El 50% más pobre de la población nunca ha poseído más del 1,5% de la riqueza total desde el año 2000, y el 1% más rico nunca ha tenido menos del 46%.

UNA ECONOMÍA PARA EL 99%

Los nuevos datos de Oxfam son demoledores. Tan sólo 8 personas (8 hombres en realidad) poseen ya la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad. La súper concentración de riqueza sigue imparable. Es hora de construir una economía más humana y justa al servicio de las personas

INFORME OXFAM
www.oxfam.org
16 de enero de 2017

El crecimiento económico tan sólo está beneficiando a los que más tienen.

El resto, la gran mayoría de ciudadanos de todo el mundo y especialmente los sectores más pobres, se están quedando al margen de la reactivación de la economía.

El modelo económico y los principios que rigen su funcionamiento nos han llevado a esta situación que se ha vuelto extrema, insostenible e injusta.

Es hora de plantear una alternativa.

Necesitamos Gobiernos que apuesten por una visión de futuro y respondan ante su ciudadanía primero, grandes empresas que antepongan los intereses de trabajadores y productores, un crecimiento dentro de los límites del planeta, el respeto de los derechos de las mujeres, y que el sistema fiscal sea justo y progresivo.

Es posible avanzar hacia una economía más humana.

UNA ECONOMÍA PARA EL 99%

Han pasado cuatro años desde que el Foro Económico Mundial alertase de la grave amenaza que supone el incremento de la desigualdad económica para la estabilidad social,1 y tres desde que el Banco Mundial decidiese combinar su objetivo de acabar con la pobreza extrema con la necesidad de promover una prosperidad compartida.2

Desde entonces, y a pesar de que los líderes mundiales se hayan comprometido con el objetivo de reducir la desigualdad, la brecha entre los más ricos y el resto de la población se ha ampliado.

Es una situación insostenible.

Tal y como afirmó el Presidente Barack Obama en su último discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2016, “Un mundo en el que el 1% de la humanidad controla tanta riqueza como el 99% más pobre nunca será estable”.

Sin embargo, el mundo sigue inmerso en una crisis mundial de desigualdad:

• Desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta.
• Actualmente, ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad de la humanidad).
• Durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas.5
• Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.6
• El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh.7
• Un nuevo estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo.8
• En Vietnam, el hombre más rico del país gana en un día más que la persona más pobre en diez años.9

Si sigue esta tendencia, el incremento de la desigualdad económica amenaza con fracturar nuestras sociedades: incrementa la delincuencia y la inseguridad, socava la lucha contra la pobreza10 y hace que cada vez más personas vivan con más miedo y menos esperanza.

El Brexit, el éxito de la campaña presidencial de Donald Trump, así como el preocupante incremento del racismo y la desafección generalizada que genera la política convencional provocan que cada vez más ciudadanos de los países ricos den muestras de que no están dispuestos a seguir aguantando la situación actual.

¿Por qué tendrían que hacerlo si la experiencia indica que las consecuencias de estas
políticas son el estancamiento de los salarios, la inseguridad laboral y el incremento de
la brecha entre ricos y pobres?

El reto está ahora en plantear un modelo positivo frente a aparentes soluciones que generan en realidad más división.

“En Kenia, las diferencias entre ricos y pobres a veces resultan muy humillantes.

Ver que no es más que un muro lo que separa a los ricos de los pobres.

Los hijos de algunas de estas personas ricas se pasean con sus coches, y cuando pasan junto a ti en la carretera, te cubren de polvo, y si está lloviendo te salpican con el agua de los charcos.” (Jane Muthoni, miembro de Shining Mothers, un grupo comunitario apoyado por Oxfam

En los países pobres, el panorama es igualmente complejo y no menos preocupante.

Cientos de millones de personas han salido de la pobreza en las últimas décadas, un
logro del cual el mundo debería sentirse orgulloso.

No obstante, una de cada nueve personas sigue pasando hambre.11

Si el crecimiento económico entre 1990 y 2010 hubiese beneficiado a los más vulnerables, en la actualidad habría 700 millones de personas menos, en su mayoría mujeres, en situación de pobreza.12

Los estudios revelan que, actualmente, los recursos existentes permitirían eliminar tres cuartas partes de la pobreza extrema si se incrementase la recaudación fiscal y se recortase el gasto militar y otros gastos igualmente regresivos.13

El Banco Mundial ha dejado claro que, si no se redoblan los esfuerzos para hacer frente a la desigualdad, los líderes mundiales no cumplirán su objetivo de acabar con la pobreza extrema en 2030.14

No tiene por qué ser así.

Las respuestas que parecen más efectivas para hacer frente a la desigualdad no tienen por qué provocar mayores divisiones.

El informe Una economía para el 99% analiza cómo las prácticas de grandes empresas y los más ricos están acentuando la actual crisis de desigualdad extrema.

Pero también plantea qué se puede hacer para revertir esta situación.

Asimismo, hace una valoración de las falsas premisas que nos han llevado por esta vía, y muestra cómo podemos construir un mundo más justo basado en una economía más humana.

Uno en el que las personas, y no los beneficios, se encuentran en el centro y donde se da prioridad a los más vulnerables.

LAS CAUSAS DE LA DESIGUALDAD

Es innegable que el modelo de economía globalizada ha beneficiado principalmente a
las personas más ricas.

Varias investigaciones de Oxfam revelan que, en los últimos 25 años, el 1% más rico de la población ha percibido más ingresos que el 50% más pobre de la población en su conjunto. 15

Lejos de transmitirse espontáneamente hacia abajo (en la llamada “economía de goteo o de derrame”), los ingresos y la riqueza se vuelcan hacia las capas más altas de la sociedad, y lo hacen a un ritmo alarmante.

¿Cuál es la causa?

Las grandes empresas y el poder de los más ricos desempeñan un papel esencial.

Las grandes empresas, al servicio de los más ricos

A las grandes empresas les fue bien en 2015 y 2016, con resultados muy positivos para la gran mayoría de ellas.

En 2015, las diez mayores empresas del mundo obtuvieron una facturación superior a los ingresos públicos de 180 países juntos 16

Las grandes empresas son un elemento vital de la economía de mercado, y cuando operan en beneficio del conjunto de la población, constituyen un factor esencial para construir sociedades prósperas y justas.

Sin embargo, cuando operan cada vez más al servicio de los ricos, las personas que más lo necesitan se ven privadas de los beneficios del crecimiento económico generado.

Su modelo de maximización de beneficios conduce a una devaluación salarial sobre el trabajador medio, una presión sobre los pequeños productores, y a sofisticados esquemas corporativos para tributar menos de lo que les corresponde, eludiendo el pago de unos impuestos que beneficiarían al conjunto de la población, especialmente a los sectores más pobres.

Ahogando a los trabajadores y a los pequeños productores.

Mientras los ingresos de la mayoría de los presidentes y altos ejecutivos de grandes corporaciones (con generosas retribuciones en acciones como complemento) se han disparado, el salario del trabajador o del productor medio apenas ha aumentado, y de hecho en algunos casos incluso se ha reducido.

