini. Escribe en Los Cuadernos de Forja, desde donde aborda los temas centrales de la dependencia, los ferrocarriles, el endeudamiento, el petróleo y más.

Dicta conferencias, genera reuniones de debate. Produce dos obras que ningún argentino de bien puede prescindir de leer «Historia de los Ferrocarriles Argentinos» y «Política Británica en el Río de la Plata». 

Scalabrini Ortiz dilucidó como la historia oficial dictada en las escuelas, había sido distorsionada, ya que había sido redactada por los hombres de la oligarquía liberal extranjerizante y así lo resumía:

“La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido consciente y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo con un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente” …

“La reconstrucción de la historia argentina es, por eso, urgencia ineludible e impostergable.

Esta nueva historia nos mostrará que los llamados “capitales invertidos” no son más que el producto de la riqueza y del trabajo argentinos contabilizados a favor de Gran Bretaña”.

También sobre la tarea de la prensa opinó y tomó posición:

“La prensa argentina es actualmente el arma más eficaz de la dominación británica.

Es un arma traidora como el estilete, que hiere sin dejar huella.

Un libro permanece, está en su anaquel para que lo confrontemos y ratifiquemos o denunciemos sus afirmaciones.

El diario pasa. Tienen una vida efímera.

Pronto se transforma en mantel o en envoltorio, pero en el espíritu desprevenido del lector va dejando un sedimento cotidiano en que se asientan, forzosamente las opiniones.

«Las creencias que el diario difunde son irrebatibles, porque el testimonio desparece”.

A pesar de los intentos por silenciar a los hombres de FORJA, ellos no cejan y subterráneamente van forjando la conciencia nacional, despertándola de años de adormecimiento.

El 4 de junio de 1943, el Grupo de Oficiales Unidos, GOU, lleva adelante una Revolución Nacional.

Uno de los libros que esos militares consideraban texto obligatorio para su formación política era «La Historia de los Ferrocarriles» de Scalabrini Ortiz.

Cuando Scalabrini, tiempo más adelante conoce a Juan Domingo Perón, le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles.

El 17 de octubre de 1945, Raúl Scalabrini Ortiz, verá y será parte de aquella “muchedumbre que iba por la mañana y volvía por la tarde” de la que nos hablaba en “Los Humildes”, sentirá el “espíritu de la tierra” que nos presentaba en “El Hombre que está solo y espera”, y produce la más hermosa descripción de aquella maravillosa jornada que cambiaría la historia del país:

“El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo cuando las primeras columnas de obreros comenzaban a llegar.

Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres.

No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábitos de burgués barato.

Frente a mis ojos desfilaron rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de brea, grasas y aceites.

Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: ¡Perón!…

Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad.

Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando.

Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y de Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora…

Era el subsuelo de la patria sublevado.

Era el cimiento básico de la nación que asomaba por primera vez en la tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto.

Era el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente, en su primordialidad sin recatos y sin disimulos.

Era el de nadie, y el sin nada, en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos…

Éramos brizna de multitud y el alma de todos nos redimía.

Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.

Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto.

Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación.

El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.

Por inusitado ensalmo, junto a mí, yo mismo dentro, una muchedumbre clamorosa de cientos de miles de almas conglomeradas en un solo ser unívoco, aislado en sí mismo, rodeado por la animadversión de los soberbios de la fortuna del poder y del saber, enriquecido por las delegaciones impalpables del trabajo de las selvas, de los cañaverales y de las praderas… traduciendo en la firme línea de su voz conjunta su voluntad de grandeza, consumiendo en la misma llama los cansancios y los desalientos personales, el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su existencia.

Aquel día yo vi el rostro de la historia en toda su esplendorosa plenitud.

Yo era uno cualquiera y, sin embargo, como un tremendo vendaval, me sacudía el orgullo de estar abriendo el cauce de los tiempos venideros”.

Scalabrini Ortiz acompaña la campaña electoral de Perón desde las páginas del diario Política.

Con Perón ya en el gobierno, le acerca algunos trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno.

El entonces presidente de la Nación le ofrece la Presidencia de Ferrocarriles Argentinos, pero la rehúsa ya que dice preferir apoyar, fiscalizar u opinar acerca de la obra de gobierno, pero no se siente hombre de “construcción”.

Scalabrini Ortiz era un espíritu crítico, libre e independiente.

Éste es uno de los más grandes principios de este hombre y lo muestra de cuerpo entero.

Este místico de la política, este insobornable e incansable batallador debe tomarse como ejemplo, sobre todo hoy en día que nos encontramos expuestos ante una mercantilización de la política y de la vida en general.

En ese sentido, nuestro homenajeado pregonaba la política de la “chinche flaca”; en efecto, la anécdota cuenta que, en 1944, Montague Eddy, representante británico, le propone a Scalabrini ayuda económica a cambio de que cese su cruzada nacionalista, a lo que Scalabrini respondió ante el estupor del inglés que él seguía la política de la “chinche flaca” y así lo representó:

«Usted debe haber dormido en esas pocilgas que se llamaban hoteles.

