El incidente Darthés es al género lo que los cuadernos de las coimas al empresariado nacional y la industria argentina

PIRATAS Y TIBURONES

Por Carlos Balmaceda

La estructura del relato es similar: denuncia de alguien que porta un secreto; en un caso, un testigo mudo que llevó paciente nota en cuadernos, de las coimas con las que hombres de empresa adornaron a hombres de la política; en el otro, una víctima que decide dar a conocer a través de un video, producido con primerísimos primeros planos, iluminación y edición, su dolorosa tragedia.

Por Carlos Balmaceda

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LOS CUADERNOS, DARTHÉS, LOS PIRATAS Y LOS TIBURONES

El incidente Darthés es al género lo que los cuadernos de las coimas al empresariado nacional y la industria argentina: un dominó de denuncias que convocan al desprestigio y la desconfianza, y que en partes iguales provocan indignación y nihilismo en toda la población.

La estructura del relato es similar: denuncia de alguien que porta un secreto; en un caso, un testigo mudo que llevó paciente nota en cuadernos, de las coimas con las que hombres de empresa adornaron a hombres de la política; en el otro, una víctima que decide dar a conocer a través de un video, producido con primerísimos primeros planos, iluminación y edición, su dolorosa tragedia.

En uno y otro caso, hay una contundente prueba mediática, en uno y otro caso, hay detalles; en los dos, cualquiera puede comprender y opinar sobre ambas cuestiones, indignarse, pedir condenas, sentirse parte de la ola vindicadora.

No es casual que ambas cuestiones tengan como eje una cuestión moral. Nadie puede estar de acuerdo con una coima, con la corrupción, nadie puede estar de acuerdo con un abuso, con la perversión. Las dos causas delimitan con su planteo ético una frontera tajante: si estás parado de aquel lado, si dudás, sos un corrupto, un cómplice de los sobornos, un posible coimero si se presenta la ocasión; si oponés algún reparo a la tragedia de Thelma, sos un “defensor de violines”, o directamente, un potencial violador.

El avance de la causa de los cuadernos fue dando con nuevos personajes, a cual más encumbrado; el incidente Darthés promete ir por más, entregar otros actores, nombres poderosos con que las columnas de chismes y al mismo tiempo, las de la política, se nutrirán.

Mientras, el presidente Macri se expidió sobre ambas cuestiones en forma pública.

Condenó tanto las coimas como las violaciones, y en breve podrá afirmar que fue en el contexto de su gobierno que se transparentó de tal modo el entramado social, jurídico y político, que todos estos relatos salieron a la luz y la sociedad argentina abrió pústulas que llevaba encapsuladas durante décadas.

Los efectos de unos y otros episodios son, como dijimos, similares: en un caso, la estructura dirigencial de la burguesía argentina, ha quedado severamente dañada, un paisaje de traidores, alcahuetes y oportunistas se abre paso en los pasillos de Comodoro Py para entregar a quien sea, y las reputaciones de muchos hombres de empresa se han vulnerado para siempre.

Como cargas de profundidad, estallan cerca de la autoestima y la imagen de los empresarios, las fotos con campera subida sobre la cabeza, las esposas, y los patrulleros rodeando las mansiones como si buscaran al dealer paquero de la cuadra.

La herida punzante desgarra el alma: esos tipos sienten vergüenza, y aprecian que han perdido el respeto de sus pares y hasta de sus subordinados; la operación es biopolítica: han perdido aquel orgullo que los constituía, y solo aquellos que bancan los trapos detrás de las rejas y que putean altivos como el primer día, se sostienen sobre el pilar de sus convicciones.

Los que dicen “yo no botoneo a nadie”.

Es una guerra, en definitiva, donde el que se quiebra, pierde, en la que el gobierno tiende una cabecera de playa para que esas tropas, que ha desanimado, se rindan frente a la bandera triunfal de las multinacionales y las PPP.

Tanto en el incidente Darthés como en el episodio Centeno, hay un enemigo a derrotar: en un caso, son los políticos y los empresarios, y en el otro, los hombres.