El director general de la principal empresa tecnológica de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de su misma empresa.17

En la década de los ochenta, los productores de cacao recibían el 18% del valor de una tableta de chocolate, frente al 6% que obtienen actualmente. 18

Se dan incluso casos extremos del trabajo forzado o en condiciones de esclavitud para mantener los costes empresariales bajos.

La Organización Mundial del Trabajo calcula que 21 millones de personas son víctima de trabajo forzoso, lo que genera unos beneficios que ascienden a aproximadamente 150.000 millones de dólares anuales.19

Las mayores empresas textiles del mundo han estado vinculadas a las fábricas de hilado de algodón de la India, que suelen recurrir al trabajo forzoso de niñas.20

La mayoría de los trabajadores peor remunerados son mujeres y niñas, quienes además trabajan en las condiciones más precarias.21

Las grandes empresas, implacables, están reduciendo al mínimo los costes de la mano de obra en todo el mundo, impidiendo que los trabajadores y productores de sus cadenas de suministro se beneficien del crecimiento económico, lo cual incrementa la desigualdad y ahoga la demanda.

Evasión y elusión fiscal

Las grandes empresas también han optado por un modelo de maximización de sus beneficios a costa de tributar lo menos posible, utilizando paraísos fiscales, sacando provecho de tipos impositivos cada vez más bajos o logrando que los países compitan agresivamente entre sí para ofrecerles privilegios fiscales.

La rebaja en los tipos nominales del impuesto de sociedades se está convirtiendo también en una tendencia generalizada, lo cual, unido a las técnicas de evasión y elusión fiscal tan extendidas, hace que muchas grandes empresas reduzcan su contribución fiscal a mínimos.

Se estima, por ejemplo, que en 2014, Apple tributó por sus beneficios en Europa a un tipo efectivo del 0,005%.23

Los países en desarrollo pierden cada año al menos 100.000 millones de dólares como consecuencia de la evasión y elusión fiscal de grandes empresas a través de paraísos fiscales24 y dejan de ingresar miles de millones de dólares por ofrecer exenciones y exoneraciones fiscales improductivas e ineficientes.

Esta sangría de recursos afecta sobre todo a los más pobres, que dependen en mayor medida de los servicios públicos en los que podrían invertirse todos estos recursos fugados.

Kenia pierde 1.100 millones de dólares anuales en concepto de exenciones fiscales, una cifra que prácticamente duplica su presupuesto de inversión en salud, en un país donde la probabilidad de que las madres mueran durante el parto es de uno entre cuarenta.25

¿Qué provoca este comportamiento por parte de estas grandes corporaciones?

Hay dos razones: en primer lugar, que se está priorizando la rentabilidad a corto plazo de los accionistas e inversores y, en segundo lugar, la creciente prevalencia del “capitalismo clientelar”.

Capitalismo cortoplacista: el dividendo manda

En muchos lugares del mundo, las grandes empresas se guían cada vez más por un
único objetivo: maximizar la rentabilidad de los accionistas e inversores.

Esto implica no sólo priorizar el cortoplacismo en los beneficios empresariales, sino también incrementar progresivamente la distribución de dividendos entre los accionistas.

En 1970, en el Reino Unido el 10% de los beneficios empresariales se distribuían entre los accionistas, mientras que en la actualidad perciben el 70%.26

El porcentaje es menor en la India, pero está incrementándose rápidamente y en muchas empresas supera al menos el 50%.27

Esta tendencia ha recibido muchas críticas, entre otros de Larry Fink: ”Cada vez más líderes han respondido con medidas que pueden proporcionar beneficios inmediatos a los accionistas, como por ejemplo recompras de acciones y pago de dividendos, mientras reducen su inversión en innovación, mano de obra cualificada o gastos de capital esenciales para mantener el crecimiento a largo plazo.” 22 Larry Fink, CEO, Blackrock director general de Blackrock (la mayor empresa de gestión de fondos del mundo)28 y de Andrew Haldane, el economista jefe del Banco de Inglaterra.29

Una mayor distribución de dividendos favorece principalmente a los grandes accionistas, normalmente grandes fortunas que suelen ser también grandes inversores.

La rueda de la desigualdad sigue creciendo así.

El porcentaje de acciones de empresas en manos de inversores institucionales, como los fondos de pensiones, sin embargo, es cada vez menor.

Hace 30 años, los fondos de pensiones poseían el 30% de las acciones en el Reino Unido, mientras que en la actualidad son propietarios de tan sólo el 3%.30

Cada dólar de beneficios que se entrega a los accionistas de las grandes empresas es un dólar que podría haberse dedicado a remunerar mejor a los productores o a los trabajadores, a pagar más impuestos, o a invertir en infraestructuras e innovación.

Capitalismo clientelar al servicio de las élites

Como ponía de manifiesto el informe de Oxfam Una economía al servicio del 1%, 31 empresas de diversos sectores como el financiero, extractivo, de producción textil o farmacéutico, entre otros, utilizan su enorme poder para garantizar que tanto la legislación como la elaboración de políticas nacionales e internacionales se diseñan a su medida para proteger sus intereses y mejorar su rentabilidad.

Por ejemplo, las empresas petrolíferas han conseguido suculentos privilegios fiscales en Nigeria. 32

Incluso el sector de la tecnología, que en otros tiempos solía gozar de mejor reputación, recibe cada vez más acusaciones de este tipo de prácticas clientelares.

Alphabet, la empresa matriz de Google, se ha convertido en uno de los mayores lobistas de Washington, mientras que en Europa negocia recurrentemente cuestiones relativas a la legislación antimonopolio y a la política fiscal. 33

El capitalismo clientelar beneficia a los dueños del capital y a quienes están al mando de estas grandes corporaciones, en detrimento del bien común y la reducción de la pobreza.

Esto coloca en una situación muy desigual a las pymes que no pueden competir en las mismas condiciones frente a estos cárteles empresariales y al monopolio del poder que ejercen estas grandes empresas y los actores estrechamente ligados a los Gobiernos.

Los grandes perdedores son los ciudadanos que terminan pagando más por los bienes y servicios.

Carlos Slim, el tercer hombre más rico del mundo, controla aproximadamente el 70% del total de los servicios de telefonía móvil y el 65% de las líneas fijas de México.

Esta falta de competencia supone un coste equivalente al 2% del PIB.34

El papel de los súper ricos en la crisis de desigualdad

En todos los sentidos, vivimos, en la “era de los súper ricos”, una segunda “época dorada” del capitalismo en la que el brillo de la superficie enmascara los problemas sociales y la corrupción de fondo.

El análisis que hace Oxfam sobre la concentración de riqueza extrema incluye a todas aquellas personas cuyo patrimonio neto es de al menos 1.000 millones de dólares.

