Los miedos y la salud, una relación perversa usada como disciplinamiento social (JR)

LA SALUD Y EL MIEDO

Por Jorge Rachid

Esa sensación intangible que recorre desde el cuerpo a los afectos, amputa proyectos, anula esperanzas, paraliza y arrincona, generando cambios de conducta personales, familiares y sociales, produciendo depresiones y angustias, que es el miedo, es un arma generada por el neoliberalismo.

 

 

 

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

24/5/18

Esa sensación intangible que recorre desde el cuerpo a los afectos, amputa proyectos, anula esperanzas, paraliza y arrincona, generando cambios de conducta personales, familiares y sociales, produciendo depresiones y angustias, que es el miedo, es un arma generada por el neoliberalismo.

“Los pueblos viven alegremente sus vidas y conquistas, las oligarquías siembran el odio del ya no ser», nos decía Jauretche en su descripción sociológica y política, de lo que algunos descubrieron como grieta.

En el peronismo en el poder en cada etapa, el odio opositor encontraba “viva el cáncer”, “maten a la yegua”.

El pueblo festejaba el Bicentenario con alegría.

Pero la necesidad del gobierno títere, elegido por el pueblo, después de años de bombardeo sistemático de odio y sed de venganza oligárquica, que provocaron errores “forzados y no forzados”, como en el tenis, la descarga de temores, sumadas a las amenazas desde las usinas gubernamentales, invadió cada ámbito de la vida familiar y social del pueblo.

Desde el despido, quizás la expresión más tangible del disciplinamiento social, hasta la imposibilidad de planificación familiar, desde los alimentos a la educación de los hijos, los cambios de hábitos, las nuevas pautas austeras de conducta socia, hasta las convivencias promiscuas para ahorrar de familias enteras, fueron cambiando los ánimos y afectos del pueblo.

La bronca y la irritación social son las formas más frecuentes de expresión de los miedos, el ataque entre pares, la intolerancia, los cambios subjetivos que producen roces e incomprensiones, pérdidas de la autoestima y del rol social por falta de sustento, son consecuencias directas del miedo institucional, instalado por un gobierno que conduce un Estado Represor, autoritario y cipayo.

Ese miedo que atraviesa capas sociales, que determina nuevas formas de relacionamiento e intenta instalar el aislamiento individualista, el arrinconamiento de aquellos que no acceden a la meritocracia, “al éxito hoy, sin un mañana posible”, que lleva a la diáspora de la solidaridad e impone nuevas condiciones de vida, es una verdadera ingeniería social, cuya arma principal es el miedo.

La llamamos cultura dominante, pero en realidad es una práctica política represiva, persecutoria y genocida, que intenta desde borrar la memoria hasta condicionar las pequeñas conductas de los argentinos.

Ese miedo se traslada a la salud de la población en forma directa, al producir la llamada inmunodepresión, que permite el avance de la enfermedad sobre los individuos.

Comprobamos en los 90 como en los meses posteriores a los despidos masivos, se producían enfermedades invalidantes que se disparaban en trabajadores, hasta ayer sanos, sin distinción de edades, al frustrarse sus proyectos de vida laboral, familiar y trascendente de sus hijos, siendo desplazados a las periferias mismas de la banquina de la historia. Un genocidio social.

Hoy repiten la historia los mismos protagonistas, casi tres generaciones después, que sin memorias del horror, no comprenden aún la magnitud del drama por venir.

Creen  porque el discurso dominante tiene dos vertientes: un relato fantasioso, irreal y cómplice, ocultando la realidad y la otra el linchamiento social, con ariete judicial mafioso, de la oposición y sus familias, hasta límites inconcebibles en cualquier democracia que se precie de tal.

Sin embargo la memoria de los pueblos no es posible borrarla, podrán a los sumo producir procesos de repliegue  popular, pero la conciencia histórica anida en los pueblos latinoamericanos que vivieron 200 años después, la Patria Grande, libre de dominación y sumisión a poderes extranjeros.

Lo lograremos reinstalar sin dudas, porque los tiempos de los pueblos son históricos, aunque algunos crean que son biológicos y pretendan empujarlos.

Los militantes nacionales, populares, peronistas, latinoamericanistas sabemos dónde está el enemigo y hacia él marchamos a combatirlo junto al pueblo.

JR/