El país cimenta la segregación étnica, mientras se prepara a expandir su territorio.

ISRAEL: «ADIOS A LA DEMOCRACIA»!

Por Eduardo J. Vior

La decisión del gobierno israelí de ampliar los asentamientos en Cisjordania en represalia por un atentado y la creciente persecución contra la minoría LGBTQ son parte de la misma ofensiva nacionalista a la que pertenece la promulgación de la nueva Ley de Nacionalidad Israelí. De este modo se quita la ciudadanía al 20% de la población, de origen palestino.

 

Por Eduardo J. Vior*

Tiempo ar

29 de Julio de 2018

 

Israel se despide de la democracia

La decisión del gobierno israelí de ampliar los asentamientos en Cisjordania en represalia por un atentado y la creciente persecución contra la minoría LGBTQ son parte de la misma ofensiva nacionalista a la que pertenece la promulgación de la nueva Ley de Nacionalidad Israelí. El país cimenta la segregación étnica, mientras se prepara a expandir su territorio.

El viernes pasado, el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, anunció la construcción de 400 casas más en la colonia de Adam, cinco kilómetros al norte de Jerusalén, donde el jueves un adolescente palestino había acuchillado a tres personas.

Ya el domingo 22 decenas de miles de activistas LGBTQ marcharon en Tel Aviv contra la exclusión de los padres homosexuales de la ley que autoriza la paternidad subrogada y reclamaron contra el registro estatal de aquellos que lo hicieron en el exterior y llevaron a sus niños a vivir a Israel.

La ley mencionada determina que «el Estado de Israel es el hogar nacional del pueblo judío» y sólo el pueblo judío puede ejercer el derecho a la autodeterminación nacional. De este modo se quita la ciudadanía al 20% de la población, de origen palestino.

El hebreo se convierte en única lengua oficial, reservando al árabe un indefinido «estatus especial».

La norma también establece que «Jerusalén completa y unida» es la capital de Israel y proclama «el interés del Estado en proteger los asentamientos judíos», convalidando así la ocupación permanente de Cisjordania.

Israel carece de Constitución escrita y el Estado se rige por la Declaración de la Independencia (de 1948) y una serie de once leyes básicas difícilmente reformables a las que ahora se suma la Ley de Nacionalidad.

Para los defensores de la nueva ley, la misma es sólo la confirmación constitucional de que Israel es el «hogar nacional del pueblo judío» y no afecta los derechos individuales de los demás habitantes. Por el contrario, los críticos árabes y judíos la acusan de establecer el «apartheid» y de tener un carácter racista.

La Ley de Nacionalidad es parte de un conjunto de normas aprobadas antes del receso veraniego. Esa misma semana se promulgó una ley que da a la Corte de Jerusalén la jurisdicción sobre los litigios entre palestinos de Cisjordania y colonos, en un importante avance hacia la anexión.

La noche anterior se votó también la ley conocida como «Breaking the Silence» (Rompiendo el silencio) que prohíbe que en las escuelas se muestre negativamente al ejército y se critique la ocupación. Todavía está pendiente de decisión otra norma que prevé penas de hasta diez años de cárcel para quien grabe o fotografíe a militares en operaciones.

Ya en el pasado el propio primer ministro Benjamin Netanyahu dio la razón a los críticos de la ley, cuando, hablando ante el Congreso Sionista Mundial reunido en Jerusalén en octubre de 2015, disculpó a Adolf Hitler.

Según él, hasta 1941 el Führer no pretendía masacrar a los judíos europeos, sino que fue el Muftí de Jerusalén, el Hashi Amin al-Husseini, quien lo habría convencido de cometer el genocidio. La afirmación contradice toda la historiografía sobre la Shoá, se alinea con las tesis revisionistas reaccionarias y revela el verdadero pensamiento de Netanyahu.

La sanción de la ley implica un fuerte avance hacia el Estado teocrático-racial y la anexión de Cisjordania.

Evidentemente, los grupos mafiosos y especulativos que han cooptado la representación del judaísmo dentro y fuera de Israel especulan con que la tormenta pronto pasará y esperan el momento oportuno para seguir expandiéndose, ya que el nacionalismo racista no reconoce otros límites que los que impone una guerra perdida.

ID: 79174

*Analista internacional

ISRAEL: Críticas por «racismo» a la nueva ley de Israel que lo define como «Estado-nación judío»

Por Sal Emergui

Jerusalén

El Mundo – España

20 JUL. 2018

Judíos ortodoxos asisten al funeral de Rabbi Moshe Mordechai, líder del seminario Or Alhanan.

Los once puntos de Estado-Nación se han convertido en la decimotercera Ley Básica israelí y una de las más controvertidas en 70 años de un país sin Constitución. Aunque tiene un carácter básicamente declarativo y simbólico, los ciudadanos árabes se sienten discriminados ya que la ley define al hebreo como el idioma oficial rebajando el árabe a un estatus especial y consagra a Israel como «el hogar nacional del pueblo judío».