Los 1.810 milmillonarios (en dólares estadounidenses) de la lista Forbes de 2016, de los cuales el 89% son hombres, poseen en conjunto 6,5 billones de dólares, la misma riqueza que el 70% de la población más pobre de la humanidad. 35

Aunque algunos de estos milmillonarios deben su fortuna fundamentalmente al trabajo duro y a su talento, el análisis de Oxfam revela que una tercera parte del patrimonio de los milmillonarios tiene su origen en la riqueza heredada, mientras que el 43% está vinculada a relaciones clientelares.36

La fortuna, adquirida, heredada o acumulada, se multiplica en manos de los más ricos,
que pueden permitirse pagar el mejor asesoramiento financiero y de inversión.

Así es cómo la riqueza que acumula esta élite ha crecido en promedio un 11% al año desde 2009, una tasa de crecimiento muy superior a la que puede obtener un ahorrador
medio.

Ya sea a través de fondos de inversión de riesgo o de almacenes llenos de obras de arte y coches de colección, 38 el hermético sector de la gestión de grandes patrimonios ha logrado un efecto multiplicador para los ya súper ricos.

La fortuna de Bill Gates ha aumentado en un 50%, ó 25.000 millones de dólares, desde que abandonara Microsoft en 2006, a pesar de sus encomiables esfuerzos por donar parte de ella.39

Si los milmillonarios mantienen este nivel de rentabilidad, dentro de 25 años ya tendremos el primer “billonario” en el mundo, alguien con una fortuna de al menos 1 billón de dólares (aproximadamente, el equivalente al PIB de España actualmente).

En un entorno como este, los súper ricos tendrían que hacer verdaderos esfuerzos para no seguir acumulando más riqueza.

Las enormes fortunas que se sitúan en el extremo superior de la escala de distribución
de los ingresos y la riqueza constituyen una prueba clara de la actual crisis de desigualdad, además de ser un obstáculo fundamental en la lucha para acabar con la
pobreza extrema.

Los súper ricos no son sólo receptores pasivos de la creciente concentración de la riqueza, sino que contribuyen activamente a perpetuarla.

Uno de los mecanismos que utilizan son sus inversiones.

La mayor parte de las acciones (especialmente en hedge funds y capital riesgo) están en manos de los más poderosos de la sociedad, que por lo tanto son los grandes beneficiados del culto al accionariado que rige el modelo empresarial actual.

Elusión fiscal y captura de políticas

Una estrategia clave para la mayoría de los súper ricos es lograr tributar lo menos posible,41 fundamentalmente a través del entramado mundial de paraísos fiscales.

Los Papeles de Panamá y otras filtraciones que han salido a la luz recientemente han puesto de manifiesto que es una industria a gran escala.

Los países compiten para atraer a los súper ricos, poniendo en venta su soberanía.

Los llamados “exiliados fiscales” tienen a su disposición una amplia variedad de destinos en todo el mundo.

Una inversión de al menos dos millones de libras permite comprar el derecho a vivir,
trabajar y adquirir propiedades en el Reino Unido, así como a beneficiarse de
generosas rebajas fiscales.

En Malta, uno de los principales paraísos fiscales, es posible adquirir la ciudadanía plena a cambio de 650.000 dólares. Gabriel Zucman ha calculado que hay 7,6 billones de dólares ocultos en centros offshore. 42

El uso de los paraísos fiscales por parte de los súper ricos supone para África una pérdida en ingresos fiscales estimada de 14.000 millones de dólares al año.

Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria y salvar la vida de cuatro millones de niñas y niños al año, y permitiría contratar a suficientes profesores para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.

En los países ricos, los tipos impositivos sobre el patrimonio, la riqueza y las rentas más altas se han ido desplomando.

Hace no tanto tiempo, en 1980, el tipo marginal más elevado del impuesto sobre la renta en Estados Unidos era del 70%; actualmente es del 40%.43

En las economías menos avanzadas, los tipos impositivos que gravan a los más ricos son aún menores: el tipo marginal más elevado del impuesto sobre la renta es, de media, del 30%, aunque la mayor parte de este tipo de impuestos ni siquiera llega a recaudarse.44

La mayoría de los súper ricos también hace uso de su poder, influencia y contactos
para “secuestrar” la elaboración de políticas y garantizar que la legislación les favorezca.

En Brasil, los milmillonarios hacen lobby para conseguir una bajada de impuestos,45 y en Sao Paulo prefieren desplazarse en helicóptero, sobrevolando los atascos y las infraestructuras en mal estado que se extienden a sus pies.

“No importa cuán justificadas puedan ser inicialmente las desigualdades de riqueza; las
fortunas pueden crecer y perpetuarse más allá de todo límite razonable y más allá de cualquier justificación razonable en términos de utilidad social.” 37 Thomas Piketty, economista y autor del libro El capital en el siglo XXI

“Ninguna sociedad puede mantener un incremento semejante de la desigualdad. De hecho, no existen ejemplos en la historia de la humanidad en los que la riqueza estuviese tan concentrada sin que en algún momento apareciesen las horcas” Nick Hanauer, milmillonario y empresario estadounidense.46

Algunos súper ricos también se aprovechan de su fortuna para “comprar” los resultados
políticos que desean, tratando de influir en las elecciones y en las políticas públicas.

Los hermanos Koch, dos de los hombres más ricos del mundo, han ejercido una considerable influencia en el sector conservador de la política estadounidense, apoyando a muchos centros de estudio influyentes y al movimiento Tea Party,47 además de contribuir enormemente a desacreditar los argumentos en favor de la necesidad de tomar medidas contra el cambio climático.

Este tipo de lobby político proactivo por parte de los súper ricos y sus representantes es causa directa del incremento de la desigualdad, ya que contribuye a reforzar un círculo vicioso que se retroalimenta, y en el que los grandes ganadores obtienen aún mayores rentabilidades y privilegios que a su vez les permiten obtener cada vez más beneficios. 48

LAS FALSAS PREMISAS SOBRE LAS QUE SE BASA LA ECONOMÍA AL SERVICIO DEL UNO POR CIENTO

La economía actual está al servicio del 1% más rico de la población, y se basa en una
serie de falsas premisas sobre las que se articulan la mayor parte de las políticas,
actividades e inversiones de Gobiernos y grandes empresas y grandes fortunas, pero
que dejan atrás a la gran mayoría de la sociedad y a los más vulnerables en particular.

Algunas de estas premisas tienen que ver con la propia economía.

Otras están más relacionadas con la visión económica predominante, definida por sus creadores como “neoliberalismo”, y que supone (equivocadamente) que la riqueza generada en el extremo superior de la escala de distribución se transmitirá espontáneamente, como por “goteo”, al resto de la población.

Incluso el FMI ha identificado al neoliberalismo como una de las principales causas del incremento de la desigualdad. 50

Si no se confrontan estas falsas premisas, será imposible revertir este modelo:

  1. Falsa premisa Nº1: El mercado nunca se equivoca, y hay que minimizar el papel de los Gobiernos.

En realidad, el mercado no ha dado muestras de ser la mejor manera de organizar y valorar gran parte de nuestra vida en común, o de planificar nuestro futuro común.

