Es la vergüenza que sentí cuando vi a Mauricio Macri, sonriendo obsecuente frente a nuestros verdugos del FMI,

MAURICIO MACRI Y LA VERGÜENZA DE SER HOMBRE.

Por Esther Díaz

Con sonrisa de ano apretado que los argentinos nos íbamos a enamorar de quien recibió la soberanía de nuestra patria regalada por sus manos, de quien está destruyendo la industria argentina, sumiendo en el hambre, la calle y la muerte a gran parte de la población, le regala el Banco Central a los capitales extranjeros, no paga sus impuestos, saca su dinero de nuestro país, se queda con nuestras jubilaciones, nuestra salud, nuestra educación pública, nuestros medios independientes y nuestros derechos. Pensé, ¿y esto es un hombre?

Por Esther Díaz

 

Primo Levi, en La tregua, describe cuando llegan los aliados al campo de exterminio de Auschwitz, abandonado por los alemanes, y Levi, milagrosamente liberado, no siente alegría sino vergüenza.

Mira a los cuatro jóvenes rusos que observan con cautela a su alrededor tanto cadáver pútrido y otros recientes, además de un puñado de muertos vivos, musulmanes como los llamaban en los campos de exterminio, y el estado calamitoso de los pocos sobrevivientes.

Los pibes rusos no saben qué hacer, sonríen perturbados, confundidos, avergonzados.

Es la misma vergüenza que siente Primo Levi, porque considera que cuando se es víctima de un oprobio degradante, el oprimido se “contamina” con la miseria del opresor.

Es como sentir la culpa que no perturba al verdugo.

Cambiando las condiciones de cada caso, es la vergüenza que sentí cuando vi a Mauricio Macri, sonriendo obsecuente frente a nuestros verdugos del FMI, diciendo con sonrisa de ano apretado que los argentinos nos íbamos a enamorar de quien recibió la soberanía de nuestra patria regalada por sus manos, de quien está destruyendo la industria argentina, sumiendo en el hambre, la calle y la muerte a gran  parte de la población, le regala el Banco Central a los capitales extranjeros, no paga sus impuestos, saca su dinero de nuestro país, se queda con nuestras jubilaciones, nuestra salud, nuestra educación pública, nuestros medios independientes y nuestros derechos.

Pensé, ¿y esto es un hombre?

MM, su gente y todo el odio por el pueblo argentino que él representa, me hicieron sentir como a Levi, una vergüenza ajena culposa.

Ese fragmento de discurso frente a los opresores capitalistas foráneos, a quienes nos estaba entregando, es la representación cabal de la vergüenza de ser hombre.