El manejo mediático de la crisis económica, esconde el dolor social profundo.

EL DOLOR

Por Jorge Rachid

La conciencia nacional de pueblo existe y se expresa en las calles, donde las ingenierías políticas electorales desaparecen, ante la necesidad, el hambre y la desesperación del desocupado, el excluido, marginado e invisible, que desde el fondo de la Patria, cuando se levanta “hace tronar el escarmiento”. Está cerca entonces y con categoría de Pueblo.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
31/8/18

La agitación económica del derrumbe macro, detrás del telón siempre dinámico del dólar, manejado por quienes seguramente, en un sentido estratégico, están acumulando ganancias y controlando poder, intentando gatopardismos tardíos, no les importa y olvidan a los millones de compatriotas sufrientes, silenciosos e invisibles.

Ese ejercicio cotidiano de mostrar pizarras cambiantes, acuerdos marco con organismos internacionales, claudicaciones soberanas horarias, entregas patrimoniales nacionales, quiebras en masa de pymes y cierres de comercios, que no muestran el daño social profundo, el dolor humano que esconden las crisis, con su secuela de enfermedad y muerte.

No aparecen los rostros de esos millones de argentinos que con sólo gestos y expresiones cortas, mostrarían desde su humanidad herida del siglo XXl, su situación de vivir en la calle, familias enteras desplazadas de la pirámide social a las sucias banquinas de la historia, como en otras épocas de neoliberalismo feroz, voraz e inhumano.

Esas caras de adultos y niños, sólo aparecen frente a la tragedia individual, mientras el terremoto colectivo es ignorado, silencioso y profundo.

La desocupación y las lucha por la subsistencia del trabajador sin trabajo, que en lugar de ver reflejar su drama cotidiano, mira absorto la sucesión de explicaciones macro económicas, ajenas, frías, llenas de racionalidades incomprensibles, frente al dolor del hambre de sus hijos, de la caída de sus proyectos de vida, del conflicto familiar que deviene de la crisis, en un combo explosivo de violencia contenida, bajo la forma de rabia, rencor profundo.

Ese hombre y esa mujer de carne y hueso, invisibles al poder, cuyos afectos no salen a luz, sus lágrimas no son reflejadas, quebrados en su espíritu que encima son convocados a “seguir juntos”, a “hacer un esfuerzo”, a perseguir “metas fiscales”, esos valores lejanos y códigos inentendibles, frente a la crisis profunda en el seno de cada familia argentina.

Los que hasta ayer miraban desde un supuesto Olimpo, la crisis social y laboral como lejana a su propias realidades, ahora comienzan a ser parte del Tsunami financiero supranacional, que sólo los ignorantes o los sumisos colonizados pueden creer que son tabla de salvación de la Patria y del Pueblo, en un diseño estratégico dibujado por un Imperio que quiere preservar, apropiándose de recursos naturales y empresas de países, como el nuestro, a los cuales considera su “patio trasero”, como el resto de Latinoamérica.

Invocan democracia y arrasan instituciones, persiguen en nombre de la libertad a la oposición, como bombardean en nombre de la paz, pueblos lejanos.

Son inhumanos, fríos y salvajes en su avanzar sin escrúpulos ni pudor, provocando muerte y diáspora social con fragmentación cultural, llevando a la canibalización, sucedánea al individualismo feroz de la meritocracia.

Cuando hablábamos del enemigo frente a la crisis que se avecinaba, la crítica se lanzaba por ser supuestamente anti democrático el caracterizar al gobierno como anti Patria.

Un adversario es aquel que desde valores nacionales, puede sostener posiciones enfrentadas al movimiento nacional, desde un republicanismo liberal conservador, pero quienes están dispuestos a sacrificar al pueblo, a entregar el patrimonio económico y cultural de siglos de formación de la conciencia nacional, que no sólo desconocen las historias de luchas, sino que las denigran e intentan invisibilizar, esos sin dudar, son enemigos.

Cuando se pierde el valor del ser humano como eje supremo de la preocupación pública, cuando se avasalla la expresión pueblo y se denigra su palabra, se intenta presentar sus reclamos como expresiones terroristas, además de pretender enterrar la historia y borrar la memoria de los argentinos, desconociendo el amor como eje de construcción de la política y ubicando en las matemáticas economicistas los problemas, el pueblo se levanta, se subleva, se hace visible, recupera su espacio, humaniza la política y lucha por sus derechos.

Entonces la catarata de crisis inacabables, hace de la anécdota el lugar privilegiado, de los llamados a la responsabilidad a los demás, una página fría y lejana, desafectada y frívola de una realidad pintada, que no coincide con el dolor social profundo, esa herida sangrante provocada por una supuesta racionalidad económica, que no sólo agredió, sino que mata y enferma, acorrala y deprime, aísla y estigmatiza a los seres humanos, que “no entienden” que vamos al mundo.

Pero la conciencia nacional de pueblo existe y se expresa en las calles, donde las ingenierías políticas electorales desaparecen, ante la necesidad, el hambre y la desesperación del desocupado, el excluido, marginado e invisible, que desde el fondo de la Patria, cuando se levanta “hace tronar el escarmiento”.

Está cerca entonces y con categoría de Pueblo.