Ya hemos visto cómo la corrupción y el clientelismo distorsionan el funcionamiento de los mercados en detrimento del ciudadano medio, y cómo el excesivo crecimiento del sector financiero agrava la desigualdad.

Se ha demostrado que la privatización de servicios públicos como la sanidad, la educación o el abastecimiento de agua corriente excluyen a los pobres, y especialmente a las mujeres.

  1. Falsa premisa Nº2: Las empresas tienen que maximizar sus beneficios y la rentabilidad de los accionistas a toda costa. Con este modelo, la maximización de los beneficios incrementa desproporcionadamente los ingresos solo de quienes ya tienen más, mientras que impone una presión innecesaria sobre trabajadores, agricultores, consumidores y proveedores, así como sobre las comunidades y el medio ambiente.

Sin embargo, hay maneras mucho más constructivas de gestionar las grandes empresas de modo que contribuyan al bien común, y existen muchos ejemplos de cómo lograrlo.

  1. Falsa premisa Nº3: La riqueza individual extrema no es perjudicial sino síntoma de éxito, y la desigualdad no es relevante.

Más bien al contrario, el surgimiento de una nueva “época dorada” caracterizada por la concentración de una inmensa riqueza en manos de muy pocas personas, en su mayoría hombres, es económicamente ineficiente y corrosiva desde el punto de vista político, además de socavar el progreso colectivo.

Es necesario que la riqueza se distribuya de forma más equitativa.

“En lugar de generar crecimiento, algunas políticas neoliberales aumentaron la desigualdad, lo que a su vez dificultó una expansión duradera.” FMI.49

  1. Falsa premisa Nº4: El crecimiento del PIB debe ser el principal objetivo de la elaboración de políticas.

Sin embargo, como ya dijo Robert Kennedy en 1968: “El PIB mide todo salvo aquello por lo que merece la pena vivir”.

El PIB no tiene en cuenta la desigualdad, lo cual quiere decir que un país como Zambia puede tener un elevado crecimiento del PIB y a la vez una creciente población pobre.

5. Falsa premisa Nº5: Nuestro modelo económico es neutral desde el punto de vista del género.

En la práctica, los recortes en los servicios públicos y el deterioro de la estabilidad en el empleo y de los derechos laborales perjudican en mayor medida a las mujeres.

La mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres, quienes además sufren una mayor precariedad laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado (no incorporado en el PIB, a pesar de que sin esta economía del cuidado nuestras economías no podrían funcionar).

6. Falsa premisa Nº6: Los recursos de nuestro planeta son ilimitados.

Esto no es sólo una premisa falsa, sino una idea que podría acarrear consecuencias catastróficas para nuestro planeta.

Nuestro modelo económico se basa en la explotación del medio ambiente, ignorando los límites sostenibles de nuestro planeta.

Este modelo económico es una de las principales causas de que el cambio climático esté fuera de control.

Debemos enterrar profundamente estas seis premisas, y debemos hacerlo rápido.

Se han quedado obsoletas, son retrógradas y no han servido para alcanzar la estabilidad
ni una prosperidad compartida, sino que, por el contrario, nos están arrastrando al
abismo.

Necesitamos urgentemente una alternativa al modelo económico, es hora de construir una economía humana.

UNA ECONOMÍA HUMANA, AL SERVICIO DEL 99%

Necesitamos construir juntos un nuevo consenso y dar la vuelta a esta situación para
diseñar un modelo económico cuyo principal propósito sea estar al servicio del 99% de la población, no de los intereses del 1% más rico.

Quienes primero deberían beneficiarse de esta nueva economía son las personas en situación de pobreza, independientemente de si viven en Uganda o en Estados Unidos.

La humanidad tiene un talento increíble, una enorme riqueza y una imaginación infinita.

Debemos emplear estos recursos para trabajar en la construcción de una economía más humana que beneficie al conjunto de la ciudadanía, y no sólo a unos pocos privilegiados.

Una economía humana daría lugar a sociedades mejores y más justas.

Garantizaría empleos estables en los que se pagarían salarios dignos.

Nadie viviría con miedo a caer enfermo por no poder asumir el coste.

Todos los niños y niñas tendrían la oportunidad de desarrollar su potencial.

Nuestra economía florecería dentro de los límites de nuestro planeta, y permitiría que las generaciones futuras recibieran un mundo mejor y más sostenible.

Los mercados son un motor esencial del crecimiento y la prosperidad, pero no podemos seguir aceptando la falacia de que es el motor quien dirige el coche o quien decide en qué dirección se debe avanzar.

Los mercados deben gestionarse con prudencia en aras del bien común, de manera que los beneficios del crecimiento se distribuyan de forma equitativa, garantizando además tanto una respuesta adecuada ante el cambio climático como la prestación de servicios sanitarios y educativos a la mayoría de la población (en especial, aunque no exclusivamente, en los países más pobres).

“El PIB mide todo excepto aquello por lo que merece la pena vivir”‟ Robert Kennedy, 1968 51

“Es totalmente imposible sacar adelante al mundo cuando apenas se tiene en cuenta a una de sus mitades.” 52 Charlotte Perkins Gillman, socialista y sufragista

Una economía humana debería contar con una serie de elementos básicos cuyo objetivo sea abordar los problemas que han contribuido a generar la actual crisis de desigualdad. Este informe es tan sólo un primer paso a la hora de esbozar estos problemas fundamentales, aunque sienta las bases sobre las que se empezará a construir una economía humana en la que:

  1. Los Gobiernos trabajarán a favor del 99% de la población.

Un Gobierno que rinde cuentas ante la ciudadanía y antepone sus necesidades es el arma más importante para luchar contra la desigualdad extrema y la clave de una economía humana.

Los Gobiernos deben escuchar al conjunto de la ciudadanía, no sólo a una minoría más poderosa y a sus lobistas.

Es necesario revitalizar el espacio que ocupa la sociedad civil, especialmente para que se hagan oír las voces de las mujeres y de los colectivos excluidos.

Cuanto mayor sea la rendición de cuentas de nuestros Gobiernos, más justas serán nuestras sociedades.

  1. Los Gobiernos no sólo competirán, sino que cooperarán entre sí.

La globalización no puede seguir siendo una implacable “carrera a la baja” en materia de fiscalidad y derechos laborales, al servicio exclusivo de los que más tienen.

Debemos poner fin a la era de los paraísos fiscales de una vez por todas.

Los países deben cooperar, en pie de igualdad, en la construcción de un nuevo consenso mundial y en la creación de un círculo virtuoso que garantice unas condiciones salariales dignas, la protección del medio ambiente y un sistema fiscal justo.

  1. Las empresas operarán en beneficio de toda la población.

Los Gobiernos deben apoyar modelos empresariales que impulsen claramente el tipo de capitalismo que beneficia al conjunto de la población y que construye un futuro más sostenible.

Los beneficios de la actividad empresarial deben ir a parar a quienes contribuyeron a
generarlos y los hicieron posibles: tiene que producirse un retorno justo al conjunto de la sociedad, los trabajadores y trabajadoras y las comunidades locales.

