Este artículo está inspirado en una nota aparecida en el diario La Nación de hoy, 29 de diciembre de 2018,

ES HORA QUE LOS RADICALES SE PLANTEEN ECHAR AL PRESIDENTE

Por Jorge Rachid

Cuando el pueblo votó por Macri después de una campaña de degradación personal y política contra la ex presidenta, generando un cuadro de situación falso, basado en la “posverdad” de los medios hegemónicos, lo hizo esperanzado con aquellas proclamas que nunca se cumplieron y sólo trajeron dolor social inmenso, muertes, despidos

Por Jorge Rachid

 

Este artículo está inspirado en una nota aparecida en el diario La Nación de hoy, 29 de diciembre de 2018, publicada por Thomas L. Friedman en diario The New York Times, titulado “Es hora que los republicanos se planteen echar al Presidente”, en referencia a Trump y los riesgos a los cuales está llevando su presidencia a EEUU y al mundo.

Como dice el columnista norteamericano, nunca estuve de acuerdo en promover mecanismos  de remoción de un Presidente, pero hay momentos en que sobrevuela la pregunta si es posible sobrevivir al comportamiento de una persona que pone en riesgo a un país y a un pueblo.

Dice Friedman en su artículo, que podría caberle a Macri: “Trump ha demostrado hasta el cansancio que no sabe nada de la historia ni de la importancia de EEUU. Está encerrado en la delirante idea de que toda la red de instituciones globales y de alianzas construidas desde la posguerra plantean una amenaza para la soberanía y la prosperidad del país, y que nos iría mucho mejor sin nada de eso”.

Pero la parábola con ese artículo en el cual llama a Trump como “disrruptor”, puede parangonarse con Macri como “lo nuevo”, la “antipolítica”, que emergió del mundo de los CEOS y el fútbol, como personaje construido por los medios y la Embajada de EEUU.

Porqué deberían ser los radicales se preguntará usted, por la misma razón por la que el articulista apela a los republicanos, porque es responsabilidad de ellos haber posicionado a un personaje, que en nuestro caso pueden hacer desaparecer la Argentina en los términos soberanos, pacíficos e inclusivos, que hemos conocido hasta ahora.

En efecto la promoción del odio permanente y su alianza irrrestricta, sumisa y cipaya con el Presidente Trump y la llamada “nueva derecha”, que no es ni nueva ni derecha, sino un sistema de saqueo y malversación del patrimonio nacional, a costa del sometimiento de nuestro pueblo.

No es el caso del norteamericano, pero si lo es en Macri dispuesto a hacer los mandados que significan entregar desde los recursos naturales a ser monitoreados por el FMI, afirmar la propiedad inglesa de las Malvinas, hasta consolidar la fuga de capitales con un blanqueo que no incluye retornar los mismos, permitiendo más aún que las liquidaciones de las exportaciones se realicen en el exterior, sin tener que regresarlas al país.

Cuando el pueblo votó por Macri después de una campaña de degradación personal y política contra la ex presidenta, generando un cuadro de situación falso, basado en la “posverdad” de los medios hegemónicos, lo hizo esperanzado con aquellas proclamas que nunca se cumplieron y sólo trajeron dolor social inmenso, muertes, despidos, persecuciones y encarcelamientos, destrucción de las pymes y la industria nacional, endeudamiento y más presión y ajuste sobre precios, salarios y jubilaciones.

Encima denigrando los marcos construidos pacientemente 200 años después y pendientes del UNASUR, Mercosur, BRICS, en un ambiente de paz americana que ahora lo quebró siguiendo indicaciones de EEUU con su ataque a Venezuela, Nicaragua, Bolivia, y a los expresidentes que los construyeron desde Alfonsín a Cristina, pasando por Néstor, Lula, Correa, Chávez colocándolos en una posición de enemigos de la democracia y atacando con la usurpada herramienta de la corrupción.

Macri avasalló la democracia, destruyó la Justicia operando sus juzgados federales con los servicios de inteligencia, reinstaló la represión como instrumento de control social, alimentó la libertad de los genocidas mientras promueve el encarcelamiento de los Patriotas. Hace alianzas con los delincuentes financieros del mundo, acata órdenes externas, manda tropas a entrenar en Israel, promueve el ataque al Venezuela, compra armas ofensivas y represivas, desmantela la industria nacional de los Astilleros, frena Ciencia y Tecnología, cierra escuelas y hospitales nos atrasa 100 años y se presenta como lo nuevo, en medio de un drama social generalizado y angustiado.

Como los radicales son quienes le sirvieron la mesa a esta destrucción de la Patria que avenguenza a Alem , Irigoyen y Alfonsín, deberán ser quienes promuevan el juicio político antes que sea tarde, para el destino de nuestra Patria y nuestro pueblo, constituyendo entonces sí, una convocatoria a la Unidad Nacional, para defender el patrimonio histórico del país, sin que sea malversado por oportunistas de turno, al servicio de cualquier negocio, antes que a los intereses argentinos.

 

Jorge Rachid