Macri dice con caradurismo coucheado que la pobreza descendió, cuando todos vemos una enorme cantidad de personas sumidas en la pobreza extrema, durmiendo en las calles a la vista de todos.

EL FRACASO DE LAS INSTITUCIONES ARGENTINAS

Por Enrique Juan Box Jacquet

El país ha sido cooptado por una banda de traficantes de poder, en escandalosos ejercicios de incompatibilidad de funciones, pasando por encima de la Constitución Nacional, persiguiendo a opositores, atropellando el «Debido Proceso» para encarcelar a algunos y zambulléndose con saltos ornamentales en la comisión de delitos… impunemente.

 

Por Enrique Juan Box Jacquet

 

La Patria está en peligro porque está anémica, los glóbulos rojos se han derechizado, traicionando y no tenemos mecanismos de defensa institucionales válidos.

El pueblo se ahoga sin oxígeno y las enfermedades políticas oportunistas acechan.

El nivel de cinismo es único en una historia tradicional de hipocresía instalada por la oligarquía cipaya.

La diferencia es que al hipócrita no le importa mentir, pero sí cubrir las apariencias.

El cínico te miente en la cara, con total desparpajo frente a la evidencia misma.

La ventaja de que esta sea una instancia de cinismo explícito, es que del cinismo no hay retorno, no hay disculpa social posible para el cinismo.

Macri dice con caradurismo coucheado que la pobreza descendió, cuando todos vemos una enorme cantidad de personas sumidas en la pobreza extrema, durmiendo en las calles a la vista de todos.

Pero toda la manada obediente, se acomoda en la jaula porque los medios dicen que todo está más que bien.

Pero la gravedad no se centra solo en el gobierno, también entre los opositores y los neo-opositores o neo-oficialistas según la circunstancia si hablamos de los políticos, pero también de las entidades colegiadas que miran obscenamente para un costado, como si aquí no estuviera pasando nada. Total es mejor seguir cobrando matrículas y es más fácil culpar a los sindicalistas… que para qué decir, son otro rubro del tren fantasma.

No por nada, aquel cantito de «poné la fecha LPQTP» tiene la misma musiquita del conocido como el «hit del verano».

Pero la principal exponencia de los sindicatos, es su invalidez en las grandes crisis, cuando estas ostentan enormes masas de desocupados (Los sindicatos cuando lo hacen, defienden a los trabajadores, pero nadie defiende a los desocupados).

Sabemos que cerrar paritarias al 30% es ir a pérdida, pero Moyano festeja un 25% como si fuera un triunfo titánico, cerrando un 5% abajo de un municipio como Avellaneda.

Esto en el marco social que nos dicta, que si bien es cierto que el drama de pensar en cómo llegar a fin de mes, de los trabajadores sindicalizados es tremendo… no tiene punto de comparación con el alerta dramático de los desocupados, que ni siquiera saben si podrán comenzar el mes.

La gente está muriendo de la manera más oprobiosa, mientras todos cuidan su quintita haciendo elegante abuso de los eufemismos, para justificar la omisión.

El país ha sido cooptado por una banda de traficantes de poder, en escandalosos ejercicios de incompatibilidad de funciones, pasando por encima de la Constitución Nacional, persiguiendo a opositores, atropellando el «Debido Proceso» para encarcelar a algunos y zambulléndose con saltos ornamentales en la comisión de delitos… impunemente.

Por todo esto, escuchar decir a «los nuestros» que hay que llegar al 2019, poniendo como escudo el manual de procedimientos a los garrotazos, gases, balazos de goma, abusos de las fuerzas y encarcelamientos arbitrarios, resulta cada vez más insoportable.

¿Quién pagará el costo político de los muertos que generará el pasaje de este año al próximo?

¿Qué le vamos a explicar a los huérfanos, cómo consolamos a los padres a los que se les mueran los hijos? ¿Les vamos a poner billetes en la boca, indemnizando?

¿Balbucearemos que Macri llegó por los votos y que por eso no hubo nada, nada, nada, que persona física ni jurídica, institución ni fuerza política ni social, ni cuartel de bomberos, que pudiera hacer algo para preservar la Nación, porque no hay mecanismos que garanticen la democracia e impida que sea convertida en un circo decadente, dirigido por los mercaderes del templo?

¿Reconoceremos que somos una nación estúpida, que está a merced de un poder oscuro y no somos capaces de dar vuelta esa condición fáctica?

¿O conseguiremos despojarnos de los personalismos, anteponiendo los intereses de la Patria a los propios y anteponiendo también la dignidad a la cobardía?