Es necesario poner fin al lobby empresarial depredador y al secuestro de los procesos democráticos.

Los Gobiernos deben garantizar que las empresas paguen salarios dignos a sus trabajadores y trabajadoras, que tributen lo que les corresponde y que asuman la responsabilidad de su impacto sobre el planeta.

  1. Acabar con la concentración extrema de la riqueza para acabar con la pobreza extrema.

La “edad dorada” que vivimos en la actualidad está socavando nuestro futuro, y debe llegar a su fin. Debemos lograr que los más ricos contribuyan equitativamente a la sociedad y no permitir que disfruten de privilegios injustos.

Para ello, deben tributar lo que les corresponde: debemos recuperar y/o elevar los impuestos tanto sobre el patrimonio como sobre las rentas más altas, a fin de garantizar un sistema más progresivo, y acabar con la evasión y elusión fiscal de las grandes fortunas.

  1. Una economía humana beneficiará tanto a hombres como a mujeres.

La igualdad de género estará en el centro de la economía, garantizando que ambas
mitades de la humanidad tengan las mismas oportunidades en la vida y puedan
desarrollarse y llevar una vida plena.

Los obstáculos al avance de las mujeres, como el acceso a la educación y a la atención sanitaria, desaparecerán de una vez por todas.

Las normas sociales no deben determinar el papel que desempeñe la mujer en la sociedad; y, en particular, se debe reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado.

  1. Los recursos tecnológicos se aprovecharán en beneficio del 99% de la población.

Las nuevas tecnologías tienen un enorme potencial para mejorar nuestras vidas.

Pero esto solo será posible con una intervención activa por parte de los Gobiernos, especialmente en lo que se refiere al control de la tecnología.

Las investigaciones respaldadas desde el sector público ya han dado lugar a algunas de las mayores innovaciones de los últimos tiempos, como por ejemplo los móviles inteligentes (smartphone).

Los Gobiernos deben intervenir para garantizar que la tecnología contribuya a reducir la desigualdad, no a incrementarla.

  1. La economía humana funcionará con energías renovables.

Los combustibles fósiles han impulsado el crecimiento económico desde la era de la industrialización, pero son incompatibles con una economía cuya prioridad sean las necesidades de la mayoría de la población.

La contaminación atmosférica generada por la combustión de carbón provoca millones de muertes prematuras en todo el mundo, y la destrucción que produce el cambio climático afecta en mayor medida a las personas más pobres y vulnerables.

Las energías renovables y sostenibles pueden ofrecer acceso universal a la energía e impulsar un crecimiento que respete los límites sostenibles de nuestro planeta.

  1. La economía humana valorará y cuantificará lo verdaderamente importante.

Más allá del PIB, debemos medir el progreso humano utilizando los muchos métodos de medición alternativos que existen. Estas nuevas formas de medir el progreso deben contemplar íntegramente el trabajo no remunerado que llevan a cabo las mujeres en todo el mundo, y reflejar no sólo la magnitud de la actividad económica, sino también la distribución de la renta y la riqueza. Asimismo, deben estar estrechamente vinculadas a la sostenibilidad, contribuyendo a construir un futuro mejor tanto ahora como para las generaciones futuras.

Esto nos permitirá cuantificar el verdadero progreso de nuestras sociedades.

Podemos y debemos construir una economía más humana antes de que sea demasiado tarde.

1 UNA ERA DE CRECIMIENTO ECONÓMICO DEFINIDA POR LA DESIGUALDAD Y LA EXCLUSIVIDAD.

UN MUNDO EN EL QUE EL 1% DE LA HUMANIDAD CONTROLA TANTA RIQUEZA COMO EL 99% RESTANTE NUNCA SERÁ ESTABLE

En su discurso final ante la Asamblea de las Naciones Unidas en septiembre de 2016, el Presidente Barack Obama declaró: “Un mundo en el que el 1% de la humanidad controla tanta riqueza como el 99% restante nunca será estable”.

A finales de ese mismo mes, el informe inaugural del Banco Mundial sobre pobreza y prosperidad compartida reveló que la desigualdad dentro de los países es mayor que hace 25 años, y advertía de que “la reducción de la desigualdad será clave para cumplir con el Objetivo [de Desarrollo Sostenible] sobre pobreza en 2030”.54

Los investigadores del FMI han advertido de que la desigualdad es perjudicial para el crecimiento económico55 y agrava los obstáculos e injusticias provocados por cuestiones de género, etnia o factores geográficos.56

La desigualdad extrema provoca una larga lista de consecuencias sociales y políticas.57

Muchos analistas han señalado que la experiencia de las personas que se han quedado atrás, excluidas de la prosperidad de que disfrutan las élites, es la razón por la que la mayoría de los votantes británicos optaron por rechazar su pertenencia a la UE en junio de 201658 y del éxito de la campaña de Donald Trump en Estados Unidos. 59

Los líderes mundiales se han comprometido recientemente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que aplican a todos los países independientemente de su nivel de desarrollo.

Entre ellos está el objetivo 10, que se propone “reducir la desigualdad en y entre los países”.

Tanto este compromiso como el consenso existente respecto al problema que supone la desigualdad resultan positivos, pero lamentablemente las respuestas que se han dado hasta el momento son insuficientes.

A pesar de su cortoplacismo, el objetivo de incrementar el PIB y los beneficios privados por encima de todo sigue determinando la agenda global y nacional, así como la de muchas empresas, que muestran cierta reticencia ante cualquier intento de desviarse de dicho objetivo para prestar atención a los problemas derivados de la desigualdad.60

Así pues, las políticas siguen basándose en objetivos errados y mal enfocados, que se han convertido en fines en sí mismos –y que se persiguen de manera tal que pueden agravar la desigualdad–, en lugar de considerarse un medio para garantizar el bienestar y el desarrollo humano sostenible.

Este informe cuestiona tanto los objetivos fundamentales como las creencias generalizadas en las que se basan las decisiones económicas, y presenta una alternativa mucho más justa y sostenible para nuestras sociedades.

La magnitud de la actual crisis de desigualdad requiere algo más que algunos reajustes políticos o una respuesta simbólica.

Es imprescindible que aprovechemos esta oportunidad para alcanzar un consenso generalizado sobre este problema, así
como que adoptemos medidas reales para abordarlo.12

AUMENTA LA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA

La riqueza total a nivel mundial61 ha alcanzado la asombrosa cifra de 255 billones de dólares.

Desde 2015, más de la mitad de esta riqueza está en manos del 1% más rico de la población.

Entre los más acaudalados, los datos de este año revelan que las ocho personas más ricas del mundo acumulan conjuntamente una riqueza neta que asciende a 426.000 millones de dólares, una cantidad que equivale a la riqueza neta
de la mitad más pobre de la humanidad (3.600 millones de personas). 62

La riqueza sigue acumulándose entre los más ricos.