Habrá luchado alguna noche contra los fastidiosos insectos y observado que difícil que es matar a una chinche que todavía no ha chupado sangre, usted la aprieta entre los dedos, la refriega y la chinche continua como si le hubieran hecho una caricia.

En cambio, si la chinche ha comido y tiene su panza hinchada, basta una pequeña presión para exterminarla.

Bueno, yo sigo la política de la chinche flaca y por eso que usted nada puede contra mí ni nada puede hacer a mi favor».

Este hombre que se había fundido económicamente por crear un diario para exponer sus ideas, que debió llegar a publicar el siguiente aviso en el diario la prensa el 13 de enero 1942 solicitando empleo:

«Caballero argentino, casado de 44 años, con amplias relaciones, estudios universitarios, técnicos, una vasta cultura general, científica, literaria y filosófico, con experiencia general y profunda de nuestro ambiente económico y político, ex redactor de los principales diarios, autor de varios libros premiados y de investigaciones, aceptaría dirección, administración o consulta de empresa argentina, en planta o en proyecto, en los órdenes de la industria, comercial o agrario.

Dirigirse a Raúl Scalabrini Ortiz, calle Vergara 1355, Vicente López».

Ese mismo hombre que rechazaba el dinero inglés también rechazaba los cargos de un gobierno popular que representaba sus ideas y por el cual él había trabajado para que acceda al poder.

Raúl Scalabrini Ortiz, es un ejemplo para seguir, por su entrega, por su capacidad y por su compromiso con la causa nacional y popular.

Aun cuando el peronismo implementa muchas de sus ideas, que se resumen en una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana, Scalabrini decide retraerse de la vida pública para no colisionar con el gobierno y se dedica a plantar álamos en las costas del Paraná.

Tuvo diferencias con el gobierno de Perón, pero tenía claro cual era el rumbo general y cuales eran las dificultades que se presentan a todo gobierno cuando instrumenta políticas de corte nacional y popular.

«Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación. […]

En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias. […]

No debemos olvidar en ningún momento ―cualesquiera sean las diferencias de apreciación― que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas.

No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel.

Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo.

Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país».

Cuando el gobierno cae en 1955, Scalabrini se alista en la Resistencia y desde las páginas de «El Líder», «De Frente» y «El Federalista» se constituye en crítico implacable de la nueva dictadura.

Cerrados estos periódicos, escribirá desde mediados de 1956 en la revista «Qué».

Continuara desde allí, la crítica semana a semana de las medidas retrógradas y proimperialistas del gobierno.

Con la llegada al gobierno en 1958 de Arturo Frondizi intenta darle acompañamiento, pero la política petrolera lo pone claramente en las antípodas del presidente.

Scalabrini ya no actuara más públicamente.

Cansado y enfermo, muere el 30 de mayo de 1959 en su amada biblioteca de la vivienda de Alberdi 1164 de Olivos, Vicente López.

Para finalizar este breve recordatorio con ánimo de sentido homenaje quiero compartir los «cinco principios de cooperación colectiva» con los cuales Scalabrini Ortiz hizo campaña tanto para las elecciones generales del 24 de febrero de 1946 como para la elección de constituyentes de 1949.

Estas ideas, estos cinco principios, conceptualmente basados en una visión profundamente humanista, son de una riqueza y actualidad notable y deben servir de guía para construir un proyecto nacional que incluya a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino

Primero: Principio del hombre colectivo, porque la voluntad del número, que es como el apellido de la colectividad, debe tener primacía sobre lo individual.

Ni la riqueza ni el ingenio ni la sabiduría tienen derecho a acallar o burlar la grande voz de la necesidad de cada conjunto colectivo, que es la voz que más se aproxima a la voluntad de destino.

Segundo: Principio de la comprensión del hombre, para que esta unidad compleja esté siempre presente con sus necesidades biológicas,  morales, intelectuales y espirituales y no se sacrifique jamás la realidad humana a una norma abstracta o un esquema desprovisto de vida.

Tercero: Principio de protección al más débil, para que se elimine la ley de la selva y se establezca una verdadera posibilidad de igualdad.

Todo lo que no se legisla, se legisla implícitamente a favor del fuerte.

La igualdad teórica es una desigualdad práctica a favor del poderoso.

Cuarto: Principio de la comunidad de la riqueza natural, porque la propiedad es una delegación de la fuerza de la organización colectiva que la hizo posible y la mantiene.

Quinto: Principio de la utilidad colectiva del provecho, para que nadie tenga derecho a obtener beneficios de actividades perjudiciales o inútiles para la sociedad y por tanto toda ganancia o lucro del ingenio ajeno o de la retención infructuosa de un bien, debe ser considerados nulos e ilícitos en la parte que no provienen del trabajo o del ingenio propio.

 OC/

Grupo Olivos

NAC&POP: El Correo-e del autor es : cuestaosvaldo@gmail.com

WhatsApp5491165703488