Cuando la Argentina perdió a la Patagonia y junto a varias provincias se convirtió en un estado independiente.

CUANDO LA ARGENTINA PERDIÓ LA PATAGONIA

Por Salvador San MArtín

“Cuando la Argentina perdió la Patagonia” es un cuento que escribió el ingeniero Salvador San Martín, ya fallecido, en la década del 80 y por su contenido surge la idea de tenerlo en cuenta y analizarlo.

Por Salvador San Martín
Soberanía Digital Geopolítica
9 Febrero, 2016

El relato señala que el senador lanqueleo del Chubut dijo: “Inglaterra trató mejor a sus colonos que la Argentina a la Patagonia”.

La independencia se firmó entre los presidentes argentino y patagónico cerca de Collan Conhué, sitio histórico en donde las últimas tribus habían sido derrotadas por el Ejército Argentino.

“Lamento que hayamos tenido que recurrir a estos medios para hacer valer nuestros derechos”, dijo el Dr. Aníbal Alejandro Garmendia, presidente patagónico a su par argentino, Miguel Solanas Álvarez.

El 14 de agosto de 1.985 estaba de guardia en el tablero central del despacho eléctrico de cargas, el ingeniero Bonifacio Astigueta, y cuando se disponía a retirarse un auxiliar llamó la atención sobre el indicador de enganche de la línea de alta tensión de El Chocón-Cerros Colorados, que titilaba indicando alguna anormalidad.

Tomó el teléfono para comunicarse con la Central de El Chocón y escuchó: “Aquí comando suicida a nombre de los Estados Unidos de la Patagonia, comunica a ese despacho de carga para su retransmisión al presidente de la Nación Argentina lo siguiente:

  1. Nueve comandos suicidas integrados por ciudadanos de la Patagonia y bajo instrucciones del gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, presididos por el Dr. Aníbal Alejandro Garmendia, han tomado posesión de las Centrales El Chocón, Cerros Colorados, Planicie Banderita, y desviador Mari Menuco, Alicurá, Central Arroyito, y Confluencia, plantas compresoras de gas natural de Loma de la Lata, Pico Truncado, y Cerro Cóndor.

En ningún caso se han producido bajas entre el personal ni tampoco en entre los comandos de ocupación.

  1. Cada Comando ha procedido a dinamitar los puntos neurálgicos de cada planta. Los daños han sido proyectados para que ninguna instalación pueda ser puesta nuevamente en funcionamiento antes de tres años y hasta cinco años, según los casos.

  2. Cada Comando es autónomo para tomar la decisión de hacer volar las cargas explosivas, al menor indicio de que el Gobierno de Argentina haya dado orden de reprimir a los comandos o atacar las instalaciones ocupadas.

  3. A partir de la hora 0 del día de mañana 15 de agosto, correrá un plazo de 48 horas para que el Gobierno de la República Argentina reconozca al Gobierno de los Estados Unidos de la Patagonia, como legítimos gobernantes de este país.

5. Vencido el plazo de 48 horas sin que el gobierno argentino haya accedido a la demanda anterior y a iniciar inmediatas negociaciones comenzarán a reducirse el número de turbinas en operación y el bombeo de gas, hasta el corte total del fluido eléctrico, de gas, y de petróleo en las subsiguientes 48 horas.

  1. El gobierno provisional de los E.U.P ha destacado ministros plenipotenciarios ante los principales países de la comunidad internacional.

7. Cualquier acto militar iniciado por el gobierno argentino será considerado como prueba de rechazo de las demandas y se harán las voladuras indicadas.

  1. Recomendamos al pueblo amigo de la Argentina la voluntad de ser libres de todo colonialismo expresada en la Declaración de la Independencia de Tucumán el 9 de julio de 1816.

Denunciamos la actitud prepotente de la dirigencia porteña que mantuvo hasta hoy un colonialismo denigrante sobre estos territorios que no tienen otro recurso que imponer por la violencia lo que le fue negado por la razón y el patriotismo.

“Aquí comando suicida de El Chocón en cadena con toda la red de radio y televisión en su poder”.

Cuando cesó la transmisión, el ingeniero Astigueta, creyéndose víctima de una broma, dijo enojado: “Che Cardini, dejate de joder, decime qué está ocurriendo en la línea”.

Por el teléfono se escuchó una voz que dijo: “No soy Cardini. Él se encuentra bajo custodia pero si usted quiere podemos ponerlo en línea para que se percate deque esto va en serio”.

Astigueta sintió que le corría un sudor frío, en tanto Cardini, supervisor de turno, lo puso al tanto de lo que estaba pasando y cuando terminó le dijo: “Apúrate hermano. Transmite este mensaje al Presidente porque las papas queman y esta gente está dispuesta a todo”.

