Cuenta Tomás Eloy Martínez en su libro Santa Evita que allí donde los milicos perturbados escondían el cadáver robado de Evita, aparecían velas encendidas.

UNA LÁGRIMA ENCENDIDA

Por Patricia Alejandra Olivella

Eso los volvía locos, los atormentaba.
Hoy sucede algo parecido en Morón, en el lugar donde estaba el busto de Néstor Kirchner que los mismos odiadores reciclados quitaron con el mismo resentimiento de hace más de 65 años.
Cada noche aparecen flores que a la mañana siguiente son mandadas a destruir por Tagliaferro, intendente y ex marido de Vidal.

 

 

Por Patricia Alejandra Olivella:

 

«Cuenta Tomás Eloy Martínez en su libro Santa Evita que allí donde los milicos perturbados escondían el cadáver robado de Evita, aparecían velas encendidas.

En una oportunidad lo tuvieron siete días dentro de una ambulancia estacionada frente al Ministerio de Defensa.

Nadie sabía que estaba allí, pero igual la ambulancia comenzó a ser rodeada por velitas encendidas.

Los milicos -perversos y enfermos de odio- las sacaban desesperada, desenfrenada pero inútilmente.

A la mañana siguiente, volvían a estar allí.

Eso los volvía locos, los atormentaba.

Hoy sucede algo parecido en Morón, en el lugar donde estaba el busto de Néstor Kirchner que los mismos odiadores reciclados quitaron con el mismo resentimiento de hace más de 65 años.

Cada noche aparecen flores que a la mañana siguiente son mandadas a destruir por Tagliaferro, intendente y ex marido de Vidal.

Inútil.

Vuelven a aparecer.

Seamos el fantasma que acose la conciencia negra de los cultores del odio.

Si no nos permiten soñar, no los dejemos dormir.»