Durante las últimas tres décadas, los ingresos en manos de los dueños del capital no han dejado de aumentar a un ritmo
superior al del crecimiento económico.63

Los anteriores informes de Oxfam han puesto de manifiesto cómo la cada vez más extrema concentración de riqueza en manos de las élites se traduce en un poder e influencia indebidos sobre las políticas e instituciones. 64

Por otro lado, la acumulación de activos modestos, especialmente de carácter agrícola como tierras y ganado, es uno de los mecanismos más importantes para salir de la pobreza. 65

La riqueza es fundamental para que las personas que viven en la pobreza puedan responder ante imprevistos económicos como una factura médica.

Sin embargo, los cálculos de Credit Suisse revelan que el 50% más pobre de la población mundial posee, en conjunto, menos del 0,25% de la riqueza neta a nivel mundial.66

El 9% de las personas que forman parte de este grupo tienen una “riqueza negativa”, y de ellas la mayoría vive en países ricos donde es posible asumir préstamos para pagar los estudios así como otros instrumentos de crédito.

No obstante, descontando las deudas de la población que vive en Europa y América del Norte, la riqueza total del 50% más pobre de la población sigue siendo inferior al 1%.

A diferencia de la riqueza extrema en manos de las élites, que puede observarse y documentarse gracias a los distintos listados de “los más ricos”, disponemos de mucha menos información sobre la riqueza en manos de quienes se encuentran en el extremo inferior de la escala de distribución de los ingresos.

No obstante, lo que sí sabemos es que muchas personas afectadas por la pobreza en todo el mundo están experimentando la degradación de su principal fuente de riqueza67 –concretamente la tierra, los recursos naturales y sus hogares– a consecuencia de la inseguridad en la tenencia de la tierra, los acaparamientos de tierra, la erosión y fragmentación de la tierra, el cambio climático, los desalojos urbanos y los desplazamientos forzados.

Si bien la superficie total de tierra cultivable en el mundo se ha incrementado, 68 las pequeñas explotaciones agrícolas familiares conforman un porcentaje cada vez menor de ella.

La propiedad de la tierra en manos del quintil más pobre de la población se redujo en un 7,3% entre la década de los noventa y la de los 2000. 69

En los países en desarrollo, los cambios en la propiedad de la tierra suelen estar impulsados por las adquisiciones de tierra a gran escala, a través de las cuales los pequeños agricultores transfieren sus tierras a grandes inversores, de modo que a menudo se pasa de cultivar la tierra para la subsistencia a trabajarla con fines comerciales.70

Hasta un 59% de los acuerdos sobre tierras incluyen terrenos comunales reclamados por pueblos indígenas y pequeñas comunidades, lo que puede desembocar en el desplazamiento de millones de personas. 71

Sin embargo, sólo en el 14% de estos acuerdos se ha llevado a cabo de manera adecuada el proceso necesario para obtener el
“consentimiento libre, previo e informado” (CLPI).72

La distribución de la tierra es más desigual en América Latina, donde el 64% de la riqueza total está vinculada a activos
no financieros como las tierras y la vivienda73 y donde, en la actualidad, el 1% de las “macro-explotaciones” controla más terreno productivo que el 99% restante.74

Cuadro 1: Cálculos de Oxfam sobre la desigualdad de la riqueza

En enero de 2014, Oxfam calculaba que tan sólo 85 personas poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.

Estas estimaciones se basan en los datos de la revista Forbes sobre la riqueza neta en manos de las personas más ricas del mundo y en los datos sobre la distribución de la riqueza mundial ofrecidos por Credit Suisse.

Durante los últimos tres años, hemos hecho un seguimiento de ambas fuentes de datos a fin de entender la evolución de la distribución de la riqueza mundial.

El informe de Credit Suisse de octubre de 2015 revelaba que el 1% más rico de la población poseía la misma cantidad de riqueza que el 99% restante. 75

Este año hemos averiguado que la riqueza del 50% más pobre de la población mundial es inferior a lo que se había calculado anteriormente, y que tan sólo ocho personas bastan para igualar su patrimonio total.

Cada año, Credit Suisse tiene acceso a nuevas fuentes de datos de mayor calidad, que le permiten calcular la distribución de la riqueza mundial: su último informe revela, por un lado, que la franja más pobre de la población tiene más deudas, y por otro que los percentiles 30%-50% de la población mundial poseen menos activos.

Los cálculos del año pasado revelaban que el porcentaje de riqueza acumulado del 50% más pobre de la población era del 0,7%; este año es del 0,2%.

Tabla 1: Porcentaje de riqueza acumulado del 50% más pobre de la población mundial

Estos cálculos, que revelan la enorme desigualdad existente en la distribución de la riqueza, han atraído mucha atención tanto por el obsceno nivel de desigualdad que ponen de manifiesto como por los datos y cálculos en sí mismos.

En este sentido, hay dos cuestionamientos habituales.

En primer lugar, aunque las personas más pobres estén en situación de endeudamiento neta, es posible que en realidad no se trate de personas sin ingresos gracias al buen funcionamiento de los mercados de crédito (por ejemplo, un graduado de Harvard que está endeudado al haber asumido su préstamo estudiantil).

Sin embargo, desde el punto de vista demográfico, este colectivo es insignificante en términos agregados a nivel mundial, ya que el 70% de las personas que se encuentra entre el 50% más pobre de la población mundial vive en países de renta baja.

La deuda neta total del 50% más pobre de la población mundial tan sólo supone un 0,4% del conjunto de la riqueza mundial, equivalente a 1,1 billones de dólares.

Si no se tiene en cuenta la deuda neta, la riqueza del 50% más pobre de la población asciende a 1,5 billones de dólares.

Aún así, tan sólo las 56 personas más ricas del mundo poseen la misma cantidad de riqueza.

El segundo cuestionamiento tiene que ver con que los cambios en la riqueza a lo largo del tiempo pueden deberse a las fluctuaciones de los tipos de cambio, aunque éstos no son muy relevantes para aquellas personas que hacen uso de su riqueza a nivel nacional.

Por supuesto, y dado que los datos de Credit Suisse están expresados en dólares estadounidenses, es cierto que la riqueza que está en otras divisas debe convertirse a dólares estadounidenses.

De hecho, la riqueza en el Reino Unido se redujo en 1,5 billones de dólares durante el pasado año debido a la pérdida de valor de la libra esterlina.

Sin embargo, las fluctuaciones del tipo de cambio no pueden explicar la prolongada y persistente desigualdad de riqueza que los datos de Credit Suisse ponen de manifiesto (utilizando los tipos de cambio actuales): el 50% más pobre de la población nunca ha poseído más del 1,5% de la riqueza total desde el año 2000, y el 1% más rico nunca ha tenido menos del 46%.

Dada la importancia de los intercambios de capital a nivel mundial en el total de la riqueza acumulada, los tipos de cambio siguen siendo un método adecuado para la conversión de divisas.

En último término, Oxfam considera que es importante analizar la distribución de
la riqueza, especialmente la que está en manos de las personas más vulnerables.
Asimismo, es necesario que se lleve a cabo una recogida sistemática de datos de
calidad y fácilmente comparables que permitan cuantificar la riqueza total que
poseen los hogares pobres.