Astigueta corrió al teléfono policial para comunicarse con el presidente de Agua y Energía Eléctrica, y éste a su vez, impuso la novedad al titular de Hidronor.

A pesar de su incredulidad, se comunicó con el ministro de Energía de la Nación para transmitir el increíble mensaje recibido.

El Presidente de la Nación argentina, Miguel Solanas Álvarez se hizo repetir el mensaje varias veces. Con serenidad y después de exclamar: “¡Estos Sureños!, ordenó convocar al Gabinete de Ministros y a los Jefes Estados Mayores, mientras telefoneaba al Ministro del Interior para saber lo que estaba pasando.

Se le informó al Presidente que se habían recibido cuatro comunicaciones de los cuatro gobiernos de las provincias patagónicas, manifestando que en razón de las circunstancias, las Legislaturas y los propios gobiernos municipales habían adherido al gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia y se solidarizaban con su actitud, por lo cual se consideraban estados independientes de la Nación Argentina y autónomos económicamente.

Manifestaban su firme decisión de armar al pueblo patagónico para repeler cualquier agresión.

Todos los teléfonos de la Casa de Gobierno comenzaron a sonar.

Los llamados del Quinto Cuerpo de Ejército y sus unidades transmitían al Presidente las novedades y exigían órdenes para proceder.

“¡Por favor! No hagan nada.

Todo el mundo quieto hasta que analicemos la situación”, gritaba a voz en cuello el presidente Solanas Álvarez.

“Ahora tenemos a Chile sobre nosotros a la altura de Río Colorado. ¿Dígame ahora qué hacemos?

Este es el resultado de su política”, dijo el Jefe del Estado Mayor Conjunto al ingresar al despacho presidencial con rostro desencajado.

“Por favor General, no dramatice.

Déjenos a los políticos decidir sobre el particular”, dijo el Presidente mientras le pedía a su edecán que conectara la televisión.

En la pantalla un locutor leía comunicados sin comentar con cara de sorpresa.

En un momento determinado dio cuenta de la Declaración de Independencia realizada por cuatro gobiernos patagónicos y de un comentario que procedía de Comodoro Rivadavia en donde la población se había volcado a las calles celebrando la independencia y pidiendo armas para combatir a los porteños.

Todo comenzó a convertirse en un pandemónium, pues los embajadores extranjeros empezaron a abrumar a la Cancillería para que explicara la situación, en tanto el canciller argentino refugiado en la Presidencia hacía contestar que más tarde daría un comunicado oficial al respecto.

Se suspendieron todos los vuelos, pero la Aeronáutica no pudo impedir que los gobiernos locales procedieran a incautar los aviones que hacían escalas en aeropuertos patagónicos.

En Caleta Córdoba y Caleta Olivia los obreros resolvieron no cargar petróleo en los barcos que esperaban mar afuera para llevarlos a San Lorenzo y Bahía Blanca.

El presidente argentino pudo juntar su gabinete y escuchar la exposición del secretario de Energía que fue contundente: sin gas y sin petróleo era imposible prestar los servicios en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires y Litoral.

Reforzando los suministros del Norte y pidiendo desvío de buques de petróleo a las empresas extranjeras, no podía impedirse la paralización total de la vida de la ciudad.

Las usinas eléctricas sin el flujo de El Chocón apenas podían mantener servicios de algunas oficinas de gobierno y uno que otro hospital.

Había que desalojar población de la Capital Federal en donde no se podía accionar las bombas para abastecer de agua a edificios elevados.

Por falta de energía los fluidos cloacales se atascarían en toda la red domiciliaria.

El transporte urbano y sub urbano pararía.

Las propias Fuerzas Armadas no tendrían el suficiente combustible para una acción de envergadura. La situación no podía ser más tremenda y angustiante.

El presidente argentino preguntó qué sucedería si los comandos suicidas hacían voladuras en las usinas hidroeléctricas.

“Mejor ni pensarlo Señor Presidente”, dijo el Secretario de Energía, al tiempo que afirmaba que “por varios años no podríamos reparar los daños”.

La cabeza del Presidente giró lentamente hacia el Jefe de Estado Mayor Conjunto y al Secretario de Defensa que estaban a su lado.

No fue necesaria ninguna pregunta.

El General Díaz Usandivaras dijo en tono dramático: “Señor Presidente parlamente con el dicho presidente de ese gobierno provisional”.

Todo el mundo hablaba.

Era un loquero.

Salían reproches de todo tipo.

El Presidente le dio instrucciones al Ministro del Interior para que le comunicara al Dr. Aníbal Alejandro Garmendia, que estaba dispuesto a conferenciar con él en el lugar y hora que indicase en la seguridad de que ambos encontrarían una solución al conflicto planteado.

