De algún modo, mutando lo mutable, Macri podría ocupar el mismo lugar del otro lado de la grieta.

LA GRIETA DE LOS SÍMBOLOS

Por Ricardo Plazaola (FOTO)

En reciente nota, el ex intendente de Chivilcoy, Aníbal Pittelli, dice que “Cristina no es una persona”, que “Cristina empieza a dejar de ser Cristina”, que “comienza a ser un símbolo”, y sugiere que hasta puede ser “un grito de guerra”, de épica similar a aquel legendario y empecinado “Perón vuelve” de los 60 y 70, que pervivió nada menos que 18 años.

Por Ricardo Plazaola

NAC&POP

17/09/2018

De algún modo, mutando lo mutable, Macri podría ocupar el mismo lugar del otro lado de la grieta.

Macri ha cobrado una relevancia simbólica tal que buena parte de la estrategia discursiva del poderoso sector que lo sostiene, se ha decidido por jugar a una sola carta: homogeneizar y convocar – sobre todo en términos de comunicación masiva – alrededor del núcleo duro del macrismo, o sea, el antiperonismo más acérrimo, el anticristinismo más militante.

Se ha constituido, por encima del neoliberalismo (y al que atropella) el fundamentalismo macrista.

¿Qué ocurrirá al final del actual proceso, cuando Macri caiga no en la grieta sino en el precipicio que se avizora?

Sus aliados locales y sobre todo los internacionales le darán un amable cobijo al hacerlo oportunamente a un costado, pero el macrismo, como cuerpo organizado de símbolos, querrá obviamente mantenerse recurriendo a una figura de la tropa propia o en última instancia a la de un “opositor racional”.

Es ese macrismo en llamas el que se lleva de la casa de CFK en El Calafate objetos como el bastón presidencial de la ex presidente.

¿Por qué, si no, la patota encargada del allanamiento (léase también avasallamiento) pasa por sobre cualquier norma y por sobre el sentido común y se apropia de ese objeto que nada tiene que ver con el expediente judicial?

Porque, si no se puede encarcelar a Cristina, al menos se le retira ilegalmente un símbolo de su poder, es decir, se la vuelve a destronar mientras se redacta el largamente anunciado procesamiento.

El objetivo, una vez más, no es la justicia, sino un señalamiento.

Similar objetivo tiene el obsceno sembrado de agujeros en las paredes de El Calafate, que Cristina mostró en un video: había que horadar la intimidad, abrir los muros que protegen la privacidad de la enemiga número 1, pisotear el ámbito en que ella y Kirchner generaron el proyecto maldito. Símbolo contra símbolo.

En su nota sobre Cristina, el ex intendente Pittelli alude a la necesidad de que ella lidere el proyecto opositor que desaloje al macrismo del poder político, pero también a la posibilidad (¿a la conveniencia?) de que ella entregue a otra figura del frente nacional en ciernes el protagonismo mayor a la hora electoral, es decir, la candidatura presidencial..

Entiende Pittelli que con Cristina (aunque sea simbólicamente) se puede lograr todo, pero “sin ella, nada”.

En la otra costa, cuando el macrismo (olvidemos por un momento el académico término “neoliberalismo”, elijamos, como lo haría Durán Barba, el impacto del rostro concreto y evidente) deje de conducir la calesita que ya ha chocado, deberá buscar a la figura (se verá si mujer o varón) que recoja los ya largamente visibles símbolos del gorilismo más acentuado.

Cabe recordar que los remezones de la criminal dictadura del 55 se prolongaron 18 años, pero no debería esperarse tanto para que el movimiento nacional y popular recupere el poder político.

La historia no se repite idéntica, son distintos los actores locales e internacionales, la técnica y los instrumentos de la comunicación, para bien y para mal.

En cualquier caso, el pueblo tiene fresco el recuerdo de lo que vivimos hace muy poco, desde el año 2003 al 2015, y además recientes episodios de experiencias individuales (como la pérdida del trabajo) o colectivas (el secuestro y las torturas sufridas por una maestra o los presos políticos, por ejemplo) se ocupan de revitalizar aquello que no se ha olvidado.

El daño es vasto y formidable.

Y también, aún recóndito, permanece, en lo profundo, aquel porfiado e inexorable “Perón vuelve”.

Como esta leyenda, el movimiento nacional disfruta de una larga lista de vocablos, frases y símbolos, desde la eterna marcha peronista a los más recientes “Tenemos patria” y “La patria es el otro”, que habrá que recuperar.

Porque la contradicción mayor (y discúlpese el grosor de los opuestos) sigue siendo, en lo profundo, “patria o antipatria”.

RP/