Homenaje a 70 años del Congreso Nacional de Filosofía del 49.

RECONOCER EL PROPIO CAMINO: SUSTITUIR LA IMPORTACIÓN DE IDEAS PARA LA DESCOLONZACIÓN CULTURAL

Por Ana Jaramillo

La misión de las Universidades públicas, en tanto democracias en miniatura, implica no sólo la formación de los jóvenes e investigar para contribuir al desarrollo científico tecnológico nacional, sino también la recuperación del patrimonio y la preservación de la cultura nacional, latinoamericana y universal así como la defensa de la libertad, la igualdad y la dignidad lograda a través de los derechos sociales y civiles adquiridos.

Por Ana Jaramillo

14 noviembre 2018

Megafón – UnLa

 

El 30 de marzo de 1949, se realizaba en la Universidad Nacional de Cuyo el Primer Congreso Nacional de Filosofía. Más de 200 expositores de todo el mundo concurrieron y enviaron sus ponencias.

Dicho congreso se realizaba tres meses después de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Comenzaba en la posguerra lo que se denomina la revolución de la dignidad. Varias constituciones incorporaban la sentencia de la Declaración “todos los seres humanos nacemos con igual dignidad y derechos”. La Argentina había sancionado, ese mismo mes, una nueva Constitución que plasmaba los derechos sociales y civiles en un mundo bipolar, estableciendo una Tercera posición con tres consignas para convocar a todos y todas las personas dispuestas a caminar y pensar los senderos hacia la Patria Justa, libre y soberana.

La Constitución de 1949 fue derogada por una dictadura surgida de un golpe de Estado militar en 1955 volviendo un siglo atrás a la constitución de 1853.

A LOS SETENTA AÑOS DEL CONGRESO

En 1949, por Decreto del Presidente Juan Domingo Perón se le otorga carácter nacional y se lo designa Primer Congreso Nacional de Filosofía estableciendo que será el Primer Mandatario quien tendrá a su cargo la conferencia final.

Durante once días en dicho Congreso participaron y debatieron los más grandes filósofos del mundo, tanto europeos como norteamericanos y latinoamericanos. En las sesiones plenarias participaron 31 expositores y 185 en las sesiones particulares dedicadas a la metafísica, la situación de la filosofía en ese momento, la filosofía de la existencia, lógica y gnoseología, axiología y ética, psicología, estética, epistemología y filosofía de la naturaleza, filosofía de la historia, la cultura y la sociedad, filosofía de la educación, filosofía del derecho y la política, historia de la filosofía y filosofía argentina y americana.

Entre los participantes y quienes presentaron ponencias podemos resaltar las de Nicolai Hartmann, Karl Löwitz, Jean Hyppolite, Carlos Astrada, Ángel Vasallo, Gastón Berger, Ugo Spirito, José Vasconcelos, Nicola Abbagnano, Eugen Fink, Benedetto Croce, Kart Jaspers, Julián Marías, Hans Georg Gadamer, Galvano della Volpe, Bertrand Russell, Andrés Avelino, Francisco Larroyo, Víctor García Hoz, Manuel Toussaint, Ernest Grassi, Harold Davis, Juan Pichon Rivière y Rodolfo Mondolfo.

Setenta años después, reconocemos a muchos de los participantes como aquellos que se destacaron en el pensamiento filosófico contemporáneo en todo occidente.

REPENSAR LOS DESAFÍOS CONTEMPORÁNEOS

La misión de las Universidades públicas, en tanto democracias en miniatura, implica no sólo la formación de los jóvenes e investigar para contribuir al desarrollo científico tecnológico nacional, sino también la recuperación del patrimonio y la preservación de la cultura nacional, latinoamericana y universal así como la defensa de la libertad, la igualdad y la dignidad lograda a través de los derechos sociales y civiles adquiridos.

Por ello, nuestro mejor homenaje a los setenta años del Primer Congreso Nacional de Filosofía será realizar otro Congreso, ya que creemos que la filosofía surge de los problemas que cada época y situación nos plantea. Muchas cosas han cambiado en el mundo contemporáneo y nuevos problemas requieren nuevas soluciones para los nuevos escenarios políticos, sociales, económicos y científico-tecnológicos para lograr un mundo en paz con justicia.

