Un repaso por las preocupaciones de los países centrales sobre la vigencia del principio de inocencia nos puede ayudar.

¿INOCENTE O CULPABLE? UN PROBLEMA DEL VALOR DE LA REPÚBLICA

Por Maximiliano Rusconi

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos deduce de la castigada presunción de inocencia la consecuencia en nuestro país que, ni un tribunal, ni otro funcionario público, pueden presentar a sospechosos o imputados, en forma pública, como si fueran culpables de un delito antes de que ellos sean condenados por ese delito ( TEDH, «Minelli c. Suiza», sent. del 25/03/1983, demanda 8660/79 A, 62, nro. 37 y ss.; «Allenet de Ribemont c. Francia», sent. del 10/02/1995, demanda 15.175/89 A, 186, nro. 39).


Dr. Maximiliano Rusconi.
ciceron.com.ar
7, Septiembre 2018

Ultimamente convivimos con exaltados funcionarios del gobierno que expresan con energía de campaña que tal o cual ex funcionario del gobierno anterior son “los máximos ejemplos de la corrupción”, periodistas que con el tono épico de otras épocas periodísticas personales afirman que tal o cual es corrupto lo diga la justicia o no lo diga, diputadas de marquetinera convicción repúblicana condicionando de modo escandaloso el actuar judicial, ministros que expresan deseos sobre la cantidad de pena que debe determinar un Tribunal, etc.

Frente a estos dañinos exabruptos, quienes creemos que con el Estado de Derecho no se come pero por lo menos se respira, tendemos a responder recordando que todo ciudadano ES inocente hasta que la sentencia de culpabilidad rompa ese estado.

Ya la mera discusión sobre este extremo debe llenar de angustia a cualquier jurista, el hecho mismo de que se invierta tiempo en este debate es un síntoma grave de la preocupante situación por la que atraviesa nuestra sensibilidad comunitaria.

Para peor, las consultas a los supuestos “constitucionalistas” locales -todólogos mediáticos- arrojan resultados que hacen valorar al silencio.

Dependiendo del nivel de depresión personal por la que atraviesen los ilusos integrantes del diezmado equipo del Estado de Derecho (que últimamente solo recibe aliento deportivo de los familiares mas cercanos -siempre que se les asegure el anonimato-), en ocasiones nos arriesgamos a preguntarnos que hacen los funcionarios de los países desarrollados mientras los nuestros pelean vergonzantemente por las legitimidad de las culpabilizados prejudiciales.

Un repaso por las preocupaciones de los países centrales sobre la vigencia del principio de inocencia nos puede ayudar. Veamos.

Hoy se ha instalado la necesidad de la prohibición de constataciones de culpabilidad o de sospecha que pretendan anticipar la condena de un tribunal penal.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos deduce de la castigada en nuestro país presunción de inocencia la consecuencia de que ni un tribunal ni otro funcionario público puede presentar a sospechosos o imputados, en forma pública, como si fueran culpables de un delito antes de que ellos sean condenados por ese delito ( TEDH, «Minelli c. Suiza», sent. del 25/03/1983, demanda 8660/79 A, 62, nro. 37 y ss.; «Allenet de Ribemont c. Francia», sent. del 10/02/1995, demanda 15.175/89 A, 186, nro. 39).

De allí surge que el art. 4o de la propuesta de la Comisión Europea para una directiva por la que se refuerzan determinados aspectos de la presunción de inocencia, los Estados miembros adoptarán medidas para garantizar que, «mientras no se haya probado la culpabilidad de un sospechoso o acusado con arreglo a la ley, las declaraciones públicas efectuadas por las autoridades públicas y las resoluciones judiciales que no sean de condena no se refieran a esa persona como culpable».

Si uno comparara esta preocupación que ha surgido en los países centrales con el continuo bastardeo que funcionarias y funcionarios, jueces u juezas, con el apoyo digno de mejores causas de periodistas, en la actual época política hacen de este principio fundamental, nos daremos cuenta de cuan hondo ha calado el pensamiento autoritario, la idea del poder absoluto, la lesión de libertades y la escasa comprensión que unos y otros tenemos de lo que en verdad esta en juego: las bases de la reglas esenciales para poder vivir en sociedad.

MR/