El cuerpo del obrero es lo más parecido de lo que hubieran deseado. Es un reflejo que cuestiona el mundo. Lo interpela.

ENTORPECIENDO EL TRANSITO

Por Gustavo García

Circula un vídeo de Sandra hablando en público, en La Plata, ante la embestida neoliberal, cuyas fauces deseaban devorar las orquestas juveniles. Su ímpetu me hace conocerla aún más. Me hermana, más allá de compartir el bello sentido de ser docente.
Rubén, apenas tengo una foto con una pechera de ATE. El tiempo, me hará conocerte aunque no haga falta.

 

Por Gustavo García*

 

«Murió a contramano entorpeciendo el tránsito»

 

Siempre me detuve en este instante de la canción.

Pensaba en el significado de «entorpecer el tránsito».

Pensaba en si no fue intencionada su muerte.

Es decir, murió a propósito para que el mundo pare y por un instante, se detenga, y la bronca  (la furia, mejor dicho) de esos automovilistas y sujetos de a pie visibilicen su cuerpo.

Y sientan náuseas, incomodidad.

Algo que los despierte del letargo inhumano.

No importa si el destino son las puteadas y los odios de quienes escupen miserias.

De quienes abordan la vida desde lo más hondo de una clase aniquilada.

El cuerpo del obrero es lo más parecido de lo que hubieran deseado.

Es un reflejo que cuestiona el mundo. Lo interpela.

Por un momento alguien sintió algo y no fue indiferencia.

Ese obrero saludó a sus hijos como si fuesen únicos.

Besó a su mujer como si fuese la última vez.

Dejó cuatro paredes sólidas.

Sandra y Rubén intentaron darle calor a un mundo frío.

Quisieron vencer lo inhumano de un neoliberalismo helado que carcome nuestras pieles, pero más precisamente, la epidermis de esas niñas y niños que son nuestrxs.

Seguramente, eso habrá sido lo mínimo, pero más peligroso, que habrán hecho por ellas, por ellos.

Circula un vídeo de Sandra hablando en público, en La Plata, ante la embestida neoliberal, cuyas fauces deseaban devorar las orquestas juveniles. Su ímpetu me hace conocerla aún más.

Me hermana, más allá de compartir el bello sentido de ser docente.

Rubén, apenas tengo una foto con una pechera de ATE.

El tiempo, me hará conocerte aunque no haga falta.

Te conozco, porque lxs conozco.

Viéndote a vos, veo a mis compañeras auxiliares.

Su trabajo tiene un sentido simbólico muy poderoso.

Y no hablo solamente de abrir puertas.

Hay un auxilio que se expresa en nuestras voces.

Hay un reconocimiento en la puerta de entrada.

Ese reconocimiento es mutuo, y bien sabemos que la mirada, crece, se eleva, y permanece en el tiempo.

No hacía falta sus muertes.

No quiero que mueran a contramano.

No quiero que ahora vengan caras extrañas para aliviar los tormentos

¿Qué van a decir?

¿Qué fue mejor bancarse el frío?

¿Qué hay que poner el cuerpo y cada unx su «granito de arena»?

¿Y cómo explicarán  esas ausencias que pesan como la misma historia?

Esas ausencias pesan mucho más que la misma muerte

¿Cómo juntamos las partes de este mundo que se cae a pedazos cuando un niño muere de hambre fuera de la escuela? ¿Cuando muere de caricias?

¿Cuando muere de exclusión?

Cuando muere disparado en la esquina y por la espalda.

Cuando pretenden matarlo simbólicamente.

Mañana no estarán Sandra ni Rubén.

Y, tal vez, el tránsito continúe su paso indiferente.

Tal vez el mundo hable del tiempo y de pesares individuales.

No sé qué va a pensar el mundo.

Pero sabemos que antes de su muerte dejaron cuatro paredes sólidas.

Nosotrxs estaremos entorpeciendo el tránsito

 

 

*Prof.de Literatura de Alte Brown