Por el torneo Metropolitano, el invicto Huracán viaja a La Plata para enfrentar a Estudiantes, en la vieja cancha de tablones de madera de 1 y 57.

LA TARDE QUE HURACAN SACÓ LA BANDERA MONTONERA

Por Juan del Barrio

Desde hace tres años un sector de la hinchada del equipo de Parque Patricios mantiene una aceitada relación con la Juventud Peronista, que es decir lo mismo que peronismo revolucionario. Ya en el ´73, año en que Huracán obtuvo el título, sus simpatizantes cantaban: “Lo dice el Tío / lo dice Perón / hacete del Globo que sale campeón”. La dictadura lleva menos de dos meses en el poder y el clima de terror está en plena escalada.

Por Juan del Barrio

NAC&POP

23/05/2018

Es el domingo 16 de mayo de 1976.

Por el torneo Metropolitano, el invicto Huracán viaja a La Plata para enfrentar a Estudiantes, en la vieja cancha de tablones de madera de 1 y 57.

Desde hace tres años un sector de la hinchada del equipo de Parque Patricios mantiene una aceitada relación con la Juventud Peronista, que es decir lo mismo que peronismo revolucionario.

Ya en el ´73, año en que Huracán obtuvo el título, sus simpatizantes cantaban: “Lo dice el Tío / lo dice Perón / hacete del Globo que sale campeón”.

La dictadura lleva menos de dos meses en el poder y el clima de terror está en plena escalada.

Se respira en todas las calles, a toda hora.

Antes del inicio del entretiempo del partido, un grupo de la hinchada visitante despliega desde la parte superior de una de las torres de iluminación, una bandera que dice “Montoneros” en grandes letras negras sobre fondo blanco.

La habían ingresado camuflada entre muchas otras con los colores del club.

Rápidamente, policías de civil la retiran y detienen a dos personas.

Al mismo tiempo, desde la calle, comienza la respuesta de la policía bonaerense del coronel Ramón Camps.

Los balazos son dirigidos hacia la tribuna visitante, de abajo hacia arriba.

Uno de ellos da de lleno sobre Gregorio Noya, hincha de Huracán. “Me dieron en la espalda”, alcanza a decirle a su hijo adolescente, sentado junto a la víctima en una de las plateas que dan a la avenida.

Hay corridas sobre la calle 58, avalanchas y detenidos.

Falta la segunda acción de la tarde, que la lleva a cabo otro grupo militante montonero de la Facultad de Medicina platense, pero esta vez desde afuera del estadio. Intentan otra acción de propaganda desconociendo lo que había ocurrido adentro minutos antes.

Con la utilización de un par de globos de gas atados a una bandera que reza “Videla asesino – Montoneros”, buscan que se eleven y atraviesen la cancha, en pleno partido.

El plan se frustra.

Llegan varios patrulleros. Comienzan los disparos, algunos militantes se esconden sobre las copas de los árboles, buscando, además, desenganchar desde allí los globos atascados.

La policía reprime sin miramientos.

Al finalizar el partido sin goles las fuerzas de uniforme cierran los accesos a las tribunas.

A medida que permiten que el público se retire en filas de a dos, son palpados de armas y revisados sus documentos de identidad. Hubo más de cien detenidos.

Al día siguiente toda la prensa publica únicamente el informe policial, plagado de falsedades.

Que las fuerzas policiales “debieron repeler a delincuentes subversivos”.

Que el episodio confuso “fue provocado por la organización declarada ilegal” –artilugio de la época que permitía sortear la prohibición militar de nombrar al ERP y a Montoneros–.

Que los “graves incidentes arrojaron un espectador herido”.

Nada más.

Gregorio Noya muere en esas horas en un hospital platense.

Ni su hijo ni muchos de los testigos que se ofrecieron para testimoniar oyeron un tiroteo.

Es otro crimen impune.

Uno más de la dictadura.

Los responsables nunca fueron condenados.

El 19 de mayo de 2018 se cumplieron 42 años.

JB/