La idea de que Cristina no habla, que por eso ha recuperado simpatías y que a Cambiemos le convendría forzarla a romper el silencio es un mito confortante para el oficialismo.

CRISTINA, EL PAPA Y LA DEMOCRACIA

Por Horacio Verbitsky

Lo que no hizo es sumarse al pelotudeo de declaraciones insustanciales sobre combinaciones electorales, candidaturas y otros asuntos menores que entretienen al gobierno y al opoficialismo de los Pichetto, los Bossio y los Urtubey.
En cambio dedicó ese tiempo a reuniones con representantes de Lula, cuya libertad reclama; de los sindicatos que rechazan las medidas de ajuste y del Papa Bergoglio.

Por Horacio Verbitsky

El Cohete a la luna.

 

«La idea de que Cristina no habla, que por eso ha recuperado simpatías y que a Cambiemos le convendría forzarla a romper el silencio es un mito confortante para el oficialismo.

El 25 de mayo CFK cuestionó el regreso al FMI, con un documento muy elaborado en el que cotejó el estado de la economía, la política y la sociedad, bajo el gobierno de Néstor Kirchner y el actual.

El 29 reclamó que se quitara del memorándum de entendimiento con el FMI que los recursos del sistema previsional hayan sido “incautados” y presentó un proyecto de ley para que se suprimiera esa afirmación tan falsa como peligrosa; el 30 impugnó desde el Senado el último tarifazo, de acuerdo con un proyecto de ley propio, que aprobaron ambas cámaras y Macrì vetó.

Cuando el Presidente aconsejó a los peronistas de PRO que no siguieran las locuras de Cristina, lo fulminó en pocas y precisas líneas que recorrieron el mundo: “Llamar loca a una mujer. Típico de machirulo”.

El 14 de junio anunció que ella y todo el bloque de Senadores que integra apoyaría la derogación del aborto clandestino, oneroso y de riesgo.

También denunció que Juan Martín Monge, el titular del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, que el gobierno se propone liquidar, fue CEO de Metlife, empresa que demandó a la Argentina ante el CIADI por la recuperación del sistema jubilatorio (lo que el gobierno llama incautación).

 El 5 de julio dijo que a la detención de Lula en Brasil se suma el pedido de detención de Rafael Correa, como parte de un plan en ejecución, denominado Lawfare o guerra judicial, para “perseguir y proscribir a los líderes populares” en América Latina.

Es decir, se pronunció sobre los temas de fondo que padece el país.

Lo que no hizo es sumarse al pelotudeo de declaraciones insustanciales sobre combinaciones electorales, candidaturas y otros asuntos menores que entretienen al gobierno y al opoficialismo de los Pichetto, los Bossio y los Urtubey.

En cambio dedicó ese tiempo a reuniones con representantes de Lula, cuya libertad reclama; de los sindicatos que rechazan las medidas de ajuste y del Papa Bergoglio.

Uno de los obispos que integran la comisión ejecutiva de la Iglesia Católica argentina se reunió dos veces con ella y le transmitió sin ambages el deseo del pope romano de que vuelva a postularse para la presidencia en las elecciones que hasta ahora están previstas para octubre de 2019.

Parecería que no piensa defraudarlo.»

Fragmento de la nota La sombra del narco