En este momento tan raro de la historia de nuestro país estamos totalmente shockeados a nivel humano, más allá de lo político.

EL ABISMO

Por Lucrecia Arremolina

El desconcierto aparece cuando tenemos que defender lo que ni en sueños creímos que alguien alguna vez se animaría a cuestionar. Es como regresar al Circo Romano para decirle a los espectadores que eso está mal. Nos sucede cuando vemos cómo las atrocidades de Micky Vainilla que antes movían a la carcajada, son reproducidas hoy con pasmosa seriedad por un ejército de mercenarios mediáticos, funcionarios de gobierno y ciudadanos …

 

Por Lucrecia Arremolina

 

Me refiero a que en este momento tan raro de la historia de nuestro país estamos totalmente shockeados a nivel humano, más allá de lo político.

Me doy cuenta de que aquellos que creemos en los buenos sentimientos, en la solidaridad, en un mundo mejor, en un país inclusivo, estamos pasando por un momento psicológicamente brutal que nos hace daño y nos enferma.

Se hace difícil escapar de un estado casi permanente de ansiedad, angustia, dolor espiritual, indignación, sufrimiento ante la injusticia, y hasta una contradictoria sed de venganza que rechazamos porque nos hace mal.

Y todo ese inédito combo psicológicamente dañino, surge a partir de una revelación sociológica que jamás habríamos podido imaginar antes en nuestras vidas: la mitad de quienes caminan cotidianamente a nuestro lado en el trabajo, la calle, el supermercado, están sumergidos en la más cloacal de las miserias humanas.

Sus valores son oscuros, siniestros, egoístas, profundamente hipócritas, y se cristalizan en las prácticas cotidianas más repudiables.

Esas prácticas que se expresan en el odio al pobre, en señalar “vagancia” donde en realidad hay vulnerabilidad, en el regocijo animal ante la represión salvaje al vendedor ambulante y al sin techo, en la indiferencia absoluta frente el despido o el hambre del otro, y lo peor de todo: en la naturalización absoluta de las medidas políticas más brutales, despiadadas e inhumanas que hayamos conocido desde el regreso de la democracia.

Es tal el shock que por un instante sentimos vértigo al ver cómo se cuestionan las certezas más profundas que la sociedad supo construir en torno a una serie de valores.

Y el desconcierto aparece cuando tenemos que defender lo que ni en sueños creímos que alguien alguna vez se animaría a cuestionar.

Es como regresar al Circo Romano para decirle a los espectadores que eso está mal.

Nos sucede cuando vemos cómo las atrocidades de Micky Vainilla que antes movían a la carcajada, son reproducidas hoy con pasmosa seriedad por un ejército de mercenarios mediáticos, funcionarios de gobierno y ciudadanos con apariencia de seres normales, pero que no son más que antenas repetidoras de este genocidio social.

No.

La grieta no es algo meramente político.

Eso solo es la punta del iceberg.

La Grieta expresa algo muchísimo más profundo: el enorme abismo que existe entre nuestras diferentes escalas de valores.

Eso explica que más que a nivel político, hoy estemos totalmente consternados a nivel humano, y que psicológica, espiritual, y físicamente, la estemos pasando tan mal.