No es suficiente con que muchos vayan presos, deben sufrir la condena social, el aislamiento, el repudio y la desconfianza, para que, sobre esa base, se pueda crear un orden social nuevo, una nueva forma de vinculación entre el capital y el estado, con nuevos actores, más “puros” y “decentes”, y en el otro con hombres doblegados frente al espíritu de los tiempos: que hablen con “x”, “e” y arroba, y que frente al comando femenino, digan a todo que sí.

El relato de algunas madres y la experiencia que sufren con sus hijos varones, ilustra esta cuestión: chicos de 10 años son abordados por sus compañeritas como si se tratara de monstruos en ciernes a los que hay que custodiar desde pequeños para que en esta fase larval no se incube el huevo del violador, y en un informe del mismo “Clarín”, se indica que hay adolescentes que al dejar pasar primero a sus compañeras son reprendidos porque en realidad, las damiselas suponen que les “están mirando el culo”.

La embestida no respeta pelajes: el hijo de Valeria Berman, periodista especializada en género, ha sido acusado de una falsa violación, y frente a la defensa de la madre, sus colegas concluyen que lo está encubriendo.

El panorama se parece a una de esas películas de ciencia ficción de los ´50, en las que se metaforizaba sobre la amenaza comunista: cualquier hombre puede ser un violador; con tal de mirarle el fondo del ojo y ver que hay un glauco vacío en sus pupilas, se puede inferir que la criatura ha sido cooptada, que no se ha deconstruido, que no se convirtió en el ser dócil con el que toda mujer se sentirá a gusto y segura.

Entonces, hay que salir a la ruta y advertirles a los automovilistas que pronto ellos serán atrapados dentro del cuerpo de un violador. Un efecto bumeran cae sobre todos: Leonardo Greco, que alguna vez diera rienda suelta a falsas versiones sobre maltrato y procediera en consecuencia, despidiendo sin miramientos a un colaborador, cae en la celada de una encuesta estúpida en la que propone a sus seguidores salvar a una sola de cuatro mujeres de un incendio, todas ellas, macristas militantes o colaboradoras.

Al otro día, es citado al INADI y María Julia Oliván, una de las féminas nombradas por el animador del mundo de Disney, lo cachetea por las redes con la iracundia gritona propia de un Pato Donald.

Cuando por estos días, la investigadora y teórica feminista Rita Segato declaró que el punitivismo que ejercía cierto feminismo estaba equivocado, que los escraches no eran el camino, parecía que la lúcida autora de “La guerra contra las mujeres” ponía un parate a tanta irracionalidad.

Hagamos un repaso de algunos hitos por los que Segato posiblemente se expidió, y vease cómo se opacaron con el incidente Darthés: -El 28 de octubre, triunfo de Bolsonaro en Brasil, eyectado siete puntos por arriba de Hadad, después de la marcha del “Ele nao”, y del fallido eje de campaña del PT, anclado en la ideología de género.

-Noviembre se inicia con el suicidio del director de teatro Omar Pacheco. Impiadosas, el colectivo “Ni una menos” y la otrora lúcida socióloga de Carta Abierta, María Pía López, lo velan a las pocas horas con la frase: “nos tiraron un muerto a nuestra lucha”. En privado, se descorcha algún champán, y en el éter de una radio, cuando a una de las principales acusadoras, un colega le pide debatir el tema, la respuesta de la mujer es que se lo saque del aire, es decir, de la emisora.

-Como se ve, el empoderamiento ha mutado en ensoberbecimiento, y por eso, la semana siguiente, se crea un blog para denunciar a otro director teatral. La embestida no se detiene ante nombres.

El director Javier Margulis, que ingresa al blog para disentir con el método es recibido a coscorrones de “¡machirulo!”, aunque la oportuna reacción de un actor, le pone paños fríos a una campaña que venía flojita de papeles.

-El ímpetu decae cuando Cristina Kirchner afirma en Ferro que en un movimiento nacional deben convivir los pañuelos verdes y celestes. La reacción de frialdad de algunas concurrentes se parece a la de los acólitos de Mauricio Macri cuando les informó que no privatizaría YPF. -Los episodios de Berman y Greco, ya detallados, se suceden por esos días de noviembre.

