Entregó todo por los que nada tenían en los barrios marginales rosarinos hasta la trágica tarde del 19 de diciembre de 2001, cuando impotente y desesperado, subido al techo de una escuela del Barrio Las Flores, con el sol detrás suyo, les gritó sin temor: “¡Paren de tirar, hijos de puta, que acá hay pibes comiendo!”.

POCHO, ESE ÁNGEL ALADO

Por HR

La respuesta llegó desde el brazo de un policía joven, el Ticky Velázquez, quien con la venia de sus jefes desenfundó su 9 mm y le apuntó directo a la garganta, atravesando el silencio atroz de esa barriada hambrienta, arrancándole la vida de cuajo a él, al Pocho Lepratti, seminarista adorado por cientos de chicos y jóvenes humildes.

Por HR

 

Entregó todo por los que nada tenían en los barrios marginales rosarinos hasta la trágica tarde del 19 de diciembre de 2001, cuando impotente y desesperado, subido al techo de una escuela del Barrio Las Flores, con el sol detrás suyo, les gritó sin temor: “¡Paren de tirar, hijos de puta, que acá hay pibes comiendo!”.

La respuesta llegó desde el brazo de un policía joven, el Ticky Velázquez, quien con la venia de sus jefes desenfundó su 9 mm y le apuntó directo a la garganta, atravesando el silencio atroz de esa barriada hambrienta, arrancándole la vida de cuajo a él, al Pocho Lepratti, seminarista adorado por cientos de chicos y jóvenes humildes.

A él, al “Ángel de la Bicicleta” de barba rubia como Cristo, el que cuidó de sus cinco hermanos menores.

A él, que cayó por ese plomo mortal entre insultos, escopetas del poder y sangre regada entre los suyos.

A él, entrerriano e hincha de Racing que vivió conteniendo jóvenes perdidos siendo profesor de Filosofía y militante incansable de la CTA.

A él, que hasta el amor postergó con tal de no quitarle tiempo a la tarea social urgente.

A él, que prefería su apodo de Pocho en honor a Perón, predicando con su vida, de la que no se guardó nada.

Las fuerzas represivas creyeron que lo acallarían.

Pobre de ellos.

Pocho multiplicó su voz en otros convirtiéndose en un símbolo, porque la lucha sigue en pie. Hoy más que nunca.

Esteban Velázquez, el asesino de Claudio Pocho Lepratti purgó una parte de su pena (9 de sus 14 años), salió y está en libertad.

Hoy milita en el PRO.