ACABAR CON LA EXTREMA POBREZA DE INGRESOS REQUIERE UN CRECIMIENTO MÁS INCLUSIVO

Cientos de millones de personas han salido de la pobreza en las últimas décadas, un logro del cual el mundo debería sentirse orgulloso.

No obstante, una de cada nueve personas sigue pasando hambre. 77

Si el crecimiento económico entre 1990 y 2010 hubiese beneficiado a los más vulnerables, en la actualidad habría 700 millones de personas menos, en su mayoría mujeres, en situación de pobreza.78

La economía mundial se ha más que duplicado en términos del PIB en los últimos 30 años, con incrementos en todos los niveles de ingreso que han dado lugar al consiguiente descenso de los índices de pobreza extrema en todo el mundo.

Todos los grupos de ingreso han experimentado un crecimiento positivo de sus ingresos reales entre 1988 y 2011, especialmente en la zona media de la escala de distribución de los ingresos mundiales.

Aquellos con mayores ingresos son quienes han tenido la tasa de crecimiento más baja, lo cual es resultado directo del periodo 2008–2011, cuando los efectos de la crisis económica mundial afectaron especialmente a los países de renta alta.

A causa del “efecto 2008–2011”, la forma del gráfico es una versión moderada del famoso “gráfico del elefante”,79
conocido por subrayar aquellos grupos de ingreso que más han ganado en las últimas tres décadas (los de la parte media y la parte más alta de la escala de distribución).

No obstante, las diferencias en el crecimiento absoluto de los ingresos entre los distintos deciles son enormemente desiguales –mucho mayor de lo que puedan indicar los simples índices de crecimiento– incluso teniendo en cuenta las consecuencias para los ingresos de la crisis económica de 2008.

Los ingresos del 10% más pobre de la población se incrementaron en 65 dólares entre 1988 y 2011, lo cual equivale a menos de 3 dólares adicionales al año, mientras que los ingresos del 1% más rico aumentaron 182 veces más, 11.800 dólares.

La investigación de Oxfam ha revelado que, en los últimos 25 años, el 1% más rico de la población ha obtenido más ingresos que el 50% más pobre en conjunto, y que casi la mitad (el 46%) del aumento total de los ingresos ha ido a parar al 10% más rico de la población.80

Se trata de un dato importante, ya que el 10% más pobre de la población mundial sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza establecido en 1,90 dólares al día.81

Según las previsiones del Banco Mundial, con la actual distribución de los ingresos no lograremos cumplir el objetivo mundial de erradicar la pobreza extrema en 2030, una ambición modesta teniendo en cuenta que, de hecho, los umbrales nacionales de pobreza de los propios países se sitúan por encima de 1,90 dólares al día.

“Ninguna sociedad puede mantener un incremento semejante de la desigualdad. De hecho, no existen ejemplos en la historia de la humanidad en los que la riqueza estuviese tan concentrada sin que en algún momento apareciesen las horcas”‟ Nick Hanauer, milmillonario y empresario estadounidense.

Aproximadamente 3.000 millones de personas, el equivalente a la mitad de la población mundial, viven por debajo del “umbral de pobreza ético”, que se establece según los ingresos diarios que permitirían a una persona una esperanza de
vida normal de algo más de 70 años. 82

Incremento de los ingresos mundiales por deciles, 1988–2011 (Fuente: Cálculos de la autora, con datos de Lakner y Milanovic (2013). )

Los ingresos estarían expresados en dólares PPA (paridad del poder adquisitivo) de 2005, que representan los ingresos reales en 2005.

El sesgado incremento de los ingresos (y con él, el aumento de este tipo de desigualdad) es consecuencia de las tendencias de los mercados laborales en la mayoría de los países, ricos y pobres.

La renta total se compone de las rentas del trabajo que obtienen los trabajadores, y de los rendimientos del capital que reciben los dueños del mismo.

Mientras que los trabajadores de todo el mundo reciben una parte cada vez menor del pastel económico, los dueños del capital han seguido prosperando.83

Incluso en China, un país donde los salarios prácticamente se han triplicado durante la última década, la renta total ha aumentado aún más rápido debido a los elevados rendimientos del capital.

El crecimiento de las rentas del capital es una recompensa de la que disfrutan casi exclusivamente las personas situadas en la parte superior de la escala de distribución de los ingresos, ya que el capital está en manos fundamentalmente de los ricos.84

Un nuevo estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado en un 300% durante el mismo periodo.85

Resulta evidente que el crecimiento económico mundial ha sido excluyente, una prerrogativa de la que han disfrutado
fundamentalmente las élites privilegiadas.

La creciente brecha salarial

Las rentas del trabajo se han caracterizado por el incremento de las disparidades salariales.

Los salarios en los sectores de baja cualificación, en particular, han caído por debajo de la productividad en las economías emergentes, y se han estancado en muchos países ricos, mientras que los salarios más altos no han dejado de aumentar.86

El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh.87

El presidente de la principal empresa tecnológica de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de su misma empresa.88

En las economías desarrolladas, el aumento de la brecha salarial ha sido el factor más decisivo en el incremento de la
desigualdad de renta, 89 90 mientras que en los países donde la desigualdad se ha reducido, esta disminución se ha debido en la mayoría de los casos al fuerte crecimiento de los salarios reales más bajos.

En el caso de Brasil, los salarios reales del 10% más pobre de la población aumentaron más que los del 10% más rico entre 2001 y 2012, 91 gracias a la aplicación de políticas de salario mínimo progresivas.92

En muchos países en desarrollo en los que las desigualdades salariales están aumentando, la brecha salarial entre los trabajadores con distintos niveles educativos y de cualificación es uno de los principales factores que impulsan la desigualdad.

Los ingresos de los trabajadores más cualificados y con un mayor nivel educativo aumentan, mientras que los salarios de los trabajadores poco cualificados se reducen.

Esta brecha supone entre el 25% y el 35% de la desigualdad de ingresos en Asia.93

La presión sobre el empleo y los salarios de los trabajadores peor remunerados se traduce en que las personas trabajan por salarios de miseria en empleos precarios.

En Nepal, los trabajadores asalariados sólo ganaron 73 dólares al mes en 2008, seguidos por los 119 dólares mensuales que ganaron los de Pakistán (2013) y los 121 dólares mensuales en Camboya (2012).

Debido a los bajos niveles salariales, estos dos últimos países se encuentran entre los de mayor incidencia de la pobreza laboral del mundo. 94

En muchos países, incluso el salario mínimo establecido por ley no basta para percibir unos ingresos mínimos necesarios para llevar un nivel de vida digno.