A los que hay que sumar, el fallo sobre la muerte de Lucía Pérez, que es recibido por una propagandista de la causa femirulista como Zuleika Esnal, con gruesos perdigones de negación.

El ascendente que tiene esta muchacha, con libro y obra teatral de corte feminista, sobre cientos de miles de mujeres, nos da una idea de la terquedad que mueve algunos intereses, que no convicciones: la autopsia de Lucía ha determinado que las demasías de la fiscal eran pura truculencia, que su actuación fue lamentable, pero, irresponsable, Esnal sostiene, como todo el movimiento “Ni una menos”, el tono victimizante con el que se convoca a un paro de mujeres bajo la misma consigna que hace dos años, cuando fueron guiadas por esa autopsia y se suscitó una movida de resonancia mundial.

La frutilla del postre a todos estos traspiés fue la advertencia de Rita Segato: el escrache no es el camino, dijo, y cuando la construcción femirula decaía en un mar de inconsecuencias y agresiones, se produjo el incidente Darthés, y en cuestión de horas, otra vez se activó el resorte biopolítico: un primo de Mayra Mendoza es acusado de maltrato, un senador vinculado a La Cámpora es tapa de “Clarín”, dos referentes son echados del Peronismo para la Victoria en un comunicado que podrían suscribir Sanguchito Bossio y Abal Medina, solo que con estilo de pollerudo que sobreactúa el empujón al frente, lo llenan de “X”, “E” y arroba.

Borghi corre a un estudio de televisión a recordar cuando Víctor Hugo la acosó y Silvia Mercado, la agente de inteligencia Silvia Mercado, inicia su programa desde Tel Aviv, recordando la impunidad de José Ottavis y Dante Palma.

La causa de los cuadernos y el episodio Darthés se ciñen como un juego de pinzas sobre la sociedad argentina: lo que queda en primer plano ya no es que la política es sucia, sino que es el territorio donde se mueven corruptos y violadores.

Un sentimiento de desasosiego recorre a cada ciudadano de a pie: ya no se puede confiar en nadie, en particular, en los kirchneristas, acusados de los mayores estropicios perpetrados sobre bolsillos y culos.

Las organizaciones del espacio peronista y progresista, que hicieron seguidismo del temario femirulo sin revisar ni uno de los caminos estratégicos que esa agenda foránea propone, caen ahora en la cuenta de que lo mejor que pueden hacer es echar sin más al apenas sospechado y emitir comunicados con muchas arrobas para complacer a las reinas.

El recurso, además de leve, es hipócrita: por estas horas, el senador provincial Romero no renunció a su banca, y en su caso, el testimonio se presenta contundente.

Algún oyente pensará a estas alturas que esta columna elude insensiblemente el dato central de la semana que pasó: la valiente confesión de una mujer que rememoró un recuerdo doloroso para buscar justicia. Diremos sobre el particular: Darthés es inocente hasta que se demuestre lo contrario, es hoy una ingenua expresión de deseos.

Darthés ha sido juzgado y condenado en un expediente exprés por la Santa Inquisición de las Redes y los Medios. Unas cincuenta mujeres con pañuelo verde en sus muñecas, especialistas en comunicar emociones, han hecho de la posverdad, o verdad emocional, puesta, tribuna y patíbulo. Darthés ya no es un caso aislado, es un clima de época, es una metodología, un leading case, es “Lo Darhtés”.

Separar la desgarradora confesión de Thelma Fardín de su instrumentación política, es la tarea que nos toca a comunicadores e intelectuales. En la empatía y solidaridad con la víctima, en ese abrazo de padre o hermano a esa mujer que solo por exponerse, merece la comprensión y el respeto, se vuelve necesario dominar el trazo grueso de la emoción, y habitar el antipático cuarto del pensamiento.

No olvidemos que el “yo te creo, hermana”, habilita sentencias y condenas sin juicio previo, y fogonea un clima de época punitivista, que al fin es el mismo que aquellas personas que lo comparten con un hashtag, repudiarán luego en boca de Patricia Bullrich cuando la ministra encomia el gatillo fácil.