La transmisión se hizo inmediatamente y la respuesta se recibió al instante: Antes de cualquier parlamento era imprescindible que se hiciera oficialmente y por medio del Congreso Nacional la Declaración de que los Estados Unidos de la Patagonia eran una Nación Libre e Independiente de la Nación Argentina y solamente asociada en el mantenimiento de una estructura social y política que se mantuviera dentro de las tradiciones argentinas. 24 horas para contestar por sí o por no.

Se convocó al Congreso para hacer la declaración solicitada en medio de una escandalosa sesión parlamentaria en la que los diputados y senadores por las provincias patagónicas fueron objeto de toda clase de agresiones y se retiraron del recinto.

El diputado por Neuquén, Eleuterio Cardozo pudo hacerse escuchar en medio del griterío.

“No queremos seguir siendo los kelpers de los argentinos”, y por su parte el senador Llanqueleo del Chubut pudo expresar algunos conceptos en medio de los denuestos de que era objeto: “Inglaterra trató mejor a sus colonos que la Argentina a la Patagonia, y por mucho menos de lo sufrido por los patagónicos, las colonias americanas se independizaron de Inglaterra”.

Después de la declaración del Congreso, el presidente argentino fue citado para concurrir a una reunión con el presidente patagónico en un lugar desértico de la provincia de Chubut, cerca de Collan Conhué, sitio histórico en donde las últimas tribus patagónicas habían sido derrotadas por el Ejército Argentino.

El presidente patagónico saludó con gesto severo pero no agresivo al presidente argentino y junto a sus comitivas se introdujeron en una carpa de campaña en donde en una mesa sencilla con dos tazas de café ya servidas los acogía para la magna ceremonia.

“Lamento que hayamos tenido que recurrir a estos medios para hacer valer nuestros derechos”, dijo el presidente patagónico, mientras su par argentino le respondía que creía que se trataba de un acto suicida y no podía durar mucho, “más que el tiempo necesario para retomar el dominio de la región pretendidamente independizada. Argentina puede levantar sus numerosos ejércitos tal como lo hiciera en la gesta de la Independencia de España”.

El presidente Aníbal Alejandro Garmendia lo escuchó atentamente y le dijo que se habían tomado todas las precauciones y previsto eventuales consecuencias, como por ejemplo alianzas con Chile e Inglaterra (con una base militar a 450 kilómetros de la costa patagónica).

A los gritos y fuera de si el presidente argentino preguntaba: “¿Cómo pudo usted llegar a este grado de humillación de pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina?”.

Garmendia respondió:…”No la he pedido.

Solo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno.

Chile e Inglaterra no tendrían problemas en hacerlo.

Pero le recuerdo que Usted Señor Presidente es de la provincia de Buenos Aires, y en apoyo a antecedentes muy valiosos que conoce, ustedes pidieron el reconocimiento de las naciones europeas y de los Estados Unidos como estado libre e independiente de la Confederación Argentina en 1853.

Aquí no hay traiciones a la Patria más que la que cometió quienes ignoraron los derechos de los patagónicos y los mantuvieron en la más infame dependencia colonial.

Usted debe decirme si acepta o no confirmar la declaración de su Congreso, para comenzar a negociar como dos estados soberanos independientes”.

Los países limítrofes han manifestado que cualquier ataque a los Estados Unidos de la Patagonia será considerado un acto de guerra contra sus propios países.

Brasil en tanto expresó que un acto de agresión al nuevo estado latinoamericano rompía con el necesario equilibrio en los mares del sur y movilizaría sus tropas en la frontera argentina y uruguaya.

El presidente argentino bajó los brazos y exclamó: “¡Qué desastre!

¡Qué ciegos que hemos estado!

¡Malditos porteños!”.

Los dos presidentes salieron de la carpa y el viento patagónico soplaba con toda intensidad.

Así se perdió la Patagonia para la Nación Argentina.

Los Estados Unidos de la Patagonia progresaron a ritmo inusitado. Vendieron petróleo, gas e hidroelectricidad a la Argentina a precios inferiores a los del mercado.

Comenzaron a ingresar millones de divisas que se utilizaron para crear nuevas infraestructura e irrigar los valles de los ríos cordilleranos.

Contingentes de inmigrantes se fueron radicando libremente en una república que echando por la borda el estatismo porteño se apoyó en la empresa privada para afirmar su desarrollo.

La población se triplicó en diez años.

La moneda de circulación con garantía oro fue el Patagón.

Los Estados Unidos de la Patagonia no tuvieron Ejército.

Tal solo una fuerza policial. Estaba defendida por todos contra todos.

En poco tiempo los Estados Unidos de la Patagonia sobrepasaron a la Argentina prácticamente en todo, excepto en la producción agropecuaria que siguió siendo la única base de una Argentina que no supo reconocer a la Patagonia su verdadero destino.

Fuente:
https://web.tiempopatagonico.com/informacion-general/2012/1/25/cuando-argentina-perdio-patagonia-1243.html