Creemos como Juan Bautista Alberdi que “Al paso que nuestra historia constitucional no es más que una continua serie de imitaciones forzadas y nuestras instituciones una eterna y violenta amalgama de cosas heterogéneas… Los pueblos como los hombres hacen sus jornadas de a pie y paso a paso…

¿Qué se hace en todas partes cuando se filosofa? Se observa, se concibe, se razona, se induce, se concluye. En este sentido, pues, no hay más que una filosofía. La filosofía se localiza por el carácter instantáneo y local de los problemas que importan especialmente a una nación, a los cuales presta la forma de sus soluciones. Así la filosofía de una nación proporciona la serie de soluciones que se han dado a los problemas que interesan a sus destinos generales. Nuestra filosofía será, pues, una serie de soluciones dadas a los problemas que interesan a los destinos nacionales: o bien, la razón general de nuestros progresos y mejoras, la razón de nuestra civilización; o bien la explicación de las leyes, por las cuales debe ejecutarse el desenvolvimiento de nuestra nación; las leyes por las cuales debemos llegar a nuestro fin, es decir, a nuestra civilización, porque la civilización no es sino el desarrollo de nuestra naturaleza, es decir, el cumplimiento de nuestro fin… Así pues, libertad, igualdad, asociación, he aquí los grandes fundamentos de nuestra filosofía moral”.

Con la entrada al siglo XXI comenzaba el retorno de la búsqueda de la patria justa, la renacionalización de las empresas privatizadas, la recuperación del Estado, la redistribución de la riqueza, la recuperación del empleo y la participación ciudadana y popular en las decisiones políticas.

Si bien en otras latitudes no se cuestionaron los Estados de bienestar, los welfare states o los Estados sociales de derecho como los países nórdicos o anglosajones, y tampoco se criticó la insistencia de las Naciones Unidas en implementar el desarrollo con equidad, para lograr la necesaria satisfacción de las necesidades básicas, los gobiernos de América Latina siguen siendo jaqueados por los poderes hegemónicos con sus socios vernáculos.

UN CONTINENTE EN DISPUTA Y LA TAREA DE LA DESCOLONIZACIÓN

Distintos intentos de golpes de Estado, de los llamados golpes blandos a través de escaramuzas de los distintos poderes fácticos, empresariales, jurídicos y mediáticos, así como económicos internacionales pretenden nuevamente disciplinar a las naciones latinoamericanas con universalismos abstractos con una sola receta. El retorno al neoliberalismo, al endeudamiento con el FMI, a las privatizaciones, la flexibilización laboral, la discriminación, y la concentración de la riqueza socavan la industria nacional, el empleo, la educación, la salud, la cultura y el bienestar y profundizan la pobreza en nuestra Patria.

Debemos repensar los caminos necesarios para lograr la descolonización cultural y la sustitución de la importación de ideas. Filosofía política, social, jurídica, científica, cultural, religiosa, latinoamericana y de la dignidad serán los campos necesarios a repensar.

Porque creemos como Benedetto Croce que “merced a la historia, la filosofía se aúna con la práctica, o sea con los problemas que la vida presenta y que debemos resolver con nuestra acción” (…) Cada individuo y cada pueblo debe recorrer su propio camino, movido por las condiciones de hecho en las cuales se encuentra y que son el resultado de la historia”.

También Gramsci nos enseñó que la “filosofía de una época no es la filosofía de tal o cual filósofo, de tal o cual grupo de intelectuales, de tal o cual sector de las masas populares; es combinación de todos estos elementos, que culmina en una determinada dirección y en la cual esa culminación se torna norma de acción colectiva, esto es, deviene “historia” concreta y completa.

Y Perón en 1954 les advertía a los jóvenes latinoamerica- nos: “Yo preguntaría desde el punto de vista político internacional, ¿qué estamos esperando para realizar lo que hace más de cien años ya nos estaban indicando San Martín y Bolívar? […] es evidente que no hay región de la tierra que tenga mayores reservas que Latinoamérica. Es indudable que nosotros poseemos las mayores reservas de materias primas […] pero no debemos olvidar que esto que representa quizás el factor de nuestra futura grandeza, representa también el más grave peligro para nosotros, porque la historia demuestra que cuando se carece de comida o se carece de medio, se la va a buscar donde exista y se la toma por las buenas o por las malas […]. Quien quiera esta unión, cargará siempre con los factores adversos de toda la lucha por la unidad…unirnos es una perentoria e indispensable necesidad, la mejor defensa está en nuestra unión, el año 2000 nos encontrará unidos o dominados […] las causas que uno defiende con verdadero amor traen, como todos los amores, un sector de sinsabores que hay que enfrentar con decisión y valentía, porque sin sinsabores no existen amores y estas causas deben ser las causas de la juventud de América.

 

Ana Jaramillo

Rectora de la Universidad de Lanús