Esos aires que convocan a entregar cabezas en Comodoro Py son los vientos que determinan en trámites exprés que un senador amague con renunciar, se deconstruya, y a otra cosa mariposa.

El paisaje es complejo, como si las víctimas de unos piratas decidieran saltar al agua para encontrarse con un mar infestado de tiburones. Aquí los piratas son los violadores y abusadores, y los escualos, todas las agendas de género dictadas por fundaciones financiadas desde el Norte.

Para completar la odisea, brújula y bitácora están en manos del gobierno y sus esbirros. La denuncia de Fardín, la, insistimos, inexorable y valiente denuncia de Fardín, se presenta a través de la CENIDH, una ONG nicaragüense golpista, a la que le suprimieron la semana pasada su personería jurídica y está financiada por George Soros.

Allí puede verse con claridad el juego del pirata, el tiburón y el dueño de la brújula. Los episodios tocan una fibra sensible en las mujeres, que ven la ocasión de zafar del barco y se arrojan al océano en masa. El merodeo de los tiburones es ambiguo y parece lejano, pero cuando el mismísimo Alfredo Olmedo, postulado como Bolsonaro argentino, se anota en la partida de los vindicadores, entonces las aletas aparecen nítidas sobre la superficie.

Confuso, el episodio se resuelve en circo mediático y los artífices culturales de la cosificación, quedan indemnes: Tinelli, el que cortaba polleritas para extender el perímetro visible de un culo, se muestra impávido frente a la confesión de una participante del “Bailando” que cuenta en vivo y por primera vez en su vida, un abuso ocurrido a sus once años.

La divina TV führer es inflexible: cientos de personas desde las gradas agitan globos alentando a la concursante al grito de “¡Mery, Mery!” y el conductor decide que la pareja baile, aunque su compañero se desplome minutos después en la pista.

A esa altura, la comunicación por cucaracha desde el control, debió dar cuenta de dos gordos dígitos de rating, y nadie recordaría ya que Ideas del Sur, fue la productora de “Patito feo” que incumplió el pedido de la Asociación Argentina de Actores para proteger el trabajo de infantes y adolescentes.

Ese acápite sobre trabajo infantil, que figuraba como reclamo en el comunicado de la agrupación “Actrices Argentinas” fue groseramente transgredido un día antes en la entrega del Martín Fierro digital, cuando un sobreexpuesto bebé de menos de un año fue premiado con el galardón de la noche.

Las actrices, que ocupan ese nicho en el mercado junto a la prensa, ¿tendrán los ovarios para confrontar con APTRA?

¿Evitarán un reportaje si se los concede Marley, padre de la criatura?

Las intenciones del colectivo no son puestas en duda, sí su mirada estratégica y política, sí, la instrumentación de esta causa por agentes externos.

De pronto, tal como ocurrió con los cuadernos, Macri queda en la vereda de enfrente de las coimas, cuando desde sus viejos tiempos cloacales en Morón, sabemos de su apego por ellas.

De pronto, con un negro historial de misoginia, Macri se convierte en el “feminista más inesperado”, tal como lo definiera palabras más, palabras menos, esa especialista en comerse curvas que es Gabriela Cerrutti.

Los cuadernos terminaron en reputaciones destruidas, humillación, una justicia que ofrece sortijas y carnés de arrepentido.

El objetivo final es la transnacionalización de la economía, la desvalorización de los capitales nacionales y su reemplazo por el capital usurario de las finanzas internacionales.

La pregunta, el eterno “qui bono”, es cuál es el objetivo final de esta movida signada por el género.

Porque a los piratas se los combate, se los juzga y condena.

Pero no se zambulle uno en el mar cuando los tiburones dan vueltas alrededor del barco.

Y lo más importante: a la brújula y la bitácora la consultan y la anotan los millones de marineros del campo nacional y popular.

Que cada uno lleve en su mochila, como el bastón de mariscal, esos instrumentos para cruzar las procelosas aguas de la liberación, debe ser el objetivo de cada militante.»