Críticas externas, consignas de asesores legales y pactos internos suavizaron o eliminaron las cláusulas más polémicas en los últimos meses, pero el texto aprobado en el Parlamento (Knésset) pone a prueba la delicada relación entre la mayoría judía y la minoría judía de Israel. «Es una mancha de nuestra democracia. El primer ministro Benjamín Netanyahu promovió esta innecesaria ley debido a su lucha con Naftali Bennett por el voto más nacionalista», acusan desde el laborismo en alusión a los comicios del 2019.

Tras el anuncio del voto a favor de 62 diputados, 55 en contra y dos abstenciones, los 13 miembros del partido árabe Lista Conjunta se levantaron indignados de sus asientos en la cámara de Jerusalén, rompieron el documento y gritaron «¡Apartheid!». El bloque árabe, que constituye la tercera fuerza en la Knésset, denuncia: «Es una ley racista que discrimina al 20% de la población«.

Su ira apunta al espíritu de la ley que considera la creación de comunidades judías como un «valor nacional» y que otorga a los judíos de forma exclusiva «el derecho de autodeterminación nacional en Israel». Su enfado se centra de forma concreta en el cuarto punto que, aunque especifica que el estatus especial del árabe no se verá dañado, es visto como «una ofensa» que va más allá de las palabras escritas y habladas.

Una de las leyes «más peligrosas»

Si hay alguien en Israel conocido por su florido lenguaje, tanto en hebreo como en árabe, es Zouheir Bahloul. Diputado árabe laborista del llamado Campo Sionista, Bahloul es muy popular por su exitoso pasado como locutor deportivo de la emisora pública israelí. Quizá porque representa la cara más integrada de la minoría palestina con nacionalidad israelí, su dolor es mayor. «Es una de las leyes más peligrosas que se han legislado en la Knésset ya que, entre otras cosas, pide borrar el árabe de la esfera pública y sitúa a Israel como un país más nacionalista y menos democrático», asegura a EL MUNDO horas después de que desde el atril intentara convencer a la coalición para que mantuviese el árabe como idioma oficial. Diputados conservadores y ultraortodoxos apoyaron su petición pero al final no se plasmó en la legislación.

«La ley nació en el pecado con el objetivo de dividir a la sociedad israelí y marginar a los árabes. Quizá Netanyahu quiere desviar la atención de sus fracasos en seguridad o de las numerosas investigaciones policiales», añade Bahloul en referencia a los supuestos casos de corrupción acumulados en la mesa del Fiscal General Avijai Mandelblit, que debe decidir si los convierte en juicio.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, en una imagen reciente. REUTERS

Mientras varios representantes árabes enseñaban una bandera negra, Netanyahu celebró lo que define como «trascendental momento en la historia de Israel y el sionismo». Aún es pronto para saber si la ley es histórica o meramente declarativa como admiten varios ministros, pero Bibi ha hecho realidad su proyecto-bandera que ondea desde hace cinco años.

Ante las numerosas críticas, el premier responde: «Israel es el hogar nacional del pueblo judío que respeta los derechos individuales de todos sus ciudadanos. Es una ley necesaria ante los que cuestionan el derecho del pueblo judío a tener su Estado, y se complementa con la Ley Básica de derechos individuales del 92″.

En su entorno, añaden que la definición de Israel como Estado judío «ya figura en la resolución de la ONU en el 47 y en la Declaración de Independencia del 48, por lo que no entendemos el revuelo causado».

«Una licencia para la discriminación»

Los laboristas están de acuerdo de que Israel «es el hogar nacional del pueblo judío», pero critican que la ley no incluya valores de la Declaración de Independencia como la igualdad. Como otros miembros de la derecha más liberal, el diputado del Likud, Benny Begin, piensa igual y de ahí que se abstuviera rompiendo la disciplina de voto. Según el Canal 11, el malestar es compartido por los diplomáticos no judíos que representan a Israel en el mundo.

«Es peligrosa y racista por excelencia y una licencia para la discriminación», denuncia la OLP sobre una ley que, aunque vuelve a fijar Jerusalén como «capital unidad y completa de Israel», no influye en el proceso de paz al estar éste ya muerto desde hace cuatro años.

Los diputados más nacionalistas no comparten el júbilo de Netanyahu, ya que piensan que la ley no influirá al no parecerse mucho al texto original que, por ejemplo, servía de mayor contrapeso a ante su odiado Tribunal Supremo.

La instancia judicial superior podría tumbar cláusulas, aunque con mayor dificultad al tratarse de una Ley Básica. El laborismo avisa que legislará una nueva ley que la anule. Su problema es que, dados los sondeos y la aritmética parlamentaria, su misión se antoja tan difícil como hallar ayer un diputado árabe satisfecho.

El malestar de la oposición y de ONG de izquierda hacia Netanyahu se incrementó ayer con motivo de su reunión en Jerusalén con el primer ministro húngaro, Viktor Orban.