El salario mínimo de las personas en las plantaciones de bananas en la República Dominicana es de sólo el 40% de un salario digno; en Bangladesh es aproximadamente el 20% de la cantidad necesaria para llevar una vida digna.95

Las mujeres y las personas jóvenes son especialmente vulnerables a la precariedad laboral: los empleos de dos de cada tres trabajadores jóvenes en la mayoría de los países de renta baja se dan en una situación de autoempleo vulnerable o en el marco del trabajo familiar no remunerado. 96

En la OCDE, casi un 40% de los trabajadores jóvenes desempeñan empleos atípicos o informales, con contratos por obra y trabajos temporales, o trabajan a tiempo parcial porque no les queda más remedio. 97

La reducción de la capacidad de negociación colectiva de los trabajadores.

Los cambios en la estructura del mercado laboral y la consiguiente reducción de la capacidad de negociación colectiva de los trabajadores han empeorado la situación.

Existen varios factores que han contribuido al descenso del porcentaje de trabajadores sindicados, y el FMI ha revelado que, en las economías avanzadas, este descenso está relacionado con la mayor participación en los ingresos del 10% más rico de la población.98, 99

En Dinamarca, una persona que trabaje haciendo hamburguesas en Burger King gana 20 dólares a la hora, gracias a los acuerdos de negociación colectiva; un empleado estadounidense que trabaje en la misma empresa, pero que no disponga de la capacidad de negociación colectiva de su homólogo danés, sólo obtendría 8,90 dólares la hora.100

En los países desarrollados, el incremento del autoempleo en la denominada “gig economy” (economía de pequeños encargos), en la que se contrata a los trabajadores para la obtención de unos resultados concretos en lugar de contratarlos como empleados, les pone en una situación económica más precaria.

La paradigmática sentencia contra Uber en el Reino Unido en octubre de 2016, que insistía en que los conductores debían ganar un sueldo digno y tener derecho a vacaciones pagadas, supone en cierto modo un reconocimiento de los
derechos de los trabajadores en este sector en expansión. 101

Y lo que es más importante, el sector informal sigue siendo una de las principales fuentes de ingreso para la población de los países de renta baja, especialmente para las mujeres,102 ya que los trabajadores de estos países no suelen tener derecho a un salario mínimo o capacidad para ejercer sus derechos laborales, y por lo tanto son más vulnerables ante
los abusos.

La protección legal para las trabajadoras domésticas en Brasil

En Brasil, la mayor parte de las personas empleadas del hogar son mujeres.

En 2015, Brasil dictó una ley cuyo objetivo era igualar los derechos de las trabajadoras domésticas a los de las personas dedicadas a otro tipo de actividad.

Los estudios ponen de manifiesto que, durante el proceso de aplicación de esta nueva legislación, alrededor de 1,4 millones de trabajadoras domésticas se han registrado en eSocial, un sistema de empleo, prestaciones y obligaciones
fiscales.103

“El sistema eSocial fue muy importante, ya que en la actualidad podemos saber cuántas de ellas están regularizadas y con sus derechos protegidos por la ley.

Creo que esta tendencia se incrementará gradualmente, que la población tendrá una mayor conciencia, se registrará y se hará lo que se tenga que hacer.

Desde que se dictara la ley, el número de trabajadoras domésticas jóvenes se ha reducido.

Para nosotras, esto es positivo.

Mi bisabuela era una esclava; mi abuela, mi madre y yo hemos sido trabajadoras domésticas.

Empecé en este trabajo con 10 años y no tuve la oportunidad de estudiar.

Actualmente, cuando sé que las jóvenes van a la facultad y que el número de jóvenes que se dedican al trabajo doméstico se ha reducido, supone una victoria muy importante para mí.

Necesitamos generaciones que también intenten tener éxito en otros ámbitos del mercado laboral.

Una chica puede trabajar como asistenta si quiere, pero ésa no puede ser su única salida, ni su destino.

Hubo gente que criticó al Presidente Lula cuando en 2008 firmó el decreto que prohibía el trabajo doméstico infantil a menores de 18 años; hubo gente a la que le pareció absurdo.

No queremos que estas niñas estén en la calle, o trabajando.

Queremos que estudien para que el día de mañana puedan ser médicas o ingenieras.

Para que puedan dedicarse a lo que quieran, no sólo al trabajo doméstico.”

Fuente: Extraído de una entrevista a Creuza Oliveira, Presidenta de la Federación Nacional de
Trabajadoras Domésticas (FENATRAD) de Brasil.

Las mujeres siguen estando en una situación más desfavorable.

Las diferencias de género en lo que se refiere a quién se beneficia y quién sale damnificado de este incremento en la brecha de ingresos son significativas, ya que es más probable que las mujeres se encuentren en la mitad inferior de la escala de distribución de los ingresos.

En todo el mundo, las posibilidades de que una mujer participe en el mercado laboral siguen estando casi 27 puntos porcentuales por debajo de las de un hombre. 104

En Oriente Próximo y el Norte de África, sólo una cuarta parte de las mujeres se ha incorporado al mercado laboral, mientras que en el Sur de Asia la proporción es de una tercera parte de las mujeres, frente a las tres cuartas partes de los hombres que forman parte del mercado laboral en estas regiones. 105

Una vez incorporadas al mercado laboral, es más frecuente encontrar a mujeres en trabajos que no están protegidos por la legislación laboral. 106

En el mercado de trabajo formal, las mujeres ganan invariablemente menos que los hombres.

La edición de 2016 del informe del Foro Económico Mundial sobre la brecha de género revela que las 18
diferencias en la participación de hombres y mujeres en la economía se han ampliado durante el pasado año y, según sus cálculos, serán necesarios 170 años para que las mujeres reciban la misma remuneración que los hombres. 107

Esto se debe en parte a una discriminación abierta, donde las mujeres reciben una remuneración inferior a la de los hombres por realizar un mismo trabajo o aportar un mismo valor, pero también se debe a que las mujeres desempeñan empleos peor remunerados o a tiempo parcial.

Las mujeres ganan entre un 31% y un 75% menos que los hombres a causa de la brecha salarial y de otras desigualdades económicas, como las que se dan en el acceso a la protección social, lo que en suma las deja en una situación muy desfavorable durante toda su vida. 108

Incluso en las economías avanzadas donde se han eliminado la mayoría de las diferencias en el rendimiento escolar, los hombres siguen dominando los grupos de ingresos elevados, mientras que las mujeres siguen siendo mayoritariamente responsables de llevar a cabo el trabajo no remunerado en el hogar.

División de género en el mercado laboral de las economías avanzadas % de mujeres entre el 10% más rico de la escala de distribución de los ingresos % de mujeres entre el 1% más rico de la escala de distribución de los ingresos.

Esta tendencia hacia una mayor desigualdad en la riqueza y los ingresos está cada vez más integrada en nuestras economías.

Tanto las empresas como los súper ricos desempeñan un papel esencial a la hora de impulsar estas disparidades.

“En Kenia, las diferencias entre ricos y pobres a veces resultan muy humillantes. Ver que no es más que un muro lo que separa a los ricos de los pobres. Los hijos de algunas de estas personas ricas se pasean con sus coches, y cuando pasan junto a ti en la carretera, te cubren de polvo, y si está lloviendo te salpican”