Las probables medidas que se deslizan para la semana venidera sólo dan cuenta de una ratificación de la catástrofe.

LA VERDAD DESNUDA

Por Gabriel Fernández

Rogelio Frigerio jamás fue desarrollista, es apenas una confusión articulada sobre un apellido; Carlos Melconián es un oportunista liso y llano adepto a las más crudas políticas de ajuste. Y así siguiendo. Hay algunos elementos más para considerar: casi el 70 por ciento de la población se opone a la política económica oficial.

 

 

Por Gabriel Fernandez

La Señal Medios

31/08/2018

 

Hemos leído todas las versiones y escuchado muchas de ellas de boca de fuentes habitualmente bien informadas.

Los lectores saben que no somos un espacio que descree de los matices y asevera que todo da igual porque el problema es el sistema.

Sin embargo, en este caso es preciso ser directo y señalar que, efectivamente, el gobierno no modificará su rumbo y no está en su ser adoptar medidas aliviadoras de la profunda crisis económico social inducida.

Los nombres que se barajan para las distintas carteras son más de lo mismo con alguna acentuación aquí o allá.

Sólo para ejemplificar: este Rogelio Frigerio jamás fue desarrollista, es apenas una confusión articulada sobre un apellido; Carlos Melconián es un oportunista liso y llano adepto a las más crudas políticas de ajuste. Y así siguiendo.

En tanto, las probables medidas que se deslizan para la semana venidera sólo dan cuenta de una ratificación de la catástrofe, con ciertos elementos crueles para acelerar aún más los problemas generados a los argentinos.

Inclusive el tema del “freno al dólar” es una equivocación analítica: su creciente es síntoma de un proceso, no resultado.

Está amparado por la necesidad de fuga y su derivado es la hiperinflación, como acaban de confirmar las empresas de combustibles (¿para qué van a llamarle así, si con los medios afines logran anunciar “reajuste de valores”?)

La decisión de subir las tasas al infinito evidencia que la acción económica anti industrial no es una consecuencia indeseada del oficialismo sino parte extrema de un programa que necesita canalizar el conjunto de los recursos productivos hacia la renta parasitaria, la exportación primaria y las privatizadas.

Hay algunos elementos más para considerar: casi el 70 por ciento de la población se opone a la política económica oficial.

Pero dentro de ese mundo las tareas pendientes son muchas y trascendentes.

Una cantidad de bobos transitan por nuestras calles aseverando que las cosas van mal, pero son resultado combinado de la impericia presente y la corrupción pasada.

Es preciso golpear ahí e insertar el Pensamiento Nacional de fondo en la sociedad, aprovechar este momento para informar en serio acerca de lo que sucede y de las razones del andar presente.

Ni hay impericia hoy ni hubo corruptela ayer.

Son dos modelos diferenciados.

De una vez por todas los argentinos, nacidos en un lugar donde José Hernández y Arturo Jauretche explicaron de distintos modos la verdad, tomen nota de la misma.

El Estado recauda los impuestos de la sociedad y tiene la obligación de volcarlos en su beneficio; eso no es gasto, es inversión.

El ahorro de la comunidad no es la guarda inmóvil del dinero sino el consumo, que brinda alimento al comercio y la industria.

Por eso, los derechos sociales –empezando por el salario- no son costos sino factores esenciales para el desarrollo nacional.

Si no ponemos fuerza en la difusión de estas ideas y muchas otras centrales para diseñar una política nacional, el cuestionamiento a la acción oligárquica es tenue, asentado en la epidermis de las consecuencias, lo cual lleva a conclusiones erróneas: que todo se pudo hacer mejor, que si no se roba se crece, que hay que ajustar pero gradualmente, que los beneficios sociales deben esperar hasta que haya recuperación, y todas las idioteces que hoy circulan –a falta de circulante- por los más recónditos territorios patrios.

Esto tiene traducción política: dejemos a Mauricio Macri para enfilarnos tras María Eugenia Vidal, por ejemplo.

Por estas horas, los medios concentrados fingen objeciones al oficialismo que construyeron y varios compañeros sostienen “Clarín y La Nación le soltaron la mano”.

No es cierto.

Están generando expectativas esperanzadoras sobre perfiles imposibles con el afán de ralentizar el despliegue masivo de la colisión social.

Así, van sugiriendo que el gobierno analiza cambios, que se elaboran nuevas medidas, que hay incertidumbre pero habrá modificaciones; en definitiva una serie de macanas que apuntan a la acentuación de la conciencia superficial del zonzo quien supone que si se “mejora” el manejo de algunas variables, todo puede evolucionar.

Este programa implica destrucción industrial, vaciamiento de la producción nacional, pérdida de reservas y miseria extendida.

Cualquier variante sobre el mismo esquema tendrá resultados semejantes, por mucha propaganda con la que resulte presentado.

 

 

 

Gabriel Fernández / La Señal Medios