La democracia es ruidosa, bullanguera, insolente, libertaria, lejos de “la paz de los cementerios”, de los partidarios “del orden” neoliberal.” (JR)

NO PODRÁN PARAR LA FUERZA INCONTENIBLE DEL PUEBLO

Por Jorge Rachid

Los neoliberales propician el modelo del “orden y progreso”, en donde el orden se consigue con represión y el progreso con la macro economía, donde el hombre, el pueblo desaparece de las consideraciones políticas, ya que las “metas de inflación” son los indicadores que explican, según ellos, los avances o retrocesos de un país, en forma independiente de las condiciones y calidad de vida de su pueblo.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
15/9/17

Bien decía el inefable Don Arturo Jauretche los pueblos expresan su alegría en la conquista de los derechos, mientras los que odian son las minorías que perdieron sus privilegios.

Así resulta cuando la democracia, que es el gobierno del pueblo se expresa en plenitud, es arrebatada, movilizada, incómoda para el “orden establecido”, grita la multitud, supera a “sus representantes”, se expresa tanto en las minorías como las mayorías populares, apareciendo los “invisibles” de los procesos de marginación y exclusión social.

Por lo contrario, los neoliberales propician el modelo del “orden y progreso”, en donde el orden se consigue con represión y el progreso con la macro economía, donde el hombre, el pueblo desaparece de las consideraciones políticas, ya que las “metas de inflación” son los indicadores que explican, según ellos, los avances o retrocesos de un país, en forma independiente de las condiciones y calidad de vida de su pueblo.

Esa contradicción entre la vida, que se expresa en la vitalidad plena de un pueblo, volcado a las calles en sus festejos centenarios, que reafirman identidad nacional, en las plazas y los recitales masivos, en la alegría diaria de saberse propietarios de transitar la construcción de un futuro, cuando vive la democracia plena, y la muerte, que se expresa en los silencios prolongados, de pueblo ausente, de miedos instalados y represiones cotidianas, cuando se pierde el estado de derecho, aún en democracias legales, pero ilegítimas en su gestión.

Los argentinos hemos transitado la historia de estos panoramas contradictorios, cuando las dictaduras asolaban nuestra Patria, las proscripciones políticas y persecuciones eran cotidianas, los jóvenes se sentían perseguidos por sus vestimentas, sus peinados, sus formas de expresarse.

Nadie estaba libre, una gran cárcel era el espacio geográfico argentino, con tropas desplegadas, retenes en las rutas, operativos nocturnos que invadían la conciencia generando los miedos lógicos en cualquier ser humano, ante la represión continua.

La “paz de los cementerios” era la consigna de los dictadores para proceder a cumplir la orden de sus mandantes civiles, de entregar el patrimonio nacional, cercenar derechos sociales, someter la economía a los mandamientos imperiales, excluir a grandes masas de población para bajar “el gasto público”, provocar desocupación para flexibilizar leyes laborales, congelar los beneficios jubilatorios, avanzar sobre los sistemas solidarios, desde salud a educación, todo bajo la dirección del Banco Mundial.
Cualquier coincidencia con la etapa actual del gobierno neoliberal, es en su proceder, su gestión que se ubica en las antípodas ópticas de las promesas electorales, de todas ellas, sin hacer honor a ninguna, desde el fútbol para todos al impuesto a las ganancias, desde no devaluar a no ajustar, todo lo cual marca a fuego la ilegitimidad de la gestión.

No es una dictadura, por ser un gobierno elegido por el pueblo, es legal, pero se ha transformado en un gobierno autoritario, con brutalidad y desprovisto de humanidad, que es característica de los gobiernos neoliberales, que lesionan la conciencia humana.

De ahí que la represión sea su herramienta vital de conservación del poder, en especial frente a las masivas movilizaciones populares, que ha enfrentado, en contraste con una palidez absoluta de calor popular en cada acto gubernamental.

Es que cuando un chico dijo: “el rey está desnudo”, estableció con claridad aquel precepto bíblico de que “no se puede tapar el sol con un arnés”.

En nuestro país, en pocos meses de gestión el pueblo vio al presidente desnudo, en sus políticas más duras, en sus expresiones más agresivas, en sus directivas cada día más represoras, aún de la palabra, máxima expresión de la libertad.

Cuando se cercena la palabra se pasa el límite democrático más claro, ya que junto a la represión asesina, son las herramientas del amedrentamiento social, de las clausura de los mecanismos democráticos, de la rupturas de los diálogos prometidos.

Sólo se dialoga con los propios, se condiciona hasta los aliados radicales, se los manosea y margina, se los maltrata hasta la ruptura en algunos casos y si eso hace con los aliados, con los adversarios sólo queda la represión, la paz de los cementerios.

Ese silencio que aturde, como pretende el gobierno no se producirá en una sociedad con memoria viva reciente y mediata, de haber vivido en plenitud en democracia plena, sin condicionamientos, ni represiones, dejando expresar cuanta opinión a favor o en contra del gobierno se expresara, habiendo derogado inclusive la penalidad legal del agravio al funcionario público.

Todo lo contrario a la etapa actual, que pretende una sociedad sometida, espiada, controlada, sumisa y autómata a las directrices políticas neoliberales, que la agravian y denigran.

Eso no sucederá en un pueblo con las historias de lucha y convicciones de los argentinos, no podrán por la sencilla razón que los procesos neoliberales, que no supieron abrirse a tiempo, terminaron siempre en el conflicto social.

Las movilizaciones masivas dieron vuelta el vergonzoso 2×1 de la Corte Suprema, puso sobre la mesa la desaparición de Santiago Maldonado, antes el reclamo enérgico sobre la prisión política en democracia de Milagro Sala, las que se opusieron al ajuste, a las tarifas, a las reformas laborales.

No podrán porque se puede reprimir una manifestación, perseguir y encarcelar dirigentes, matar puntualmente, pero no podrán parar la fuerza incontenible del pueblo, porque la conciencia nacional es democrática, es ruidosa y alegre en la lucha y en especial tiene memoria, con ansias permanentes de verdad y justicia.

EN MEMORIA DE LOS MÁRTIRES DE LA REVOLUCIÓN FUSILADORA DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 1955